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- Una pequeña
reflexión
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Cora Roca (*)
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Una lacerante
pauperización ha venido a sumarse al ya proverbial atraso de los países de
América Latina. Los gobiernos democráticos, y los que no lo son tanto,
están siendo jaqueados por los organismos financieros internacionales y
por los graves conflictos sociales. La mayoría de ellos ven frustrados sus
intentos de cambios o directamente no están dispuestos a ensayar ninguno,
porque lo consideran un desafío demasiado complejo en un mundo de
arrasante y desigual globalización en el que no han surgido contrabalances,
aparte de los escarceos del movimiento antiglobalización.
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En los países
dependientes, cuando la democracia amplía sus bases, las elites acusan el
impacto y utilizan la ansiedad y la impaciencia de una parte de la
sociedad que actúa como fogonera de experiencias antipopulares. En ese
contexto reivindicamos con fuerza el derecho de los pueblos a buscar
-entre aciertos y errores- sus propios caminos para reconstruir sus
propias instituciones y superar la pobreza, y vencer el atraso.
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Rechazamos la extorsión
financiera y hasta militar a que nos someten, con la intervención de
ejércitos extranjeros que incursionan desembozadamente en algunos de
nuestros países. Enarbolando argumentos de la globalización los poderosos
del mundo vienen erosionando y debilitando la capacidad de maniobra de los
gobiernos que se convierten precisamente en marionetas de ellos. Así,
imponen decisiones de todo orden legislativo, ejecutivo, militar, judicial
y hasta diplomático.
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Todo ello, agudiza las
crisis internas que se expresan en la destrucción de los lazos de ayuda y
sentimientos de comunidad, y también en el enfrentamiento entre pueblos
hermanos. De ahí el desafío por pugnar para que las sociedades eleven su
conciencia privilegiando la solidaridad por dentro y por fuera, luchen por
ganar la batalla por la autodeterminación de los pueblos y asimismo logren
que las instituciones sean herramientas para avanzar hacia el
fortalecimiento y desarrollo de las naciones.
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Si las sociedades de esta
parte del mundo no participan y no se hacen cargo de sus propios destinos,
no sólo no lograrán el tan ansiado desarrollo socio-económico, sino que
menos aún se alcanzará un quiebre en la desigualdad social que padecemos.
La dependencia de los pueblos de América Latina es común a todos, estamos
hermanados en la misma lucha, de allí la importancia fundamental de este
movimiento de solidaridad con la Revolución Bolivariana.
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Señalamos enfáticamente, y
elevamos nuestro grito frente a cualquier intento de derrocar por la
fuerza a los gobiernos elegidos democráticamente en elecciones libres, y,
proclamamos: ¡Chávez presidente. Fuera yanquis de América Latina!
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(*) Miembro de la Sociedad
de Escritoras y Escritores de la Argentina (SEA)
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