ARCHIVO PÚBLICO DEL COMANDANTE
CLOMRO
Informe Clomro-1 EL CONOCIMIENTO CÓSMICO
Y EL DIVULGADOR
Sección II EL COMANDANTE CLOMRO
Subsección B HISTORIA PERSONAL
Capítulo I
ANTECEDENTES LEJANOS DE MI PRESENTACIÓN COMO
EXTRATERRESTRE
Parte I
ENTRE MI REALIDAD Y LA FICCIÓN
1987, mes de agosto,
día 15, primeras horas de la madrugada. Ciudad de Santo Ángelo,
Río Grande Do Sul, Brasil. Espera en un bar frente a la terminal
de ómnibus. Charla con tres o cuatro personas, entre cerveza y
cerveza. Sale el tema de los extraterrestres. Me preguntan a qué
vienen. Se me ocurre -y no sé cómo- hacer una ppersonificación
de un extraterrestre que llega y responde a la pregunta. En vez
de decir a qué vienen, hago como que yo soy uno de los que
vienen, hablando en primera persona, en una
mini-teatralización que se me ocurre que será más impactante
que el "ellos vienen para...", que no dejaría de ser
tomado como una opinión más.
El personaje extraterrestre inventado en
ese momento, subiéndose a una silla (¡lo que puede una
cerveza!, ¿eh?) y saludando con una mano hacia arriba y quieta,
está -según ubica imaginariamente a laa gente- en su plato
volador que aterriza. La puerta se abre, el extraterrestre baja
de la nave (la silla), y cuenta los secretos del Universo. Un
poema con un mensaje cósmico, bien recitado en portugués y con
excelente expresividad, arranca aplausos de un viejo, que me mira
y me oye con una concentración como pocas veces he visto.
Aplaude otra vez ante una de mis revelaciones que entró en su
lógica o en su sentir.
Llego al final de mi primera actuación; termina
mi ficción y continúa mi realidad: soy un ser cósmico que
hace dieciséis meses que está en un cuerpo humano, sin plato
volador ni nada espectacular que convenza a la gente de lo que
pueda decirle. Guardo entonces mi misterio, y cuando hablo de
extraterrestres, lo hago como estudioso del tema y no como uno de
ellos. Horas después me voy del bar, llevándome una nueva
experiencia, una nueva idea de cómo darme el gusto de ser lo que
soy, al menos representándolo teatralmente. Hacer el papel de
lo que uno mismo es y que en la vida cotidiana se oculta bajo
esta apariencia humana... ¡qué realidad para una ficción!
1988, enero y mayo. Hablo en radios
de la costa atlántica bonaerense, como divulgador de
enseñanzas extraterrestres, atestiguando haber presenciado
comunicaciones con seres cósmicos. En algunas de las radios se
genera interés y expectativa por mi regreso para seguir con el
tema. Preparo entonces un programa con un compañero de misión,
con grabaciones experimentales que nunca llegaríamos a poner en
el aire.
Surge un viaje: mes de agosto, días finales.
En un lugar del oeste de la provincia de Buenos Aires. Con
nombre y apellido, salgo al aire por una radio. Hablo como
divulgador del tema extraterrestres. Propongo a los muchachos del
programa que no hagamos demasiado seria la charla. Con mucha
audiencia juvenil, la idea mía es ser entretenido para
evitar que a muchos les caiga pesado (serio y pesado, es lo mismo
para muchos jovencitos). Y si surge la burla, uno ya lleva la
iniciativa: propongo antes del programa, que me digan "el
extraterrestre". No que yo me hago llamar así, sino que
surja como si fuera cosa espontánea de los muchachos del
programa. Así se hace. Puede que algunos que están escuchando
esperen que yo reaccione ante eso que parece una
"cargada". Pero todos comprueban que no me ofendo, que
lo tomo como algo natural que se puede pensar de mí. Soy
interrogado sobre si soy en realidad un extraterrestre. Mi
respuesta, insinuante, deja una duda intencional. La duda
flotará en la ciudad durante los dos meses en que permaneceré
allí. Duda, claro está, para los pocos que creen en algo de lo
que digo.
