catastrofe
 
   
   
   
   
   
 
   
 
 
   
 
 
   
 

 

 

a.juan@compu100.com.ar

 

I

Humboldt, viejo amigo, para vos
la naturaleza no era el contramundo,
vos, como europeo, autorizado de tu continente, viniste,
en el año 1799, a América, y
sus paisajes te llamaron a buscar
la impresión total de la naturaleza:
cosmos y
entretejiste lo científico con lo estético.
La inminente cumbre del Chimborazo o la penetrante lava del
Casiquiare no te representaban la fuerza destructiva de lo natural, como
lo hizo años antes el terremoto de Lisboa para Voltaire.

Pero la naturaleza, como cada sistema, se transforma,
tiende a la catástrofe
("catástrofe" para nosotros, no para la naturaleza que
no sabe leer)
varia su equilibrio interno,
destruye, destruye sin elegir, se destruye a sí misma,
y no piensa en vos.


II

Nunca fuiste a Patagonia, Humboldt, para leer los glaciares,
las lenguas del hielo, del suelo, del tiempo.
Mirá las grietas del glaciar,
su tejido de blanco grueso, agujeros turquesas y suciedad.
Esta superficie no es un lenguaje (el lenguaje es algo humano),
ni una metáfora, es un acontecimiento de ante-humano
(para nuestro provecho, para que
transformemos el acontecimiento en lenguaje).
Un acontecimiento, y nosotros vemos sus
fuerzas y contrafuerzas, armas y sueños, hacha y vendaje
(para nuestro provecho).

Pero ¿qué hace el ojo? El ojo
(y es un ojo como el tuyo, un ojo que viene del arte y de las ciencias)
el ojo tiendea también a la catástrofe, el ojo palpa y tienta, para
encontrar lo debil, lo vago del proceso,
el grito de las grietas, el momento, en que la
physis es transformado
en un acto hu-mano. Porque la mano también
tiene sus fuerzas, tiene su
de(-seo)strucción.
(Sí, vení más cerca! Mirá el ojo de la artista, su cicatriz,
como el ojo de cada uno de nosotros.)
Pero también sus contrafuerzas,
su deseo-de-curarse. Porque la imagen siempre es más:
posesión y
advertencia y
solución.


III

(En el año1799, Humboldt,
redondeaste el mundo por segunda vez,
y te sentiste orgulloso,
europeo descubridor,
pero hoy, Humboldt,
mira,
es este redondear que
pone el mundo en cuestión.)

Ralph Buchenhorst, Buenos Aires, 18 de enero de 2003