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| OPINIÓN | |
| El estado de inderecho | |
| Por León Guinsburg | |
| Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 15/01/06.- La bandada de analitólogos asola las columnas de los medios tradicionales -a veces también sesudea por TV-, sin poder salir del cerco de mediatez circunscrito al humor diario del Primer Mandatario y su circunstancia. Pareciera pecado mortal profundizar más allá de la duda sobre el modelo de democracia y cierta impronta autoritaria que inquieta sin asustar. Los intereses afectados hacen alharaca, pero duchos en intrigar, y penetrar, seducir, corromper, amedrentar, negociar, etc. en estamentos del estado, aún no desatan su vasto arsenal esperando una señal que habilite para acuerdos espurios, como siempre ha ocurrido. Por el momento, sólo activan escribas afines para que entre líneas deslicen deseos de conveniencia sectorial, además de sosas críticas más parecidas a invitación a ceder o negociar que a advertencia o amenaza. Se argumenta lo de siempre: seguridad jurídicas, estado de derecho, previsibilidad, como si no se supiera que seguridad jurídica puede ser sinónimo de garantía in eternum de contratos leoninos y exacciones impunes, que estado de derecho no implica "estado de justicia" sino eternización de leyes que privilegian y qu previsibilidad equivale a sometimiento al "statu quo" impreso por los poderes hegemónicos El contexto | |
| El gobierno, en tanto, acciona pero no convoca a la acción conjunta. Impulsa, pero no aclara. Recibió votos múltiples y variados, pero no coincide en perfiles y cursos con los muchos que adhieren o quieren ser aliados y otros tantos con aspiraciones de constituirse en oposición con diálogo. No llama a cuadros calificados que coinciden en general con sus proclamados postulados y que resultarían invalorable aporte técnico-político en áreas críticas del Estado. Tampoco muestra entusiasmo en absorberlos cuando se acercan por propia iniciativa. "Yo los quiero apoyar, pero no se dejan", comentó un economista de sobria actuación en los segundos planos de gobiernos peronistas. Sin embargo, no se puede tildar de autista al Presidente ya que emite mensajes permanentes, a veces acompañados de acciones contestes como en el tema MERCOSUR -que concita apoyo casi general, Chávez incluido-, o su actuación en la Cumbre de Mar del Plata. Son temas ligados, sí, pero distintos. El primero se funda en la concreción de acuerdos dinámicos con Venezuela y Brasil, y el otro en la capacidad tiempista de obrar en función del desprestigio internacional de la potencia imperial y el agotamiento de los tiempos materiales y morales del régimen Bush. El pago de la deuda al FMI genera consenso instintivo en la población, pero no existió explicación minuciosa que justifique como merece dicha vital decisión. Tampoco la oposición es demasiado coherente y sólida de su postura contraria, aunque ello lo explique la crisis terminal de la histórica UCR y la debil fijación ideológica de los nuevos nucleamientos, que no pueden aún salir de la categoría de circunstanciales. Quizás estemos en un año clave de definiciones profundas, que hagan olvidar controversias gratuitas como el "borocotazo", el periplo Bielsa, la bronca con un vicepresidente prácticamente ornamental, el desencuentro con la iglesia encabezada por un ex "papabile" que echa más leña al fuego y equivocadamente trata a la sociedad porteña de "indiferente" en el tema Cromañón, el pistoneo sobre unas Fuerzas Armadas hoy encuadradas e inofensivas y el tocar madera durante la asunción de un ex presidente como senador. U otras no tan gratuitas, como la reforma del Consejo de la Magistratura, que no dio pasto sólo a la oposición sino que también provocó rechazos institucionales, algunos corporativos y otros en función del temor al "unicato". Tal vez este año, con fortuna, se devele que las admoniciones presidenciales a los supermercados y servicios privatizados hayan sido una señal previa a la decisión de establecer el control de precios para castrar brotes inflacionarios y una severa ley de agio y especulación que reprima posibles consecuentes aberraciones como el desabastecimiento el mercado negro; o que como ocurrió con el correo, que los servicios esenciales retornen al Estado como contrarresto de falsos compromisos de inversión, cobros y cargos indebidos al consumidor, cortes injustificados de servicios y otras