Un hombre aparece en la radio al término del
programa. Es astrólogo y profesor de música. Mi mensaje le
parece interesante y verdadero. Nos veremos cada tanto; él se
entera instantáneamente toda vez que reaparezco en la radio, y
lo veo esperándome a la salida como si algo nos comunicara, como
si algo me lo trajera, como si algo le llevara la información
sobre mi presencia. Y me deja una enseñanza de músico que es,
de espiritual que es, de cósmico y de humano que es: "somos
música; sonamos en instrumentos que están desafinados, y por
eso no podemos sonar bien". Así explica lo que a
nuestras almas les pasa en estos cuerpos; cuerpos, en su
concepto, mal hechos. En concordancia conmigo, cuerpos que fueron
creados con un fin que nunca podría ser la música, sino el
ruido. Una creación, por lo tanto, no atribuible a lo Divino.
En el cielo, no sólo las estrellas
Una aparición masiva de ovnis en distintos
puntos del país, activa más aún la atención de mucha gente
hacia mi presencia. Justo sobre esta localidad se registra uno de
los avistamientos, lo cual aumenta la atención hacia el tema.
Vuelvo a estar en la radio, donde hacemos contacto telefónico
con Luis Burgos, director de la Fundación Argentina de
Ovnilogía, reportándole el caso local, que no trascendió a
Buenos Aires. Por esos días, hay un apagón. Veo tanto brillo en
el cielo, que se nota más la luz estelar, que el azul. Da que
pensar en los ovnis, pero la razón es otra. Soy de mirar al
cielo poco seguido, porque no me obsesiona la idea de ver algo
extraño. No ya.
Pero una noche me siento un poco solo, y hasta
falto de ayuda cósmica. Porque hace cuatro años y medio, ya
desde los tiempos del anterior ocupante de este cuerpo que uso,
esta mente que él tuvo y que moldeó la mía, vive con la idea
de que "Ellos" están presentes. Y más presentes,
cuanto más esté yendo por buen camino. Pero estoy alejado
geográficamente del grupo, estoy jugando al extraterrestre por
radio, y tengo algunas dudas de que mis pasos sean los debidos.
Mis compañeros ("hermanos" en la jerga interna), no me
llaman por teléfono ni me escriben. ¿Estaré apartándome un
tanto de lo que cósmicamente se espera de mí? ¿Estaré siendo
observado y ayudado desde otro plano, si mis acciones, en cambio,
son útiles a los fines?
La soledad a 500 kilómetros de Buenos Aires,
en este pueblito aburrido, me deprime a veces. Salgo una de esas
noches a mirar el cielo. Pido una prueba de que ellos están, que
me observan y acompañan. Y la pido en un lugar del cielo; no
donde ellos quieran, en cualquiera de los puntos cardinales, sino
en lo que sería S-SO, a 45º sobre el horizonte. Imaginando a la
bóveda celeste como si fuera el hemisferio norte de la Tierra,
mi petición equivaldría a que, estando yo en el eje sobre el
ecuador, la aparición se produjera en un área de unos 2.000 km.
por 2.000 km., que sería como un cuadrado cuyos vértices fueran
Irlanda, Portugal, Italia y Polonia, área ésta ubicada con
respecto al ecuador y al centro de la Tierra, más o menos como
mi sector elegido del cielo con respecto a mi situación.
Siendo tan grande la mitad del mundo, van a aparecer justo sobre
el sector de Europa que a mí se me canta; ni en África, ni en
Asia, ni en América, ni en los océanos; tiene que ser ahí, en
ese cuadradito de los cuatro cuadraditos que forma el cruce de
tres meridianos con tres paralelos. Más o menos dos centésimas
de la superficie del hemisferio; un 2 % de espacio celeste les
estoy dando para que se presenten. El 98 % de la
"pista" no está habilitada: aparezcan donde estoy
mirando. Más o menos así sería la cosa.
Me fue enseñado a tener paciencia para estas
apariciones; esperar minutos, horas, lo que sea. Miro al cielo, a
ese punto del cielo... pasan diez o quince segundos... y bajo la
vista. He comprendido rápidamente mi egocentrismo y falta de
respeto a la inteligencia cósmica (como si yo les importara a
ellos para que tengan que aparecer, y encima, donde a mí se me
ocurra pedirlo). Hace menos de dos o tres segundos que bajé la
vista. Sigo tan solo y olvidado como hasta poco más de quince
segundos atrás, cuando hice el pedido mental. Solo y olvidado
como debo estar mereciéndolo.
