SEGUNDO ESCOLLO
VINO
El lado sombrío de
este escollo es la tentación de acabar con la propia felicidad por darse gusto a
uno mismo.
El lado luminoso es
el hecho de que, sobreponiéndose al propio deseo, se fortalece el carácter y se
le da un gozo más elevado a la propia vida.
Condescendencia.
La copa entre
comidas es un lujo peligroso.
La tentación de
condescender con un amigo, es el primer paso para la bebida.
El borrachín
solitario se convierte en un disipador.
Los borrachos son
un peligro para el Estado.
La prohibición no
es necesaria en un país cuyos hombres tienen carácter.
La fuerza del
ejemplo.
El fumar demasiado
es un peligro para la salud, como lo son otras formas de condescendencia, tales
como:
Comer demasiado.
Dormir demasiado.
Trabajar demasiado.
La salud física
trae consigo el control de sí mismo y una larga vida.
El decir malas
palabras es signo de carácter débil.
Dominio de sí
mismo.
La fuerza de
carácter es el antídoto de la condescendencia.
El ejemplo del
general Nogi.
El control de sí
mismo es el mayor rasgo de carácter.
Los hábitos y los
pensamientos pueden ser dominados.
La lealtad hacia
uno mismo es tan importante en la formación del carácter como la lealtad hacia
los demás.
El respeto de sí
mismo trae consigo el respeto hacia los demás.
La vergüenza
convierte al hombre en un paria.
La autosugestión
puede curar la tentación de la condescendencia.
Cómo Tommy Tomkine
desafió la muerte.
Lo que otros han
dicho sobre el asunto.
Sacudíos la
tentación.
VINO
"¿Vino?"
El coronel Yervers
jamás intentó dejar de ingerir vino o alguna clase de alcohol.
En una ocasión en
que no podía conseguir licor se bebió un pulidor para muebles. El doctor le
preguntó: "¿Quiere usted decir que no pudo conseguir agua?"
A lo que el coronel
le replicó: "Mi estimado señor, usted no debe haber tenido jamás verdadera sed,
si no, usted sabría que ésa no es ocasión para pensar en lavarse."
El tercer
vaso
¿Vino? Me gusta un
vaso de buen vino por su sabor, su color y lo refrescante que es.
Igualmente me gusta
un vaso de cerveza o uno de sidra. Pero por una u otra razón un segundo vaso no
me atrae tanto como el primero, el sabor ya no es el mismo que el del primero,
pues carece de la novedad de éste y el principio de apetito ha sido ya
calmado.
Por lo que hace al
tercer vaso, el hombre inteligente sabe que en él hay "veneno"; los azúcares y
otras sustancias químicas contenidas en los licores no le hacen a nadie
provecho. Me imagino, por ejemplo, que muy pocas personas se dan cuenta de cómo
el beber demasiada cerveza produce callos y que el vino de oporto ayuda a
desarrollar la gota.
Es el tercer vaso
si no es que el segundo el que lo pone a uno fuera de condición para correr o
para cualquier otro ejercicio, por tanto, un joven debe fijarse en esto.
En mi regimiento
nosotros trabajábamos sobre la base de que los oficiales y las clases siempre
guiaban a sus hombres por el ejemplo más que por las órdenes, y sobre esta base
yo podía asegurar que uno o dos de mis sargentos eran demasiado anchos de
cintura para poder montar y desmontar sus caballos con la rapidez que debían
hacerlo para enseñar a sus hombres.
Por tal motivo,
hice la advertencia de que en tres meses un oficial o clase, cuya circunferencia
le impidiera ser ágil para ocupar el puesto sería cesado, y por tanto en aquel
lapso debería perder algo de su grasa superflua.
Pero mi crítica era
también constructiva, pues sugerí que esto podía realizarse por medio de más
ejercicio diario y menor cantidad de cerveza obscura.
Los resultados
fueron sorprendentes y enteramente satisfactorios. Era el tercer vaso el que
estaba causando el daño. Pero el tercer vaso hace algo peor que esto, conduce al
cuarto y al quinto y al "ssssexto", y entonces comienzan las dificultades. y el
saturarse y el tener que agarrarse a los postes de la luz y el preguntar: ¿Es
esto un día de Navidad o es la calle Picadilly?"
