El complejo problema social que arrastra La Argentina, desde sus inicios en la era de la Colonia, luego la Anarquía y durante un periodo, desde 1860 a 1943, época que el sistema encarnado en el cuerpo social nativo fue tapado con un manto débil. Es decir el sistema autoritario del caudillaje conservador, gracias a Alberdi, Sarmiento, Avellaneda, Mitre y Roca, fue neutralizado.
El aluvión migratorio europeo en ese periodo, fue trascendental para el crecimiento economico, cultural, pero no político, tampoco social integral, aunque muchos suelen incluir el movimiento de la unión cívica radical, como un hecho trascendental, pero fue solo sectorial.
Ese empuje notable prometedor para el futuro de La Argentina se debe a la politica liberal ejercida por los prohombres.
Podemos considerar el sistema colonial y sus herederos los caudillos, como un sistema medieval, autoritario, regido por los mas fuertes.
Los intentos de implantar el liberalismo en nuestro pais, comienza con Moreno, Belgrano, luego Rivadavia, hasta que se cae en el autoritarismo medieval de Rosas.
Luego en el periodo del liberalismo del siglo 19 y 20, nos encontramos que la riqueza acumulada en un oligogrupo con el apoyo del ejercito y la iglesia, se resiste a cambiar y permanece en este estado de cosas, un “cambalache” que no pueden llamarse sistemas económicos.
En la actualidad existe aunque quieran desfigurar, una suerte de teoría mercantilista, pero sin nobleza, igualmente en los paises poderosos practican ese concepto.
En el liberalismo puro de los siglos anteriores encuentra su caída en 1930, la politica de laissez faire quedando demostrado que lleva a un desastre economico.
El monopolio ya lo dice Adam Smith, es un gran enemigo de la buena gestión, que no se puede establecer universalmente si no es como consecuencia de una competencia libre y general que obliga a cada cual a recurrir a ella para su propia defensa. Y John Suart Mill también:
Yo pienso que, incluso en el estado actual de la sociedad y de la industria, toda restricción de la competencia es un mal y toda extensión de ella, aun cuando por algún tiempo perjudique a alguna clase de trabajadores, es siempre un bien definitivo
David Ricardo, por su parte, atacó severamente los monopolios en el comercio internacional, como ineficientes y perjudiciales a la larga contra el país que los establece
La concepción ética que subyace a la noción clásica de la competencia se delata en la preocupación de los economistas clásicos por «the condition of the people» (la suerte de las gentes), o el problema social, que la revolución industrial estaba generando ante sus ojos.
Así, Adam Smith opinaba: “Los sirvientes, obreros y trabajadores de diversas clases componen con mucho la mayoría de toda sociedad política desarrollada. Pero lo que mejora las condiciones de la mayoría nunca puede considerarse como un inconveniente para el conjunto. Ninguna sociedad puede ser floreciente y feliz, si la mayoría de sus miembros son pobres y miserables”.
En nuestras épocas, en el siglo 21 y aquí en La Argentina, solamente inescrupulosos, traidores de su sociedad pueden haber abrazado y aun adoptan, tratando de hacer creer a la sociedad toda, los valores y ventajas de esta siniestra ideología, los fines es de llevar a la esclavitud terrenal. Estos se volvieron mas crueles y sacaron sus caretas de ovejitas, cuando el lobo comunista se derrumbo.
Y Robert Malthus años después afirmaba: Si un país sólo puede ser rico por medio de una carrera de salarios bajos, yo estaría dispuesto a decir: abajo con esa riqueza Y el promotor americano de Herbert Spencer, Andrew Carnegie, escribía a finales del siglo XIX acerca de una situación ideal en que los excedentes de riqueza de los pocos se convertirían, en el mejor sentido de la palabra, en propiedad de los muchos, porque se administrarían para el bien común; y esta riqueza, pasando por las manos de los pocos, sería una fuerza para la elevación de nuestra raza mucho más potente que si se distribuyera en pequeñas sumas entre las gentes del pueblo. Aun los más pobres tienen que ver este argumento y estar de acuerdo en que las grandes sumas acumuladas por unos pocos de sus conciudadanos y gastadas en objetivos sociales, de los que las masas sacan también beneficios, les son más valiosas que si estuvieran dispersas a través de los años en cantidades pequeñas.
El argumento es realmente increíble: la concentración es mejor que la redistribución, ¡¡aun para los más pobres!! Aquí el liberalismo económico está totalmente superado por la ley del más fuerte o «the survival of the fittest», que impulsa la evolución de las especies animales, según Darwin. Esto es lo que entendemos por darwinismo social.
