. . . . llegamos a Granada, donde nos esperaban mis hijos
Daniel y Martín, los cuáles
estaban ya radicados desde hacía dos años trabajando y adaptándose a una
nueva
etapa de vida.
El primer tiempo de estadía fue muy duro, extrañábamos
familiares, amigos y cosas simples como los sabores de comidas y detalles que
hacen a la vida diaria.
Una de las cosas que mas nos sorprendió, fue el trato que
tenían los Granadinos, para con nosotros . . . . . .
. . . . nos hicieron sentir desde un
principio, como si fuéramos de la familia; y nosotros que pensábamos que iba a ser lo
contrario; por las habladurías de aquellos compatriotas nuestros que habían
incursionado en otras épocas por España.