LECTIO  DIVINA

 

La lectio divina es la lectura orante de la Palabra de Dios. El Espíritu Santo inspiró la Escritura y está presente en ella. La Sagrada Escritura transparenta a Cristo. Él es la Palabra encarnada. Acogamos como María Stma. con fe y humildad esta Palabra viva y eficaz. Ella dice: he aquí la Sierva del Señor, hágase en mí según tu voluntad. La lectio divina pide recogerse y ponerse en la presencia de Dios. Elige un texto y decide de antemano el tiempo que vas a dedicar a la lectio, quizás una hora o una media hora. Son cuatro los momentos de la lectio: lectura, meditación, oración y contemplación.

 

1) Lectura:

            Lee el texto de manera apacible y gratuita. Pide ayuda al Espírtu Santo para entender el texto y su contexto, compara textos paralelos, busca las  palabras claves y determina el mensaje central. Una vez que llegues a una frase o una palabra de la Escritura que te llame la atención, que te atraiga, pasarás a la etapa siguiente: la meditación.

 

2) Meditación:

Meditar es ir repitiendo la frase bíblica que elegiste en la lectura. Meditar es repetir, reflexionar, buscar, recordar, asimilar, masticar  esa Palabra. Deja que esa Palabra entre en tu corazón y se convierta en parte tuya. Trata de comprender el hoy de Dios y preguntarle al  Señor, ¿qué quieres de mí? El Espíritu Santo nos ayudará a seguir a Cristo Jesús. Repite en tu corazón varias veces la frase bíblica. Trata de saborear y gustar las palabras que repites aplicando los sentidos: la vista (mirar a Jesús), el gusto (gustar su cercanía y entrega), el oído (oír al Señor), el tacto (palpar a Jesús que se entrega en la cruz), la imaginación (imagina que estás en el calvario), la razón (piensa, reflexiona lo que implica seguir a Jesús en tu vida concreta).

            Cuando el texto te habla al corazón, habrás llegado el fruto de la meditación: la oración.

 

3) Oración:

            La oración en la lectio divina puede tomar diferentes formas: alabanza, acción de gracias, petición, arrepentimiento...

            Ora espontáneamente diciéndole al Señor lo que esta Palabra ha despertado en ti. Habiendo escuchado leyendo y meditando puedes ya hablar orando. ¿Qué le dices al Señor? Orar es tratar de amistad con el Señor sabiendo que nos ama. En ese amor mutuo estás invitado a pasar a la contemplación.

 

4) Contemplación:

            Contemplar es admirar en el amor al Señor Resucitado. Es encontrarse con la Palabra más allá de las palabras, es vivir en Cristo Resucitado. Es ver la resurrección en la cruz, la vida en la muerte, es ver al resucitado en el Crucificado. Contempla al Señor en el silencio del amor, adora al Señor. La contemplación es unirse a Cristo en la oración al Padre. Es la escucha amorosa y silenciosa de la Palabra de Dios. Es un don, una gracia, es comunión y alianza con la Stma. Trinidad y se debe acoger en la humildad y en la pobreza. Es entrega de sí a la voluntad amorosa del Padre, en unión cada vez más profunda con su Hijo amado. La contemplación es buscar al “amado de mi alma”, es decir a Jesús, y en Él, al Padre.

1