DESDE LO PROFUNDO


Vacilante y con pasos apagados
inicié el camino de la vida,
e lancé a lugares desolados
sin encontrar apoyo ni guarida.

Yo pensaba que mi alma encontraría
alicientes, caricias, música y poesía,
sólo llegó a mis manos tan vacías
el eco silencioso de la ausente alegría.

Quise volver atrás, al primigenio mundo
de mi infantil esencia, de mis sueños,
mas éstos ya no estaban y errabundo
caminé cual un perro sin su dueño.

como un faro que el peligro anuncia
así llegó a mi vida el desconsuelo
pues mi sueño de amor fue cruel renuncia,
fue destrozar mis besos contra el suelo.

En el devenir tempestuoso de pasiones
creí encontrar mil veces la presencia
del verdadero amor, el de las emociones
más intensas, perfectas en su esencia.

Quedé solo en la espera silente
atisbando a lo lejos la luz de otro faro
y sin encontrarlo, se hizo presente
la vocación sin pausa que me tomó la mano.

Caminé, enriqueciendo mis vivencias,
hasta ver esclarecida el alma humana
y sentir a mi ser como presencia
portadora de luz, de claridad hermana.

Lancé a los cuatro vientos mis mensajes
que florecieron lentos y eficaces
y cual sembrador pintado en un paisaje
hice fértil las sendas más procaces.
No obstante, fui perdiendo huellas,
caricias dulces y miradas francas
que hoy tal vez me ven desde una estrella
y que poblaron mis días de ilusiones blancas.

Oh tiempo aquél cuando el reír dichoso
acompañó mis horas de alegría,
cómo quisiera rescatar del tiempo hermoso
la pueril voluntad para mis nuevos días!

Mas la noche silenciosa, agazapada
detrás del torvo gesto de la ideología
desparramó su manto sobre mi mirada
que se cerró, cegada por su lluvia fría.

No desmayé en el ocaso. Mis temores
no me saturaron la infantil poesía,
no colmaron las desdichas mis amores
ni murieron los cantos que decía.

Sólo una tregua me di, larga y pausada,
tomé distancia, recogí mis velas
y anclé de pronto en la ciudad soñada
donde encontré un remanso de paz para mis penas.

Cual viajero errabundo buscando su destino
pensé que en este puerto encontraba mi meta
y no me equivoqué: poco a poco mi sino
se enriqueció sin esperanzas muertas.

Fui descubriendo lentamente que el amor
se manifiesta en la sonrisa de un amigo
o en el gesto elocuente de un compañero de labor,
indicios que me hicieron feliz y que no olvido.

No obstante, mis visiones seguían a mis sueños
y volví a sentirme solo. Como el ave canora
que trina en la mañana despertando a su dueño
canté profundamente en mis pesadas horas.

Y el eco de mi canto se convirtió en romance
pues alguien escuchó la plañidera nota.
Desenvolví mis sueños, extendí mi balance
y surgió este poema sobre mi derrota.

Hoy la vida es un sueño feliz y armonioso,
se fueron los pesares al compás de mi canto
y he podido dar a mi ser lo precioso:
aquello que en mi infancia fue pueril encanto.

Rescaté del olvido el agradecimiento,
me sumergí en la canción del amor compartido,
encontré la respuesta para mis sentimientos
y comprendí que el odio es momento perdido.

Otra vez otro faro alumbra mi camino,
atrás quedaron penas y quebrantos,
pude hacer de los vientos mis amigos
para llegar a todas partes con mi canto.

Sólo resta decir que yo he ganado
a la pena, al olvido, a los pesares.
No me aflige la suerte del fracaso
porque el fracaso es pena sin cantares.

Tampoco me aflige la incertidumbre vana
de no lograr muy pronto mis anhelos.
Es natural que al llegar cada mañana
la noche se retire lentamente con sus velos.

Me faltan concretar, para mis sueños,
la casa propia, el piano y dos perros,
en los inviernos la estufa de leños
y la sonrisa amiga que me acerque al cielo.

Doy gracias a Dios por esta vida mía,
sé que cada instante no ha pasado en vano
porque a la tristeza sucedió la alegría
y me he concretado como ser humano.

Sólo pido que al resto del camino
lo ilumine la luz de mi conciencia
sin olvidar que todos los destinos
son hijos fieles de las experiencias.

Y concluyo el poema que, sin prisa,
he desplegado desde lo profundo;
quien lo lea, que esboce una sonrisa:
me ayudará a seguir por los caminos de este mundo.

(C) Alberto Peyrano




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