Cuauhtémoc Arista

La educación en Cirene

En Cirene -¿quién recuerda?,
¿quién podría decirlo?-
muchachas fallecen a diario
y otras nacen idénticas
menos por un día. En Cirene
árboles de instantes y noches eriales,
llano silenciado a punto del murmullo.
Los viejos quisieran abismos
en su casa, en vez del zumbido.
-Cada uno se contempla
sin consecuencia, pero hay habitaciones
que atrapan música filtrada
por lo respiraderos
-que inaudible desespera a quien siente el golpeteo
y la llama sentimiento de la muerte,
sueño de cactos extranjeros, deseo de estar loco
y extraviarse en los bosques desgreñados
que circundan Cirene.
Quien ahí sigue su reciente huella
fascinado en la impresión de algo propio
se acostumbra al grano mínimo
y absorto en su giro sostenido, un día tropieza,
oye todo, envejece y despierta.
Nadie ha muerto en Cirene.
Nadie levantó sus muros.
Nubes que no llegan, ríos que no pasan.
Muchas niñas se pierden
en el mismo lugar donde despiertan
y si el otoño suscita
de entre piedras música,
van al agua enloquecidas,
la agitan con las manos
y dicen ser aquellas que murieron,
menos por un día.

Cuauhtémoc Arista. Ciudad de México, 1966. Coautor de Jaculatorias y señales, 1987. Ha publicado Abejas en el ámbar, 1991.

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