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Domingo 20 de agosto de 2000
 EL AUGE DEL
TRUEQUE

Cambia,
todo se cambia
Ya son
320 mil personas las que han retornado a la ancestral costumbre del
trueque, mecanismo comercial previo al surgimiento de la moneda. En la
Argentina ha resucitado a partir de la pérdida de poder adquisitivo de la
gente. Claro que el intercambio ancestral se ha remozado con nuevas
reglas.
HECTOR
PAVON. De la Redacción de Clarín

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| PARA EL DESAYUNO. Cocinar tortas
reporta buenos créditos. La operatoria del trueque está
amparada por el Código Civil.
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Es casi como asistir al retorno de las costumbres
ancestrales cuando la sociedad se asentaba en la confianza, en el trueque
como forma de negociación, en el mano a mano como forma de vida. Hoy, en
la Argentina, ese retorno tiene fuerza y también causas. La desocupación y
la falta de oportunidades hizo que unas 320 mil personas se vuelquen a
los más de 400 clubes de trueque que existen en todo el país. Un
cálculo de la Red Global del Trueque asegura que movilizan un valor
simbólico de 400 millones de pesos al año. Toda una economía paralela
lejos del registro oficial. Allí intercambian productos elaborados por
ellos mismos o adquiridos, usados y nuevos, baratos y caros, servicios y
también sus experiencias personales de supervivencia, esas que se dan en
el contexto de la crisis.
"En tres horas de venta gané 200
créditos, mientras que en el negocio, en un día entero saco 60 pesos con
la compra de turistas incluida. En el trueque, esas cosas son posibles."
El entusiasmado es Emmanuel, un artesano de 22 años que "vende" los chales
que teje la suegra en el telar y con lo que obtiene compra ropa y comida.
El lugar es la Bernalesa, un centro de trueque que suele convocar a unas
2.500 personas un sábado, domingo o martes. El método utilizado es el
trueque multirrecíproco, es decir, no se trata del cambio directo de
productos, sino con créditos. Es una moneda social, común, que utilizan
los miembros de los clubes que se llaman nodos. Y los protagonistas del
encuentro son llamados "prosumidores", término acuñado por Alvin
Toffler en La tercera ola y que comprende a productores y
consumidores.
Desde 1995, cuando se fundó el primer club de trueque
en Bernal, hasta el presente el mecanismo tuvo una fuerte onda expansiva.
Jóvenes, viejos, desocupados, semiocupados y ocupados, hombres, mujeres de
sectores medios y bajos se reúnen diariamente en algún nodo a "trocar" o
"truequear" lo que tienen y lo que quieren tener. "La magia del trueque
está en la moneda social, el crédito, que es la que permite que, además de
producir, se pueda comprar lo que otros, que no tienen dinero, producen",
define Heloísa Primavera, socióloga y creadora del nodo Obelisco, de
Capital.
Día tras día en cada nodo en todo el país se reúnen
cientos de personas a intercambiar alimentos, ropa, servicios médicos,
psicológicos, de peluquería, construcción, bienes en general. "No es sólo
la falta de dinero, también es una práctica social diferente la de
intercambiar cosas," define el sociólogo Cristián Ferrer, y agrega: "Hay
una valoración distinta de los bienes porque el dinero transforma al bien
en mercancía. En el trueque se obliga a otro tipo de valoración. Hay un
sacrificio de lo que se intercambia. Nunca es equivalente en el sentido de
exactitud. Se supone que hay una afirmación de sociabilidad diferente a la
homogeneización capitalista". Precisamente ese "sacrificio" es el que cada
prosumidor realiza cada vez que entrega algo producido por él mismo en
cada instancia del intercambio. Algo que en la mecánica de consumo
habitual sólo se ve en la pérdida concreta del dinero ganado. El sociólogo
Horacio González define al trueque como "un rechazo a la intermediación
monetaria". Y agrega: "Volver a intercambiar servicios y utensilios en un
mercado directo, cara a cara, compone la bella ilusión de una comunidad no
sofocada por el poder abstracto del dinero". El sacerdote Luis Farinello,
de Quilmes, focaliza el fenómeno en el contexto de la pobreza: "Es un
rebusque, una forma de salvar la dignidad para vivir. Ocupan su tiempo y
le dan sentido a su vida; ahí tienen un lugar de contención".
Un mundo sin dinero
Hay mucho
de ritual en esta relación comercial sin el clásico y ajado billete y las
monedas, en la que el protagonista es ese papel colorido llamado crédito y
que ejerce el rol de darle valor a las cosas. El crédito es un papel
rectangular pequeño que cambia según la zona donde se lo usa. Cada
provincia o zona tiene uno distinto. Algunos poseen el símbolo de la Red,
que autoriza su valor. Hay uno que puede ser utilizado en todo el país.
Sin embargo, en algunos nodos no los aceptan porque temen la
falsificación. No son muchos pero ya aparecieron algunos créditos
truchos.
La actividad del trueque escapa al pago de impuestos
porque está concebida como "donación mutua". Esta figura está contemplada
en el artículo 1.819 del Código Civil, definida como "aquella en que dos o
más personas se hacen recíprocamente en un solo y mismo acto".