Esta es la verdadera filosofía social del capitalismo de los oligopolios. Lo que sucedió es que no se pudo seguir defendiendo en la forma descarnada de Spencer, Sumner y Carnegie.
La crítica sistemática de los abusos de los «big business» en Estados Unidos por parte de escritores, predicadores y algunos políticos más honrados, obligó a los hombres de empresa a buscar la manera de ocultar lo que tanto irritaba a la opinión pública: la extraordinaria acumulación de dinero y de poder en pocas manos.
Para eso servían admirablemente los modelos de competencia perfecta que glorificaban las excelencias de un mercado abstracto, el cual, por cierto, en nada se parecía a la realidad de la organización industrial imperante ya a finales del siglo XIX.
En Europa, el fortalecimiento de los sindicatos y de los partidos socialistas obligó también al capital de los oligopolios a renunciar a la defensa abierta de un sistema social basado en la concentración de riqueza en relativamente pocas personas. Aquí también trató de encubrirse la realidad con el desarrollo de una teoría abstracta que prescindía totalmente de la cuestión de la apropiación de los factores productivos y reducía los problemas de la distribución del ingreso a la fijación de los precios de unos factores abstractos.
Con la crisis de los años setenta viene la crisis del keynesianismo y del conjunto más o menos coherente de ideas que hacía aceptable a los diversos agentes sociales el papel que el estado tenía en la economía, así como las medidas redistributivas y sociales. La crisis desata los instintos individualistas de los empresarios.
Cuando el estado ya no puede regular el sistema, controlando la inflación y el ciclo económico, decrece la utilidad del estado para los negocios.
Más aún, al aumentar los déficits fiscales y la necesidad de financiarlos ortodoxamente (es decir: captando ahorros del público), el estado se presenta como competidor del sector privado en el mercado de capitales. Con esta competencia se encarece el dinero, aumentan los tipos de interés y se reduce la inversión. De ahí sale el slogan: «El estado no es la solución; el estado es el problema».
De nuevo, como en el siglo XIX, para hacer retroceder al estado habrá que justificar las ventajas de su retiro. Pero ahora, esta justificación no se puede hacer en nombre de una competencia generalizada, porque los oligopolios dominan la organización industrial.p> Ni en nombre de una mano invisible, cuando las gentes están acostumbradas a ver y palpar la mano visible del estado del bienestar.
Las circunstancias de las empresas son muy distintas y la opinión pública tiene otro nivel de información y de conciencia que en siglo XIX. Para justificar el retiro del estado se monta una maniobra intelectual y política que abarca muchos frentes.
• En primer lugar se demuestra a nivel teórico la imposibilidad de hacer una gestión macroeconómica acertada por parte del estado. Esta es la tesis central de la teoría de las expectativas racionales, que con gran lujo de matemáticas y aparato econométrico difunden por las facultades de económicas los discípulos de Milton Friedman y otros gurús de la Universidad de Chicago (la universidad de Rockefeller).p> Según los teóricos de las expectativas racionales, el público, los agentes económicos individuales, disponen de la información suficiente como para anticipar las acciones del gobierno y anularlas con su comportamiento, si sienten que les puede perjudicar.
La posibilidad de aplicar políticas basadas en la experiencia pasada e incorporada en los modelos econométricos que sirven para diseñar esas políticas, se queda reducida a los casos en que se sorprenda a los agentes.
La conclusión práctica de esta escuela es que el estado debe ser mucho menos «militante» en el manejo de la economía. Vuelve la vieja prescripción friedmaniana de suprimir las intervenciones discrecionales de las autoridades y sustituirlas por reglas fijas (por ejemplo en el control de los activos líquidos).
• Por otro lado se ponen de manifiesto los costos, presentes y futuros, del estado de bienestar, exagerados a consecuencia de la crisis que genera un número inaudito de desempleados, y de la evolución demográfica que va haciendo envejecer a la población.
Los costos de la seguridad social y de la medicina social han aumentado en realidad a un ritmo mayor que en otras décadas, planteando un problema real -y no sólo ideológico- de financiamiento en el futuro.
Los elevados déficits de muchos estados se nutren de los gastos por este concepto. De ahí toman armas quienes pretenden reducir el papel del estado para proponer la alternativa de la privatización.
Pero proponen privatizar, naturalmente, sólo aquellas operaciones del sistema, como las jubilaciones y la asistencia médica, que pueden ser rentables a empresas privadas, sin disputar la gestión de las demás al estado.
• Va los sindicatos de clase que, para efectos del análisis económico «científico», se tiene el ataque conceptualizan una magna distorsión del mercado de trabajo que, junto a otras, como el salario como contra el despido, contratos permanentes, etc., se tienen que eliminar para permitir mínimo, protección al trabajo que encuentre su equilibrio de mercado.
