Metro...¿qué?
Trabajo del Instituto Nacional de Tecnología Industrial
"El hombre es la medida de todas las cosas", reza la conocida sentencia de Pitágoras; pero si cada hombre (y, ni digamos, cada mujer) se guiara solamente por su propia medida individual de las cosas, la vida en sociedad resultaría una empresa imposible. Es preciso llegar a acuerdos acerca de las medidas, tanto como acerca de las palabras y las reglas que conforman un lenguaje; se requiere consensuar y codificar los significados, las señales y los signos para poder entenderse, comunicarse, intercambiar palabras, afectos, cosas, productos. Y cuanto más compleja se torna la vida social, tanto más se requiere de normas, sistemas e instrumentos de aplicación comúnmente aceptados y eficientes, como basamento de la confianza y la previsibilidad que es la condición de existencia del orden civilizado. El "ojo del buen cubero" podrá servir.... para el cubero, y quizás para su buena familia; pero no resulta un instrumento de medición confiable que garantice los intercambios en una sociedad compleja. En cambio, resulta esencial poder medir, y medir bien; no una vez, u otra vez, sino siempre; porque en la justeza y precisión de esas mediciones, se habrá de asentar la credibilidad y la confianza posibilitadora de los múltiples intercambios. Uno necesita saber y estar seguro de que cuando carga (y paga) un litro de nafta, está recibiendo realmente esa cantidad de combustible en su tanque. Lo mismo cuando paga la factura de gas, luz, agua, o cuando pesa las verduras o la carne comprada en el supermercado, etcétera; del mismo modo, cuando se realiza un análisis de sangre, recuento de glóbulos rojos o de colesterol; y por supuesto, también el estado, la aduana, por ejemplo, necesita saber con exactitud los pesos y medidas de lo que entra y sale del país, para cobrar con justeza impuestos y retenciones, o para controlar que se cumplan normativas sanitarias, etcétera. "Desde que usted se despierta hasta que se acuesta, vive rodeado de aparatos que miden distintas magnitudes físicas. Mientras duerme también. Algunos de esos aparatos ya casi son parte de su cuerpo, como por ejemplo su reloj", nos ilustra el Dr. Joaquín Valdés, Gerente de Calidad y Ambiente del INTI.Como resultado de esos largos procesos de acuerdos y consensos que constituyen la trama de la civilización, en 1875 se firmó en París la célebre Convención del Metro, para asegurar la unificación internacional y el perfeccionamiento del Sistema Métrico. La entonces Confederación Argentina, representada por el Embajador Don Mariano Balcarce (yerno del Gral. San Martín), convalidó el acto, junto a los representantes de las principales potencias mundiales. El objetivo general de estos convenios era el de tender a basar las mediciones en unidades de naturaleza universal, de modo que pudieran ser adoptadas por todos los países sin connotaciones de nacionalidad alguna.
A estas alturas, el lector ya podrá inferir por sí de qué se habla cuando se pronuncia la palabra METROLOGÍA: de los procesos de investigación, formulación, consensos y normativas, que prescriben y regulan las unidades y estándares de medición en los más variados y múltiples campos de la actividad humana; como también, del desarrollo, implementación, control y ajuste permanente de los instrumentos y procedimientos que permitan realizar y aplicar las mediciones sobre la base de controles autorizados y garantizados, para sostener y recrear la credibilidad, la previsibilidad y la confianza en los intercambios humanos.Metrología legal: Para medir con la misma vara
Medir bien, se puede considerar más un problema de autoestima de una comunidad que una obligación. Una sociedad seguramente llega a respetar la metrología una vez que alcanza a asumir plenamente valores básicos de confianza, transparencia y previsibilidad, como base de la convivencia social y las transacciones cotidianas. Aplicar estos conceptos en términos prácticos en una comunidad, obliga a aceptar de manera generalizada una serie de costumbres, de las que medir con propiedad y precisión es una de ellas.En todos los países líderes, sin embargo, además de contar con lo que podríamos llamar una cultura metrológica solvente, se desarrolla una metrología legal, esto es: aquellas regulaciones que establecen cómo se aprueban, cómo se utilizan y cómo se verifica y supervisa el correcto uso de algunos instrumentos de medición.
La necesidad de esta regulación surge de la importancia que los instrumentos de medida tienen para dar fe de la equidad y sostener la confianza en las transacciones entre particulares, o entre algún particular y el Estado. Desde un reloj taxímetro, hasta una balanza - tolva que registra el peso del cereal cargado a un buque, o un medidor de energía domiciliario, o incluso un aparato para la medición de la presión arterial, se constituyen en elementos clave para una relación económica justa o para la prestación adecuada de un servicio. En Estados Unidos la doctrina predominante es que los particulares involucrados en estas transacciones se encargan, al defender sus intereses particulares, de establecer mecanismos de control para asegurar el correcto uso y funcionamiento de los equipos de medición. Esto es: el mercado se autorregula.
En Europa, en cambio, se entiende que el Estado debe asumir el rol de regulador y supervisor, para evitar que la disparidad de poder económico o de información entre las partes, permita un mal uso de los instrumentos. De ahí la fuerza de la metrología legal.Argentina tiene una ley de metrología desde 1972. Sin embargo, podríamos decir que en la práctica, el sistema ha funcionado "a la americana", por debilidad de los recursos asignados a su implementación. En un país que no se ha caracterizado en los últimos 30 años por fortalecer la igualdad de oportunidades, el apego a las normas y la transparencia en los procedimientos, es de imaginar que los resultados han sido negativos y hasta desalentadores, con baja o nula confiabilidad de pesos y medidas en varios planos de la actividad económica.
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La firma del Decreto 788/03, que aumenta sustancialmente las atribuciones del INTI en el tema, es un paso hacia aquella mencionada incorporación de la metrología en la vida cotidiana argentina y además permite el giro hacia una visión más adecuada de la metrología legal, con un Estado árbitro, más presente que hasta ahora. En efecto: el INTI es reconocido como la institución mejor equipada en el tema, pero además ahora adquiere la posibilidad de tomar la iniciativa e identificar progresivamente las áreas problema en materia de medición (consumos de energía, gas o agua domiciliarios; pulsos telefónicos; surtidores de naftas; serían sólo algunos ejemplos) y a partir de allí proponer los reglamentos correspondientes, las formas de aprobar los instrumentos y de controlar periódicamente su correcto funcionamiento.
Puede sonar pomposo o tecnocrático. Sin embargo, este caso es un ejemplo claro de que quien respeta la tecnología respeta la equidad social y viceversa. Vale la pena tomar nota.