El Director de Hollywood (7ABX18)
Guión: David Duchovny
Director: David Duchovny
Datos interesantes:
> Frank Spotnitz recuerda que un día David se le acercó diciendo que tenía una idea que le explicó en pocos minutos; inmediatamente le dio luz verde para que siguiera adelante. Cuando menos se quiso dar cuenta, David le tenía listo un guión.
> Entre los miembros del equipo que aparecieron frente a cámara por primera vez se encuentran Tina M. Ameduri (encargada de la comida), Bill Roe (director de fotografía), Barry K. Thomas (asistente de dirección), Paul Rabwin (productor) y Bill Millar (coordinador de efectos especiales).
> La escena del final con los zombies bailando necesitó de 2 días para filmarse. El día de la producción y luego se necesitaron escenas adicionales, que se filmaron un sábado.
Imágenes del episodio:
Scully, Mulder y Skinner conversan por teléfono mientras disfrutan un baño de espuma
Mulder y Scully reaccionan con horror a lo que ven en la pantalla
Scully intenta levantarle el ánimo a su compañero

 

En pocas palabras:
Un Expediente X se convierte en la trama de una película de Hollywood, pero Mulder y Scully ven el caso -- y a ellos mismos -- muy distorsionados en la pantalla grande.
Resumen:
Una batalla se está llevando adelante en un cementerio falso, mientras el actor Garry Shandling, vestido con el requerido traje del FBI, revisa su arma y pone un tazón de cerámica debajo de su brazo. Un cura, vestido con la toga suelta de un cardenal católico, tiene a la actriz Tea Leoni y su peluca pelirroja a punta de pistola. Este "Pontífice Fumador" se dirige a Shandling como "Mulder," y le ofrece intercambiar a "Scully" por el tazón. Shandling le advierte al PF que si el Tazón de Lázaro se rompe, entonces todos los zombies francotiradores que el PF tiene listos para el ataque se van a convertir nuevamente en cadáveres. Un zombie se acerca a pedirle a Shandling: "Vamos maestro, no rompas el tazón. No queremos volver a ser muertos -- no tenemos comida, mujeres ni baile." El zombie ofrece convertir a Shandling en el rey de los muertos, pero Shandling se niega, afirmando que prefiere "servir en el cielo que reinar en el infierno." Después de decir eso, arroja el Tazón de Lázaro por el aire para permitir que Leoni desarme al PF. Mientras Shandling se acerca a ella, un zombie salta para atajar el tazón. Shandling y Leoni caen por una colina y terminan adentro de un ataúd abierto. Tendido sobre "Scully," "Mulder" le declara su amor después de siete años de espera, y la besa apasionadamente.

La escena del cementerio, nos es revelado, se trata sólo de una película. El elegante público que está viendo el filme incluye a Shandling y Leoni, también a la verdadera Scully, quien mira fijo la pantalla con la boca bien abierta, incrédula. A su lado está el verdadero Mulder, agachando la cabeza, miserablemente humillado. Mira hacia el pasillo de la sala de cine a Skinner, que está sonriendo de oreja a oreja. Skinner levanta las manos y se encoge de hombros inocentemente.

Dieciocho meses antes: Skinner informa a Mulder y Scully en su oficina sobre un atentado en la cripta de una iglesia de Washington. Wayne Federman, un guionista y amigo de la universidad de Skinner, escucha la conversación, pero su celular que no para de sonar y los comentarios que guarda en un grabador interrumpen la reunión. Skinner les instruye a los agentes que permitan que Federman los acompañe en su investigación del caso, para que junte material para su próximo guión. Con Federman pegado a sus suelas como un chicle, en la cripta Mulder interroga al Cardenal O'Fallon sobre el incidente. En el lugar sólo había vestigios y documentos, pero nada de valor monetario. En eso suena un celular, y Mulder inmediatamente mira a Federman con cara de pocos amigos. Sin embargo, el sonido proviene de un celular que está en un cadáver cubierto por los escombros. Mulder identifica el cuerpo como perteneciente a uno de sus ídolos, Micah Hoffman, un revolucionario de la década del 60.

