LAGRIMA DE TREBOL
El trébol me mojó los ojos
con su esmeralda lágrima temprana,
miré hacia el ancho cielo y ya no estabas,
mi mano se extendió al vacío.
Me surgió sorpresivo un ronco grito
n el que sólo en su expresión cabían
mil reclamos audaces de imaginados ritos:
las sílabas amadas que te nombran,
que me hacen vibrar al pronunciarlas.
Sólo el canto de un ave respondía.
Y vagué por los árboles en loco
desasosiego, desangrando lo que aun quedaba
del yerto corazón.
Me dediqué a buscar tu transparente huella
para que me acercara a ti, sin que supieras,
y encontré mil senderos, que alejaron
tu puerto, de mis ansias y deseos.
Ciego ya, agonizante,
me acostumbré a desplegar en cada tarde
el repertorio breve de tu imagen,
vistiéndola de tanto en tanto, a solas,
con el eco de tu verbo compulsivo.
Y desandé en las noches el sendero
que alguna vez nos tuvo sobre el trébol.
Hoy que ya de los bosques
no queda sino un ceibo florecido,
me paseo entre leños y recojo
los necesarios para mi martirio.
La sombra de aquel trébol me acompaña,
mientras me ubico lento en la alta pira.
No es necesario lumbre ni yesquero.
Con sólo un gesto, certero y decidido,
arrojaré a mis pies mi corazón transido
y el fuego del final llegará al cielo.
(C) Alberto Peyrano
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