*Ensayos de fuentes católicas
La Iglesia Griega cismática no es una,
santa, católica y apostólica
Origen del cisma de Oriente En 857 el
emperador griego Miguel, llamado el beodo, y su ministro Bardas, expulsaron de
su sede de Constantinopla a San Ignacio, que reprendía sus crápulas. Le
reemplazaron por un hombre a hechura suya, Focio,
quien en seis días recibió, sacrílegamente, todas las órdenes de la Iglesia.
Este indigno usurpador se sublevó contra el Papa y se declaró patriarca
universal. "Era el hombre más artero y sagaz de su época: hablaba como un
santo y obraba como un demonio". Su tentativa fracasó. Fue encerrado en un
monasterio, donde murió en 886.
Sus sucesores, alentados por los emperadores
de Constantinopla, no dejaron de aspirar al título de patriarca universal. Por
fin, uno de ellos, Miguel Cerulario, se levantó
abiertamente contra la autoridad del Papa, que le excomulgó en 1054. El cisma
estaba consumado.
Más tarde, la reconciliación se llevó a cabo,
y fue solemnemente proclamada en el Concilio de Florencia, que se celebró el
año 1439; pero la mala voluntad del clero de Constantinopla hizo poco menos que
inútil el resultado de esta unión.
Desde entonces, la Iglesia cismática se
dividió en tres ramas principales: la Iglesia de Constantinopla, la Iglesia
Griega y la Iglesia Rusa, la más importante de todas. - A la primera se
agregaron, por lo menos aparentemente, las Iglesias de Antioquía,
de Jerusalén y de Alejandría.
- Rusia recibió la fe cristiana bajo el
reinado de la princesa Olga, regente del reino de 945 a 955, y fue convertida
definitivamente en tiempo de Vladimiro el Apostólico, en 986, por San Cirilo y San Metodio. La Iglesia
rusa dependió mucho tiempo del patriarca de Constantinopla, que, en 1589, elevó
al obispo de Moscú a la dignidad patriarcal.
- Más tarde, Pedro el Grande se apoderó de la
autoridad religiosa, se declaró jefe espiritual de todas las Rusias y fundó el Santo Sínodo para gobernar la Iglesia
nacional.
- La Iglesia cismática entera conserva
todavía inalterados los dogmas de la fe que tenía antes de la separación y que
son los mismos que profesa la Iglesia Romana.
Las principales divergencias son éstas:
Los griegos sostienen que el Espíritu Santo
procede del Padre y no del Hijo, y rechazan la palabra Filioque;
No reconocen la autoridad suprema del Papa; Sus patriarcas y obispos están
sometidos a la ley del celibato, pero a los presbíteros les está permitido el
matrimonio, siempre que haya sido contraído antes de la recepción de las
órdenes sagradas. - Hay en ello más de lo necesario para declararlos, a la vez,
cismáticos y herejes. 1) La Iglesia griega cismática no es una:
- No tiene la unidad de gobierno, puesto que
sus diversos patriarcas son iguales entre sí e independientes los unos de los
otros. Cada patriarcado forma hoy una Iglesia distinta. La dependencia de los
patriarcas de Jerusalén, de Antioquía y de
Alejandría, respecto del de Constantinopla, no es más que nominal. Patriarcas y
obispos dependen del jefe del Imperio turco; la Iglesia rusa estaba hasta la
revolución comunista sometida al zar, como si los soberanos laicos pudieran ser
los pastores de la Iglesia de Cristo. Después, cambió su servidumbre al estado
criminal soviético, requiriendo la aprobación y beneplácito de la KGB para
gozar de la confianza del Secretario del Partido Comunista. El clero cismático
se niega a obedecer al Papa, sucesor de San Pedro, pero no se avergüenza de ser
esclavo de zares y estados ateos y enemigos de la religión.
2) La
Iglesia griega cismática no es santa:
Ni en sus
fundadores. Focio y Miguel Cerulario
no eran más que unos intrigantes y ambiciosos. Ni en sus miembros. Los Santos
que venera estaban canonizados antes del cisma. La tierra que produjo los Atanasios, los Cirilos, los Crisóstomos, los Basilios, los Gregorios
Naciancenos, es estéril en Santos y en grandes obras. Los milagros han dejado
de manifestar la asistencia divina. - El clero, sometido por completo al poder
civil, desprovisto de ciencia, obligado a casarse, ha perdido todo su
prestigio. Su influencia es nula, las poblaciones ignorantes vegetan en el
decaimiento moral. Estas Iglesias, caídas en un estado tan miserable después
que dejaron a Roma, son manifiestamente falsas. El cisma griego, separado del
tronco vivo de la Iglesia católica, es una rama cortada, sin savia, muerta.
3) No es
católica:
Ni por la
duración. El cisma empezó en el siglo IX, y no se consumó hasta mediados del
XI, el año 1054. Ni por extensión. Está confinada a Turquía y a los Balcanes,
Grecia y Rusia. 4) No es apostólica:
Ni por
doctrina. Porque ha variado en la fe heredada de los apóstoles, al rechazar el
primado del Papa, y la procesión del Espíritu Santo, dos dogmas que había
admitido durante más de diez siglos. Ni por la misión. Después del cisma, sus
pastores han perdido toda misión y toda jurisdicción: han dejado de ser los
legítimos sucesores de los apóstoles. - El papa León XIII hizo repetidos
llamamientos a las pobres Iglesias cismáticas, a fin de volverlas a la vida. Su
amor a la Santísima Virgen y a la Eucaristía es la prenda de esperanza de su
vuelta a la unidad. Los griegos tienen a la Panagia,
es decir, a la Santa Madre de Dios, una gran devoción. Su Icono o imagen
sagrada está pintada en todos los templos, y le rezan con gran fervor. - La
Eucaristía es consagrada por los sacerdotes y conservada en los altares. Jesús
y María ¿no se compadecerán de estas pobres almas, cuya mayoría, sobre todo en
el pueblo, está de buena fe? No se trata más de volver a la doctrina de los
grandes Doctores de Oriente, de los Atanasios, de los
Gregorios, de los Crisóstomos,
de los Cirilos, todos los cuales permanecieron
inviolablemente unidos a la sede Romana.
Conclusión
general:
La
verdadera Iglesia de Jesucristo, según el Evangelio y la tradición, debe ser
una, santa, católica, apostólica. Así lo declara el Concilio general de Nicea,
admitido por todas las Iglesias que se dicen cristiandad. Las sectas
protestantes y las Iglesias cismáticas no tienen ninguna de estas cualidades;
por consiguiente, no son, no pueden ser la verdadera Iglesia de Jesucristo.
Por el
contrario, la Iglesia católica es estrictamente una en su fe, en su culto, en
su gobierno; santa en su fundador, en su doctrina, en sus miembros; católica en
el tiempo y en el espacio; apostólica en su doctrina, misión y sacerdocio.
Luego es la verdadera Iglesia de Jesucristo.
"¡Dichosos los cristianos a quienes la
Providencia hizo nacer en un país católico! Es un favor que no se puede
apreciar sino poniéndose en el lugar de las infortunadas víctimas del cisma y
de la herejía. ¿Qué queréis que sean, en esas religiones degradadas, con tan
pocos auxilios espirituales, aun las almas rectas y buenas? Pidamos a Dios que
estos hermanos, separados de nosotros por circunstancias desgraciadas, lleguen
a conocer la verdad y tengan el valor de seguirla". (Portais)