¡¿Qué?!... ¡No puede ser!... (hace dos o
tres segundos que bajé la vista, y dentro de mi campo visual,
creo percibir una luz pulsante apareciendo de la nada, apenas
arriba y a la izquierda del punto donde miraba; levanto
rápidamente la vista, unos 60º al Sur, y ahí está,
viajando de E-NE a O-SO. Desaparece.).
¿Podría ser de nuevo? (pedido de señal
pulsante). La blanca luz intermitente vuelve a pulsar; ha
recorrido muy poco y está ingresando al lugar donde estaba
focalizando la vista. Desaparece.
¿Otra vez? (la insistencia es sólo para
confirmar que la señal fue para mí). Aparece otra vez, ya
dentro del área solicitada para que aparecieran. Allí se apaga
otra vez. No vuelvo a efectuar un pedido de señal (siento que ya
está, siento que la señal fue para mí, no hay nada más que
pedir. No insistiré. "Mensaje recibido", estoy
diciéndoles con mi pensamiento. Mantengo atenta mi observación
por las dudas. Está despejado; no hay una nube que pueda haber
ocultado el desplazamiento. Como apareció, se desvaneció. No
llegó a cubrir el cuadrante Sur - Sudoeste. No estuvo por más
de diez segundos. Sé bastante de satélites y algo sobre
aviones. No estoy solo. No estoy equivocando mis pasos.
El extraterrestre se revela y se rebela
Llega el aniversario de la radio municipal.
No falta comida, ni bebida para los brindis, ni faltan los
invitados. Y entre los no invitados, tampoco falta "el
extraterrestre" a la celebración. El ex intendente, de la
anterior administración, me dice que me escuchó en el programa,
y que estuve muy ofensivo en los temas religiosos. Un concejal,
interesado en los ovnis y padre de la chica que integra el trío
conductor del programa, afirma sobre mí que "este
muchacho tiene que ser extraterrestre; las cosas que dice,
solamente las puede decir alguien que sea extraterrestre".
No digo ni que sí, ni que no. Para casi todos los demás,
soy un simple fanático investigador de estas cosas.
Cierta gente de Iglesia reacciona ante algunas
de mis declaraciones en la radio. El comisario me manda a buscar.
El agente que viene a avisarme, me da la mano expresando un
"mucho gusto" que denota esa fascinación que ejercen
los personajes "importantes" en gente de pueblo donde
nunca pasa nada. No hay apuro en que yo vaya, puede ser más
tarde, pero le digo que voy ya mismo. Lo acompaño a la
comisaría. El comisario finge ignorar todo sobre mí, excepto
algún comentario que dice haber oído por ahí. Tocado el tema
de los extraterrestres, me pregunta si existen, y le contesto con
tono desafiante: "¿y qué pasa si le digo que yo soy
extraterrestre?" Se queda mirando con una cara
simuladamente ingenua, quizá pensando que le hablo en broma y,
en tal caso, con una irrespetuosidad que él no debería
permitirme, porque el interrogado soy yo y no él, y ante esa
falta de respeto mía en tono provocador, él debería reaccionar
con autoridad. Pero se ha dado cuenta de que ha perdido el
control de la situación, que la cosa ahora está bajo control de
mi discurso autoritario. Calla, me mira, y deriva la charla hacia
otro lado; pronto termina todo sin problema, y salgo de la
comisaría planeando una contraofensiva dirigida a la iglesia. La
rebelión ha comenzado: ahora estoy dispuesto a revelar lo
que soy, lo que venía insinuando sin afirmar ni negar, lo que de
ahora en más aumentará la fuerza de mi discurso, porque no
estaré hablando de otros cuando hable de extraterrestres, sino
que hablaré de nosotros, de mí. Y cuando tenga que discutir
sobre extraterrestres, que no me vengan a discutir cosas lejanas:
que me discutan a mí, que me refuten si tienen cómo.
Yo soy ahora el eje de mi discusión: ya no situamos el eje fuera
de la Tierra, sino en su propia superficie y en este cuerpo que
ocupo. Se acabó esto de que uno, por más que sea lo que es,
deba ocultarlo, o tan sólo sugerirlo o insinuarlo por si alguien
está con las antenas paradas y capta la onda. Se acabó esto de
los extraterrestres moviéndonos silenciosos como sectarios de un
secreto inconfesable al mundo. Ahora soy un extraterrestre revelado,
con la "v" de verdad, y rebelado,
con la "b" de batalla, que es lo único
que se puede presentar a una sociedad tramada para que ni las
verdades se revelen, ni los oprimidos se rebelen.
