III. Himnos especiales

 

 

320. Dedicación de una Iglesia

        (Oficio de lectura)

 

      Nueva Jerusalén y ciudad santa,

      nuevo Israel, nueva morada

      de la comunidad de Dios en Cristo edificada,

          Iglesia santa.

 

      Esposa engalanada, con Cristo desposada

      por obra del Espíritu en sólida alianza,

      divino hogar, fuego de Dios que al mundo

          inflama, Iglesia santa.

 

      Edén de Dios y nuevo paraíso,

      donde el nuevo Adán recrea a sus hermanos,

      donde el “no” del pecador, por pura gracia,

      el “sí” eterno de amor de Dios alcanza,

          Iglesia santa.

 

      Adoremos a Dios omnipotente y a su Espíritu,

      que en el Hijo Jesús, Señor constituido,

      del hombre que ha caído raza de Dios levanta,

          Iglesia santa. Amén.

 

Dedicación de una Iglesia (Laudes)

 

      El cielo y la tierra

      celebren, aplaudan

      a la Iglesia, esposa,

      sin arruga y mancha.

 

      Descienda a nosotros

      la ciudad sagrada,

      en que todo es nuevo

      y de rica gala.

     

      En piedras prociosas

      está cimentada,

      y bien construida

      en brillos de gracia.

 

      Las piedras preciosas

      que están a su entrada

      muestran la hermosura

      de esta casa santa.

 

      Descienda a nosotros

      esta santa casa,

      que hizo el Rey eterno

      para su morada. Amén.

 

Dedicación de una Iglesia  (Vísperas)

 

      Alta ciudad de piedras vivas,

          Jerusalén;

      visión de paz y cielos nuevos,

          ciudad del Rey.

 

      Tus puertas se abren jubilosas,

          visión de paz,

      y penetran los ríos de tus santos

          hasta el altar.

 

      Baluartes y murallas de oro,

          Jerusalén;

      tus calles, gemas y zafiros,

          ciudad del Rey.

 

      Jerusalén Iglesia viva

          de eternidad;

      hacia ti caminan los hombres,

          sin descansar.

 

      Alta ciudad del Cristo vivo,

          que es nuestro hogar,

      al que volveremos, ya cansados

          de caminar.

 

      Cielos nuevos y tierra nueva,

          Jerusalén;

      morada de Dios Trino y Uno.

          Amén, amén.

 

321. Común de la Santísima Virgen María

        (I vísperas)

 

      Torre almenada, de zafiro y de oro,

      ave amorosa de hermosura cándida,

      ola en que vara el Amor la nave,

          fúlgida espada.

 

      Como después del angustiado vuelo

      el trino posa en la mecida rama,

      regreso a ti –mi resplandor en ruinas–

          tú eres mi casa.

 

      Mis manos todo de tu amor lo esperan,

      como la noche espera, Madre, el alba.

      Llévame siempre de la mano, llévame:

          ¡sé tú mi lámpara!

 

      Llévame en pos de tu luciente aroma,

      ciclón de lirios, amapola en llamas,

      y, cuando el viento tu presencia anuncie,

          róbame el alma.

 

      Mírame, Madre de las madres, mírame,

      mírame tuyo a tus liliales plantas;

      mírame, Niña delicada y leve,

          ¡mira mis llagas!

 

      Tú que envolviste de Jesús el frío

      con la ternura de tu azul mirada,

      envuelve, Madre, con tu sombra fúlgida

          toda mi raza. Amén.

     

Común de la Santísima Virgen María

      (Oficio de lectura)

 

      Brotó de ti la gracia y nuestra vida,

      oh Virgen manantial de toda dicha,

      cuando igual que la madre primeriza

      fuiste madre con gritos de alegría.

 

      Mujer de aldea y madre de los hombres,

      mujer de grandes gozos y dolores,

      ¡cómo esperan de ti los corazones,

      porque eres la más pobre de las pobres!

 

      El Rey de paz te acoge, en ti se goza,

      y en tu virginidad sella su gloria;

      ¡cante el mundo y la Iglesia deseosa

      al Señor que de gracia te corona! Amén.

 

Común de la Santísima Virgen María

       (Laudes)

 

      La luz del hijo la rodea,

      por él es bella sin medida,

      y no hay bondad entre los hombres

      que pueda serle parecida.

 

      El Hijo santo que sostiene

      es quien la tiene protegida;

      para que el Santo descendiera,

      fue sin pecado concebida.

 

      Desde el albor de nuestra historia,

      suave, discreta y escondida,

      llega María en la Escritura,

      Virgen y Madre prometida.