La copa
entre comidas
Conocí un
maravilloso ingeniero muy capaz, en verdad un genio en su profesión: ahora sería
un hombre famoso si no hubiera sido, como él lo decía, el hombre de los "veinte
minutos", es decir que él nunca dejaba pasar ni más ni menos de veinte, minutos
entre sus copas.
Esto me recuerda un
viejo almirante americano muy querido para mí. compañero de mis mocedades, a
quien, cuando yo ofrecía un vaso de algo, me decía: "No señor, yo nunca bebo
entre mis comidas".
Y esto me lleva al
punto de que es precisamente la copa entre comidas la que ocasiona el daño. Si
solamente se bebiera licor en las comidas, pienso que no habría borrachera y
habría más salud.
Volviendo a mi
regimiento (os advierto que antes de terminar este libro estaréis aburridos de
"mí y de mi regimiento". Pero yo sólo deseo el proporcionaras hechos
experimentados para que os sirvan de guía al navegar entre estos "escollos" y
por tanto debéis perdonarme), yo permití a mis hombres, contra el reglamento,
tomar cerveza con su almuerzo y con su cena caliente que era una institución en
el regimiento.
Como consecuencia
la bebida en la cantina fue decreciendo en tal proporción que en cierta ocasión
tuve que regalar un par de guantes blancos al mesero porque durante todo el día
ni un solo hombre había entrado en la cantina.
La
camaradería es el primer paso de la tentación
Un bien
intencionado trataba de hacer ver a un borracho su error y hacerlo un hombre
mejor, pero el bebedor lo interrumpió repentinamente con esta frase: "Habláis
como si nunca hubiéseis estado borracho".
"Entonces, ¿qué
sabéis de ellos? No me prediquéis, id y emborracharos y aprended algo acerca de
esta tentación y la alegría que produce. Y entonces predicad."
Pues bien, existe
cierta tentación acerca de ello, especialmente si se deja uno llevar por lo que
hacen los demás. Me supongo que la mitad de los hombres que le tienen afición a
la borrachera, han sido llevados a ella, en primer lugar por la camaradería, y
eso que se supone es buena amistad con otros. Un joven al salir al mundo siente
que debe hacer lo que hacen los demás para demostrar que es uno de ellos: "Uno
de los muchachos".
Nueve de diez
muchachos principian a fumar por esta sola razón: porque los crean muy hombres.
Si un muchacho creciera, digamos en un rancho donde los hombres fueran
abstemios, pero en donde el tabaco y el whiskey pudiera conseguirlos si lo
deseaba, no creo que se le ocurriera por propia iniciativa hacer uso de ellos.
Ambos son muy desagradables para el principiante, y el aficionarse a ellos es en
gran parte "porque los otros lo hacen".
Es muy difícil
cuando uno se encuentra en compañía de otros amigos en una cantina, abstenerse
de tomar un trago y después de obsequiar otro en correspondencia, y esto conduce
al sexto vaso, a la hilaridad y a la camorra.
Bien sabe Dios que
yo no objeto el buen humor, la alegría y el armar un zipizape ocasionalmente.
Esto es natural en los jóvenes aún sin la ayuda del alcohol. Más de una vez yo
he gozado con esto y haciendo el tonto hasta el grado de sentirme ahora
avergonzado si no reconociera que esto forma pacte de la naturaleza de la
juventud.
Pensad que yo
alguna vez practiqué el juego de "Los saltimbanquis musulmanes". ¿ Lo
conocéis?
Pues bien, consiste
en amontonar todos los muebles de un cuarto formando una pirámide, con las patas
de las sillas hacia arriba y colocar una mesa sólida enfrente de la pirámide.