Pasa un par de horas. En la puerta de la
iglesia hay gente que me ve y me oye entrar furioso. Pido hablar
con el cura. Todo empieza cordialmente por su parte. Pero yo
salgo al ataque, sin rodeos, haciendo obvio que no puede simular
que no sabe quién soy y que yo no sé lo que él anda diciendo
de mí. "No te metas con mi gente", me advierte
dibujando su cerco imaginario sobre las libertades de quienes
pretende como "fieles", y que para mí son libres
oyentes de radio. La discusión entra en terreno metafísico. Ya
no alcanza con sostener que soy testigo de comunicaciones con
extraterrestres: ¡el extraterrestre soy yo, y se acabó! Le digo
entonces al cura lo que soy verdaderamente, y él lo pone tan en
duda como yo a sus creencias bíblicas, pero ya está, ya está
dicho, ya lo podrá comentar a sus fieles, ya se comentará por
la calle, ya se me hará fama de loco. Pero no me importa. Que mi
verdad se diga, que amigos, indiferentes y enemigos sean el
efecto de mi transparencia. Por lo pronto, con el cura todo
termina amistosamente, y quedamos en que otro día vuelvo.
Llegado el día, en la puerta de la iglesia, un conocido me
pregunta cómo es que voy a hablar con el cura después de lo que
pasó. Otra gente mira y me escucha: "Que seamos enemigos
en el plano de las ideas, no significa que no podamos ser amigos
fuera de eso". Y tuvimos varias charlas amistosas.
Una conferencia prevista para hacerse en un
club, es impedida por gente del directorio. El periódico local
publica un comentario sobre mi conferencia no hecha. Convoco a
conferencia en la plaza central. Pocos se enteran y va sólo un
par de muchachos. A esas alturas, todos los que se han interesado
en hablar conmigo, no necesitan una conferencia; saben dónde y
cuándo charlar conmigo. Hay un bombero con interés, y algunos
más estarían también interesados. Doy una charla para los
bomberos en su salón. Ya está, ya es bastante lo que se pudo
hacer; no se puede pretender mucho más.
Hay un trío de chicas con
las que me encuentro a veces para conversar. Me creen, en
especial dos de ellas. Las invito a un bar con video, para que
vean Hombre mirando al sudeste. Tengo pedida la película
en el videoclub, pero no aparece; alguien la tiene y no la
devuelve. Llega la hora, las chicas están, y se suspende la
función. Llega, como por arte de magia cósmica, el
videocassette en el momento preciso. Sin que el que lo tenía
sepa que está pedido y que hay gente esperando, justo se le
ocurre pasar a devolverlo a la hora que habíamos fijado para el
bar. Del videoclub me lo alcanzan, nos ubicamos en una
mesa, y empieza el filme de Eliseo Subiela.
Ahí está para mis amigas un semejante a
mí, versión cinematográfica. Lo que están viviendo
conmigo, con un loco o extraterrestre en persona, lo ven ahora
filmado en este mismo país, con un "Rantés" argentino
como yo, en algunas cosas raro como yo. Esa ficción no
difiere de mi realidad. En algún momento les comento a
ellas que hace unos meses, en un debate a lleno total, donde
terminaba de pasarse la película, fui el primero en pedir la
palabra y ponerme de pie para hacer una advertencia. Los
organizadores del debate sobre el filme, eran de un hospital
neuropsiquiátrico. Anticipé para los doctores, que casos
como el de Rantés empezarán a presentarse en lo sucesivo, y
que hay que estar preparados para cuando esto suceda. Que haya
personas que digan ser extraterrestres, deberá ser tomado como
algo normal, porque esto es algo que a muchos les pasa y que
van a salir a decirlo. Que esta película refleja una
realidad que pronto estará a la vista, y que ante esto no se
puede seguir pensando que sólo se trata de gente con problemas
mentales. Nadie se adhirió, ni contradijo lo que expuse. Una
chica me había esperado a la salida. Le confesé -ella lo
suponía- que yo era uno de esos que irían a aparecer. Con ella
hubo cartas y alguna visita hasta mi desaparición cuyos motivos
no recuerdo. Tal vez sus estudios de psicología terminaran por
limpiarle la mente de mis, en principio, para ella creíbles
argumentos.