Esta
práctica solidaria también funciona en otros países. El prestigio y la
efectividad de la Red hizo que los invitaran a muchos sitios para
implementar sistemas similares. Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia,
Honduras, Canadá, Holanda y Japón, entre otros, han tomado elementos de
organización de la Red. Otros, como México, usan billetes llamados Tequio
y también Tlaloc; en Canadá los LETS (Local Employment and Trade System),
también utilizados en Australia, Nueva Zelanda, Inglaterra y EE.UU. En
Nueva York se utilizan los Ithaca Hours y en Francia se utilizan los SEL
(Systéme dEmploi Local). En Suiza, Alemania y Holanda poseen sistemas
similares.
Hasta que apareció el dinero, el trueque fue una
práctica común entre los hombres. Se asegura que los babilonios fueron los
que hace cuatro mil años comenzaron a manejar la noción de moneda. Hasta
entonces, con los pueblos vecinos pagaban y cobraban sus deudas con arroz,
trigo, bueyes o cacerolas de bronce. Y en lo que hoy es Etiopía utilizaban
pimienta y sal. Durante la Guerra Civil Española comunidades anarquistas
establecidas en Aragón y en Cataluña sobrevivieron hasta un año sin papel
moneda. En algunos casos recurrieron a anotar a cada cabeza de familia los
productos que retiraban de los comercios. Era una sociedad que se basaba
en la confianza. No perduraron. No podían sobrevivir si las comunidades
vecinas no hacían lo mismo y además fueron aplastadas por las fuerzas
franquistas.
Circuitos
alternativos
Un día en un nodo de trueque pone en juego
tácticas y estrategias para vender y comprar dignas de un agente de bolsa.
Se estima que el tiempo de duración de la feria es de alrededor de dos
horas: "Es suficiente para comprar y vender", dicen. "Todo se mueve muy
rápido, tenés que estar muy atento porque hay mucha gente que busca lo
mismo que vos", cuenta Estela, de 39 años que frecuenta el nodo de la
parroquia Arcángel de Castelar, donde concurren cada domingo unas 500 o
600 personas. "Primero hay que conseguir un buen lugar y para eso hay que
ir temprano. Yo hago delantales, prepizzas y empanadas, y los pongo sobre
una mesa todo bien ordenadito. Si alguien me cuida la mesa voy a comprar
algo. Si no espero a terminar mi mercadería, pero cuando salgo ya no
consigo nada interesante. Lo importante es pensar rápido y bien." Estela
además da clases de apoyo escolar que cobra en créditos. Así complementa
los ingresos de su marido y mientras tanto recupera un poco la estima para
sí misma.
"Es una alternativa al dinero, yo me dedico a hacer
comida y gracias al trueque pude festejar el cumpleaños de mi hijo, cambié
tortas por animación y todos los elementos que hacen falta para una
fiesta. Lo único que pagué con dinero fue el alquiler del salón", explica
Fernanda, una mujer de 35 años que hace muy poco llegó desde Concordia con
su marido y su hijo, y acuden al nodo Obelisco, ahora ubicado en el barrio
de Congreso. "Cuando te quedás sin trabajo, te deprimís. Aquí encontrás
estímulo en los trabajos que hacés o en el esfuerzo que realizás para
vender algo y así mantenés la autoestima." Sergio, su marido, que acaba de
encontrar una changa, acompaña a Fernanda a los nodos a vender la comida:
"Acá encontrás honestidad y sinceridad", define. La familia cuenta que en
Concordia hay tres nodos donde, por ejemplo, se puede conseguir mucha
fruta. "Antes las frutas y las verduras que no se vendían se tiraban.
Ahora, en cambio, los productores las llevan a los nodos y las hacen
circular", explican.
La gente de la Red asegura que más del 60 por
ciento de los participantes de esta práctica son mujeres. Una de ellas,
que dedica parte de su tiempo al trueque, es Paula Abalos, de 25 años, una
artista plástica de Bernal que realiza "instalaciones, intervenciones,
acciones y objetos". "A través de la Bernalesa consigo materiales para mis
obras, como marcos, fundición en bronce, pinturas, cemento, herramientas y
tengo una asistente dos veces por semana. Por mi parte, dentro del nodo,
enseño plástica." Pero el trueque también deja ver sus costados falibles.
"Muchas veces comprás por comprar, tenés los créditos y hay que hacerlos
circular y entonces terminás llevándote a tu casa cosas que jamás hubieras
comprado con pesos", dice Marta, pintora y artesana de la Boca que
frecuenta la Bernalesa y que, créditos mediante, fue al pedicuro y a la
peluquería. El crédito hace parecer un tanto irreal su valor y por eso la
gente busca desprenderse rápidamente de él. Así se generan compras
compulsivas que con pesos no se hubieran realizado. Algunos críticos del
sistema señalan que el trueque con créditos reproduce la mecánica
capitalista, donde el crédito hace las veces de dinero y el consumo
mantiene vivo el sistema. Para Horacio González, allí se plantea un
desafío: "Las entidades de trueque deben pensar si la evidente felicidad
del artesano que provocan guarda el secreto para resolver los complejos
problemas de desigualdad en las sociedades dinerarias".
