el hombre del clavel rojo
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A las afueras de
un elegante teatro donde se anunciaba la presentación de una obra clásica de
Shakespeare, un gran número de amantes del arte escénico, hacían una gran
fila en la taquilla para comprar sus boletos de entrada para la última función
de la temporada. La paciencia para esperar su turno de adquirir sus localidades,
solo era compensada por la esperanza de ver a sus actores que tenían una bien
ganada fama histriónica y que serían admirados en persona y no en la pantalla
cinematográfica. Quizá allí tendrían la oportunidad de conseguir un
autógrafo y conservarlo de recuerdo.
En eso, se estacionó en la entrada al teatro un lujoso auto de color negro y un
hombre bajó de ella ante la mirada de todo el tumulto de gente.
--- ¿Quién será ese hombre? --- se preguntaban todos.
El hombre llamó poderosamente la atención por su impecable vestimenta.
Ataviado como si fuera un Lord que llegara a un evento de la realeza de
Inglaterra, ostentaba un gran clavel rojo en su solapa. Caminaba erguido y
apoyándose en un bastón con empuñadura dorada y dejando a su paso un
agradable olor a loción masculina. Solo una cosa estaba fuera de lugar, y era
que sobre su brazo derecho, colgaban toda una serie de billetes de lotería
perfectamente ordenados. El hombre del clavel rojo se paseó por entre la gente
y solo se limitaba a saludar con una caravana a las damas al tiempo que se
quitaba el sombrero de copa y esbozaba una respetuosa sonrisa.
Todos lo miraban como un bicho raro y hacían comentarios en voz baja
despertando risitas burlonas. Solo una persona, al verlo, se le acercó para
decirle.
---- Disculpe... ¿Vende Usted billetes de lotería?.
---- Así es. Son para el sorteo mayor. ¿Desea usted un billete o una serie
completa?. La terminación en seis es el número favorito. --- respondió el
hombre del clavel rojo haciéndole una leve caravana a su potencial comprador.
El cliente, no aguantando la curiosidad le preguntó.
---- Sí, me parece que le compraré un billete con una condición. Dígame.
¿Porqué anda usted vestido así, como si fuera todo un personaje y llegando en
un auto de lujo, si... si solo es un vendedor de billetes de lotería?.
El hombre del clavel rojo se sorprendió por la pregunta, y arreglando su bien
cuidado mostacho le respondió.
---- Muy simple amigo mío. Yo vendo la posibilidad de enriquecer a mis clientes
sí confían en su suerte. La suerte en estas condiciones solo se compone de dos
elementos que la sustentan; la astucia y la oportunidad. Si usted me compra un
billete, tiene de su parte a esos dos importantes elementos. Si no lo hace, solo
consigue perder esa ventaja. Ahora, permítame hacerle yo una pregunta. ¿Me
compraría un billete si me viera vestido como pordiosero y dando lástima a mi
paso y llegando en una vieja bicicleta?. No, verdad. Yo pretendo darle dignidad
a mi trabajo aun cuando este pueda ser calificado como humilde y sencillo. Este
traje es el único que tengo y le cuido como seguramente usted cuida el trabajo
que le da para vivir con dignidad. El auto en que me vio llegar no es mío. Un
buen amigo lo alquila para eventos especiales y de vez en cuando, solo me hace
el favor de transportarme sin ningún costo, ya que si lo hiciera, difícilmente
podría pagárselo.
El cliente se quedó visiblemente sorprendido por la respuesta a su pregunta.
Esbozó una sonrisa y dijo.
---- Me ha convencido. Deme no solo un billete, sino una serie completa.
---- ¿Que número le gusta?.
---- Escójalo usted. --- respondió en cliente mientras sacaba de su cartera el
dinero para pagar la compra.
El hombre del clavel rojo, le entregó los billetes de la serie, recibió el
dinero y dijo.
---- Sabe amigo... Usted es la primera persona que me ha preguntado por mi forma
de vestir. Muchos solo me miran con curiosidad como si fuera un loco
exhibicionista. Yo sé lo agradezco y tal vez el día del sorteo, usted pueda
ser el afortunado y yo estaré feliz por ello.
El hombre del clavel rojo, se alejó saludando con cortesía a todas esas gentes
que lo miraban confundidos y sin atreverse a probar su suerte de ser premiados
comprando un billete de lotería, y también, el de ser afortunados en recibir
un mensaje de lo que es ejercer un trabajo con respeto, decencia, dignidad y
honorabilidad. Con ello, habían probado su incapacidad de tener la astucia de
preguntar y la oportunidad de vencer a su ignorancia.
Días más tarde, el hombre que le compró el billete de lotería resulto
premiado y fue en busca del hombre del clavel rojo. Lo encontró en otro teatro
luciendo su misma vestimenta y le dio las albricias con un cheque y un sobre con
una nota que decía: "Gracias a usted he aprendido que la sencillez se
lleva en el alma y no en la vestimenta. Ahora debo aprender a disfrutar de mi
fortuna sin hacer ostentación de ella".
MORALEJA: "Nadie tiene la oportunidad de conseguirse una segunda
impresión. La primera es la única que cuenta cuando se sabe portarla con el
elegante ropaje de la dignidad y de la prestancia educada de la sencillez".