Lo que Subiela tal vez ignoraba cuando hizo la
película, es que ya se había producido un caso similar al que
él ideó para el papel de Hugo Soto. Supe del asunto antes de
que se estrenara el filme; quizá antes de que se rodara. Estaba
en el número 7 de la revista argentina Cerdos & Peces,
de diciembre de 1986. La nota titulada "Confesiones de un
extraterrestre" (con la volanta "esquizofrenia")
reproducía un reportaje recientemente publicado en el diario El
País, de España. El personaje en cuestión era el español
Joaquín Lastra (de 43 años por entonces) que recluido en un
neuropsiquiátrico casi voluntariamente, afirmaba ser
extraterrestre y, estando allí, no necesitaba trabajar y podía
dar conferencias y enviar artículos a los
diarios. Médico, experto en psicología,
matemática y lingüística, "enloqueció" a la edad de
35 años. Su "delirio erudito" lo llevó a escribir
"El origen del pecado original", libro en que expuso su
explicación del origen del hombre y la caída de los
extraterrestres que se degradaron al ocupar cuerpos físicos (por
otros detalles, ver INFORME CLOMRO 3).
Estamos en el bar y se acerca el final de la
historia. El desenlace trágico de la película puede ser un
anuncio de mi propio final, si sucumbiere ante la incomprensión
del mundo. No sé si las chicas se quedarán pensando en algo
así. No sé si lo supondrán. Pero saben que ellas son
importantes para mí. Que son de lo poco que en dos meses he
podido cosechar luego de tanta siembra. Que están evitando que
me sienta del todo solo con mi misterio. Que por lo menos en
ellas he encontrado oídos y amistad.
Llega mi hora de partir. Quedará atrás un
pueblo que no supo develar lo que le estaba ofreciendo, lo que de
mí le estaba mostrando. Y refiriéndome a ese pueblo que dejaré
atrás con sus dudas sobre mí, me despido de una de las chicas
pronunciando una frase de Charles de Gaulle, al dejar la
presidencia de Francia: "Me voy, y me llevo mi
misterio". Los ojos de la chica se agrandan
impresionados: "¡¿Misterio?!..." exclama en tono de
sorpresa y con una sonrisa. El ómnibus recorre los primeros
kilómetros de mi regreso. Abro la cartita hermosa que la chica
me dio en la despedida. Termina con una frase que me hace
comprender la reacción que ella tuvo ante "mi" frase
de De Gaulle: "Misterio es él, misterio digo.
No es para tanto: es .......,
tan sólo un amigo".
Me llevé en esas palabras el resultado de
mi paso desafiante, que me demostró que todo puede ser dicho,
todo puede ser resistido, y todo puede ser aceptado. Y entre mil
posibilidades de ser resistido, una sola de ser aceptado
justifica el esfuerzo y el riesgo, y compensa las consecuencias
desfavorables. Un astrólogo y músico, un concejal, su hija y
otras chicas y algunos muchachos... ¿qué podía importar un
pueblo indiferente y algunas voces en mi contra, si había
encontrado ese puñado de seres tan especiales para mí? El
cierre del año 88 me tendría mandándoles cartas, intentando
mantener lo que estaba en mis manos alimentar o dejar apagarse.
Pero mi destino se encaminaría por otros rumbos, perdiendo
contacto con todos definitivamente. O al menos por unos años,
hasta que mi reaparición como Clomro, pudiera revivirles algo en
la memoria cuando me vieran y reconocieran. Un pasamontañas y un
nombre extraño, cosa incomprensible para millones, sí les
resultaría absolutamente comprensible a ellos: aquel
extraterrestre humano de nueve años atrás, no cometería
aquel mismo error de exponerse demasiado.
Yo podía ser tan humano o tan
extraterrestre como quisiera, y no como las circunstancias me lo
impusieran. Pero no sería lo mismo jugar al extraterrestre en
un pueblito lejano que no me haría fama, que aparecer a jugar
con fuego en una gran ciudad o en medios importantes a nivel
nacional, que marcarían mi nombre y mi rostro. Tenía que
moverme con astucia, no con la audacia de esa experiencia en el
pueblo en que me puse a prueba. La apertura de un nuevo año, me
plantearía experiencias nuevas.
1989, enero, en un lugar de la costa
atlántica bonaerense. Mi primera aparición televisiva, en un
canal local, como aquel divulgador testigo de comunicaciones con
seres del cosmos. Alguna que otra incursión en radio, que no
sugiere nada sobre mi identidad cósmica, y me mantiene en la
"normalidad" humana. Planeo lanzar mi personaje
teatral extraterrestre y busco lugar para presentarme como
tal.
