A la tristeza

A la tristeza mía se le une la tuya

y ya son dos tristezas que

sólo atinan a sobrevivir

aunque no les guste esto

de permanecer siempre

con el sabor de la derrota

en el alma ni con la sensación

de no tener ilusiones.

Tu tristeza y la mía

son dos páramos que

se unieron porque no les

quedó más remedio

que morir infértiles, con

la certera idea de haber

vivido en vano, sin lunas

y sin soles, sin besos

ni caricias, sin siquiera

ese amor que se comparte

en una mirada de amor triste...

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