• Se insiste en la ineficiencia (por dis-economías de escala, generalmente) de las empresas públicas, muchas de las cuales han resultado del salvamento por el estado de empresas privadas en quiebra, (como lo hizo Perón en su época, pasando como un héroe o los militares con la Italo) y las que son rentables se pasan al sector privado para que las administre, resaltando el principio de la superioridad de la gestión privada y el motivo del lucro sobre la gestión pública.
• Se consagran las políticas exigidas por la supply-side economics (economía del lado de la oferta), que exaltan el papel de los inversores privados, la reducción de regulaciones y trabas a los negocios, la reducción de impuestos, y en general los cambios legales y administrativos que sean necesarios para fomentar la producción y las ganancias de las empresas. Se la contrapone a la economía de la demanda, que había inspirado la gestión económica de las décadas anteriores, con fuerte intervención estatal.
Todas estas estrategias parciales de lo que, falsamente, se llama neo-liberalismo confluyen hacia lo que es la verdadera ideología del capitalismo de los oligopolios: el darwinismo social; el favorecer, cultivar y mimar, dar facilidades y recursos a los que más tienen, a los grandes empresarios, a los afamados banqueros, a los ricos, a los poderosos; sólo ellos puede hacer funcionar el sistema, sólo ellos nos pueden sacar de la crisis. Por eso privatizar es un imperativo; hay que ceder las mejores porciones del sistema de economía pública a los ciudadanos, pero sobre todo a los ciudadanos más ricos (caso de la privatización de Repsol), a los que realmente saben qué hacer con el dinero, ya que ellos tienen la solución de la crisis.
En este estado de opinión se inscriben los gobiernos conservadores de Reagan y de la señora Thatcher, que son el paradigma de todos los gobiernos capitalistas del mundo. Al cabo de una década de favorecer a los ricos, que ha sido en esencia la política de todos estos gobiernos, los resultados están ahí para que los evaluemos.
Los ricos, naturalmente, se han hecho más ricos. Este era el primer objetivo de la operación.
Las ganancias de todo tipo de empresas medianamente llevadas han aumentado en estos últimos cinco años, a ritmos tan elevados como durante la década dorada de los sesenta.
Como resultado del enriquecimiento de los ricos, el sistema ha funcionado mejor en una buena parte; se han creado millones de puestos de trabajo en los países industrializados, aunque con un empleo mucho más precario que hace diez años y sin reponer todos los que se destruyeron durante la crisis.
Unas empresas han comprado a otras, pagando a veces precios fabulosos (el holding financiero K.K.R. compró la Reynolds Nabisco por 3 billones de pesetas ) y el grado de concentración ha aumentado enormemente en sectores como la alimentación, las comunicaciones, la publicidad, etc. Se ha aumentado la pura especulación: de divisas, financiera, de suelo, viviendas, obras de arte, etc., lo que supone desvío de fondos de actividades estrictamente productivas.
Por su parte, los gobiernos han ido financiando déficit crecientes, contribuyendo a crear nuevos instrumentos de riqueza (pagarés, letras, etc.) y de especulación (seguros de prima única).
Pero también ha aumentado de una manera alarmante el número de pobres. Junto a los nuevos ricos están surgiendo en todos los países los nuevos pobres, aquellos que aun trabajando no tienen dinero para comprar casa y frecuentemente ni para pagar un alquiler (el problema de los «homeless», sin hogar, en Estados Unidos es muy grave). Este es un tema que no hago más que tocar, porque ya se ha documentado y analizado en otras publicaciones de Cristianisme i Justícia.
Desde un punto de vista darwinista el aumento del número de pobres se podría interpretar que constituye los costos de la evolución. Para el bien de la especie es necesario que los mejor dotados prosperen y los peor dotados desaparezcan. Para el darwinismo social los nuevos pobres son el costo dolorosamente necesario para que los elegidos, los que tiran hacia adelante de la raza humana, estén cada día en mejores condiciones para competir y crear riqueza.
Los gobernantes no lo formulan así, tan descarnadamente, pero en la práctica es como si lo hicieran. La aparente resignación de la sociedad con las enormes bolsas de pobreza en medio de economías en pleno auge, parece indicar que lo consideran un mal necesario e inevitable.
