ALCURNIAS ANDALUSÍES


LOS MOZÁRABES

También fue transcendente, unos siglos antes, la supuesta mezcla de los cristianos norteños con los bereberes, a lo mejor ancestros de los maragatos de León y la comprobada con los cristianos mozárabes del Sur, que permitió el encantador estilo de las iglesillas llenas de arcos de herradura y, sobre todo las eléctricas y alucinadas miniaturas del "Comentario del Apocalipsis", que tan bien expresaban una espiritualidad medio judía, mesiánica, la de los seguidores de Santiago el Menor, el nuestro, el hermano del Señor, que aborrecía del Anticristo que habían dejado en Córdoba.

Fueron decenas de miles, si no alguna centena de mil, esos mozárabes que se refugiaron en el Norte o que fueron liberados en el Reino de Toledo, con la lengua árabe como materna; pero casi nadie sabe que descienda de ellos, aunque hay la excepción: los cristianos mozárabes toledanos de condición noble, gracias a que conservaron seis parroquias suyas y luego una capilla en la Catedral; todavía existe una Hermandad mozárabe que reúne a los descendientes de ocho linajes de caballeros (había más); algunos de sus nombres, los Portocarreros, los Gudieles, los Quirinos (como el que dispuso el censo de Judea, que hizo que Jesús naciera en Belén), los Ficulnos, los Armildos, entroncan con los ancestros visigodos y aun con los romanos.

Hacia 1150, la población mozárabe del Centro de la Península se acrecentó cuando llegó una nueva oleada, en un impresionante vaivén: muchos descendientes de los que habían sido deportados por los almohades a Marruecos, un siglo antes (la Primera Expulsión de la historia de la Península, esta vez contra cristianos y hebreos) retornaron a la tierra de sus padres y se establecieron en el Reino de Toledo.


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Kim Pérez F.-Fígares


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Página realizada por Cristina Amor