El Oficio de Ciudadanos
Para Proyección por Jorge Zírpolo Santillán

"¿Dónde está la Sabiduría que perdimos con el Conocimiento? ¿Y dónde está el Conocimiento que perdimos con la Información?". Algunas décadas atrás T. S. Eliot formulaba al mundo estas preguntas asertivas, que conservan intacta su potencia reflexiva.
En la decadencia de la historia, todo comienza cuando una civilización, una cultura, una sociedad, una comunidad, abandonan la sabiduría que las hizo ser.
En algún momento llegarán a sufrir la pobreza espiritual a que los somete la mera percepción y administración de datos de la realidad que llamamos 'información'; en algún momento se encontrarán con que la 'información' no era suficiente, ni siquiera para 'conocer'; y los más perspicaces también conocerán los extremos de la falta de sabiduría, cuando se enfrenten con las lagunas y las contradicciones que se multiplican en la imposibilidad de encontrar un sentido organizador del mundo y de las cosas, aun - y sobre todo - en las mayores concentraciones de información.
Y sólo y nada menos que porque en el principio perdimos 'la sabiduría' en pos de un 'conocimiento' que apenas nos dejó nada más que 'información'.
Se está repitiendo en los días que corren, en los medios masivos, la recordación que algún ilustrado hiciera de la expresión de Ortega:
'No sabemos qué nos pasa y eso es lo que nos pasa'.
Pero en ese no saber lo que nos pasa, no son datos precisamente lo que falta, no falta 'información': falta sí la organización de la información que es el conocimiento, porque perdimos a éste cuando, fascinados por sus descubrimientos, perdimos de vida (así, de vida) el 'saber', la 'sabiduría'.
La fuerza de los cacerolazos no puede disimular su origen espurio: aparecieron en el escenario socio político, no cuando la mala economía de la ideología neoliberal nos dejaba sin trabajo, sin empresas, sin comercio, sino cuando la penúltima línea de la clase media que aun sobrevivía como tal sintió la exclusión en bolsillo propio.
Como en estómago propio, en salud y en educación propia, de sus hijos y de sus jubilados, en confianza y capacidad de futuro, ya largamente la venían padeciendo los pobres y los mansos - los sufridos - de siempre.
Pero por lo menos hubo y hay, - aunque se van apagando, y no por bondades sobrevinientes en la gestión de gobierno - los cacerolazos, como en las avanzadas hubo y hay piquetes y piqueteros.
Cuando la gente gana así las calles suelen no volver a su vida 'normal' con las manos vacías, sin un triunfo.
¿Cuál será el triunfo que nuestra gente - largamente alejada como conjunto humano de 'la sabiduría' - considere suficiente llevarse para dejar las calles con un sentimiento de algo ganado, y volverse?. ¿La apertura del corralito bancario?. ¿Agregando, para los desocupados, la creencia en el cumplimiento - imposible y tan injusto como la promesa misma - de la promesa de distribuir planes Trabajar suficientes?. ¿Con más la prolongación sin fin - también imposible e injusta - de programas asistencialistas que distribuyan un poco de alimentos, remedios y útiles escolares entre la indeteniblemente creciente masa de excluidos?.
Sin embargo, formulados como hipotéticos escenarios, no carecen de probabilidad, de futurabilidad.
Es probable que nuestra gente lanzada a las calles esté buscando apenas eso. Y que regrese a la quietud, a la desidia amorfa, a la realidad sin grandeza y sin futuro, apenas el FMI vuelva a hacer con nuestra soberanía lo que nosotros nos hemos acostumbrado a hacer con nosotros: más de lo mismo, efímero y egoísta, en busca del horizonte que se busca pero que no se quiere, porque en él sólo habremos de encontrar el polvo de la nada.
Y tal vez habría de tolerar nuestra gente esas paupérrimas sí que degradantes respuestas, porque, lamentablemente, no saben lo que les pasa, no sabemos lo que nos pasa.
Naturalmente, los problemas por resolver no se llaman corralito, ni masas carenciadas, ni desocupación, ni necesidad de volver a generar confianza, ni ausencia de redes de seguridad y de solidaridad. Mucho menos, necesidad de defender al sistema financiero ni bancarización.
Los problemas por resolver no son de ninguna manera problemas económicos.
Ni siquiera se llaman desplazar definitivamente a todos y cada uno de los miembros de la clase política dirigente para dar lugar a su renovación total.

