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Proyecto puertorriqueño para el siglo 21

lunes, 5 de junio de 2000


Sila M. Calderón
Candidata a la gobernación PPD

EL PASADO lunes presenté el Proyecto Puertorriqueño para el Siglo 21, que fue aprobado unánimemente en la Asamblea de Programa del Partido Popular Democrático celebrada en Sabana Grande. La plataforma presentada ha sido la culminación del proceso de consulta ciudadana más abarcador que se haya realizado jamás en Puerto Rico. Miles de personas de todas las edades, de todas las ideologías y de todas partes de Puerto Rico participaron en él.

Fue un momento histórico y de profundo sentimiento para los que estuvimos presentes. Llegamos allí con la esperanza encendida de un destino mejor para todos los puertorriqueños. Nuestro programa de gobierno enfatiza 15 prioridades para Puerto Rico. Va dirigido directamente a la familia puertorriqueña, a los padres, a sus hijos, a la calidad de sus vidas diarias en sus hogares, en sus trabajos y en sus lugares de recreo y esparcimiento. Busca hacerles justicia a los que no cuentan con los recursos económicos necesarios. Plantea mejorar la calidad de vida con más seguridad en las comunidades. Incluye medidas para crear más empleos y mayores oportunidades, particularmente para nuestros jóvenes. Propone aliviar la carga de las madres que luchan solas tratando de echar adelante a sus hijos. Y ofrece apoyos especiales a los que más lo necesitan: nuestros niños, nuestros envejecientes, nuestros retirados, nuestras personas con impedimentos y nuestros veteranos.

El propósito del Proyecto Puertorriqueño para el Siglo 21 es convertir a nuestro país en el país de nuestras aspiraciones. Un Puerto Rico de bases económicas sólidas y sostenibles, con una economía verdaderamente diversificada que promueva industrias noveles de alta tecnología, que devuelva fuerza a la manufactura, renovado impulso a la construcción, nueva vida a la agricultura, y que a la vez cuente con un vigoroso sector turístico y de servicios. Una economía donde la empresa privada trabaje en consorcio con el Gobierno. Donde se propicie y se proteja la creación de capital puertorriqueño, se fortalezca al pequeño comerciante y se provean alternativas de rendimiento a las personas que inviertan en nuestro país. Propone una economía donde utilicemos al máximo las herramientas y los incentivos que solamente la autonomía fiscal del Estado Libre Asociado posibilita. Una economía que brinde la confianza necesaria a los mercados de capital para que cumplan su función facilitadora como fuentes accesibles de financiamiento.

Planteamos un desarrollo que nos inserte en la red de economías globales que hoy vemos entre los países adelantados del mundo y que nos permita aprovechar al máximo las ventajas de nuestro mercado común con los Estados Unidos. Una economía guiada por una política de progreso sustentable y responsable que nos beneficie a todos y que logre satisfacer nuestras necesidades en el presente, sin comprometer las oportunidades de las generaciones del futuro. Pero más que nada, una economía que fomente la creación de más y mejores empleos, que le permita a cada puertorriqueño ganarse su sustento con verdadera dignidad.

El Puerto Rico que queremos construir es uno en el cual miremos la pobreza de frente y hagamos de la lucha contra ella nuestro primer imperativo moral. Un Puerto Rico donde nadie vire la cara ante la forma en que viven muchos de nuestros hermanos. Donde el dolor de los que esperan, de los que no tienen, de los que sufren, de los que quedaron atrás, sea también nuestro dolor. Que no descansemos mientras haya familias sin oportunidades adecuadas para sus hijos, sin techo decente, sin servicios básicos confiables. Queremos un Puerto Rico que le dé un nuevo significado al término justicia social.

Para el siglo 21 visualizamos un país fuerte, vigoroso, creador, confiado en sus capacidades. Un pueblo valiente y perseverante, con metas ambiciosas, trabajando arduamente para lograrlas. Un Puerto Rico unido, claro en su visión de sí mismo y orgulloso de su identidad. Anhelamos un Puerto Rico en el cual final y definitivamente se haya solucionado el eterno problema del status. Que pueda dedicar sus fuerzas y sus energías a resolver las necesidades sociales y económicas más apremiantes de los puertorriqueños. Un país que alcance una proyección internacional a la altura de sus logros y un papel digno en el escenario de las naciones del mundo. Anhelamos un país donde las divisiones políticas no sigan separándonos y podamos aspirar a una reconciliación puertorriqueña.

Aspiramos a que Puerto Rico sea un lugar donde la gente viva en armonía y respeto. Un país de ciudades atractivas y bulliciosas, de crecimiento balanceado y ordenado. Un país donde se respire tranquilidad y se viva seguro. Un país de gente alegre y amistosa. De hombres y mujeres que ambicionen superarse, pero que a la vez sea un país de sencillez en el diario vivir. Anhelamos una isla de extraordinaria belleza, que conserve su ambiente y su verdor intenso. Un país donde la vida sea buena y productiva.

Fui a Sabana Grande a pedirles a todos nuestros compatriotas que luchemos juntos por ese Puerto Rico que anhelamos y que trabajemos unidos para brindar un gobierno que haga realidad esa esperanza. Fui a ofrecerle a Puerto Rico un gobierno que saque a flor lo mejor de nuestro espíritu, de nuestros talentos y de nuestras capacidades. Un gobierno limpio, honrado y recto, respetuoso de sus leyes. Que sepa emplear con pulcritud y eficacia los recursos que con tanto sacrificio nos confían los ciudadanos. Que sepa deslindar clara y rigurosamente lo que es político de lo que es gubernamental, lo que es público de lo que es privado.

Propongo también brindarles a los puertorriqueños un gobierno sensible, de compasión hacia los que aún aguardan el fruto del desarrollo. Un gobierno que sepa escuchar, que dialogue y que consulte. Un gobierno efectivo, cuya única consideración sean los resultados para sus ciudadanos. Un gobierno de profundo orgullo en lo que somos. Creemos firmemente en la unión permanente con los Estados Unidos. Atesoramos para siempre nuestra ciudadanía norteamericana. Pero somos, antes que nada, puertorriqueños, y no queremos dejar de serlo jamás.

Y FINALMENTE, ofrezco un gobierno para todos los puertorriqueños, más allá de líneas partidistas. Un gobierno no sólo para los populares, sino también para todos nuestros hermanos novoprogresistas, independentistas y aun aquellos que no son afiliados. Todos somos hermanos. Todos somos puertorriqueños. Y en mi gobierno habrá respeto para todos.

© 2000 El Nuevo Día - Derechos Reservados

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