El peor Jefe de grupo
Mario Arribas
Marzo 2009



Hace muchos años que lo conocí; la primera impresión que tuve de el fue bastante agradable. Me pareció un tipo bastante simpático, muy culto y fácil de tratar. Un tipo con el que vale la pena entablar una amistad.

Nos conocimos en un momento en que él necesitaba un jefe de tropa y yo había renunciado recientemente a una tropa en otro grupo; por lo que su oferta de ingresar en su grupo me cayó como anillo al dedo.

Al poco tiempo de aceptar el cargo que él me ofrecía empecé a conocer algunos de los aspectos mas oscuros del grupo. La tropa estaba compuesta por solamente dos muchachos, uno de los cuales era su hijo. No había mas unidades scout. No había comité de padres ni consejo de grupo; no había plan anual, ni trimestral, no habían objetivos mensuales ni metas semanales. En fin, el grupo era solo un nombre y un pañuelo.

Nos reuníamos en los Sábados en la mañana en el Parque del Este, y en el mismo sitio, por la tarde se reunía otro grupo. Muchas veces la ceremonia de clausura de nuestro grupo era presenciada por integrantes del grupo de la tarde, quienes estaban esperando para empezar su reunión izando su bandera en la misma asta donde nosotros habíamos arriado la nuestra.

Esa cercanía con “los de la tarde”, hizo que nos conociéramos y que empezáramos a conversar y a compartir ideas. Resultó que “los de la tarde”, en su totalidad habían sido hasta hacía poco tiempo, parte de nuestro grupo. Todos sus dirigentes habían ocupado los mismos puestos en el grupo “de las mañanas”, todos sus padres y representantes también. Todos los muchachos de sus seis unidades bien repletas, compactas y completas habían sido scouts en mi grupo; hasta las patrullas con sus banderines habían formado parte de la que ahora era mi tropa. TODO el grupo había renunciado y formado un grupo aparte, en el mismo terreno, pero por las tardes. El único que no había renunciado era el Jefe de Grupo, mi jefe de grupo.

No pasó mucho para que gracias a su ejemplo aprendiera lo que un Jefe de Grupo no debe hacer.

El cargo de Jefe de Grupo es de mucha importancia para la estructura del escultismo venezolano; en otros países no existe sencillamente porque no es necesario según la estructura de la organización de esos países, que por cierto son los que tienen mayor número de recipientes del sistema; pero ese es otro cuento.

El JG es una persona, ante todo madura, con un alto concepto de la responsabilidad y una gran vocación de servicio. Debe ser un buen organizador, y poseer un don de conciliación efectivo. Su personalidad debe ser tal que sin mucho grito ni gesto, se haga sentir e imponga respeto. Debe creer sin lugar a duda en los beneficios del escultismo correctamente aplicado, y por ello debe velar por su correcta aplicación.

Debe presidir las reuniones del Consejo de Grupo, y servir como vínculo con los padres, patrocinadores e instituciones que hagan vida con el Grupo Scout. Debe ser un gerente con capacidad para delegar con gran atino en sus subordinados y ayudantes.

Debe reconocer la autonomía operativa de las unidades, siempre y cuando estén enmarcadas dentro de un plan común a todo el grupo. Jamás se inmiscuirá en las actividades de las unidades, a no ser que su participación este incluida dentro del programa de las mismas; o deba intervenir una unidad como ejecutor de una decisión del Consejo de Grupo. Jamás desautorizará a los dirigentes frente a sus unidades.

Nunca pretenderá proclamarse como el rey o dueño del grupo, ante quien todos los miembros deben rendir pleitesías. Se definirá como un apasionado servidor del grupo, quien procurará por todos los medios posibles satisfacer las necesidades de las unidades, brindándoles los medios para poder ejecutar sus programas de la mejor manera posible.

Nadie conoce mas las necesidades del grupo, que el Consejo de Grupo; es por eso que no permitirá que el Distrito, la Región o la Asociación alteren los planes exclusivos del grupo, o que logren las metas y objetivos establecidos de antemano, dentro del marco en el que la Asociación dio la concesión de operación al grupo.

El JG es una persona comprometida con el adiestramiento, pues cree que es en las sesiones de capacitación donde los dirigentes bajo su responsabilidad reciben las herramientas para hacer un trabajo pedagógico de excelencia. Apoya a todos sus dirigentes y procura los medios, para que todos ellos participen en la mayor cantidad de sesiones de adiestramiento posibles según el cargo que cada uno desempeña.

Mi jefe de grupo duró muy poco tiempo en el cargo después que yo entré al grupo, pues al sufrir en carne propia lo que mis antecesores habían sufrido, le pedí la renuncia, y el grupo comenzó a crecer.












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