Nuestros problemas

Hay que buscarlos en la extensión y la profundidad, en el modo de ser y de existir, en la sinceridad y en la calidad de espíritu con que nuestra gente - llamémosle de ahora en adelante, nuestra población - hoy intenta, y lo expresa aun bajo aquellas formas de protesta, hoy anhela ser una sociedad - una nación, una cultura, un país, una autonomía soberana -.
En la nomenclatura que utilizan los ecologistas para referirse a los Ecosistemas, nos sorprenden algunas precisiones semánticas. Según ese vocabulario,
población es el grupo de individuos de un mismo tipo, que viven juntos;
comunidad es un conjunto de poblaciones diferentes, que habitan en un mismo lugar, y que dependen unas de otras para obtener comida y protección.
A partir de estas descripciones, es válido inferir que el ecosistema comunidad es una realidad viviente más compleja que el ecosistema población; esta última agrupa a individuos de un mismo tipo, que viven juntos; la comunidad no se trata de 'individuos que viven juntos' sino de conjuntos poblacionales que dependen unos de otros para cumplir su destino.
Observemos análogamente nuestro ecosistema político. Y precisemos un poco el lenguaje.
Político en tanto que, por su naturaleza, el hombre es 'zoon politikon'??esto es, literalmente, 'animal - ser viviente - que se une - que no puede, por naturaleza, no unirse - con otros, con los que se relaciona como conciudadanos'.
Pero que, por otro lado, en tanto ser viviente dotado con el don de la libertad, puede alterar, en su vida individua y concreta, el mandato de la naturaleza.
Relación social entonces, que, simultánea y paradójicamente, es aceptada y asumida libremente por cada uno. O no: la naturaleza lo condiciona y lo impulsa, pero él puede alterar de mil maneras - y en la historia lo ha hecho con tanta frecuencia - el orden natural.
Ecosistema político en fin, en tanto que el hombre necesita de la sociedad para realizarse como hombre.
Observémonos en nuestra naturaleza, nacidos para vivir en sociedad. Porque de otro modo no podemos llegar a ser; porque para llegar a plenitud humana, personal y autónoma, debemos determinar, en asunción y ejercicio de nuestra naturaleza, la 'polis', la ciudad.
Y debemos, en asunción y ejercicio de nuestra libertad, determinar la arquitectura, el diseño de la ciudad, de la sociedad en que queremos vivir.

¿Comunidad o Población?

Nuestro ecosistema político, entonces, hoy, aquí y ahora y como fruto de determinaciones acumuladas a lo largo de nuestra historia, nuestra sociedad, la ciudad que somos hoy capaces de realizar, no supera ecológicamente la categoría de población; no alcanza a ser comunidad, no alcanza a constituir ciudad, no llegamos a ser ciudadanos de una sociedad.
Es dura la afirmación, tal vez, pero en todo caso deberíamos discutir cuán errada está: somos más un grupo de individuos de un mismo tipo que vivimos juntos, que un conjunto en el que distintos grupos dependemos, y sentimos y sabemos que dependemos, unos de otros.
Y lo que nos pasa, es consecuencia de ello, de ser y estar así.
Dependencia de la 'ayuda' externa, convertibilidad, salida de la convertibilidad, corralito, pesificación, dolarización, gobiernos inconclusos, gobiernos que no gobiernan, políticos repudiados, justicia juzgada, corrupción increíble, economía paralizada, desocupación y pobreza crecientes, violencia, deserción escolar, instituciones derruidas, desvalorizaciones todo abarcantes, aislamientos, incomunicaciones, intolerancia, hospitales sin insumos, enfermos sin esperanzas; jubilados, ancianos, niños, sin protección...
Estamos ante un pavoroso banquete de consecuencias en cuyas causas también, y tal vez sobre todo, estamos todos nosotros y cada uno de nosotros. Dostoyevsky: 'finalmente, todos somos responsables de todo delante de todos'.
Lo que nos pasa es un banquete de consecuencias por no haber hecho durante muy largos tramos de nuestra historia, lo que nunca debimos dejar de hacer.
Lo que nos pasa es un banquete de consecuencias por sí haber hecho durante muy largos tramos de nuestra historia, lo que nunca debimos haber hecho.
Lo que nos pasa es ese banquete ante el que todo hombre o mujer, todo grupo, toda familia, todo pueblo, toda asociación, tarde o temprano se sienta... por no haber hecho lo que debía, por haber hecho lo que no debía. Lo único absolutamente inevitable en la historia y en las biografías, siempre, son las consecuencias.

