en un banco

En un banco de la ciudad

De nuevo hoy regreso a la ciudad;

hoy vengo a sumergirme en soledad.

Esta mañana veo ruidosas calles,

hundidas en profundos y estrechos valles

con muros de hormigón; fauces rugiendo,

estridentes trompetas, claxon gimiendo;

de tráfico y gentío copioso enjambre

que habita celdas hoscas de gris y alambre.

En el páramo urbano no hay sosiego.

Despuntan en las sombras lenguas de fuego

y queman un señero banco de piedra,

junto a muros cubiertos de oscura hiedra;

trepadora incansable de las cornisas,

que observa un mare mágnum ahogado en prisas.

Muestra la piedra filos deteriorados

que relamen desnudos olmos, dejados

a merced del destino; sabios custodios

en rincón que atestigua mis episodios

de juventud ardiente, donde un jardín

contempla hoy mis anhelos tocando fin.

Obsesiva rivera cruza mi mente,

recorta sus orillas constantemente;

doy cobijo a palabras de un pensamiento

en corazón gastado que apenas siento.

La extinguida corriente de tristes años

se transforma en fontana de pingüe caños;

como barca me empujan y en lloro arranco,

al quedarme varado sobre este banco.