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En 40% disminuyó
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el
gasto militar para
compra de armas
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18 Jun 2002
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El ministro de
Planificación y Desarrollo, Felipe Pérez, manifestó que “los generales
están bravos” porque el presidente Hugo Chávez les quitó “los contratos
millonarios que hacían con los perros de la guerra”, y que esos recursos
se usan para “enfrentar la guerra contra la pobreza”
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El programa de las escuelas
bolivarianas lo tienen como modelo para países en desarrollo.
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ANDRÉS ROJAS JIMÉNEZ
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—¿Por qué el presidente
Hugo Chávez decidió cambiar a los ministros de la economía si él decía que
el equipo iba ganando el juego? ¿Acaso se dio cuenta de que estaba
perdiendo el partido?
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—Después de las medidas del
12 de febrero, Francisco Rodríguez y yo fuimos a conversar con el
Presidente. Nos citó porque quería conocer nuestra opinión. Le dijimos que
las medidas iban en el sentido correcto, pero que no eran suficientes. De
hecho, eran chucutas.
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—¿En qué sentido eran
chucutas?
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—Porque había un déficit
fiscal sumamente grande y las medidas para corregirlo no eran creíbles.
Entonces le dijimos que debería haber un buen FIEM (Fondo de Inversión
para la Estabilización Macroeconómica), ya que el que se tenía estaba mal
diseñado.
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—El Presidente defendió la
reforma que se le hizo al FIEM en 1999.
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—Eso es indefendible. El
Presidente lo defendió porque no sabía de esos temas y confiaba en su
gente. Lamentablemente, estamos sufriendo las consecuencias de esa
reforma. En lo que debe ser un fondo de estabilización hay acuerdo entre
la izquierda y la derecha, el norte y el sur, Caracas y Magallanes,
keynesianismo y neoclasicismo. Entonces, le dijimos al Presidente todas
esas cosas, pero él es bastante fiel y leal y nos dijo, dentro de la
terminología de béisbol que usa: “Mira soy el coach y tengo ese pitcher
allí, pero le voy a dar el último chancecito”. Le dije: “Oye, no dejes que
te metan un jonrón, pues es peligroso en esta circunstancia”, pero él me
respondió: “Depende como uno tenga las bases, pero voy a darle un último
chance”. Creo que le dio una oportunidad, mas cuando se dio cuenta de las
cifras de la contracción del producto creo, no sé, que el Presidente dijo
“voy a cambiar el equipo porque yo soy el coach” y cambió al pitcher ya
que se le cansó el brazo.
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—Usted y los ministros
Tobías Nóbrega (Finanzas) y Ramón Rosales (Producción y Comercio) llegaron
a un juego que está empezado, pero da la impresión de que ustedes
estuvieran comenzando de cero.
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—No. Sabemos que es un
juego comenzado.
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—¿Asumen que deben cargar
con los errores?
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—Con los errores, y con los
aciertos, que son muy buenos.
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—¿Cuáles son los aciertos?
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—El modelo de desarrollo,
que es conocido en la literatura económica como un modelo de crecimiento
desde abajo, el cual es opuesto al modelo neoliberal de Ronald Reagan, que
minimiza el rol del Estado, da rienda suelta al mercado y a los
empresarios que son exitosos, mientras que los pobres sólo se benefician
por goteo. En cambio aquí pretendemos un modelo de desarrollo distinto,
que dependa no sólo de la concepción teórica sino también de la
circunstancia que vivimos, porque en los últimos 20 años hubo una debacle
económica y social que nos colocó como el tercer país del mundo con mayor
desigualdad. Entonces, este modelo de desarrollo que se está planteando
para Venezuela no sólo toma en cuenta el problema económico sino el
social, y hay una manera bonita de combinar esas dos cosas a través de la
doctrina moderna del crecimiento económico, que promueve del desarrollo
del capital humano y combina los intereses de los pobres con el de los
ricos.
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—Si bien usted considera
que el modelo que se implantó en 1999 es un acierto, existen tres
indicadores sociales que muestran que la situación se agravó en tres años:
la tasa de desempleo estaba en 11% en 1998 y ahora se ubica en 15%; un
estudio de la Universidad Católica Andrés Bello revela que en ese período
aumentó la pobreza, y también se incrementó el número de trabajadores en
el sector informal. ¿A qué atribuye esos resultados? ¿No se debe al modelo
que se escogió?
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—Hubo una falla en el
modelo de cálculo y el problema vino por la implementación. El aspecto
social del modelo es muy bueno, realmente ejemplar. Incluso, el Banco
Mundial, que no es una institución izquierdista, nos dio un dato
confidencial pero que ya se conoce: el programa de las escuelas
bolivarianas lo tienen como modelo para países en desarrollo. También el
programa de mejoramiento de barrios es modelo para otros países, ellos
vieron nuestros programas sociales y les parecieron buenísimos, porque el
Gobierno hizo un esfuerzo notable para aumentar la composición de los
gastos en salud y educación. Fíjate en cambio cómo los gastos militares
bajaron sustancialmente. Este año se redujeron como en 40. % ¿Por qué
crees que muchos de estos generales están bravos? Porque el Presidente les
dijo: el nuevo armamento no va. Había contratos millonarios que se hacían
con “los perros de la guerra” y muchos generales vivían de esos contratos;
entonces el Presidente destinó mucho de los recursos de la Fuerza Armada
Nacional a los programas sociales, con la idea de enfrentar la guerra
contra la pobreza. Todo eso es la parte buena.
