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El fracaso del Imperio
 
Horacio Ballester (*)
 
Después de una larga espera, por fin una buena noticia: el Imperio fracasó en su intento de derrocar a un legítimo mandatario latinoamericano por el simple hecho de no ser un sumiso colaborador de los planes de saqueo que Estados Unidos aplica en todas nuestras hermanas naciones. Los golpes militares parecían formar parte de nuestro triste pasado, pero ha sido intentado nuevamente, aunque esta vez, la reacción popular lo hizo fracasar.
Después de sus penosas experiencias en el Irán del sha Mohamed Rezza Pahlevi; del Vietnam de Ngo Dim Diem; la Cuba de Batista o la Nicaragua de Somoza, Estados Unidos comprendió que los directores militares -por serviles que le fuesen- no les resultaban útiles: aglutinaban al pueblo en su contra y la sucesión se hacía ingobernable para el Imperio.
Por eso optaron por las democracias representativas de “baja intensidad” como las llamamos en el CEMIDA. El número de “representantes” es reducido, de manera que les resulta muy fácil y barato, con sobornos o amenazas, lograr vergonzantes concesiones de cualquier tipo y calibre, con la inobjetable ventaja de su “continuidad jurídica”. Los denominan “gobiernos democráticamente elegidos”, aunque los únicos derechos sociales que toleran son los que el ciudadano se puede comprar o pagar: el derecho a la vivienda se soluciona comprando una propiedad, el de salud afiliándose a una empresa de medicina prepaga, el acceso a la educación enviando a los hijos a una buena escuela privada, y así sucesivamente.
La seguridad hemisférica cooperativa -adaptación de la perversa Doctrina de la Seguridad Nacional a las necesidades represivas del Nuevo Orden Mundial- no contempla la materialización de golpes de Estado militares. Sin embargo, la sangrienta expulsión del Presidente de Venezuela, Hugo Chávez, fue rápidamente aceptada y explotada.
El ilegal gobierno de Pedro Carmona Estanga duró menos de 24 horas, pero ese breve lapso les alcanzó para: mentir sobre la renuncia de Chávez, disolver el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia, derogar las decenas de leyes sociales que afectaban los intereses de la burguesía, cesar con el abastecimiento de petróleo a Cuba e iniciar una “caza de brujas” contra los defensores de la legalidad.
En el orden internacional esas penosas 22 horas alcanzaron para que el Fondo Monetario Internacional reconociera al gobierno espúreo y le ofreciera apoyo financiero; el conjunto de la Unión Europea en general y de España en particular lo aceptara sin limitaciones; Estados Unidos acusó a Chávez por lo ocurrido y evitó que la OEA calificara al hecho como golpe de Estado.
El 14 de abril resultó una fecha emblemática -aparte de que en 1931 se creó la República Española- en 1889 fue el nacimiento de la Unión Panamericana (designada desde 1948 como Organización de Estados Americanos) -verdadero Ministerio de Colonias de los Estados Unidos- por lo que fue proclamado como “Día de las Américas”. En el año 2002, el 14 de abril marcó uno de los más rotundos fracasos en el constante accionar de Estados Unidos para dominar el Continente, demostrando una vez más que el PUEBLO UNIDO JAMAS SERA VENCIDO.
Lo ocurrido en Venezuela debe ser un ejemplo y un estímulo para todos los compatriotas de la Patria Grande Latinoamericana Caribeña con que soñaron nuestros próceres, y muy especialmente para los habitantes de la actual República Argentina.
(*) coronel (RE) miembro del Centro de Militares para la Democracia Argentina