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Es parte esencial de ese ambiente la forma en que cada uno es acogido dentro de él, las relaciones cálidas que se establecen con los dirigentes y la preocupación porque cada niña y niño logre sus objetivos de crecimiento personal, haciendo que ellas y ellos se descubran como parte importante de esa atmósfera, de ese espacio privilegiado, donde un grupo de gente simpática hace cosas entretenidas e interesantes. Entender esto es clave para comprender el atractivo que el Movimiento Scout tiene para los jóvenes. Si la vida de grupo es rica, los niños vienen y se quedan; si no es así, los niños vienen pero no se quedan. Puede que algunos se queden, porque hasta una vida de grupo “pobre” pudiera satisfacer algunas necesidades infantiles, pero en ese caso la Manada estaría desaprovechando las posibilidades que le brinda el método scout para enriquecer la vida en común y obtener que los niños den el máximo de sí mismos. Esta atmósfera
especial es también un espacio educativo donde se generan estilos
de vida
La originalidad educativa del Movimiento Scout consiste en que la niña y el niño viven esta atmósfera a la manera de un juego; pero inmersos en ella, casi sin darse cuenta, van simpatizando con un cierto estilo que poco a poco marcará sus jóvenes vidas, permitiéndoles definir su personalidad y construir su propia escala de valores. Este aprendizaje se adquiere de manera vivencial, no frontal, sin clases ni charlas, sin memorización ni calificaciones, sin premios ni castigos, con la participación de dirigentes que acompañan de la manera en que lo haría un hermano mayor. De ahí que la vida
de grupo sea el agente verdaderamente educativo en la Manada., ya que ella
reúne, entrelaza y armoniza todos los elementos del método
scout.
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