O Poeta II: Poetas na Língua de Cervantes


Alberto Peyrano


 

LA SOMBRA
Alberto Peyrano


Cual paciente lacayo sin levita,
se proyecta la sombra sobre el suelo
acortando su cuerpo, sin desvelo,
cuando la luz se esfuma o se disipa.
 

Aunque su esencia toda nos confunde,
en la hoguera se abrasa sin quemarse,
se funde con las aguas sin mojarse
y en el más negro abismo no se hunde.
 

¡Qué dichoso se siente aquél que, solo,
en el último instante de su vida
cuando la luz del sol ya no ilumina
 

y la tumba es el puerto para todo,
envuelve con su sombra el mortal hado
y se duerme en la muerte acompañado!


 


*
 

CANTO DE NOVIEMBRE
Alberto Peyrano


Vago por el poema,
este poema mío que se quedó sin forma,
sin el latido visceral de tu palabra.
Y me consagro a oscurecer con tinta
el blanco renglón que siempre ocupas,
recordando, tan sólo...
recordando...
Tratando de tenerte en mi presente
sin poder rescatarte del pasado...
Me prendiste fuego.
Me incineraste vivo.
Me dejaste tu marca para siempre:
un cardenal que nunca cicatriza
y que grita a mi avidez tu nombre.
Recorro los mil laberintos de tu ausencia,
estoy empezando a acostumbrarme
a que sólo el silencio me responda.
¿Te fuiste o te quedaste?
No logro definirlo.
No sé si fuiste un duende,
una pasión o un mito.
Tampoco sé si este poema
pueda contener la inconsistente
dulzura de tu esencia,
ésa, que un día del octavo arcano,
me ocupó por completo
sin dejarme lugar para seguir pensando.

 


*
 

POSDATA
Alberto Peyrano


Tráeme un bosque de olorosos pinos,
ahora que la vida
me dice que me vaya.
Abre un poco el follaje,
deja entrar el sol.
No te olvides las flores,
todas las que encuentres;
quiero envolver con ellas
el lecho que recibirá mi cuerpo.
Tráeme más:
quiero cubrirme también con pétalos y hojas
hasta desaparecer de la visión del mundo.
Otro encargo: la mano
y la sonrisa de mi ser amado
pues sólo así
sabré que no me iré con miedo.
Mientras cubres el detalle
de acercarme el sonido
del mar bravo y lejano,
mi último pedido:
cuelga del árbol más esbelto
la jaula de mi pájaro,
y ábrele la puerta
pues él me indicará el camino.
Después, cuando me duerma,
conserva en tu mirada
mi lágrima de gracias.


 


*

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