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La resistencia popular
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impidió el golpe de Estado
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Adolfo
Pérez Esquivel (*)
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Venezuela vivió convulsionada
días trágicos por el golpe militar contra el presidente constitucional,
Hugo Chávez, lo que puso en serio riesgo no sólo a ese país hermano, sino
a toda Latinoamérica frente a la fragilidad de las democracias que
vivimos. Los sectores más reaccionarios apoyados por Estados Unidos,
empresarios, grupos militares y la complicidad de los grandes medios de
comunicación social prepararon el golpe para derrocar al gobierno, a fin
de proteger sus intereses económicos, en particular los petroleros, frente
a la grave crisis que vive Medio Oriente.
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El gobierno de Bush no tolera
que ningún país se salga de su órbita, es decir, de su dominio hegemónico
que día a día se perfila como la “dictadura globalizada” que impone al
mundo, y en particular a toda América Latina, su política; no repara en
utilizar nuevamente a sectores militares para imponer dictaduras
disfrazadas de demócratas. Es necesario hacer un análisis profundo de los
comportamientos sociales, cómo algunos sectores “progresistas” de
intelectuales fueron creando el clima que los empresarios esperaban para
justificar lo injustificable.
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No se trata de que todos
estén de acuerdo con la política llevada por el gobierno venezolano; las
diferencias son importantes en todo proceso democrático, las críticas
pueden ser constructivas y ayudarán a corregir caminos y errores. Lo
injustificable es que un gobierno que es electo por la mayoría del pueblo
sea derrocado por grupos que responden a sus propios intereses políticos y
económicos, como de una prensa canalla que trató de tergiversar la verdad
difundiendo información falsa.
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El pueblo venezolano, las
fuerzas armadas, los sectores políticos e intelectuales reaccionaron y
lograron desbaratar el gobierno de facto que recurrió a todos los medios,
como cerrar el Parlamento y la represión, así como el arresto del
presidente Chávez, quien en ningún momento renunció al mandato del pueblo.
Tuvieron que ceder frente a la voluntad popular y el derecho
constitucional y devolver lo que arrebataron al presidente legítimo de
Venezuela.
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Un elemento a tener en cuenta
fue la fuerte solidaridad latinoamericana e internacional, como el trabajo
de la prensa mundial, denunciando el golpe y tratando de fortalecer la
continuidad constitucional del gobierno venezolano.
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La Organización de Estados
Americanos y el Grupo de Río, a pesar de sus ambigüedades, apoyaron al
gobierno de Chávez, así como las manifestaciones en todo el continente y
la solidaridad de pueblos como Cuba y la Unión Europea, entre otros.
Estados Unidos no logró su objetivo de imponer un gobierno títere;
continuará tratando de minar al gobierno venezolano díscolo y rebelde a
sus intereses.
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Es importante que el
presidente Chávez haga una lectura serena de la situación y abra una
instancia de diálogo nacional, a fin de corregir rumbos y fortalecer la
participación popular. Es necesario que los responsables del golpe sean
llevados ante la justicia para determinar las responsabilidades que a cada
uno corresponden.
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Los pueblos de América Latina
han dicho basta a los golpes de Estado y a la implantación de dictaduras.
Los hechos demuestran que los países se asumen como protagonistas de sus
propias vidas y constructores de su propia historia.
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(*) Premio Nobel de la Paz
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Publicado en el diario La
Jornada de México, 15 de abril de 2002
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