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¿Quién ganó la batalla judicial

en Venezuela?

por Juan Carlos Espinoza(*)

 
Una vez más el capitalismo transnacional, el poder de los medios de comunicación, las componendas diabólicas de los mafiosos que controlan el poder mundial, se han anotado una victoria en el mismo instante que el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela sentencia que no hay méritos para el enjuiciamiento de los líderes golpistas del pasado 11 de abril.
Según la sentencia, los militares alzados contra el proceso revolucionario, actuaron para "resguardar el orden constitucional del país".
De modo que no sólo no hay siquiera argumentos para comenzar un juicio, sino que los generales Efraín Vásquez Velazco, Pedro Pereira Olivares, y los almirantes Héctor Ramírez Pérez y Daniel Comisso Urdaneta, liderando a 70 oficiales más, "actuaron en defensa del pueblo venezolano durante los hechos del 11 de abril".
Se celebró con champaña en Caracas, con aplausos, agradecimientos, sonrisas, carcajadas, burla, frente a la sede de Petróleos de Venezuela, en el este de Caracas.  Envalentonada, la derecha venezolana apunta con arrogancia que el próximo paso es enjuiciar a Hugo Chávez por crímenes de Lesa humanidad, con el apoyo de grupos internacionales, entre quienes se encuentra el parlamentario español Eduardo Tamayo, del Partido Socialista Obrero Español, quien ha dicho que "desde el PSOE vamos a poner a disposición de todos los abogados, aquellos medios materiales, logísticos y personales para facilitarles su acción penal en la Audiencia Nacional Española en un juicio contra Chávez".
 
La embajada norteamericana en Venezuela, a su vez, anuncia la apertura de una "Oficina para la Transición Democrática", con un presupuesto de 7 millones de dólares, para "fortalecer las instituciones democráticas", acción que es calificada por todos los partidos de oposición como "normal en un mundo globalizado".
 
Mientras tanto, el pueblo de Venezuela, aún oloroso a victoria por la inédita gesta de derrocar en menos de 48 horas un golpe fascista, lloraba colectivamente de indignación y rabia frente al Tribunal Supremo de Justicia, entre bombas lacrimógenas y disparos que buscaban quebrar la vida.
Dieciocho vidas fueron truncadas el 11 de abril, catorce de ellas defendiendo el Palacio de Gobierno, y cuatro, en distintos lugares de la ciudad, nunca en la marcha opositora.  Durante el gobierno de facto, 12 y 13 de abril,  ochenta y cuatro vidas se arrancaron en la represión salvaje que fue desatada contra el pueblo, batalla que concluyó con una nueva victoria que profundiza la revolución en Venezuela.  Más de cien muertos, cientos de heridos, algunos de ellos con daños irrevocables. Y el Tribunal Supremo de Justicia sentencia que Efraín Vásquez, Pedro Pereira, Daniel Comisso y Héctor Ramírez resguardaron el orden del país.
 
¿Victoria? Pírrica victoria ésta la que se consigue con el soborno, indigna victoria ésta que se cobija en los gigantes internacionales, asquerosa victoria ésta que está manchada de sangre, de miseria, de  bajeza, de cobardía.  
Traicionera victoria esa que utiliza el Estado de Derecho para pervertirlo, que viola en su más profunda esencia la democracia entendida como el gobierno del pueblo, que se vale de la noble Constitución Bolivariana que es la que permite que un militar golpista tenga derecho a un antejuicio de mérito, Constitución que asume por principio el valor del humanismo, de los derechos humanos, del respeto por la diversidad, por la pluralidad.  ¿Victoria? ¿Puede una trampa de esa calaña llamarse 
victoria?
 
Victoria, señores del Tribunal Supremo de Justicia, señores de la Embajada Norteamericana, señores del Partido Socialista Obrero Español, señores de la Coordinadora Democrática, victoria se llama a ese sentimiento de gloria que se produce cuando se ha triunfado con el corazón, con el espíritu, con los ideales.  Victoria se llama cuando las endorfinas se activan, sin quererlo, dentro del cuerpo y quedan dentro de él por meses, por años y por décadas, como la energía que lleva el pueblo venezolano desde el 27 de febrero de 1989, que se afirmó el 6 de diciembre de 1998, y se consolidó el 13 de abril de 2002. Eso sí es victoria, y como la victoria nos vuelve adictos, el pueblo de Venezuela seguirá triunfando a pesar de los muertos en vida que intentan saquear la dignidad del planeta.
 
La justicia, ilustres magistrados del Tribunal Supremo, no la imparten ustedes con sus sotanas ridículas e hipócritas.  La cárcel eterna para los asesinos del pueblo ya la hemos decretado desde hace mucho tiempo, no sólo los venezolanos que estamos en revolución, sino todos los pueblos del mundo que se encuentren en la misma sintonía.  Ninguna sentencia, de ningún tribunal, de ninguna parte del mundo, puede reemplazar el veredicto profundo que ya hemos tomado los que conocemos dónde reside el poder y cómo ejercerlo.
Con su absurda decisión, miserables magistrados, no han producido otra cosa sino reforzar nuestras convicciones, no generan otro destino sino su propia destrucción, porque el pueblo de Venezuela sabe, de sobra, que la justicia está de nuestro lado, y que tarde o temprano, seguramente más temprano que tarde, se volteará la tortilla, porque en eso somos expertos.
De modo que, amigos golpistas, así como después del 11-A vino el 13-A, después de su 14 de agosto vendrá nuestro 17, nuestro 18, nuestro 19 o nuestro 20.  No sabemos cuándo vendrá.  Pero sabemos, estamos seguros que vendrá...
 
 
(*) Miembro del Colectivo de Solidaridad con Venezuela
Barcelona, Cataluña (Estado Español)