 

      Es ella Esposa del Espíritu,

      su vientre es cauce de la vida;

      es flor temprana de la Pascua,

      dando a Gabriel la fe rendida.

 

      Suba al Señor cual blanca nube

      esta alabanza proferida:

      a Dios bendito bendecimos

      por la que fue la Bendecida. Amén.

 

Común de la Santísima Virgen María

       (II vísperas)

 

      ¿A quién encontramos

      cuando a ti acudimos?

      ¿Quién en tu regazo

      se mece divino?

      Por ti caminamos,

      Señora, al camino,

      la verdad, la vida:

      ¡por ti a Jesucristo!

 

      Mediadora y madre

      de todos tus hijos,

      que a ti acuden prestos

      a llorar contritos

      sus negros pecados,

      sus rojos delirios,

      para convertirse

      en cristianos limpios,

      en cristianos nuevos,

      en cristianos ínclitos.

 

      Bendito es el fruto

      de tu vientre, Cristo;

      bendita la sombra,

      sagrado cobijo,

      que por ti nos cubre

      desde aquel martirio

      cuando madre nuestra

      te proclama Cristo.

 

      Siembra en nuestros pechos

      la esperanza, el brío,

      el arrojo, el hambre,

      la sed de ser cristos.

      Amarte y servirte

      como heraldos límpidos,

      nuestro único lema,

      nuestro único grito.

 

      Ruega por nosotros

      ahora y al filo

      de la hermana muerte.

      Que nunca de tu Hijo

      escuchemos, Madre:

      “Apartaos, malditos;

      id al fuego eterno”.

      Mas: “Venid, benditos

      de mi Padre; entrad

      en el goce henchido

      de mi reino, yo,

      el premio infinito”. Amén.

 

322.    Apóstoles (Oficio de lectura)

 

      Mensajeros de Dios

      dadnos la Nueva;

      mensajeros de paz,

      sea paz nuestra.

 

      Mensajeros de luz,

      sea luz nuestra;

      mensajeros de fe,

      sea fe nuestra.

 

      Mensajeros del Rey,

      sea rey nuestro;

      mensajeros de amor,

      sea amor nuestro. Amén.

 

Apóstoles (Laudes)

 

      Tiempo de Cuaresma:

      Vosotros, que escuchasteis la llamada

      de viva voz que Cristo os dirigía,

      abrid nuestro vivir y nuestra alma

      al mensaje de amor que él nos envía.

 

      Vosotros, que invitados al banquete

      gustasteis el sabor del nuevo vino,

      llenad el vaso, del amor que ofrece,

      al sediento de Dios en su camino.

 

      Vosotros, que tuvisteis tan gran suerte

      de verle dar a muertos nueva vida,

      no dejéis que el pecado y que la muerte

      nos priven de la vida recibida.

 

      Vosotros, que lo visteis ya glorioso,

      hecho Señor de gloria sempiterna,

      haced que nuestro amor conozca el gozo

      de vivir junto a él la vida eterna. Amén.

 

      Tiempo pascual:

      Con el gozo pascual,

      el sol de nuevo brilla

      cuando ven los apóstoles

      que Jesús resucita.

     

      En la carne de Cristo

      ven claras las heridas

      y paladinamente

      que está vivo predican.

 

      Cristo, rey clementísimo,

      nuestras almas habita

      para que te celebremos

      por siempre en nuestra vida.

 

      Sé, Jesús, de las almas

      la pascual alegría,

      que, en gracia renacidos,

      tu triunfo nos anima.

 

      A ti, Jesús, la gloria,

      que, la muerte vencida,

      abres por los apóstoles

      nuevas sendas de vida. Amén.

 

Apóstoles (II vísperas)

 

      Tiempo de Cuaresma:

      ¡Columnas de la Iglesia, piedras vivas!

      ¡Apóstoles de Dios, grito del Verbo!

      Benditos vuestros pies, porque han llegado

      para anunciar la paz al mundo entero.

 

      De pie en la encrucijada de la vida,

      del hombre peregrino y de los pueblos,

      lleváis agua de Dios a los cansados,

      hambre de Dios lleváis a los hambrientos.

 

      De puerta en puerta va vuestro mensaje,

      que es verdad y es amor y es Evangelio.

      No temáis, pecadores, que sus manos

      son caricias de paz y de consuelo.

 

      Gracias, Señor, que el pan de tu palabra

      nos llega por tu amor, pan verdadero;

      gracias, Señor, que el pan de vida nueva

      nos llega por tu amor, partido y tierno. Amén.

 

      Tiempo pascual:   

      Tristes estaban los apóstoles

          tras sepultar a Cristo

          que, a muerte despiadada,

      lo sentenciaron los impíos.

