Mujeres y jóvenes: raíz de nuestro
pueblo y semillas del porvenir
lunes, 3 de
julio de 2000
Sila M. Calderón
Candidata a la gobernación PPD
LA FUERZA de nuestro pueblo son sus mujeres y la
esperanza del futuro de Puerto Rico son nuestros
jóvenes. Mujeres y jóvenes: raíz de nuestro pueblo y
semilla de nuestro porvenir.
La mujer es la espina dorsal de la sociedad
puertorriqueña. Es el guayacán firme y recio que
sostiene la familia de nuestra patria. Es la fuerza que
transmite nuestra puertorriqueñidad de generación en
generación, afirmando nuestros valores y nuestra
identidad. Es la raíz profunda y poderosa que nutre
nuestro orgullo como pueblo. Cada día crece su
aportación a nuestro bienestar colectivo con su trabajo
esforzado, con su productividad y su creatividad. Hoy, la
mujer puertorriqueña está de pie y lista para tomar las
riendas del destino de nuestro pueblo.
Yo continuaré apoyando la lucha de la mujer
puertorriqueña. Nuestro Programa de Gobierno propone
medidas para atender las situaciones que confrontan las
mujeres jefas de familia, esas mujeres valientes que
llevan solas la jefatura de su hogar. Las que son madres
y padres, las que encabezan un porcentaje cada vez mayor
de los hogares del país. Algunas de estas medidas son:
la creación de la Procuraduría de la Mujer, apoyo en el
cuido de infantes, programas para brindar actividades
fuera de horas de clases, atención a niños con
necesidades especiales, la eliminación de barreras para
la igualdad salarial, ampliación de la licencia por
maternidad a doce semanas, licencia por paternidad y
alternativas para las amas de casa que nunca han
trabajado fuera y no cuentan con apoyo para su vejez.
Apoyar el desarrollo de la mujer puertorriqueña es
fortalecer la raíz del alma colectiva de nuestro pueblo.
Los jóvenes de Puerto Rico, por su parte, son la
semilla que florecerá en talentos, en nuevas ideas, en
capacidades para transformar nuestra realidad, en
voluntad de cambio para aprovechar las oportunidades del
nuevo siglo que comienza. Los jóvenes tienen el vigor
que necesita nuestra patria para las difíciles tareas
que aguardan a nuestro pueblo. Su energía nos permitirá
triunfar en los grandes retos que tiene Puerto Rico por
delante. En la ilusión y la valentía de nuestros
jóvenes está la promesa de un mañana a la altura de
nuestras aspiraciones. Resguardar esa semilla del futuro
es vital. La juventud de Puerto Rico confronta problemas
serios. Cuando van a buscar trabajo no encuentran buenas
oportunidades. Son las principales víctimas de la ola de
violencia. Muchos de ellos han perdido el interés por la
educación. Abandonan la escuela temprano. No encuentran
alternativas saludables y productivas para ocupar su
tiempo libre. Demasiados de nuestros jóvenes confrontan
dificultades de entendimiento con sus padres. Sienten que
no son escuchados ni comprendidos ni apreciados.
Yo propongo un gobierno que escuche a la juventud. Los
jóvenes no quieren los programas de siempre que
pretenden atender sus necesidades con servicios
recreativos, con festivales y entretenimientos, relegando
sus problemas a una agencia con pocos recursos y menos
influencia. Mi propósito es implantar un programa
completo, en el que los jóvenes participen desde el
principio. Creer en ellos es abrirles paso en nuestra
sociedad, es confiar en sus capacidades y colocar en sus
manos mayores responsabilidades. Propongo un programa que
le exija a cada agencia del gobierno incluir a los
jóvenes en su agenda de trabajo. Incluirlos de verdad,
escuchar lo que proponen e incorporarlo en sus planes.