Lo siguiente, es parte de una carta que
escribí por entonces, y que nunca envié y quedó entre mis
papeles:
Villa Gesell, 7 de enero de las primeras
horas de la madrugada.
Estoy en la playa, en un balneario donde
hay un reflector, y aprovecho para escribir. Acaba de empezar el
sábado. A 300 metros de aquí, en la Avenida 3, miles de
personas pasean y se divierten. Yo estoy acá, solo.
Estoy trabajando para subsistir y por ahora
no tengo margen financiero para placeres.
Y aquí estoy, queriendo empezar de cero.
Entre gente extraña y moviéndome con cautela. Hoy, después de
ocho días de estar aquí, recién inicié la apertura de mi
estrategia para la difusión de las Verdades. Mi primera jugada
fue entregar algo para publicar en el diario local. Saldrá el
lunes o martes. Es un comentario sobre un "alguien" que
está en Gesell y que hablará en carácter de extraterrestre
"LO QUE TODO SER HUMANO TIENE EL DERECHO DE SABER Y QUE LA
IGLESIA NO DICE". Otra vez, iré al choque y provocaré una
polémica que pueda terminar en censura. Si la censura no viene,
podré ir definiendo lo que será mi show: "REVELACIONES DE
UN EXTRATERRESTRE", que espero poder hacerlo en alguna sala.
No sé bien todavía cómo estructurar esta mezcla de teatro y
realidad, de actor y de conferencista. Pero sin duda que esto
será una forma diferente de decir lo que quiero. Porque haré el
papel de un extraterrestre y nadie estará obligado a creer en lo
que diga, porque será teatralizado. Pero quien sepa entender,
sabrá que lo teatral es el disfraz que tapa una realidad igual
al disfraz: un extraterrestre disfrazado de extraterrestre. Tal
es el plan.
Uno de aquellos días, conocí a una astróloga que de mí no sabía absolutamente nada. De pronto, ignorando yo que ella también era vidente, me dijo algo sobre mi futuro: Te veo como una persona importante, vas a trascender en algo... que puede ser político, científico o artístico". Yo no tuve la menor duda de que la cosa pasaba por la cuestión extraterrestre. Pero ignoraba cómo sucedería. Y cuándo. Lo que no ignoraba, era que en algún momento algo trascendente iría a pasar conmigo. Si bien esa trascendencia ya venía escalonándose desde hacía unos años, no sólo con planes, sino con logros cuya acumulación daría el subproducto de lo que iría a ser la trascendencia a mayor escala.
Pasa el verano, sin haber llevado adelante el proyecto teatral, para el cual tenía pensado incluir dos poemas de mucha fuerza para mi argumento. Me voy de la costa, llevándome en la memoria el poema de Arturo Capdevila "Mi Oración", y el de Almafuerte, "Trémolo" (dos joyas de la poesía contra el Amo del mundo; ver INFORME CLOMRO 3), los cuales leía y recitaba en la playa hasta haberlas grabado a fuego; y con las cuales, años después, dejaría impactados a quienes me escucharían recitarlas.
Es otoño, he andado sin
equipo y con fiebre bajo el sol del desierto en Jujuy, y sin
abrigo suficiente al llegar la noche en las montañas, y ninguna
nave extraterrestre hubiera bajado a rescatarme de la muerte por
hipotermia en las alturas nocturnas, ya que gendarmería hizo que
un camionero me bajara hasta donde me dirigía, en Salta,
evitando que "Allá Arriba" tuvieran que mandarme
algún platillo salvavidas que, desde ya, nunca hubiera esperado.
Aunque no faltará quien diga que "ellos" me mandaron
un camión. He dormido en una mina de mineral de cobre
abandonada, y allí he soñado que debía reproducir
artísticamente la imagen del "astronauta de Palenque".
A mi regreso de la aventura exploratoria, pintaría esa imagen de
los mayas en cuadros que luego expondría.
Reproducción del bajorrelieve de Palenque,
hecha en México.