 

      Con dulces palabras, un ángel

          a las mujeres dijo

          que en Galilea el Señor

      habría muy pronto de ser visto.

 

      Mientras corrían presurosas

          a hablar a los discípulos,

          lo ven, besan sus pies,

      pues se les aparece vivo.

 

      Cuando lo saben los apóstoles

          acuden velocísimos

          a ver en Galilea

      el rostro adorable de Cristo.

 

      Sé, Jesús, de las almas júbilo

          y pascual regocijo,

          a tus triunfos asócianos,

      que en la gracia hemos renacido.

 

      Tribútese, oh Jesús, la gloria

          a ti, que, ya vencido

          el reino de la muerte,

      nos abres lúcido el camino. Amén.

 

323.   Mártires (Oficio de lectura)

 

      Testigos de amor

      de Cristo Señor,

      mártires santos.

 

      Rosales en flor

      de Cristo el olor,

      mártires santos.

 

      Palabras en luz

      de Cristo Jesús,

      mártires santos.

 

      Corona inmortal

      del Cristo total,

      mártires santos. Amén.

 

Mártires (Laudes)

 

      Testigos de la sangre

      con sangre rubricada,

      frutos de amor cortados

      al golpe de la espada.

     

      Testigos del amor

      en sumisión callada;

      canto y cielo en los labios

      al golpe de la espada.

     

      Testigos del dolor

      de vida enamorada;

      diario placer de muerte

      al golpe de la espada.

     

      Testigos del cansancio

      de una vida inmolada

      a golpe de Evangelio

      y al golpe de la espada.

 

      Demos gracias al Padre

      por la sangre sagrada;

      pidamos ser sus mártires,

      y a cada madrugada

      poder morir la vida

      al golpe de la espada. Amén.

 

Mártires (II vísperas)

 

      Espíritus sublimes,

      ¡oh mártires gloriosos!,

      felices moradores

      de la inmortal Sión,

      rogad por los que luchan

      en las batallas recias,

      que alcancen la victoria

      y eterno galardón.

     

      ¡Oh mártires gloriosos

      de rojas vestiduras,

      que brillan con eternos

      fulgores ante Dios!

      Con vuestro riego crezca

      de Cristo la semilla,

      y el campo de las mieses

      se cubra ya en sazón. Amén.

 

324.  Pastores (Oficio de lectura)

 

      Puerta de Dios en el redil humano

      fue Cristo, el buen Pastor que al mundo vino,

      glorioso va delante del rebaño,

      guiando su marchar por buen camino.

 

      Madero de la cruz es su cayado,

      su voz es la verdad que a todos llama,

      su amor es el del Padre, que le ha dado

      Espíritu de Dios, que a todos ama.

 

      Pastores del Señor son sus ungidos,

      nuevos cristos de Dios, son enviados

      a los pueblos del mundo redimidos;

      del único Pastor siervos amados.

 

      La cruz de su Señor es su cayado,

      la voz de la verdad es su llamada,

      los pastos de su amor, fecundo prado,

      son vida del Señor que nos es dada. Amén.

 

Pastores (Laudes)

 

      Cristo, Cabeza, Rey de los pastores,

      el pueblo entero, madrugando a fiesta,

      canta a la gloria de tu sacerdote

          himnos sagrados.

 

      Con abundancia de sagrado crisma,

      la unción profunda de tu Santo Espíritu

      lo armó guerrero y lo nombró en la Iglesia

          jefe del pueblo.

 

      Él fue pastor y forma del rebaño,

      luz para el ciego, báculo del pobre,

      padre común, presencia providente,

          todo de todos.

 

Pastores (II vísperas)

 

      Cantemos al Señor con alegría,

      unidos a la voz del Pastor santo;

      demos gracias a Dios, que es luz y guía,

      solícito pastor de su rebaño.

 

      Es su voz y su amor el que nos llama

      en la voz del pastor que él ha elegido,

      es su amor infinito el que nos ama

      en la entrega y amor de este otro cristo.

 

      Conociendo en la fe su fiel presencia,

      hambrientos de verdad y luz divina,

      sigamos al pastor que es providencia

      de pastos abundantes que son vida.

 

      Apacienta, Señor, guarda a tus hijos,

      manda siempre a tu mies trabajadores;

      cada aurora, a la puerta del aprisco,

      nos aguarde el amor de tus pastores. Amén.

 

325.  Doctores (Oficio de lectura)

 

      Hondo saber de Dios fue vuestra ciencia,

      su espíritu de verdad os dio a beberla

      en la Revelación, que es su presencia

      en velos de palabra siempre nueva.

