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a.juan@compu100.com.ar
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De
la Serie "Rescate"
La imagen de una ambulancia en diferentes escenografías se repite
generando una idea de recorrido, de esta manera, la ambulancia en miniatura
combinándose con ambulancias reales simulan un rescate.
"Comenzó
el rescate, una ambulancia emprende un recorrido, un salvataje.
Desconcierto.
La ambulancia, que es de juguete, nos da una lectura ficticia de una realidad
posible, avanza a mucha velocidad, atraviesa campos, ciudades y lugares
irreales.
Es un rescate y no hay tiempo!!!!...........pero.....a donde va?
La secuencia tomada
en fotografía y video, relata una historia circular, sin principio
ni fin. La ambulancia siempre corre, siempre va.
No hay drama ni angustia en las imágenes, el ritmo casi sordo y
los colores saturados dan una idea apacible de una realidad inexistente
pero posible.
La angustia del rescate se diluye....... pero el rescate ha comenzado
y nunca terminará."
Los tamaños
de las fotografías varían según el montaje, como
así también las pantallas donde son proyectados los videos.
/ andrea juan.
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Una
travesía accidental / Corinne Sacca Abadi
Desde
los tiempos en que el coreano Nam Yune Paik y el alemán Wolf Vostel
iniciaron la práctica del video de artista, allá por el
año 1965, este sensible lenguaje creativo no ha dejado de ofrecer
nuevas perspectivas a los artistas jóvenes.
Ya en el año 1997 Andrea Juan inició una serie de secuencias
fotográficas con una ambulancia como protagonista que vivía
diferentes situaciones, circulaba entre la nieve, las carreteras, la ciudad,
o aparecía empaquetada. El camino llevó a la artista hasta
el quirófano, allí emprendió una serie de operaciones
laparoscópicas en donde surgió el cuerpo en toda su realidad
carnal. Los instrumentos para curar ejercieron su fascinación,
largos bisturís y pinzas como esculturas penetraron el cuerpo para
convertirlo en un espacio poético. Diversos ropajes y videos documentaron
la operación artística. Mucho más lejos quedaron
los tiempos en que A.J. realizaba los grabados que expuso como "
Modelos para armar", y también los antiguos tacos de madera
usados para grabar que exhibió y repartió como ofrenda entre
los espectadores y cuya filmación sumó otro rastro poético.
Su
trayectoria artística sostiene una coherencia lógica que
la atraviesa a partir de una idea clave: la violencia. Pero la referencia
se torna cada vez más oblicua, arribamos a ella a través
de la urgencia y por el acto de salvar una vida. La noción de emergencia,
de peligro inminente es el telón de fondo de sus últimos
trabajos. Cierta distancia afectiva impide la irrupción del dolor,
que sólo es sugerido, así como la sangre estaba ausente
en la producción anterior de la artista.
Dos videos diferentes y complementarios serán proyectados en la
sala generando un cruce de imágenes y sonidos inesperados que mantienen
la unidad del concepto. Nos trasladamos a varios países y ciudades
europeas entre las que se reconocen Escocia, Alemania y Austria. La acción
se inicia cuando un apurado conductor sube a una ambulancia e inicia un
recorrido que compartiremos con él. La realidad que percibimos
se bifurca de pronto al instalarse un simulacro visual: ante nuestros
ojos el automóvil se ha revelado como un juguete y continúa
imperturbable su viaje por la ciudad. Surgen algunas interferencias en
la visión, el lente se ha vuelto opaco, se modifican también
el ritmo y el sonido.
Andrea realiza un discurso sobre el silencio y la violencia montado sobre
la ambigüedad de una escena que de pronto se torna virtual, lúdica
y metafórica. Poco importa ahora si la ambulancia existe o no.
Lo que es ineludible es el pedido de ayuda, así como en otras exposiciones
fotografió un salvavidas con el mar azul detrás, en un bellísimo
contraste del anaranjado sobre la espuma.
El auto circula a gran velocidad, pero ahora está vacío
y la acción de recorrer impera sobre la de rescatar. El rescate
emprendido por un conductor fantasma conduce a otro orden de peligro:
el de detener la marcha.
En la ciudad se perciben signos culturales propios de una urbe rica en
arquitecturas, calles, negocios, y viviendas habitadas. La cámara
enfoca múltiples cruces que evidencian que la vida urbana se despliega
en su cotidianeidad. Hay una alta contaminación sonora que podría
pasar inadvertida frente al acostumbramiento.
La velocidad de algunas imágenes hace temer un desborde, de a poco
se va regulando el ritmo al salir de la ciudad. Desde la carretera todo
se aleja, la mirada capta el movimiento, la imagen barrida es contenida
por ciertos límites, referentes fijos desde la ventana marcan un
ordenamiento que rompe la monotonía.
La ambulancia avanza ahora vertiginosamente a la deriva, aparecen manchones
verdes en lugar de la imagen que ha perdido su forma. Como en una movie
road hay que continuar circulando, la vida ascelera su ritmo hasta que
cae un cielo pesado de nubes blancas y grises. El día dio paso
al anochecer y la cámara hace foco sobre un texto de color verde
que reza: S.O.S.
Luego, el silencio y la oscuridad.
Es
demasiado tarde debe pensar la artista... no hay salvataje posible. Habrá
que vivir la experiencia. El movimiento no se detiene. Una ambulancia
sin sirena busca a alguien para rescatar. Recorre la ciudad, sale a las
carreteras, atraviesa pueblos, campo abierto,... y continúa su
camino. Ya se adivina que no hay una meta, nada que indique un punto de
llegada. Sólo la vida, cada uno la recorre como puede y logra o
no, su propio rescate,
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