Federman acompaña a Mulder y Scully hasta el departamento de Hoffman, donde no sólo encuentran materiales para la realización de una bomba, sino también instrumentos y documentos religiosos falsos, que describen un acontecimiento en la vida de Cristo en la tierra después de su resurrección. Cuando van de regreso a la cripta, Federman le dice a Mulder que admira la manera de trabajar socarrona de los agentes. "Nada de mandamientos de registro, o permisos, o investigación -- son como ejecutivos de cine con armas," les dice. Mientras Mulder descubre restos de las falsificaciones de Hoffman, Federman observa sorprendido cómo unos huesos humanos tratan animadamente de tomar la forma de una obra de cerámica rota. Les comenta sobre la escena mientras desayunan los tres en un bar, y Scully le dice que debe haber estado alucinando lo que cree que vio. Sin embargo Federman, después de haber conseguido el "sabor" suficiente que buscaba para su película, decide que ya no necesita acompañarlos más y se va. Scully admite que la historia que el guionista relató le hizo acordar a un viejo cuento de la escuela católica sobre la historia de Jesús cuando devolvió a Lázaro a la vida. Sus sortilegios fueron grabados en un tazón que se armó cerca, como si fueran los surcos de un disco. Mulder queda intrigado con esa idea, y manda a Scully a consultarla con su experto amigo, Chuck Burks. Chuck analiza el tazón y descubre que todas las notas vibran exactamente en la misma clave -- una clave desconocido en la música.

Mientras, el Cardenal le cuenta abatido a Mulder que compró las falsificaciones de Hoffman y trató de esconderlas porque creía que eran reales. El Cardenal esperaba poder proteger a otros de la decepción y la ira que sintió cuando leyó los documentos. Mulder llama a Scully por teléfono para pedirle que haga la autopsia de Hoffman, ya que sospecha que el Cardenal lo haya asesinado por chantaje de los papeles falsificados. Federman llama a Mulder para invitarlo a que viaje a Hollywood a presenciar la filmación de la película basada en su Expediente X. Mulder se siente halagado, pero su interés se ve atemperado cuando se entera que mientras Tea Leoni y Richard Gere fueron seleccionados para interpretar a Scully y Skinner, Garry Shandling va a hacer de Mulder.

En la sala de autopsias, Scully está disecando el corazón de Hoffman cuando, de repente, el cadáver se sienta. "Cuando termines, voy a necesitar que me devuelvas eso," le dice Hoffman mientras se baja de la camilla y se sacude un poco. Scully lo mira boquiabierta, y se acerca a tocarlo con su escalpelo. Hoffman le advierte que no lo toque, y a ella se le cae el escalpelo. Se agacha para buscarlo y cuando levanta la cabeza, el cadáver está recortado sobre la camilla de nuevo. La agente decide que el evento no fue más que una alucinación debida al cansancio. Mulder llega más tarde y Scully le informa que el estómago de Hoffman estaba repleto de vino y estricnina. Mulder plantea la teoría de que el Cardenal lo debe haber envenenado con vino de Comunión. El Cardenal O'Fallon está oficiando misa cuando Mulder y Scully llegan con una orden de arresto. Scully le pide a su compañero que respete la dignidad del Cardenal y el dúo espera. La agente va a arrodillarse frente a un crucifijo y ve a Micah Hoffman en la cruz. Él la mira fijo y le dice "Consummatum est." Cuando Scully mira para un costado, el crucifijo volvió a la normalidad. Preocupada, le pide a Mulder que vayan a arrestar al Cardenal. Mientras Mulder le lee sus derechos, un hombre ingresa a la iglesia. Se trata de Micah Hoffman, vivito y coleando.

Skinner, muy enojado, les da un largo sermón a los agentes por la identificación incorrecta de un cadáver y arresto indebido, mientras Mulder y Scully parecen incapaces de mirarlo a los ojos. Skinner los obliga a tomarse cuatro semanas de licencia forzada mientras sus acciones son investigadas. Regresan a su oficina y se encuentran allí con Chuck Burks, que los está esperando. Las vibraciones del tazón de arcilla corresponden a palabras en aramaico antiguo, el lenguaje que hablaba Cristo. Dice que la primera parte se podría traducir como "Soy la morsa, soy la morsa, Paul está muerto, cucucachú." La segunda parte parece corresponder a un hombre que le ordena a otro que reviva. Mulder y Scully deciden visitar a Hoffman, quien les anuncia que se ha convertido en Jesucristo. Como respuesta a sus expresiones escépticas, les explica que para poder falsificar las palabras de Cristo, se sumergió en la vida de Cristo y se convirtió en la deidad. Bombardeó la cripta porque las blasfemas falsificaciones debían ser destruidas. Cuando Mulder le pregunta cómo fue que su teléfono terminó en el cadáver, Hoffman sonríe. "Dios trabaja de maneras misteriosas," responde.