Abajo, dos de las pinturas de 1989
Estoy de vuelta, y se está
proyectando en los cines Cocoon II El Regreso, y el
mensaje de la primera, del año 85, ha sido cambiado por otro: la
consigna ya no es irse del planeta, sino afrontar la realidad de
esta vida; los viejitos regresan a la Tierra, y para el público
queda redimido de su hasta allí estúpida actitud, aquel viejo
que en la idea original fue el único que no quiso irse de la
Tierra, y cuya frase "Is my World", lo definiera como
apegado a este mundo, pero en la segunda parte esta pertenencia
al mundo adquiere el sentido de responsabilidad. Cuatro años
atrás, los preparativos de mucha gente para esperar los ovnis
salvadores, eran un fenómeno mundial, y Cocoon parecía
reflejarlo. Pasa el tiempo, y Cocoon II coincide con un
panorama mundial que está cambiando últimamente: se sigue
hablando de evacuación, pero por ahora parece que hay que
quedarse. Para reforzar esto, llega Kim Bassinger en Mi
novia es una extraterrestre, y viene un mensaje más dando a
entender que, a pesar de todo, la vida en la Tierra vale la
pena ser vivida, como titulaba un diario en una crítica
sobre esta película y la segunda Cocoon.
Pasa el otoño y estoy exponiendo pinturas con
temas cósmicos. Es junio, el invierno está a las
puertas, y se cumple un año y diez meses desde la idea del
extraterrestre teatral. Durante todo este tiempo he estado a
las órdenes de las jerarquías cósmicas que me hicieron venir a
tomar este cuerpo. Mi estilo de divulgación del conocimiento
que debíamos transmitir, era muy particular, pero no se apartaba
demasiado de los lineamientos que debíamos observar. Podría
seguir así. Pero mi idea del personaje extraterrestre podría
ser para problemas con mis superiores.
Pero una cosa ha cambiado: hace seis meses que
me fui de viaje, luego de tres meses volví a casa, pero todavía
no he resuelto reintegrarme activamente a la dinámica interna de
la organización. Con esta distancia tomada, siento libertades
que durante los últimos años no he tenido. He sido de los
más rebeldes a esta obediencia que hemos observado durante
los años en que participamos de esta misión. Mis disidencias
habían marcado mi posición de insurgente en potencia. Las
instrucciones venidas del cosmos, o de nuestras autoridades
cósmicas viviendo en cuerpos humanos, en cuanto a lo que tenemos
que hacer, han adolescido de fallas que me generaron
desconfianza. He propuesto reiteradamente dar lugar a las
iniciativas individuales de los miembros de la agrupación, en
lugar de asignar tareas grupales. He asumido la responsabilidad
de ir a las radios que quisiera, a decir lo que se me ocurriera.
Nada de ir a donde fuera determinado desde arriba, o aprobado en
reunión de consulta y deliberación, y a decir las cosas según
el libreto que nos enseñaron. Así, he salido tanto del esquema
de funcionamiento de la organización, que empecé a generar
una dinámica paralela, cada vez más externa y desconectada
del directorio, hasta quedar fuera de la órbita y del campo
magnético de mis compañeros de misión y de la autoridad
central. Ellos se quejan de Cocoon II. Yo les digo que me gusta.
Eso marca una visible diferencia entre los que siguen pendientes
de la hora de partida en la nave salvadora, y mi pérdida de
interés en irme de acá. Se supone que para algo he venido hace
tres años a este cuerpo, y que lo mío recién empieza; tengo
mucho que hacer en este mundo, para estar pensando en irme.
Imprevista aparición
Es junio, he postergado demasiado mi idea
del personaje extraterrestre, que para mí tiene que funcionar;
seguro que va a dar que hablar. Y ahora, más liberado de las
normas y restricciones de hasta unos meses atrás, decido hacer
con esta idea algo ya mismo, la tomen como la tomen en la
agrupación.
Aquel compañero de grupo con el que un año
atrás grabamos programas que no llegamos a transmitir, está en
una FM. Voy a verlo minutos antes de su programa semanal
nocturno. Mi propuesta es muy concreta y contundente: anunciar
que va a estar aquí un ser extraterrestre, y decirle a los
oyentes que llamen, que él contestará a sus preguntas. Yo hago
el papel del extraterrestre, y en esa ficción decimos una
verdad, que el que la quiera creer que la crea, y el que no, lo
tomará como un juego que hacemos. Mi amigo no duda un instante;
sonríe como intuyendo que esto va a ser una "bomba", y
ya está saboreando lo que el sentido común le anuncia. Enciende
la mecha, ya listos ambos frente al micrófono. El anuncio es
hecho por su entusiasta voz. La expectativa de sus habituales y
circunstanciales oyentes, es puesta en acción.
