-
-
-

|
Derrota
estratégica del imperialismo
-
Luis Bilbao (*)
-
A
cambio de preguntar cuán fortalecido sale el presidente venezolano Hugo
Chávez tras el fallido golpe de Estado, cabe plantearse la cuestión
inversa: qué saldo queda para Estados Unidos.
-
No hay
margen para la duda: la Casa Blanca sale perdidosa en Venezuela, en la
región, y sobre todo en Sudamérica. La aventura emprendida en Caracas
carecía ostensiblemente de bases objetivas. Ahora bien: si era tan
evidente la ausencia de apoyo social e institucional para semejante
gobierno, la política de Washington no puede ser calificada de error,
sino de necesidad.
-
Ahora
está a la vista que no se ha puesto suficiente énfasis en lo que viene
ocurriendo en Sudamérica desde la victoria de Chávez, a fines de 1998.
Aparte su política de reanimamiento de la OPEP (Organización de Países
Exportadores de Petróleo) el presidente venezolano entabló rápidamente
negociaciones con Brasil. Esto produjo un brutal giro del eje
geopolítico en el hemisferio, con prescindencia de que cada parte
llegaba al punto de encuentro por diferentes razones; y con diferentes
objetivos. Un año y medio después, hacia fines de agosto de 2000, el
presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso convocó una reunión de
presidentes sudamericanos, instancia hasta entonces jamás apelada. Ya a
esa altura Washington había perdido la iniciativa política en la región.
El Departamento de Estado actuó con rapidez, pero tras los
acontecimientos, cuando programó el lanzamiento del Plan Colombia con la
presencia de William Clinton en Cartagena, dos días antes de la reunión
inédita en Brasilia. Y desde Colombia, rodeado por un descomunal aparato
bélico que lo acompañó, Clinton exigió a quienes se reunirían pocas
horas después, a escasa distancia de allí, un compromiso directo e
inmediato con aquella operación contrainsurgente de alcance continental
camuflada bajo la lucha contra el narcotráfico. Era la representación
plástica del formidable choque de fuerzas a escala continental.
-
Como se
sabe, no existió tal apoyo. Si esto era por demás alarmante para Estados
Unidos, tendría mayor impacto aún el revés de Clinton en su propósito de
adelantar el punto de partida de la Alianza de Libre Comercio de las
Américas (ALCA) para fines de 2001. En una reunión de ministros de
Economía realizada en febrero en Buenos Aires; en Quebec poco más tarde
en una cumbre presidencial, tuvo sucesivos fracasos. Y el inicio del
ALCA fue diplomáticamente fijado para diciembre de 2005…
-
Washington centró sus esfuerzos entonces en abortar el Mercosur. Y
aunque logró ahogarlo, no consiguió siquiera que un país tan debilitado
como Argentina se plegara a esa orden.
-
Mientras tanto la aceleración de la crisis capitalista a escala mundial
y su demoledora descarga sobre cada país latinoamericano, hacía cada día
más potencialmente atractiva la figura política de Chávez al Sur del Río
Bravo. Por lo cual la necesidad de derrocarlo sumaba razones minuto a
minuto. Razones que van mucho más allá de Venezuela y que tienen poco
que ver con Chávez, aunque desde luego lo tienen a él como centro de
gravedad.
-
El
hecho es que Estados Unidos clausuró una etapa abierta dos décadas y
media atrás por James Carter. Ya dejó de presentarse a los ojos del
mundo como el adalid de la democracia y los derechos humanos. Desecha
así dos banderas que le fueron de máxima utilidad desde mediados de los
‘70, por mucho que no cuadraran bien en el historial golpista y
guerrerista de la Casa Blanca. Y apela a su ultima ratio: la
violencia.
-
No
obstante, lo verdaderamente significativo es que, dispuesto a pagar tan
alto precio para recuperar la iniciativa política, el resultado haya sido
exactamente el inverso: la negativa de los presidentes latinoamericanos a
legitimar el golpe prueba que el vuelco geopolítico está comenzando a
tomar forma. Estados Unidos -no hace falta decirlo- continúa esgrimiendo
todo su poderío en todos los planos. Y lo hará sentir. Pero ha sufrido una
derrota estratégica. Y esto también se hará sentir. A partir de ahora
mismo.
-
Por eso
usted, que lee estas páginas, tiene una enorme responsabilidad en sus
manos. No importa si proviene del peronismo, si es marxista o radical,
ateo o religioso. Si comprende el momento que está viviendo nuestro país,
si asume el papel que juega el imperialismo en nuestra catástrofe, si está
dispuesto a luchar desde la trinchera de los trabajadores, las juventudes
y el pueblo, en usted reside la posibilidad de dar el paso y empujar el
fiel de la balanza: es la hora de construir la herramienta política de
masas que este periódico defiende como propuesta desde su primera edición.
-
-
(*)
director de la revista Crítica de Nuestro Tiempo y redactor de
Le Monde diplomatique edición Cono Sur
-
|