Para concluir sólo nos queda ponderar cuán lejos estamos aquí y ahora del ingenuo pensamiento liberal del siglo XIX, y de sus ideales de Libertad, Igualdad, Fraternidad. Porque un mundo donde prive el darwinismo social es un mundo en que la libertad no cuenta porque todo está determinado; la igualdad es totalmente indeseable, porque el avance de la especie se basa en la diferencia de suertes y oportunidades, en la superioridad de algunos sobre los demás; y la fraternidad es una debilidad imperdonable, que no puede significar nada real en un mundo competitivo donde el hombre es para el hombre un lobo feroz:
Fragmentos del Cuaderno: “La Gran Contradicción del neo liberalismo moderno o sustitución del Humanismo Liberal por el Darwinismo Social” Luis de Esteban.
Cuando se habla del Darwinismo social, se refiere a una selección social y económica, hacia el mas hábil o el mas pícaro para los negocios, al tratarse de una selección, los descartes quedan afuera, es decir desocupados, los que no tienen la suerte de nacer en hogares ricos, los que no son ladrones, los que tienen ética.
Ese sistema es el que ahora esta asentado en nosotros los argentinos, aquellos que han sido mas vivos para los negocios, o para la politica o para ejercer el caudillaje de los sindicatos, son los elegidos, ellos son dueños de los sistemas de los medios de comunicación, los que por medio de la fuerza o por el engaño de los votos ejercen un derecho legal.
Posiblemente el enano sirio no conocía estas teorías y las adopto porque el y sus sátrapas, con el gran conductor caballo se avivaron de enriquecerse con los cuentos del neo liberalismo, que solo sirve para despertar instintos primitivos a los poderes que lo practican.
En el resumen de las cosas sociales en nada se diferencia el neoliberalismo del comunismo, y esas esencias son: la propiedad privada solo es de los poderosos, tanto privados neoliberales potentados, como los que manejaban los Estados Comunistas. Un ejemplo: la apropiación de los depósitos privados de los ahorristas chicos en La Argentina.
Por esta razón yo estoy convencido que para tener éxito en un crecimiento de La Argentina, los principios del neo liberalismo deben ser erradicados, como son inaceptables los comunistas o socialistas.
Tal vez un liberalismo keyniano sea el mas aconsejable, pero en ningún caso debe existir el laissez faire, máxime en un estado sin estructuras reales, con estructuras endebles.
Compramos recetas económicas, sociales a cualquier vendedor que aparezca, y el fracaso no se hace esperar, pero el enriquecimiento del que vende y el que compra es inmedible, como los representantes.
Conocemos quienes somos, no podemos caer de nuevo, ya no queda abismo, no podemos aceptar a ningún ignorante o trápala que nos ofrezca una lámpara de Aladino, ya NO QUEDA ABISMO, ahora se postulan de nuevo, el enano, el conductor secundario de autos competitivos, la gordita carrio, el socialista, los radicales guitarreros, los comunistas, que tienen para ofrecer, para hacer una estructura social económica cultural sólida, NADA.
Y los otros Lopez Murphy, y cia. Redrado, y todos los Chicago boy, los de Harvard, de nuevo nos van ha seguir sacando lo que no tenemos, para satisfacción de su teoría darwiniana, cuya comprobación científica de su perversidad ha sido demostrada, aquí, en EEUU, en Gran Bretaña y en otros paises, solo sirve para enriquecimiento de los que estan prendidos en el poder y no los mas capaces, si los mas rapaces.
Por esto propongo un estado liberal a usanza nuestra, concurriendo al comienzo el apoyo sano del Estado, para librarnos de todo mal diabólico, las primeras necesidades del ser humano, comer, salud preventiva, vestirse.
En acto seguido las producciones agropecuarias actuales que sean en un diez por ciento retenidas para mitigar el hambre.
Poner en marcha productiva a quinientas mil personas ex emprendedores empresarios, que se encuentran inhibidas por los cancerberos de VERAZ y compañía, restituyéndolos a las fuerzas productivas. Crear Cajas de Ahorro y Crédito zonales, para el funcionamiento financiero del proyecto de desarrollo endógeno. Los embajadores nuestros distribuidos en toda la tierra, deben traer los medios y estudios de marketing apropiados para comenzar la transformación industrial de los productos de la tierra, de los minerales, del océano y de los ríos, creando puestos de trabajo estables y aumentando el valor del resultado de la transformación. Con estos conceptos serios negociar el pago de la deuda externa e interna documentada. Tener un peso que flote de acuerdo al respaldo productivo y de las reservas del banco central. Volver al servicio militar obligatorio de varones y mujeres, por una necesidad social y educacional.
He tratado en diferentes formas, algunas que parecen reiterativas, otras sin un aparente sentido de las ideas. Algunas mezclas literarias, otras anecdóticas como mis vivencias en Santiago del Estero, pero he deseado llegar al fondo del drama argentino.
