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Venezuela: el grito del Continente

Federico L. Schuster (*)

 

América Latina ha llegado a una hora de definiciones. El modelo neoliberal ha mostrado su fracaso, tras más de un cuarto de siglo de reinado en el continente. El aumento de la pobreza, la desigualdad, la dependencia conforman un escenario de dolor para los pueblos que en los años sesenta y setenta soñaban todavía con un proyecto de unidad latinoamericana, de igualdad y de justicia social. En distintos países se anuncia hoy el fin de una era oscura y no se ve claro todavía el comienzo de un nuevo tiempo. Venezuela ha emprendido un camino líder en este sentido. Un camino de aristas polémicas, pero claramente enfrentadas al orden mundial vigente. Es por eso que el fallido golpe de estado vivido en ese país hace apenas unos días constituye un llamado de atención a todos nuestros países. Un llamado de atención negativo, en el sentido del peligro que corren nuestras frágiles democracias ante cualquier intento por salirse del orden dependiente o, incluso, por no avanzar más en él. Un llamado de atención positivo, en el sentido de que la historia no está escrita necesariamente de antemano, y que los débiles pueden todavía sostenerse con las fuerzas morales y políticas que conservan y rediseñar un futuro que se parezca más a nuestros sueños de justicia.

Lo sucedido en Venezuela recupera en nuestros análisis políticos una muestra de que la contingencia es un factor nuclear de la historia y por ende permite cosas como las vividas en la crisis venezolana. Nada menos que los Estados Unidos, amos y señores de la política del planeta, debieron retraer sus explícitos contentos ante el golpe de estado y morderse los labios por la recuperación del poder por parte de Chávez.

Sabemos que la democracia no está garantizada en América Latina, mucho menos cuando osa aunque más no sea rozar los intereses imperiales. Hoy debemos avanzar hacia formas más radicales de democracia, que impidan que las decisiones del estado queden mediadas por los intereses y presiones salvajes del interés financiero de nuestros países y de los amos del mundo.

Los recursos económicos y políticos clásicos (el petróleo, la tierra, el dinero, la producción, el territorio) siguen siendo hoy ejes divisorios del mundo. Quienes atenten contra el dominio absoluto de los Estados Unidos en este campo, verán desafiadas su independencia, su soberanía y su libertad.

Argentina vive una crisis terminal, el fin de una época, la desestructuración de un mundo social, político y económico, cuyo futuro inmediato se hace impredecible, en un contexto de oportunidad política para el surgimiento de una fuerza de cambio real, al tiempo que de enorme riesgo para las instituciones democráticas y para enormes sectores de la sociedad. El resto de la América del Sur pasa por distintas etapas de la crisis económica, social y política del modelo neoliberal. Nadie puede pensar que está afuera de una realidad que a no muy largo plazo nos pondrá ante un nuevo escenario mundial.

América Latina debe unirse en la defensa de sus intereses conjuntos y, más allá de todas las diferencias (aceptándolas e incluyéndolas), establecer los límites de la negociación con el poder internacional, la defensa de un proyecto independiente para todos sus países y la construcción de un polo político y económico con identidad y capacidad de acción.

No hace falta que pensemos todos igual, que vivamos igual, que sintamos igual, que hablemos igual, para recuperar el ideal político bolivariano, que hoy más que nunca nos convoca ante el desafío de un mundo que se desarma ante nuestros ojos. La ficción de que nuestros países y nuestros pueblos pueden sobrevivir dignamente sometiéndose a los designios del poder financiero y político internacionales, en una América Latina dividida ha de ser urgentemente reemplazada por el sueño cargado de realismo político de la Patria Grande de San Martín y Bolívar. Con Venezuela, con la revolución en democracia, con la fuerza de nuestros pueblos, debemos caminar hacia la concreción de un futuro que no puede esperar un minuto más para hacerse presente.

(*) Decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires