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Una empresa de EE.UU. anunció que obtuvo el primer embrión humano clonado

Lo anunció ayer la empresa Advanced Cell Technology, cuyo vicepresidente de Investigaciones es el argentino José Cibelli. La firma aclaró que la técnica se utilizará con fines terapéuticos y no para crear seres humanos. Rechazo de Bush y del Vaticano.

Por Eduardo Videla, para Página/12
Buenos Aires, 26 noviembre 2001.

 

Desde el nacimiento de Dolly, se supo que llegar a la clonación humana era sólo cuestión de tiempo. Este momento llegó ayer, cuando la empresa estadounidense Advanced Cell Technology (ACT), especializada en biotecnología, anunció que ha clonado embriones humanos con fines terapéuticos. La compañía enfatizó que la experiencia no apunta a crear seres humanos clonados sino a obtener células madre que ayuden a curar enfermedades como la diabetes o el mal de Parkinson, entre otras. Pero esa aclaración no logró calmar a los sectores conservadores que se oponen a estas investigaciones: tanto el presidente George W. Bush como el Vaticano expresaron su rechazo al anuncio. Uno de los responsables de la experiencia es el argentino José Cibelli, vicepresidente de Investigaciones de ACT. En diálogo con Página/12, Cibelli salió al cruce de los cuestionamientos: "Tenemos una gran presión de las personas que están enfermas y esperan una terapia para sus dolencias". De acuerdo con el ritmo de las investigaciones, estimó, "habrá que esperar dos o tres años para hacer los primeros implantes de células en pacientes".

[L]as experiencias que derivaron en la obtención del primer embrión humano clonado comenzaron en enero de este año. [...] El procedimiento, según precisó [Cibelli], consiste en obtener óvulos "de mujeres que han sido supraovuladas, de la misma manera que se hace para la fertilización in vitro. Lo llevamos al laboratorio y allí, mediante técnicas muy complejas, se remueve el núcleo del óvulo y se le implantan los cromosomas del paciente, de manera que el embrión resultante tiene su mismo material genético".

De ese embrión se obtendrán las células madre que, al ser cultivadas, son capaces de especializarse y generar cualquier tipo de tejido del cuerpo humano. Esto las convierte en agentes potenciales para la terapia celular, en el tratamiento de las enfermedades mencionadas. Con la clonación, lo que se evita es la posibilidad de rechazo: al tener las células madre el código genético del paciente (donante y receptor a la vez) los nuevos tejidos serán compatibles y el sistema inmunológico los reconocerá como propios.

Los primeros resultados exitosos, dijo Cibelli, se obtuvieron en octubre. Se logró entonces concebir un embrión que vivió apenas tres días y luego detuvo su desarrollo. "El embrión debe llegar por lo menos a los cinco días para poder sacar células madres aptas", dijo el investigador. Después de esto, viene un período de cultivo, de seis o siete meses, para que las células madre se diferencien y se obtengan las células necesarias para implantar. Por eso, dice Cibelli, se estima que aún faltan dos o tres años para poder hacer las primeras experiencias de terapia celular con tejidos clonados.

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Las reacciones ante semejante anuncio no se hicieron esperar. La Casa Blanca ratificó la oposición "total" del presidente Bush a la clonación humana. "El presidente ha dejado claro en un 100 por ciento que se opone a cualquier tipo de clonación humana", dijo la portavoz, Jennifer Millerwise. También el Vaticano hizo conocer su rechazo y exigió la prohibición de cualquier tipo de práctica relacionada con esta técnica al afirmar que se trata de "un acto maligno", según la expresión del representante de la Santa Sede ante la ONU, el arzobispo Renato Martino.

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ACT es una pequeña empresa con sede en Worcester (Massachusetts). Su presidente, Michael West, rechazó la posibilidad de que sus experimentos lleven a la clonación completa de un ser vivo. Sin embargo, numerosos científicos contrarios a la clonación humana afirman que esos nuevos embriones, si se implantan en el útero de una mujer, pueden llevar a término la creación de un ser humano. La preocupación en este campo se hizo patente cuando el andrólogo italiano Severino Antinori anunció su intención de crear por este mismo procedimiento un ser humano completo. La preocupación por estas experiencias radican en que aún no se conocen los efectos genéticos puede tener en los clones que resulten.


Debate entre científicos, políticos y religiosos

La polémica empezó con Dolly

La discusión sobre las derivaciones de la clonación de células embrionarias se agudizó en agosto. Un grupo de investigadores desafió a la comunidad científica mundial con una provocación: presentó en Estados Unidos proyectos a favor de la clonación humana. El grupo liderado por Severino Antinori, un ginecólogo italiano, y por Panayiotis Zavos, un norteamericano, provocó un revuelo entre los científicos. Hasta ahora buena parte del mundo académico se opone a esa línea de investigación. Pero no son los únicos: varios gobiernos se pronunciado en contra. Quienes llevan la oposición más dura son la Iglesia Católica y el gobierno de Estados Unidos, que recientemente se ha opuesto explícitamente no sólo esa opción sino también las investigaciones en el campo terapéutico.

La Cámara de Representantes de Estados Unidos prohibió en agosto la clonación humana, tanto para reproducción como con fines terapéuticos. La sanción aún no está firme porque falta la aprobación del Senado. Aún así la postura tomada por los diputados fue leída como una tragedia entre los científicos de todo el mundo. La media sanción era una clara victoria del presidente George W. Bush, uno de los opositores más fuertes a estas investigaciones.

Pocos días después algo empezaba a cambiar. Bush discutió el tema con representantes de la Iglesia Católica y con algunos expertos y optó por un cambio cauto de posición. El 10 de agosto, el mandatario destinó fondos por 250 millones de dólares para investigaciones sobre células embrionarias. Pero impuso una restricción: los estudios para producir células madres sólo podían hacerse con embriones descartados en las clínicas. Esta decisión fue el resultado de una serie de negociaciones con los sectores conservadores y de la Iglesia que ven en el campo de la manipulación genética una amenaza asociada a prácticas abortivas.

En otros países la situación es distinta. En Israel, este tipo de investigaciones están aprobadas y un grupo de científicos ya ha logrado convertir células embrionarias en pancreáticas, capaces de producir insulina. En Gran Bretaña las condiciones son similares. El gobierno autorizó la clonación de embriones humanos para fines científicos. Esta decisión, que aún no fue confirmada por el Parlamento, prohíbe la clonación reproductiva.

Las potencialidades de este campo, a veces cercanas a la ciencia ficción, comenzaron –aunque nadie ya lo recuerda– en 1952. En ese momento, un grupo de científicos estadounidenses que experimentaba con anfibios, creaba las primeras ranas clonadas. Sus óvulos eran grandes, fáciles de obtener y de manipular. Pasaron cuarenta años, antes de que este proceso consiguiera mejores resultados. Eso ocurrió en febrero del ’97, cuando llegó la oveja Dolly. Era el primer mamífero clonado, obtenido por el equipo dirigido por Ian Wilmut, en Escocia. Desde entonces, no se dejó de pensar en la clonación humana.

 

© Página/12 por la noticia original. La misma ha sido editada para resaltar sus puntos más importantes.

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