yerbas devenidas de horribles privatizaciones. Quizás este año -merced a una acordada de la Corte Suprema que abre las puertas para ello-, la administración Kirchner cumpla con su propio pensamiento y termine con la aberrante e inmoral concepción de las AFJP y ART que desfinanciaron al Estado contribuyendo al genocidio social (acertada frase del ensayista y político Jorge Rachid), redefiniendo la seguridad social como deber propio, directo e ineludible del Estado. También es posible la redireccionalidad de la presión fiscal hacia los reducidos sectores que cooptan la mayor parte de la renta nacional y produjeron -o producen-, el mayor exilio de divisas al extranjero, para encarar con decisión una mejor y más justa redistribución que palie la situación de vastos sectores marginados, sometidos hoy a la desocupación, el trabajo en negro y también, en casos frecuentes, a la reducción a servidumbre. Si bien la publicidad concientiza, no es suficiente, como tampoco alcanza revelar estadísticas que indican mejoramiento en mezquinos porcentajes. El poder | |
| La búsqueda del mayor poder posible no es pecado si se persigue el beneficio de las mayorías y la realización de la Nación, porque se trata de un poder compartido con el pueblo del que participa la oposición como elemento de control y regulación. La búsqueda del poder por el poder mismo se transforma en impronta psicopática, y está en la inteligencia y tino de los gobernantes no desviar la conductividad del propósito de hacer de la política una actitud de servicio. Más allá de los augurios maliciosos de "analistas" mercenarios de intereses de elite o antinacionales, se percibe la intencionalidad de un cambio, al que convergen incluso algunas fuerzas cuestionadoras del "estilo Kirchner" o que dudan sobre la probidad de su gobierno. No gustan la belicosidad presidencial, su renuencia al trato con opositores, su frecuencia en la utilización de los decretos de necesidad y urgencia sin tanta necesidad ni mucha urgencia, su no aceptación de disenso, su estilo compulsivo a disciplinar la tropa y su exigencia de obediencia e incondicionalidad absolutas a los legisladores de su partido y aliados. Aún así, no se detecta en un amplio espectro divergencia ideológica profunda, sino colisión por posicionamientos grupales o personales, que hacen más a pelea de boliche que a debate político. El miedo al "estado de inderecho" supera al anhelo de "estado de justicia" porque "el poder siempre es necesariamente desconfiable", según el teólogo, filósofo y jurisconsulto Xavier Zubiri. El "estado de justicia" aún se debe el debate, como reivindicación propia respecto a la superposición aquelárrica de leyes constitucionales e inconstitucionales, decretos de necesidad y urgencia y comunes, jurisprudencias contradictorias, delegación de poderes legislativos al ejecutivo, división de poderes utópica, con dependencias, adocenamientos y subordinaciones. Derecho e inderecho | |
| Para no dar cabida al concepto fascista de "ficción democrática" el poder como ejercicio de la voluntad general necesita del pulimento que lije rémoras doctrinarias provenientes de tiempos de facto y hegemonías oligárquicas. Pero sin que ello ciegue la perspectiva de ordenamiento social, político y económico que requiere una Nación que descarta como identidad marginación y marginalidad. Porque ya pertenece de la cultura argentina aceptar resignadamente, como parte ineludible del paisaje la existencia de hambre, pedigüeñismo, indigencia, expoliación, desocupación, etc. Si gobierno y oposición entienden el orden de prioridades podrá corregirse el rumbo accionando con decisión sobre elementos globalizadores y neoliberales impuestos desde 1976, arrancándolos ya de cuajo y no marchando a medias, donde los hechos atrasan respecto a la declamación. Con descalificar a Patti como legislador, no alcanza. Tampoco con liberarse de la deuda del Fondo. Y menos con reducir el número de miembros del Consejo de la Magistratura, y aún de mantenerlo. El ciclo político económico mundial nos favorece para el cambio. El regional también. Entonces, existiendo la intención, habiendo señales de ella, mediante el adecuado uso del poder rompamos con pautas contraculturales que nos impusieran como "estado de inderecho". La ruptura no es pulir el digesto legal únicamente, sino atar indisolublemente el derecho a la dignidad creando el Estado de Justicia. El 2006 puede ser el año propicio. |