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—¿Cuál es la parte mala?
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—Al mantener los gastos en
los niveles similares del año anterior, entre 23% y 25% del PIB, en
relación con el período del presidente Caldera, los ingresos fiscales no
petroleros como porcentaje del producto disminuyeron. Eso es imperdonable
y es una debilidad del Gobierno. Por eso ahora queremos corregir esa
situación y hay como hacerlo. Por otro lado, en el aspecto del ingreso
petrolero, el ingreso por habitante en términos reales es inferior al que
se tuvo en el período de Caldera, por esa razón es falso decir que hubo
abundancia de recursos. Entonces, los problemas estuvieron en que no había
cómo financiar a todos los programas sociales. De hecho, hay atrasos
tremendos en obras de viviendas o en cosas tan emblemáticas como los
salarios de los universitarios o pagos a las regiones. En cuanto a las
cifras que dicen que la pobreza aumentó, hay que verlas con mucho cuidado,
porque las que vi hace cinco meses muchas indican que se corrigieron
aspectos en el ambiente social. El apoyo popular que tuvo el Presidente,
cuando fue derrocado el día del golpe de Estado, muestra que la gente
realmente experimentó que los intereses de esa mayoría pobre estaban
siendo atendidos y esa es la comprobación real, porque hubo un apoyo
masivo de la gente pobre a este proceso y eso no ocurrió por casualidad,
ni por promesas sino por los hechos.
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—Ahora, con las medidas que
ustedes lanzaron a finales de mayo, “Las propuestas para el consenso”,
¿cree que sí se logra el anclaje fiscal y corrige lo “chucuto” que a su
criterio tenían las medidas de febrero?
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—El anclaje fiscal no es
una medida específica sino todo el programa. Estamos proponiendo una
corrección del problema estructural tributario, ese es el anclaje, pero
eso va a empezar a regir a partir del próximo año e incluso del siguiente,
de manera que nosotros ahorita no podemos corregir el déficit de este año
con medidas de largo plazo. Para este año hay que tomar medidas de
emergencia. Redujimos de una manera drástica el gasto primario. Una
reducción de 4% del PIB (aproximadamente 4 billones de bolívares) es
tremenda y hay un aumento discreto y de corto plazo en la tasa del
impuesto al débito bancario y en la del IVA. Son medidas bastante
discretas pero que señalan al mercado que nosotros queremos ser
responsables fiscalmente y estamos dispuestos a tomar medidas fuertes.
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—¿A las medidas no les
falta que presenten los cálculos de inflación, crecimiento económico o
tipo de cambio?
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—Estamos en un período de
transición y esas metas no son tan manejables. Debemos tener una holgura
grande a lo que puede pasar. A partir del próximo año, cuando tengamos la
economía más estabilizada y un régimen cambiario y monetario más
controlado, sí podremos hablar de márgenes para las variables. En este
momento no puedo decir que la tasa de inflación será de 23%, porque es
bastante irresponsable hablar de una cifra específica, yo más bien
colocaría unas bandas y la gente podría formarse una idea, pero eso
todavía lo estamos conversando con el Banco Central. Tampoco me pidas meta
de tipo de cambio, antes eso se podía ya que se tenía un régimen distinto.
El problema cuando uno empieza a dar estimaciones y decir metas está en
que las profecías se tornan en autocumplidas.
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—Ahora que habla de
profecías autocumplidas, quiero preguntarle sobre su comentario de que
todos debemos tener la expectativa de que las cosas van a ir bien. ¿Para
ser optimistas no debería haber un cambio en el discurso del Presidente?
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—He estado diciendo que la
fe mueve montañas en economía y eso es cierto dado una gestión o un equipo
económico. Si se tiene un equipo económico malo, se puede tener un
equilibrio bueno y otro malo, depende de tus expectativas, y si se tiene
un gobierno bueno también tú puedes tener un equilibrio malo y otro bueno.
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—Los empresarios no piensan
que el gobierno de Chávez es bueno.
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—Ellos pueden pensar eso y
quizás tengan razón, pero la responsabilidad de ellos es coordinar el
equilibrio bueno dentro del Gobierno malo.
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—¿Cómo se hace eso?
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—Generando el máximo
optimismo posible, pues ellos tienen un margen de acción independiente del
Gobierno. Lo que estamos proponiendo es que no es bueno manipular las
cifras, debido a que se debe ser muy cuidadoso porque una misma
información se puede presentar para generar optimismo o pesimismo. Yo lo
que pido a los medios de comunicación que sean más optimistas. No es
suficiente para mí que sean objetivos, traten de ser más optimistas,
porque eso conviene a un equilibrio bueno.
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—No estamos hablando sólo
de los medios de comunicación sino de los empresarios que no tienen
confianza ni en el Gobierno, ni en las leyes que se aprobaron en la
Habilitante.
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—Es cierto que eso influye
en la inversión, pero se puede tener equilibrios buenos y equilibrios
malos. Aquí existe mucha tergiversación de cosas, porque no se dice que la
Ley de Tierras ha evitado una hecatombe social, mientras que en Brasil, me
dicen, que hay 30 muertos diarios por el problema de tierras y en Botswana
hubo linchamientos, mientras que aquí en Venezuela hubo un par de muertos,
pero terminó siendo un problema menor. Ahora tengo que decir que las leyes
habilitantes hay que cambiarlas y el Gobierno ha dicho que está dispuesto
a hacerlo.
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