Scully va al departamento de Mulder esa noche y lo encuentra viendo Plan Nueve del Espacio Sideral por cuadragésima segunda vez. Scully se pregunta si la fe verdadera podría ser una forma de demencia, y Mulder la convence a aceptar la invitación de Federman. Los agentes llegan al estudio de Twentieth Century Fox, en Los Angeles, para ver la filmación de la película, y Federman les presenta a sus homólogos en el filme: Shandling y Leoni. Presencian la filmación de una escena en un cementerio con zombies. De regreso en su lujoso hotel, Scully llama a Mulder mientras toma un baño con burbujas. Sentado en su propia bañera repleta de burbujas, Mulder le dice que cree que los muertos vivos sólo extrañan la vida que tuvieron mientras vivieron. Sólo quieren comer, bailar y hacer el amor. Skinner llama a Mulder por la segunda línea y se disculpa por haber sido tan rudo con los agentes. Le cuenta que Federman arregló para ponerlo en los créditos como productor asociado.

Dieciséis meses después: se retoma la escena que dio comienzo al episodio, durante la premier de la película. En la pantalla, el Mulder de Shandling le declara su amor a la Scully de Leoni. Ella le rechaza el beso y le dice que en realidad está enamorada del Director Asistente Walter Skinner. El Mulder verdadero se pone de pie de golpe y empieza a mover los brazos como si fuera un referí poniendo fin a una pelea. "¡Basta! ¡No lo soporto más!" grita. La Scully verdadera trata de callarlo en voz baja, pero él se retira ofendido y pasa delante de Federman, Shandling y Leoni. Scully lo encuentra deprimido en el set del cementerio, comiendo pochoclo de uno de los Tazones de Lázaro de plástico que vendían en la entrada. Ella le cuenta que unas horas antes, el Cardenal O'Fallon asesinó a Micah Hoffman y luego se ahorcó. Mulder lamenta el destino de esos dos hombres complejos e imperfectos, que ahora serán recordados como caricaturas de la película El Tazón de Lázaro. Se pregunta cómo serán recordados ellos dos. Scully predice filosóficamente que la película va a ser un fracaso, pero a Mulder le preocupa la noción de que la gente muerta sea representada a través de la historia de manera tan simplista. Scully bromea para sacarlo de su malhumor, y le cuenta que Skinner quedó tan contento con la película que le dio una tarjeta de crédito de la Agencia para que use durante toda la noche. Toma a Mulder del brazo y lo obliga a ponerse de pie, mientras entre risas le dice que tiene una confesión para hacerle: está enamorada del Productor Asociado Walter Skinner. Mulder tira el Tazón de Lázaro de plástico y agrega, "Yo también." Mientras se alejan, la rama de un árbol araña la superficie del tazón como si fuera la púa de un tocadiscos. Empieza a sonar una samba, y unos espíritus empiezan a bailar alegremente alrededor del set del cementerio.
Elenco protagónico:
Agente Fox Mulder --- DAVID DUCHOVNY
Agente Dana Scully --- GILLIAN ANDERSON
Elenco invitado:
D.A. Walter Skinner --- MITCH PILEGGI
Garry Shandling --- GARRY SHANDLING
Tea Leoni --- TEA LEONI
Cardenal Augustine O'Fallon --- HARRIS YULLIN
Wayne Federman --- WAYNE FEDERMAN
Micah Hoffman --- PAUL LIEBER
Chuck Burks --- BILL DOW
Zombie --- TIM ROE
Sugar Bear --- BARRY K. THOMAS
Tina --- TINA M. AMEDURI
El Director --- BILL MILLAR

 

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