Bolsillos flacos
Fue un Día del Trabajador de
1995, casualmente, cuando dos amigos decidieron hacer una reunión en un
garaje con 23 invitados donde trocaron lo que llevaron. Allí estaban
Horacio Covas, Carlos De Sanzo y Rubén Ravera planeando y soñando con una
red social que pudiera ser un complemento a los ya alicaídos salarios. A
fines de 1995 unas 60 personas se reunían a intercambiar objetos y
servicios, en 1996 ya eran 1.000; en 1997, 2.300, hasta llegar al presente
con unas 320.000 personas que directa o indirectamente participan de la
actividad. "Es un modelo sin dinero que busca producción genuina", dice
Covas. La Red tuvo un crecimiento espectacular entre el año pasado, cuando
contaba con 180 mil prosumidores, y éste, en el que alcanzó los 320 mil.
El aumento fue del 56 por ciento.
Hoy ese club de trueque fundado
hace cinco años se llama La Bernalesa y es el más importante del país. El
lugar es la cáscara de una fábrica textil que cerró a fines de los 70 y
donde en su época de oro llegó a albergar a 15 mil trabajadores. Una parte
de esa estructura está destinada a un shopping que reluce mucho más en los
días que funciona el club de trueque. Allí se ubica la base de operaciones
de la Red Global del Trueque con sus principios de empresa social: en esa
pequeña estructura no hay jefes ni escalafones y los sueldos se pagan con
créditos.
El trueque como idea sedujo a algunos funcionarios del
interior. En Plottier, Neuquén, la intendencia recibe comida, ladrillos,
herramientas, ropa por el pago de impuestos. Un mecánico pagó su deuda de
800 pesos arreglando vehículos de la municipalidad en su taller; un
panadero con pan y facturas; un comerciante con ropa para regalar en los
barrios pobres y así siguieron los pagos de los deudores sin quebrar su
presupuesto. En Gaiman, Chubut pasa algo similar. Desde 1996 la
intendencia autoriza el pago de impuestos y cargas fiscales con frutas,
hortalizas, animales, productos artesanales para poder cobrar las deudas
impositivas. En Tesorero, Jujuy, donde vive una tribu de indígenas
descendientes de los ocloyas, no existe el dinero. Es paradójico, pero en
un pueblo llamado Tesorero unas 200 personas viven del trueque
directo, sin monedas ni billetes mediante. Poseen una camioneta que es
manejada por el cacique Timoteo Peló con la que transportan sus productos
e intercambian maíz por sal, carne, frazadas, cueros. Así mantienen sus
tradiciones y sus cuentas al día.
El trueque con estas
características tiene un antecedente, y un paralelo, en el canje cultural
que se realiza en plazas y parques donde se intercambian libros, revistas,
discos compactos y de vinilo. Hasta hace algún tiempo era posible obtener
algún dinero por la venta de los libros. Hoy sólo se acepta el canje que
no suele ser muy beneficioso. El 2 por 1 pasó a ser 3 o 4 por 1. Y en el
intercambio de música es muy común sumar algunos billetes para poder
llevar un buen CD. Aún se ven bateas con discos de vinilo a 1 peso. Allí
sí funciona el 2 por 1 pero cuando se quiere llevar un compacto, la
proporción oscila entre 10 y 20 por uno. La escena se repite diariamente
en Parque Rivadavia, Parque Centenario, Plaza Italia, entre otros.
Sin moneda de cambio
"El
trueque ayuda, primero a salir de la depresión psíquica y económica. Pero
la limitación es que sin el apoyo de un poder público no es posible
organizar una estructura que dé respuestas a la problemática social",
señala Heloísa Primavera. Su preocupación tiene sentido, el trueque es
apenas una isla en el mar de la crisis, su expansión tiene un límite muy
preciso en el uso necesario del dinero. Para pagar los impuestos, viajar
en colectivo, todavía es necesario disponer de circulante. Ravera se queja
de la falta de apoyo oficial a tan importante empresa: "El gobierno de Río
de Janeiro dispuso 300 mil dólares para incentivar el trueque en su región
y acá todavía nadie nos contactó".
En Internet hay sitios donde
trocar es posible. Los responsables de la Red tienen su sitio en la Web.
Allí también se intercambian bienes y servicios. Hay quienes aseguran que
si las nuevas tecnologías de información continúan desarrollándose al
ritmo actual, sería posible volver al intercambio directo de bienes.
Mervyn King, número dos del Banco de Inglaterra, dijo que la definición de
precios y el comercio de bienes y servicios en tiempo real a través de
Internet podrían volver prescindibles las divisas tradicionales. "Sin un
papel de árbitros, los bancos centrales tal como los conocemos no
existirán más, y tampoco el dinero. Los sucesores de Gates podrían hacer
desaparecer a los de Greenspan." Día a día un grupo de prosumidores en
algún nodo del país accede a la utopía de vivir sin dinero. Al menos por
unas horas es posible. |