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INTERNET EN EDUCACIÓN:
CRITERIOS PEDAGÓGICOS DE EMPLEO
Dr. JOSÉ GÓMEZ GALÁN
Profesor de Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación
Departamento de Ciencias de la Educación. Facultad de Educación
Universidad de Extremadura.
RESUMEN
El nuevo paradigma comunicativo que supone Internet está adquiriendo un protagonismo indiscutible en la sociedad actual. Independientemente de su empleo como un poderoso recurso didáctico, su creciente importancia exige su integración en los currícula educativos, como un elemento más del mundo que debe ser conocido y para el que se está formando a los escolares. Sin embargo, un uso incorrecto de este novedoso medio por parte del docente puede resultar ciertamente perjudicial para el alumnado. Es necesario su profundo conocimiento para establecer estrategias didácticas adecuadas a sus particulares características. Deben maximizarse sus ventajas a la vez que se minimizan sus inconvenientes desde una perspectiva plenamente pedagógica.
PONENCIA
Es un hecho evidente que Internet va adquiriendo de modo acelerado mayor relevancia y presencia en nuestra sociedad. Lo que hace apenas diez años era todavía una embrionaria red universal de comunicación de acceso aún muy restringido, es hoy el mayor desarrollo telemático jamás creado -con un índice de empleo y consumo, en continuo crecimiento, de cientos de millones de usuarios- y situado en manos de poderosos intereses económicos que lo emplean como medio de transmisión de información de todo tipo.
Ello es lo que ha permitido, desde luego, su difusión y uso por unos cada vez más amplios sectores sociales entre los cuales se encuentran los educativos. Naturalmente sus posibilidades para la formación a distancia superan ampliamente las conseguidas por los sistemas de comunicación tradicionales (como la radio o la televisión), ya que básicamente permite una mayor interactividad. Sin embargo, hoy existe un creciente interés por conocer qué nos puede ofrecer para su empleo en la educación formal y presencial, como recurso didáctico que permita alcanzar o mejorar distintos objetivos educativos. Por tanto, ¿es, desde este punto de vista, Internet una herramienta educativa?
Para contestar a esta pregunta vamos a comenzar detallando cuáles son las aplicaciones que la red de redes nos brinda para potenciar un proceso de enseñanza-aprendizaje: entre otras, documentación, acceso a bibliotecas, bases de datos y publicaciones electrónicas, intercambio de experiencias didácticas, tutorías en línea, trabajo con contenidos interactivos multimedia, correo electrónico, acceso a programas informáticos educativos, etc. Como tal, en efecto, puede resultar un productivo y eficaz medio didáctico, pero tiene unas particularidades demasiado importantes para obviarlas: por un lado, el material pedagógico que pueda ofrecer es externo al usuario (se accede a él por medio de tecnologías telemáticas, pero no puede ser modificado o adaptado a no ser que contemple esa posibilidad- en el servidor de origen); por otro, los contenidos de interés se encuentran dentro de una ingente maraña de información de todo tipo a la que podemos acceder en el mismo momento: Internet es la mayor biblioteca construida nunca por el ser humano.
La primera característica es determinante para su empleo en contextos escolares. Así, salvo raras excepciones (como programas de radio o televisión en directo), es el único recurso didáctico que quizás (con independencia de las páginas Web propias) no pueda ser controlado por el docente, y esto es importantísimo tenerlo siempre en cuenta. En cuanto a la segunda, es la herramienta actual que podemos emplear que nos ofrece una mayor cantidad de información y con los motores de acceso, búsqueda, clasificación y selección más sofisticados; únicamente algunos programas pedagógicos en CD-ROM o DVD-ROM, empleados en un equipo informático, nos permitirían un trabajo de similar calidad.
Por lo tanto, podemos ver que el empleo de Internet implica, frente a sus indiscutibles ventajas, dos inconvenientes demasiado serios y complejos: el educador no siempre podrá controlar la información a la que accede el discente y, además, es tal la cantidad de ésta que se hace necesario establecer con rigor criterios y pautas de trabajo didáctico. Esto nos llevaría a plantearnos rápidamente la siguiente pregunta: ¿es posible subsanar estos defectos para potenciar, precisamente, las ventajas?
Lo más importante para contestar a esta cuestión sería, desde luego, determinar si estos inconvenientes son frecuentes en el empleo de los diferentes recursos didácticos, y la respuesta inmediata que obtenemos, evidentemente, es no. Casi todos los recursos importados a las aulas (lo que ha sucedido en la mayoría de los casos), como los medios sonoros (magnetófonos, fonógrafos, lectores de CD), visuales (proyectores de diapositivas, retroproyectores) o audiovisuales (diaporamas, vídeo) no han provocado problemas importantes en su empleo por parte del profesorado, sobre todo debido a que éste puede ejercer un control estricto sobre los mismos, y las dificultades, si se producen, suelen centrarse en la calidad del material y en la consecución de los objetivos educativos. En el caso del uso de los medios de comunicación como herramientas didácticas, independientemente de su naturaleza sonora, visual o audiovisual (prensa, radio, cine, televisión), los principales problemas siempre han provenido de la adaptación de sus productos, creados básicamente para el entretenimiento pero, en la mayoría de los casos muchos más, desde luego, de los deseables sin ninguna precaución formativa, a los procesos didácticos.