Cada competidor, por turno, corre a la mesa, da sobre ella un salto mortal y cae
sobre la pirámide gritando: "Yo soy un saltimbanqui musulmán". Por vida mía que
ahora no puedo ver en dónde está la diversión de tal juego; pero entonces sí que
se la encontraba. Esto indica la clase de tonto que es un joven. La diversión
que entraña representar a un saltimbanqui musulmán es, sin embargo. totalmente
diferente de la falsa hilaridad que produce la bebida y ésta por tanto no es
necesaria para que se divierta un joven. En verdad se puede divertir tan
ruidosamente o más y efectivamente sin ella.

Un saltimbanqui
musulmán.
Además de la
camaradería como tentación para la bebida, hay una individual más potente que
consiste en tratar de olvidar las penas morales o materiales "ahogando los
pesares con una copa de licor".
La mala suerte en
los negocios, la depresión causada por la enfermedad o el desengaño, un hogar
desgraciado, un ambiente triste, todo esto induce al hombre a buscar un refugio
en calentar su garganta y adormecer su cerebro. Pero no es buen negocio. El
borracho dirá: "está bien predicar, pero, ¿qué ha de hacer uno? Después de todo
es una manera fácil de obtener un momento de olvido, o por lo menos aturdirse,
¿por qué no lo ha de hacer uno?
Pues, porque eso
conduce al desgraciado que lo intenta a la ruina moral y espiritual. Con la
bebida se pierde el control de la voluntad y la energía, que son los dos pilares
del carácter.
Una vez que se
adquiere el hábito de la bebida o lo que es peor, el de las drogas, la
oportunidad de ser feliz en este mundo ha desaparecido para aquel hombre. Con la
salud arruinada, disminuida la capacidad para el trabajo, se cede a otras
tentaciones que se presentan a los que han debilitado su carácter; entonces se
cae en la miseria y en el crimen, ya que es imposible en tales condiciones tener
dominio sobre uno mismo. Cada vez el individuo se hunde más, su existencia es
más ruinosa, se convierte en un inútil y en un desecho de la sociedad hasta que
la muerte viene por fin a sacarlo del mundo de los vivos.

El hombre de cabeza
bien puesta que tiene carácter no se deja llevar por lo que hacen los demás y
sabe dónde detenerse. Son los tontos los que forman las masas y se dejan
conducir por el resto o por sus pasiones; no tienen el valor de "enfrentarse a
sus penas".
Donde existe un
grupo de estos individuos -y no hay una cantina de los barrios bajos donde no
exista un grupo de esta naturaleza- su ejemplo se propaga y se convierte en la
enfermedad del rebaño. Arruina la salud, disminuye la capacidad para el trabajo,
echa a perder el genio de una porción de la población y en esa forma reduce la
felicidad general y la prosperidad de todos.
Hace miserables los
hogares de los cuales aquellos hombres son responsables; destruye en el
individuo el respeto de sí mismo, su virilidad, su poder para pensar, en una
palabra, su carácter.
Y todo esto
constituye un peligro para el Estado.
Una comunidad donde
hay un número de estos individuos débiles, tontos, que no piensan, es una presa
fácil para los proyectos descabellados de los agitadores que pueden conducir
fácilmente de una oreja a tal rebaño.
Para constituir una
nación fuerte y respetada, es necesario que sus hombres sean hombres de
carácter.
La
prohibición es innecesaria para los hombres de carácter
En algunos países,
este peligro lo reconoce el Estado y se decreta la prohibición con respecto a la
bebida.
Tomando en
consideración la enorme cantidad de dinero, de tiempo y de salud que se
desperdicia, y las propiedades que se pierden por la bebida, solamente unas
cuantas personas se oponen a que la tentación sea quitada de en medio, aún
cuando no siempre todos están de acuerdo en la forma de hacerlo.
En los países
mahometanos, la religión, que tiene dominio sobre la masa del pueblo, prohibe la
bebida. En otros países, es la ley la que lo prohibe. Pero lo malo de esto, es
que induce a mucha gente a burlar la ley.
La prohibición
acabaría con este vicio, pues las nuevas generaciones no tendrían la tentación,
pero en cambio se haría un perjuicio, ya que burlar la ley en una dirección casi
seguro alienta a burlarla también en otras direcciones.