 

      Abristeis el camino para hallarla

      a todo el que de Dios hambre tenía,

      palabra del Señor que, al contemplarla,

      enciende nuestras luces que iluminan.

 

      Saber de Dios en vida convertido

      es la virtud del justo, qye, a su tiempo,

      si Dios le dio la luz, fue lo debido

      que fuera su verdad, su pensamiento.

 

      Demos gracias a Dios humildemente,

      y al Hijo, su Verdad que a todos guía,

      dejemos que su Luz, faro esplendente,

      nos guíe por el mar de nuestra vida. Amén.

 

Doctores (Laudes)

 

      Para vosotros, el misterio del Padre;

      con vosotros, la luz del Verbo;

      en vosotros, la llama del Amor

      que es fuego.

 

      ¡Hontanares de Dios!,

      ¡hombres del Evangelio!

      ¡humildes inteligencias luminosas!,

      ¡grandes hombres de barro tierno!

 

      El mundo tiene hambre de infinito

      y sed de cielo;

      las criaturas nos atan a lo efímero

      y nos vamos perdiendo en el tiempo.

 

      Para nosotros,

      el misterio que aprendisteis del Padre;

      con nosotros, la luz que os dio el Verbo;

      en nosotros, el Amor ingénito.

 

      ¡Hombres de Cristo, maestros de la Iglesia!,

      dadnos una vida y un anhelo,

      la angustia por la verdad,

      por el error el miedo.

 

      Dadnos una vida de rodillas

      ante el misterio,

      una visión de este mundo de muerte

      y una esperanza de cielo.

 

      Padre, te pedimos para la Iglesia

      la ciencia de estos maestros. Amén.

 

Doctores (II Vísperas)

 

      Verbo de Dios, eterna luz divina,

      fuente eternal de toda verdad pura,

      gloria de Dios, que el cosmos ilumina,

      antorcha toda luz en noche oscura.

 

      Palabra eternamente pronunciada

      en la mente del Padre, ¡oh regocijo!,

      que en el tiempo a los hombres nos fue dada

      en el seno de Virgen, hecha Hijo.

 

      Las tinieblas de muerte y de pecado,

      en que yacía el hombre, así vencido,

      su verdad y su luz han disipado,

      con su vida y su muerte ha redimido.

 

      Con destellos de luz que Dios envía,

      no dejéis de brillar, faros divinos;

      de los hombres y pueblos sed su guía,

      proclamad la verdad en los caminos. Amén.

 

326.  Vírgenes (Oficio de lectura)

 

      Esta mujer no quiso

      tomar varón ni darle su ternura,

      selló su compromiso

      con otro amor que dura

      sobre el amor de toda criatura.

 

      Y tanto se apresura

      a zaga de la huella del Amado,

      que en él se transfigura,

      y el cuerpo anonadado

      ya está por el amor resucitado.

 

      Aquí la Iglesia canta

      la condición futura de la historia,

      y el cuerpo se adelanta

      en esta humilde gloria

      a la consumación de su victoria.

 

      Mirad los regocijos

      de la que por estéril sollozaba

      y se llenó de hijos,

      la pequeñez humilde de su esclava. Amén.

 

Vírgenes (Laudes)

 

      Nos apremia el amor, vírgenes santas,

      vosotras, que seguisteis su camino,

      guiadnos por las sendas de las almas

      que hicieron de su amor amar divino.

 

      Esperasteis en vela a vuestro Esposo

      en la noche fugaz de vuestra vida,

      cuando llamó a la puerta, vuestro gozo

      fue contemplar su gloria sin medida.

 

      Vuestra fe y vuestro amor, un fuego ardiente

      que mantuvo la llama en la tardanza,

      vuestra antorcha encendida ansiosamente

      ha colmado de luz vuestra esperanza.

 

      Pues gozáis ya las nupcias que el Cordero

      con la Iglesia de Dios ha celebrado,

      no dejéis que se apague nuestro fuego

      en la pereza y el sueño del pecado.

 

      Demos gracias a Dios y, humildemente,

      pidamos al Señor que su llamada

      nos encuentre en vigilia permanente,

      despiertos en la fe y en veste blanca. Amén.

 

Vírgenes (II vísperas)

 

      Dichosa tú, que, entre todas,

      fuiste por Dios sorprendida

      con tu lámpara encendida

      para el banquete de bodas.

 

      Con el abrazo inocente

      de un hondo pacto amoroso,

      vienes a unirte al Esposo

      por virgen y por prudente.

 

      Enséñanos a vivir,

      ayúdenos tu oración,

      danos en la tentación

      la gracia de resistir.