Qué hacer desde lo personal
La voluntad de vivir juntos

Principio fundante cuya vitalidad y energía no debimos descuidar nunca. Nuestra cohesión como sociedad, reconocido el imperio de nuestra naturaleza sociable y asumida nuestra condición específica de seres libres, emerge en primer lugar de la firme voluntad de vivir juntos.
La 'refundación de la República', el 'queremos ser Nación', 'la renovación del contrato social', 'la vivificación de los vínculos sociales afectivos', en definitiva el diseño de esa sociedad en que queramos de verdad vivir, comienza con el acto personalísimo, con el acto de cada quien, de proclamar la voluntad de vivir juntos.
De ser y hacer comunidad, de ser nosotros.
En los monasterios benedictinos los monjes profesan un cuarto voto, tan solemne y comprometido como los conocidos otros tres: el de 'la estabilidad en la comunidad', el de vivir toda su vida y finalmente morir en su comunidad monástica particular, en su monasterio, junto a sus hermanos de elección y de vida. Con todas las consecuencias que también ello envuelve.
ü En el quehacer desde lo personal, cada uno de nosotros debe tomar ese compromiso, proclamarlo y promoverlo, expresándolo en la exposición sincera de la palabra, pero sobre todo viviéndolo en cada acto de vida, creciendo cada uno y transformándonos sobre el ejemplo edificante de ese compromiso. 'El mayor testimonio de lo que uno piensa es la propia vida', señalaba Nietzsche. Cada uno de nosotros.
ü Es poco lo que se puede avanzar en esa dirección sin una penetrante introspección crítica: ¿qué nos falta, cuán decididos estamos, cuán conscientes y cuán responsables de esta decisión primera, heroica si se quiere en este tiempo - como para otros lo fueron otros - y fundacional: la personal voluntad de vivir juntos...?. Porque para que la crisis del país se resuelva en la refundación de la República, la crisis del país debe dejar de ser solamente la crisis del país y ser reconocida como lo que es en verdad: la propia personal crisis, que nos lleve a nuestra propia refundación como hombres políticos, como ciudadanos y como conciudadanos.

Entre estas palabras y los hechos que las concluyan está el quehacer de cada momento, el cómo hacer que es siempre lo que más nos cuesta.

Hemos preparado la continuación de estas reflexiones - el espacio nos limita - y las presentaremos en cuanto nos sea posible.
Pero lo que queda expuesto es el punto de partida de la conducta de cada uno en estas horas en que estamos decidiendo el futuro... Y es sólo conducta, en el sentido de que se trata de principios simples y todos de ejecución... Especular sobre ello es parte de la pérdida que menciona Eliot, es parte de la sabiduría que abandonamos y que, estando en la raíz causal de nuestros males, debemos hoy recuperar.
Las decisiones personales positivas y el avance en ellas, no sólo son fruto de la Esperanza sino también el alimento para sostenerla desde nuestro interior, mientras el Espíritu del Señor sobre nosotros se prodiga con sus dones.

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