En primer
lugar debemos aclarar que, no es lo mismo evaluar que calificar.
La evaluación es un proceso de análisis en pos de un juicio
de valor. La calificación es la expresión de este juicio de
valor en una escala y un orden útiles para certificar legal o administrativamente
el fin de un curso o proceso lectivo. Dos procesos cuyos modos y fines se
busca reencauzar hace años.
Con esto se aclara que la evaluación no debe ser motivo de miedo, sino
por el contrario de aprendizaje mutuo entre alumno y docente. Se trata de
un ajuste entre ambos, es decir un aprendizaje de como se enseña y
como se recepciona la educación brindada.
El alumno motivo de un seguimiento: cuál es su punto de partida, qué
pudo aprender, cuáles son sus valores, como participa grupalmente,
que necesita reforzar, entre otras cosas.
Tanto los docentes, padres y alumnos deben tomar a la evaluación como
un recorte de la realidad. Las notas (a veces) no son fieles a la capacidad
del alumno.
En el mundo, se buscan formar a jóvenes con capacidad crítica
y aptos para enfrentar cambios. La educación debe ser de carácter
integrador, para no excluir a nadie en el proceso educativo.