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Sila honra la ciudadanía americana

jueves, 2 de marzo de 2000


Sila M. Calderón
Alcaldesa de San Juan y Candidata PPD a la gobernación

En el más solemne acto de expresión de la voluntad de los puertorriqueños, que es la Constitución del Estado Libre Asociado de Puerto Rico, declararon nuestros padres, para ellos, para sus hijos y para los hijos de sus hijos: (y cito de su Preámbulo)

Que consideramos factores determinantes de nuestra vida la ciudadanía de los Estados Unidos de América y la aspiración a continuamente enriquecer nuestro acervo democrático en el disfrute individual y colectivo de sus derechos y prerrogativas.

La ciudadanía norteamericana tiene para nosotros dos significados principales: Uno individual, que define nuestra condición propia y personal como sujeto de derechos, protegido en su singularidad ante el Estado, ante otros conciudadanos y ante los ciudadanos de otros países. Otro, colectivo, que nos hermana con la gran comunidad de la libertad y la democracia que son los ciudadanos de los Estados Unidos de América.

En el caso nuestro, dentro del Estado Libre Asociado, ese vínculo de hermanamiento que crea la ciudadanía cobra dimensión especial. Y cobra esa dimensión, porque se fragua en forma compatible con la singularidad histórica, cultural, linguística, económica y política que distingue a Puerto Rico de los estados federados.

He ahí, amigos y amigas, uno de los grandes distintivos de la grandeza de la ciudadanía americana. Ese distintivo de grandeza de la ciudadanía americana, que permite el vínculo ciudadano a la vez que permite el genio político del ELA, es y tiene que ser causa de orgullo tanto para los buenos puertorriqueños, como para los buenos norteamericanos.

No obstante lo anterior, en coyunturas electorales donde se le permite a la demagogia demasiada presencia, esa realidad se ha querido manchar. Se ha pretendido a veces, reducir la grandeza de la ciudadanía que atesoramos. También se ha pretendido utilizar nuestros sentimientos hacia ella como chantaje para nuestro voto. Se le ha llamado "de segunda"; se ha propuesto, contrario a lo que concluye todo jurista serio, que está a expensas de los congresistas de turno. ¡Con qué falsedad y mezquindad se ha tratado por algunos ese factor determinante de nuestra vida!

Este acto es una celebración de la ciudadanía que nos distingue. Que sea también el punto final en el entretenimiento de usarla para atemorizar en vez de para fortalecer; para confundir en vez de para ilustrar; para hacernos más débiles, en vez de hacernos más robustos en nuestro compromiso con la democracia.

Nuestro pueblo valora, respeta y honra a la ciudadanía americana y a la vez se siente profundamente orgulloso de ser puertorriqueño. Que no le quede duda a nadie. El sentir orgullo por lo que somos y por lo que podemos hacer y alcanzar juntos como pueblo nos debe llenar de júbilo y de esperanza siempre.

Nuestra ciudadanía americana se honra viviendo en paz, defendiendo la justicia, buscando aquello que nos une y respetando la diferencia de opinión. La ciudadanía se honra en el campo de batalla, defendiendo la democracia, como muchos miles de puertorriqueños lo han hecho heroicamente durante décadas. La ciudadanía americana se honra haciendo un Puerto Rico más fuerte y seguro de sí, capaz de enfrentar la adversidad con gallardía. Esa es la ciudadanía americana que los puertorriqueños honramos, no la basada en el temor y en los insultos, no la basada en profundizar divisiones en nuestras familias.

Esa es la ciudadanía americana que honramos, fortalecimos y ejemplificamos con nuestros actos el pasado lunes, 21 de febrero, en la "Marcha por la Paz de Vieques". Defendiendo con dignidad lo correcto, lo justo y lo moral en una forma ejemplar. Decir lo contrario no es justo ni correcto.

Recibo y acepto esta Proclama de la Ciudadanía Americana con fe en nuestro pueblo y en su inmensa capacidad de unirse y de lograr con firmeza y valor todo lo que se proponga.

Muchas gracias.

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