Sin embargo, lo
peor de la prohibición, es que ofende al sentido de libertad y de hombría de
todo el pueblo, el que prefiere reformarse interiormente y no ser obligado por
reformadores aún cuando éstos sean muy bien intencionados.
Cuando Sir Robert
Stout recientemente dijo que el licor era un lujo del cual muy bien podríamos
prescindir, la señorita Gaunt le contestó’ "sí, yo creo que lo podríamos hacer,
lo mismo que los bolcheviques consideran las camisas de dormir como un lujo
innecesario".
La reforma vendrá y
creo que de hecho ya en muchos lugares existe, produciendo mucho mejores efectos
por el respeto de sí mismo y la fuerza de carácter del pueblo.
A los individuos no
les gusta ser tratados como niños, pero cuando se dan cuenta de lo feo que es
beber y lo dañino que les resulta para su trabajo o para su deporte favorito y
piensan que hay en la vida otras formas mucho mejores de diversión, no son tan
tontos para emborracharse.
Si uno lanza una
mirada retrospectiva en su propia existencia, ve uno la diferencia que ahora
existe con respecto al pasado.
Cuando yo me
inscribí en el ejército, era común y corriente que los soldados y aun los
oficiales, se emborracharan los días de fiesta y nadie pensaba mal de ellos. Hoy
día, si un oficial de un regimiento correcto se excede del límite de la bebida,
se le dirá que no lo haga y si lo repite, muy pronto será dado de baja.
Ahora puede uno ver
un regimiento embarcándose rumbo al exterior con la asistencia total de sus
componentes, todos ellos en sus cabales y bien presentados como si fueran a
tener un desfile, mientras que en años anteriores, muchos no se presentaban y de
los que se presentaban la mitad tenía que ser ayudada, sino es que habría que
cargarla, para poderse embarcar.
Los sábados por la
noche, en los centros fabriles era usual ver las calles llenas de borrachos,
mientras que ahora la gente pasea feliz y casi no se ve ningún borracho. La
gente ha fortalecido su carácter, los, barrios han sido mejorados y todo ello
está dando buen resultado aún cuando todavía hay un campo inmenso que
desarrollar.
Yo espero que la
generación actual de jóvenes sea mejor. Las guerras han contribuido para abrir,
los ojos de los jóvenes, haciéndoles ver la vida con más seriedad.
Los hombres del
presente desean ser más varoniles, desean ser más capaces para sus deportes, su
trabajo o para el servicio a la comunidad, y se dan cuenta de que para tener
éxito tienen que alejarse de la bebida que les hace perder tiempo, dinero y
salud.
Aceptar el reto es
dar ya un paso, pero sólo constituye una ayuda para los caracteres débiles. Los
individuos fuertes verán de frente el problema y resistirán a la tentación que
se les presente afirmando su libertad en contra de la tiranía que el vicio
representa.
La prohibición es
innecesaria en un pueblo de hombres de carácter. Las generaciones venideras se
encargarán de su propia regeneración.
La fuerza
del ejemplo
Siento un gran
respeto por la opinión de un crítico honesto y sencillo, habiendo encontrado que
los salvajes del Africa y de las Islas del Pacífico, son críticos sencillos y
honestos y muy buenos para juzgar el carácter.
Entre estas gentes
he escuchado siempre el mismo veredicto: "Si un hombre blanco inglés dice que
pagará las mercancías que nos compra, seguro que paga, pero no sucede lo mismo
con todos los hombres blancos."
Tal es nuestra
reputación y por eso mismo estamos obligados a conservarla.
Pero aún "el hombre
blanco inglés" me temo no siempre haya sido un ejemplo, y esto es lo que
dificulta el trabajo de nuestros misioneros.
Me acuerdo que la
anciana reina madre de los "swazis" nos decía hace algunos años, cómo los
misioneros habían Ilegadó y les habían explicado a ella y a su pueblo las
bendiciones del cristianismo y cómo bajo su influencia benéfica los hombres eran
honestos y rectos en sus tratos; sobrios y veraces, y caritativos con sus
semejantes.
