JUAN CARLOS QUINTERO
           Juan Carlos Quintero Herencia (Santurce, Puerto Rico, 1963).
Poeta, crítico,   ensayista  y  profesor  de  literatura  hispanoamericana. Miembro fundador y coeditor de la revista
Filo de juego. En 1996 publicó
su poemario
La caja negra (Editorial Isla Negra, San Juan, Puerto Rico). En 2002 la Editorial  del Instituto de  Cultura Puertorriqueña, San Juan, Puerto Rico  editó  sus  libr os de  juventud:  El  hilo  para  el  marisco y Cuaderno de los envíos. Fue miembro del colectivo Nómada (Río Piedras,
Puerto Rico).   Como  profesor  ha  enseñado en  las  Universidades   de Puerto Rico,  Río Piedras; Brown, Providence y Maryland, College Park. La Editorial argentina Beatriz  Viterbo  publicó  su  estudio
Fulguración
del espacio: Letras e imaginario institucional de la Revolución cubana.
La puertorriqueña  Ediciones Callejón  publicará  su libro La máquina de la salsa. Es también santero y conocedor del arte del pico y las espuelas.
.Juan Carlos
Rafa
Posteriores, postres
La revelación esparcida,
concluida en la frescura del olvido,
como en el agua fresca de una tinaja un puñado de avena
el gozo emerge concluido en sí mismo por el olvido
                                                   
Como la cabeza de una tortuga que rasurara el sol de la laguna
el misterio medita incluido en ti
como la carne,
como los dedos, el meneo y la soledad.
   30/1/1996,15/10/1996; 19/03/1997,28/12/2000. Río Piedras y Miramar
                                                           
Israel
  Mayra
  Filo de Juego
como cicatriz que recuerda su fecha
muerdes aquí mi pez y tiembla
este sostén de nube
organismo en desuso ante tu mirada.

esos golpes redimidos con alcohol
y repartidos sin preferencias o luna fértil
se lucen en los días de cansancio
como las hojas sobre el ave
a punto de hacerse señal de vuelo
cometa de ocasión y cosecha.

tomar tu abrazo por sus rostros
hace daño a esta anatomía de ser extinguido
de días y estaciones,
todo por tí se atrapa en los lugares del silencio
que es la noche y su joya de gargantas
y mi especie hecha ataúd se duele.

regreso curándome asiéndome como el yodo en la fresca
carne
con las manos en sangre amasada
curado ya de tu beso mineral y sabio
más la cicatriz reverdecida por las sábanas
se seca reclamando para la carne un torcido rostro.

siempre en lo más riachuelo de una calle
mi cuerpo por embestir te ve llegar y te teme,
este algodón sonriente ante el pavor
reclama nueva residencia en la herida.
        16-17 de enero de 1986
Filo de Juego V. II, 2
                  
 

               Receta
Duérmase;
trague cigarrillos
humo tenso
calor blando.
Luego cierre los ojos
con furia;
muérdase un pulgar
hasta que le brote un lápiz,
si no,
corra a la farmacia
compre un paper mate
hiérvalo con pétalos violetas
hasta secar las hornillas de prismas babosos;
entonces,
busque la siempre claridad
sin transparencia
pero muy dada a desdoblarse
en barquitos, avioncitos o basura
y trate de tocarla con miedo.
Si logra hacerla correr
hasta sentir que el blanco
lo adormece  no le reta,
cierre los ojos otra vez
y verá letras desayunadas;
pero si al abrirlos
no han estrujado el papel
pida que le devuelvan
por el manejo y franqueo
de las partes íntimas
de su puño,
de su tiempo erudito,
el dinero burlón
invertido
en este ropero
de luces encerradas
y besos polvorientos.

Perdóneme,
no sé la dirección postal.

                          
Filo de Juego. V. I, 1   (1984)
Naturaleza muerta

Sobre la esponja hinchada
el viento va apiñando lancetas,
despliega su vigilia sobre una isla
saciada por su corrosión,
ponzoña que se retira,
cangrejos que la merecen,
la bella dormita tras el festín.

Desposados el mercader, el Líder, la congregación,
sus autos, sus peinillas, sus pozosmuros,
concebidos y untados al sedimento de la caverna marina,
mueren de ruido y pringue,
molusco que hiede bajo la sombra,
basural bajo la palma que merodea el sato.

Enredada en la verja como el temporal,
la vieja mata de parcha ahoga al algarrobo en su
                                                                         extensión,
los rótulos estrenan óxidos,
el árbol no gime
quién lo dijera,
el gallo sin elocuencia.
Bodegón que no sabe de cruces auspicioso.
                        
El cuerpo del milagro (inédito)