 

      Honor a la Trinidad

      por esta limpia victoria,

      y gloria por esta gloria

      que alegra a la humanidad. Amén.

 

327.  Santos varones (Oficio de lectura)

 

      Dichosos los que, oyendo la llamada

      de la fe y del amor en vuestra vida,

      creísteis que la vida os era dada

      para darla en amor y con fe viva.

 

      Dichosos, si abrazasteis la pobreza

      para llenar de Dios vuestras alforjas,

      para servirle a él con fortaleza,

      con gozo y con amor a todas horas.

 

      Dichosos mensajeros de verdades,

      que fuisteis por caminos de la tierra,

      predicando bondad contra maldades,

      pregonando la paz contra las guerras.

 

      Dichosos, del amor dispensadores,

      dichosos, de los tristes el consuelo,

      dichosos, de los hombres servidores,

      dichosos, herederos de los cielos. Amén.

 

Santos varones (Laudes)

 

      Vosotros sois luz del mundo

      y ardiente sal de la tierra,

      ciudad esbelta en el monte,

      fermento en la masa nueva.

 

      Vosotros sois los sarmientos,

      y yo la Vid verdadera;

      si el Padre poda las ramas,

      más fruto llevan las cepas.

 

      Vosotros sois la abundancia

      del reino que ya está cerca,

      los doce mil señalados

      que no caerán en la siega.

 

      Dichosos, porque sois limpios

      y ricos en la pobreza,

      y es vuestro el reino que sólo

      se gana con la violencia. Amén.

Santos varones (II vísperas)

 

      Cuando, Señor, el día ya declina,

      quedaos con el hombre, que, en la noche

      del tiempo y de la lucha en que camina,

      turba su corazón con su reproche.

 

      Disipad nuestras dudas, hombres santos,

      que en el alto glorioso del camino

      ya dejasteis atrás temores tantos

      de perder vuestra fe en el Don divino.

 

      Perdonad nuestros miedos, seguidores

      del camino con vosotros confesores

      de la fe y del amor que habéis vivido.

 

      Que tu amor, Padre santo, haga fuerte

      nuestro amor, nuestra fe en tu Hijo amado;

      que la hora suprema de la muerte

      sea encuentro en la luz, don consumado. Amén.

 

328.  Santas mujeres (Oficio de lectura)

 

      Dichosa la mujer que ha conservado,

      en su regazo, con amor materno,

      la palabra del Hijo que ha engendrado

      en la vida de fe y de amor pleno.

 

      Dichosas sois vosotras, que en la vida

      hicisteis de la fe vuestra entereza,    

      vuestra gracia en la Gracia fue asumida,

      maravilla de Dios y de belleza.

 

      Dichosas sois vosotras, que supisteis

      ser hijas del amor que Dios os daba,

      y así, en la fe, madres de muchos fuisteis,

      fecunda plenitud que nunca acaba.

 

      No dejéis de ser madres, en la gloria,

      de los hombres que luchan con anhelo,

      ante Dios vuestro amor haga memoria

      de los hijos que esperan ir al cielo. Amén.

 

Santas mujeres (Laudes)

     

      Finísimo fue el lino con que ella

      fue tejiendo, a lo largo de su vida,

      esa historia de amor que la hace bella

      a los ojos de Dios y bendecida.

 

      Supo trenzar con tino los amores

      del cielo y de la tierra, y santamente

      hizo altar del telar de sus labores,

      oración desgranada lentamente.

 

      Flor virgen, florecida en amor santo,

      llenó el hogar de paz y joven vida,

      su dulce fortaleza fue su encanto,

      la fuerza de su amor, la fe vivida.

 

      Una escuela de fe fue su regazo,

      todos fueron dichosos a su vera,

      su muerte en el Señor fue un tierno abrazo,

      su vida será eterna primavera. Amén.

 

Santas mujeres (II vísperas)

 

      Un amor casto y puro

      calladamente:

      más grande que la vida

      y que la muerte.

      Dulce su casa,

      y su marido en ella

      se contemplaba.

 

      Era su amor de madre

      como una rosa:

      pétalos de fragancia

      y espinas rojas.

      Y era su seno

      un arrullo de lirios

      y de silencios.

 

      Olor a roja viña

      y a tierna hogaza:

      y su mano prudente

      acariciaba.

      Sus dedos limpios

      iban tejiendo lana

      para sus hijos.

     

      Y Dios desde su cielo

      se sonreía,

      por la casta frescura

      de fuente limpia.

      Amor callado

      que vestía al Cordero

      de rojo y blanco. Amén.

           

 

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