Fue por eso que su
pueblo recibió con los brazos abiertos a los comerciantes y colonos blancos,
donándoles tierras y ayudándoles a construir sus casas.
Pero más tarde se
encontraron con que en vez de ser agradecidos y ayudar a todos, solamente se
ayudaban entre sí. Tomaban el ganado de los nativos, prometían pagarlo; pero
luego solamente les daban golpes y algunos peniques. Importaban "whisky" en gran
cantidad para beberlo ellos y ginebra para que la bebieran los nativos.
La anciana reina
nos dijo cómo sus guerreros le habían pedido permiso para matar a aquellos
insidiosos destructores de su nación y cómo ella se sentía inclinada a
concedérselo. Había perdido la fe en una religión que profesaba una cosa y
practicaba lo contrario.

"Los misioneros predican la sobriedad,
pero los hombres blancos practican la borrachera. Nosotros sostenemos a los
misioneros, ¿pero no podrías obsequiarme siquiera una caja de ginebra?"
Era imposible no
estar de acuerdo con ella; pero se sobrepasó cuando íbamos a despedirnos
pidiéndonos que le dijéramos de nuevo si estábamos de acuerdo con ella, y cuando
nosotros afirmamos con fuerza que sí lo estábamos, nos pidió que, para confirmar
nuestro dicho, le regaláramos una caja de botellas de ginebra. Tal es la fuerza
del ejemplo.
Tabaco
He insistido
bastante en la bedida porque ésta ha demostrado ser causa de muchos crímenes,
enfermedades y miseria, y por tanto es un gran peligro tanto para el individuo
como para el Estado, y estando nosotros en busca de la felicidad y del éxito es
éste un escollo que a toda costa debe evitarse.
Existen otras
formas de complacencia consigo mismo, de las cuales los jóvenes deben precaverse
pues éstas también son un obstáculo para la felicidad.
Fumar es un peligro
para el niño. Me espanta el número de cartas que he recibido de muchachos y de
los padres de éstos dándome las gracias por la advertencia que he hecho, de
cuando en cuando, acerca del veneno y de otros males que el tabaco guarda para
los muchachos.
He aquí una de las
últimas cartas que he recibido sobre la materia.
Alguien me preguntó
por qué se ordena a los Scouts no fumar; mi respuesta fue que "no existe tal
orden; pero que todo Scout sabe que un muchacho que fuma es un tonto y nosotros
sabemos en nuestro Movimiento que 'ningún Scout es un tonto' ".
¿Por qué
necesariamente ha de ser un tonto el muchacho que fuma? Ya he dado las razones
en un capítulo de Escultismo para muchachos. Una de esas razones es ésta:

"Ningún muchacho
principia a fumar porque le guste, de hecho, al principio le repugna, pero lo
hace por parecer hombre, y lo único que consigue es que lo consideren un
asno".
He recibido una
carta de una persona que ha estudiado el asunto desde el punto de vista de los
trabajadores y en ella se dice lo siguiente: "Más de la mitad del descontento
actual, la flojera y la falta de virilidad de parte de nuestros trabajadores
jóvenes, es causada por el exceso del tabaco, especialmente de los
cigarros.
"Si pudiéramos
persuadirlos de que no fumaran ni bebieran hasta que fueran mayores de edad,
obtendríamos una buena mejoría en la raza. Yo puedo demostrar que casi todos los
jóvenes que fuman se sienten a disgusto, son flojos y no pueden dedicarse al
trabajo, carecen de interés y ambición, son nerviosos y no tienen ánimo".
"Este es uno de los
males que actualmente padece el país y causa del desempleo entre los
trabajadores jóvenes".
"Digo esto para
hacer ver a los jóvenes que por bien de ellos mismos no deben fumar".
Pero aún existe
otra razón para no fumar, que se aplica también a las personas mayores. y que
muchos olvidan, y es que el fumar afecta a los demás.
Muchos hombres, y
la mayoría de las damas no soportan el humo del tabaco, y muy especialmente el
olor que les queda en sus ropas después de haber estado entre fumadores.