Fragmentada la causa del drama, es negar al problema central, que es social, que se trata de una sociedad, y me refiero en todos los niveles humanos, no los del estado economico, nuevos ricos, herederos de fortunas y apellidos ilustres, dirigentes politicos, sindicalistas.
Me refiero al ser argentino, como un humano, sus raíces genéticas arrastran un estado de esclavitud, y así lo demuestran en sus actitudes, creernos los mejores del mundo, creernos del primer mundo, copiar antaño a los franceses, posteriormente a los ingleses y ahora a los norteamericanos.
No somos nosotros mismos, como los simios imitamos a los que creemos los mejores. Así algunos deben ser egresados de Harvard, aunque muchos cursan un semestre y aquí como a los dioses, los caciques, léase caudillos, los tienen con la santa palabra. Todos fracasaron, todos fracasan.
En toda la sociedad argentina poseemos riquezas culturales, que tenemos vergüenza en hacerlas conocer, por ejemplo el tango, tan querido y admirado en todo el mundo a mucha gente argentina le da timidez, sus letras son el reflejo, son la filosofía de un pueblo, son su identidad.
En los carteles de anuncios comerciales, teniendo un rico idioma, utilizamos el ingles, que no tiene el giro del nuestro. Los científicos argentinos, he visto en muchos casos que copian las investigaciones efectuadas en otro lado del mundo, a muchos les da vergüenza hacer sus propias conclusiones. Los cerebros economistas, no dan una opinión creativa, si no se refieren a que en el FMI, tienen la palabra santa.
U otras referencias foráneas, como si afuera de La Argentina pensaran para nosotros. Los militares siguieron cursos de seguridad nacional, con el profesor eminencia noriega, allí siguieron cusos adelantados del uso de la picana y de armas para combatir a sus propios compatriotas.
Todos somos REHENES, de nuestros propios sueños equívocos, de no vivir una realidad, dejar de ser esclavos, de nuestras ilusiones irrealizables, de las palabras del caudillo que nos miente, como le mintieron al pobre Pinocho.
Volviendo a los científicos economistas, son pobres tipos engañados en los pasillos de las Universidades de Chicago y Harvard.
Los alzogaray, krieger vasenilla, machinea, cafierito, gomez morales, y ahora remes, lagaña y no si será muy pronto lopemorfon, todos absolutamente todos y el peor de todos el caballo, han fracasado en sus formulas mágicas.
Dice don Rogelio Frigerio, el viejo: “Hay un común denominador en todos ellos. Consiste en la negación, la subestimación o aceptación simplemente formal del factor externo como causa de nuestro estancamiento. Consiste también en que todos ellos proponen una gama muy variada de soluciones técnicas que soslayan un elemento histórico político fundamental: la aspiración de la comunidad a convertir el desarrollo economico en palanca e instrumento de la idea nacional, de la idea espiritual de la Nación”….”el problema es de producción y nada mas que de producción..” y además con un sentido de orgullo verdadero, que solo nos pueden dar la estabilidad nacida desde nuestro propio seno terrenal.
“Debemos producir en nuestro pais todo lo que podamos extraer de nuestro subsuelo y nuestro suelo, y de nuestros mares y ríos.
Debemos cumplir en plantas argentinas todo el proceso de elaboración de los productos agropecuarios: lavar las lanas, trabajar el cuero, industrializar los subproductos. Debemos integrar el agro, la pesca, la minería y la industria, partiendo del concepto de que todas son ramas de un mismo mecanismo de producción, que tiene que alcanzar los mas altos niveles tecnológicos.”
“Nuestra concepción del desarrollo economico no es mecanicista. Es un instrumento de realización nacional, de integración de la comunidad histórica que se niega a ser cómplice de otras potencias y se niega a diluir su personalidad en esquemas de un seudo internacionalismo superior.” Rogelio Frigerio: Estatuto del Subdesarrollo. 1974.
El crecimiento espiritual, material, cultural ha sido desde 1910, frenado en sus proyecciones “serás lo que debes ser, sino no serás nada”, no hemos sido lo que el destino nos tenia reservado, hemos sido usurpados en nuestro ser mas intimo, por los caudillos, los déspotas, los mentirosos, hasta que caímos en las manos de un gigoló sirio, y nos termino, nos corrompió, pero cuidado que aun anda un chileno, un puntano, un corredor de segunda, un salteño que no tienen nada para ofrecer.
Pero ponga su esperanza
En el Dios que lo formó;
Y aquí me despido yo,
Que he relatao a mi modo
MALES QUE CONOCEN TODOS
PERO QUE NAIDES CONTÓ.
Martín Fierro