Las mujeres y los jóvenes de esta tierra son
fundamentales en el empeño por alcanzar el Puerto Rico
que aspiramos. Nuestro pueblo se encuentra en un momento
decisivo. Fuerzas extrañas quieren hacer de nosotros
algo que no somos. Intereses creados quieren someternos a
una forma de gobernar que no es compatible con nuestras
mejores características colectivas. Corrientes ajenas se
empeñan en menospreciar nuestros logros, en manchar
nuestro pasado, en atropellar nuestra voz y en vender o
regalar el patrimonio que con esfuerzo y sudor hemos
edificado.
Nuestro pueblo quiere que Puerto Rico siga siendo
nuestro. Nuestro pueblo quiere un cambio. No quiere
seguir adelante con más de lo mismo. Nuestro pueblo
quiere líderes que estimulen lo mejor de nosotros. Que
saquen a flor lo más positivo de nuestra personalidad
colectiva, que nutran el talento y las capacidades de los
puertorriqueños, en lugar de apelar a sus miedos y sus
más bajos sentimientos. Nuestro pueblo quiere pulcritud
y rigor en la administración de sus haberes. Está
hastiado de leer día a día sobre el más reciente
escándalo. Quiere que se saque la corrupción de raíz y
quiere un gobernante que no tenga sus manos atadas a los
que le han faltado a su confianza.
Gobernar no es sólo hacer proyectos de
infraestructura u obras ambiciosas de ingeniería civil.
Gobernar es sentir el dolor de un pueblo y latir con el
corazón de su gente. Es entregarse para luchar por
convertir en realidad los sueños y las esperanzas de los
que sufren. Para esto hay que querer de verdad, con el
amor de toda una vida. Gobernar no es continuar copiando
los programas y políticas de otros ni trabajar para
presevar los intereses y la franquicia de un partido.
Gobernar se trata de buscar cambios significativos que
mejoren la calidad de la vida diaria de la gente sencilla
de nuestra isla. Ese es el gobierno que Puerto Rico
necesita, ése es el gobierno que Puerto Rico está
pidiendo, y ése es el gobierno que yo quiero darle a
Puerto Rico.
Para luchar por nuestro pueblo, lo que se requiere es
la capacidad de quien haya sabido dar la batalla para
abrirse camino. De quien haya sabido y haya podido dar la
pelea por los hombres, mujeres y jóvenes de carne y
hueso que habitan esta tierra. De quien tenga la fuerza
para tomar sus propias decisiones. De quien responda a su
conciencia y no a las encomiendas de otros. De quien se
haya enfrentado a maquinarias, a intentos de atropello,
al poder de un gobierno entero que ha querido imponer
soluciones de status. Lo que se necesita es la capacidad
y la firmeza de quien pueda asegurar que el gobierno
esté al servicio de los ciudadanos y no de algunos pocos
que lo que quieren es servirse de él.
Ese es el gobierno que yo quiero darle a Puerto Rico:
un gobierno limpio de ataque frontal a la corrupción y
castigo seguro a los corruptos. Un gobierno de compasión
hacia los que sufren, los que callan en su pobreza, los
que todavía esperan. Un gobierno sensible, que escuche y
dialogue. Un gobierno que responda a todos los
puertorriqueños y no a los intereses de un partido
político. Un gobierno de profundo orgullo en lo que
somos y en lo que queremos seguir siendo siempre:
puertorriqueños.
COMPATRIOTAS, LES pido que me ayuden a darle a nuestro
país la oportunidad de lograr un mejor futuro. De
encaminarnos todos hacia un mayor progreso. De
enfrentarnos juntos a las fuerzas que están violando la
fibra moral de nuestro pueblo y queriendo opacar nuestras
más nobles esperanzas. Vamos juntos hacia nuestro
futuro: mujeres, jóvenes y hombres, unidos en nuestra
puertorriqueñidad, con confianza en nosotros mismos, la
verdad en nuestros corazones y la fe puesta en Dios
Todopoderoso.
© 2000 El
Nuevo Día - Derechos Reservados
|