Primera
Mención
Narrativa

Un Palacio
Era cuando el otoño nace triste y llora su pena desconsolada, cuando el verano
va dejando el recuerdo agridulce mezcla de risa y llanto.
Cuando llega la noche mas oscura se veían las nubes que tenían formas muy
extrañas, difíciles de entender y mas difíciles eran en el mar, pues se
mezclaban con las olas y allá en la cima del médano el antiguo palacio se veía
desde la barca; Joaquín siempre lo miraba, obsesivo, ¡una miseriosa obsesión!.Al
llegar la noche la veía más real. Entonces, volvían a sus oídos las palabras de
su madre: "nunca te acerques a ese extraño edificio, la tradición dice que esta
maldito, que los que allí van no regresan".
Joaquín creía dormir profundamente y entonces sucedió; las grandes puertas de
madera se abrían y una joven mujer, bella, estaba ante el y sonreía con una
extraña mezcla de dulzura y horror; Joaquín entra con paso vacilante, pero no
siente miedo; sin explicarse porque, no teme. La inmensa escalera invita a
subir, blanca de puro mármol y la extraña de la mujer, como invitándolo, Joaquín
seguía subiendo, pero jamás llegaba a un lugar preciso. Y tras el iba la mujer,
ya agobiada de cansancio y blanca como la espuma.
En un momento, cuando se vuelve, solo ve a una anciana. Han transcurrido años
desde que comenzaron a subir. Cuando nuevamente amanecía por el horizonte, ya la
voz de los pescadores competía con el rumor de las olas. La barca se mecía
dulcemente entre aquellas órdenes que contrastaban con el dulce sueño del
huérfano. Joaquín había nacido en una barca, según le había explicado, o tal vez
no, pero de todas maneras era un hijo del mar.
Súbitamente, una voz ronca lo despertó, ¡Joaquín, chico hay que zarpar! Pálido
cuando sale a proa mira hacia la costa. Todo esta igual, el alto médano,
desierto, el mar besando los acantilados como pidiendo perdón por el castigo de
la tormenta. Mira de nuevo a la costa. No hay tal palacio.¿Es que lo hubo alguna
vez?¿O tuvo el despoblado y árido médano algún visitante?Solo el triste otoño
del acantilado y la mansedumbre del mar calmo, podrían, quizás, contestar.
La barca avanzo
mas adentro, pero sobre el médano que se perdía en el horizonte, Joaquín creía
ver la realidad de un sueño, y sobre la costa, la mano de una madre ignorada que
lo saludaba con dulzura infinita y misterioso temor. .
Lilian D'errico

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