Internet, por consiguiente, ofrece inconvenientes para su utilización pedagógica distintos y mucho más complejos. Y además determinantes. Por un lado es ciertamente difícil (por no decir imposible) controlar no ya su empleo, sino incluso sus contenidos; por otro, la titánica masa de información presente produce vértigo, desconfianza, y una nueva cuestión inquietante: ¿y si la misma, en su mayor parte, al igual que sucede hoy en los medios de comunicación, no fuera útil para ser empleada en un proceso educativo aunque, incluso, intentásemos adaptarla? Pero además, y es lo más importante, ¿y cómo adaptarla si no la controlamos?
Los contenidos que podemos encontrar en Internet son, en un alto porcentaje, de escasa o nula calidad pedagógica. Y cada día se convierte más en un sofisticado medio de comunicación de masas, y con los mismos intereses de éstos. En efecto, si determinásemos las características propias de un mass media, como por ejemplo las presenta Masterman (1990) influencia en acciones de concienciación, manipulación y producción de la información, tasas de consumo, protagonismo de la imagen, privatización de la información: todo ello antes de la realidad Internet, podríamos sin duda afirmar que, cada vez más, la Red encaja en esta tipología. Se está convirtiendo, sin duda, en un medio de comunicación con las formas, objetivos y metas de los más tradicionales y populares mass media. Pero, además, ofreciendo un acceso ramificado, y no lineal, interactivo y multilenguaje a sus contenidos (no lo olvidemos, en la mayoría de los casos intocables para el docente), de todo tipo y naturaleza, satisfaciendo los diferentes gustos de los potenciales consumidores, por extraños o insólitos que estos sean, y donde no llegan los medios de comunicación ya clásicos.
Es Internet un entorno -el tercer entorno, frente a la naturaleza, primero, y la ciudad, segundo, en clasificación de Echeverría (1999), lo cual nos da idea de su relevancia, como un paso más en la creación de la realidad por parte del hombre- lo suficientemente desconocido para el docente (¿cuál es su auténtico origen? ¿Y su naturaleza? ¿A quién sirve? ¿A que intereses responde? ¿Cuál es el pago real que exige al usuario tan sofisticada y cara tecnología...?), de tan frenético desarrollo (en poco tiempo se producirá la irrupción definitiva de los espacios virtuales tridimensionales de manos de las tecnologías RIV -Realidad Inforvirtual-) y de tan complejo uso didáctico (es un mass media de infinitos contenidos y difícil control pedagógico) que considerar su presencia en las aulas sin una adecuada y precisa formación del profesorado nos parece no ya un inútil intento de introducción de las nuevas tecnologías en los contextos escolares, sino incluso una temeridad. Como señalamos en otro momento, "la red de redes no es precisamente una entidad de soñadores y filántropos creada especialmente para educar, lo cual parece suponer demasiada gente" (Gómez Galán, 2000: 11).
No podemos engañarnos, actualmente la formación obligatoria del profesorado en tecnologías de la información y la comunicación (entre las que se encontraría Internet, con lo cual en la práctica supone menos tiempo para el conocimiento de la red de redes) se reduce a un cuatrimestre en los planes de estudio de Maestro (Primaria) y a módulos de horas para los docentes de Secundaria. Y en modo alguno podemos considerar adecuada para el empleo de Internet en el aula la preparación adquirida en un curso de perfeccionamiento o de postgrado de pocos créditos cuyos objetivos finales sean tan sólo el manejo de correo electrónico y herramientas de navegación. Porque eso no es sólo Internet. Sería como intentar enseñar la televisión para su empleo didáctico centrándonos en el manejo del mando a distancia.
Internet puede ser una formidable herramienta didáctica, pero intrínsecamente no lo es. Las manos que controlan y mueven los hilos no son educativas. Y al igual que podemos acceder a contenidos de gran calidad pedagógica, por supuesto, son más los que pueden resultar seriamente perjudiciales para niños y jóvenes. Para su correcto empleo en el aula es imprescindible una sólida formación del docente, y situar la acción educativa en el marco de una programación didáctica precisa y eficaz.
Referencias bibliográficas:
Echeverría, J. (1999). Los Señores del Aire: Telépolis y el Tercer Entorno. Barcelona: Destino.
Gómez Galán, J. y Sáenz del Castillo, A. A. (Coords.). (2000). Nuevas Tecnologías Aplicadas a la Educación. Badajoz: Universitas Editorial-I.C.E. de la Universidad de Extremadura.
Masterman, L. (1990). Teaching the Media. Nueva York: Routledge.