Habla el supuesto extraterrestre: no tiene
nombre; en el Universo no hay nombres para comunicarse donde
no existen las palabras. Hay llamados telefónicos. El
extraterrestre contesta hábilmente todas las preguntas. Hay
interés, se ve que el juego marcha sensacionalmente. No parece
creíble, pero cae simpático y aceptable como propuesta. No
parezco extraterrestre, pero mis enseñanzas tienen valor propio,
más allá de quien lo diga, y serán discutibles, pero pueden
ser... Hay un conocimiento en transmisión, y si unos cuantos
están recibiéndolo, es porque están atentos al juego del ET.
Si yo hablaba como divulgador, en ese formal tono de
"serio", dudo que lograra la misma atención en la
audiencia. Dos chicas quedan en línea privada, y me piden verme.
Les digo que soy físicamente como cualquiera, pero insisten. Las
cito para días después a cierta hora en un lugar, y llegado el
momento, veré que allí estarán puntualmente. Yo el
extraterrestre en un cuerpo humano, haciendo el papel del
personaje extraterrestre en un cuerpo humano, compruebo
que aquella noche de las cervezas se había encendido más que
una chispa en mi mente. Y los dueños de la radio elogian el
programa que hicimos con mi amigo. La idea estaba para más.
Preparo un cartel con el título REVELACIONES DE UN
EXTRATERRESTRE, en letra blanca sobre fondo negro; un cielo
cósmico negro con galaxias y un ser luminoso saludando con una
mano al costado del cuerpo, a la altura del cuello, bajo cuyos
pies se lee: lo que todo ser humano tiene el derecho de saber
y que la ciencia no dice...
Mando a imprimir como doscientas copias, que luego llevarán pegada una tira con el nombre, día y hora del programa en que me presentaría, y esa misma forma de publicidad valdría para todo lugar donde pudiera presentarme a dar una conferencia o algo así. Pero algo se interpone y todo se paraliza: a mi compañero de travesura, que sigue integrando activamente la agrupación, le dicen en ella que lo que hicimos no es serio, que desmerece los conocimientos que la agrupación transmite, porque si bien no digo las cosas de la misma manera, se nota que hablo de lo mismo. Presento una nota a la organización, calificándola como sectaria y restrictiva en su proceder, y manifestándole que es muy difícil que vuelva a ella en tanto continúe así. Es poco menos que una formal renuncia, y nada menos que una renuncia de hecho. Y para evitarle problemas a mi amigo que está allí, suspendemos la continuidad del extraterrestre en su programa. Quedo con idea de hacerlo por otro lado, pero aparecen en medio otras cosas; negocios, viajes y mujeres, que desvían mi atención. Termino el 89 con la mente más volcada a cuestiones de este mundo, que a mi realidad y mi ficción extraterrestre.
Ésta ha sido la base de LA VERDADERA HISTORIA DEL COMANDANTE CLOMRO. La que explica cómo surge, cómo llega a corporizarse esta versión extraterrestre de un aparente guerrillero, o versión guerrillera de un supuesto extraterrestre. Ésta ha sido la historia de un Rantés que no murió de pena por el escepticismo de quienes él amaba y no le creían, sino que se fortaleció más aún ante la adversidad y salió a decir lo suyo, a combatir. Sin armas; sin otra arma que él mismo, y sin otros disparos que sus palabras. Ésta ha sido la historia de un muchacho que había querido decir su verdad, con la naturalidad de su rostro descubierto, sin ninguna mentira avergonzante por la cual tener que ocultarlo. Y que, sin embargo, en un mundo de sinvergüenzas mentirosos a cara descubierta, se cubre el rostro y se hace "raro" a propósito ante el público, porque quiere ser común en su vida diaria. Libre de los dedos que señalarían, de las ofensas de los que pasarían rápido en vehículo, de los que por pasar lento y a pie sólo mirarían de reojo y se reirían al ganar la espalda; libre de los papparazzi y de los pedidos de inútiles autógrafos; de los que quisieran hablarle sólo de extraterrestres, como si su vida fuera sólo eso; libre de los que le pedirían pruebas de lo que él no pide que le crean; libre de las tontitas seducidas por un uniforme y un poco de fama; libre de esa ficción encapuchada, en la que representa un papel menor que su propia realidad; en la que quienes lo refutan, cumplen en la vida un papel menor que sus propias realidades cósmicas.