Naturalmente que sienten pena de hacer objeciones y tienen que soportar en
silencio el malestar que les causa. Un hombre que tenga en sí algo de
caballerosidad, guardará su pipa para una ocasión más propicia.
Me parece que los
cigarrillos los fuma el vulgo, los impacientes, los inconstantes; en cambio la
pipa es más individual, la fuma el individuo tranquilo que con toda calma medita
mientras lo hace.
Si fumáis
cigarrillos porque éstos son baratos, recordad que, para que sean baratos deben
estar hechos de material corriente.
He aquí lo que un
expendedor de tabaco ha dicho acerca de este asunto: "De cada seis centavos
pagados por diez cigarrillos, dos y medio recibe el gobierno por concepto de
impuesto, uno y medio el vendedor y los centavos restantes van al fabricante y
con ello tiene que pagar el costo del tabaco, la picadura, la hechura, el
empaquetado, el manejo, el anuncio, los gastos de venta, etc., y todavía obtener
utilidad."

El lépero y su cigarro
perfumando el vehículo.
Ninguno de ellos
fumaba y se reían de mí con conmiseración viéndome como a un Pietierno, mientras
yo me consideraba un hombre en toda la extensión de la palabra. Entonces me
explicaron que el tabaco iba a jugarme una mala pasada a mi vista y a mi olfato;
el sentido del olfato es inapreciable para un Scout que desarrolla trabajo
durante la noche. Así pues, decidí ahí mismo y en ese momento, dejar de fumar y
nunca jamás lo he vuelto a hacer, con lo que he ganado ciertamente en salud y en
ahorro.
Comer
demasiado
Cuando estuve
sitiado en Mafeking, todos teníamos que vivir con raciones muy reducidas y era
interesante ver cómo esto afectaba a los diferentes miembros de la guarnición. Y
los afectaba de muy distintas maneras. Algunos permanecieron casi igual, otros
visiblemente bajaron de peso y creo que uno o dos engordaron. Pero el resultado
se vio al final de los siete meses, cuando yo pedí voluntarios para hacer una
salida contra el. enemigo. Pregunté quiénes se sentían capaces de marchar ocho
kilómetros y aun cuando todos querían tomar parte en la expedición, pronto nos
dimos cuenta que sólo una pequeña porción de ellos podia aguantar una prueba tan
sencilla. Sin embargo, era evidente que los más capaces para desempeñar aquel
trabajo, eran aquellos que durante toda su vida habían sido moderados en el
comer, el beber y el fumar.
Los mismos
resultados se obtuvieron mientras duró una expedición de la que yo formé parte
en la costa occidental del África, al través de los panteones y los bosques de
Ashanti, región que popularmente se conoce con el nombre de "la tumba del hombre
blanco". Los hombres que habían vivido con dejadez y bien en su vida ordinaria,
caían como naipes. En cambio los que eran moderados en la comida y activos
fueron los que sobrevivieron. Incidentalmente, en esa expedición se descubrió
que la carne no es un alimento esencial en la dieta del hombre. Por mucho tiempo
viví exclusivamente comiendo plátanos, y aún cuando enterrado en lo más espeso
de la selva donde rara vez podíamos ver la luz del sol, y el aire tenía el hedor
de un jardín de coliflor, debido a que la vegetación se pudría en el pantano,
nunca estuve en mejores condiciones físicas durante toda mi vida, y podía
caminar 30 kilómetros al día marchando con el corazón contento y el estómago
ligero.
Dormir
demasiado
Dormir demasiado es
otra de las complacencias que rara vez toma la gente en consideración, pero los
japoneses tienen la teoría de que cada hora de sueño más de las que son
esenciales para descansar y restaurar la energía del cerebro y los músculos, es
dañina y estimula la gordura. Así pues, si un hombre se da cuenta de que está
volviéndose corpulento debe quitarle una hora todos los días a su sueño y
per contra si es demasiado delgado deberá dormir una o dos
horas extras durante unas cuantas semanas hasta que adquiera el peso
satisfactorio. Si deseáis hacer descansar vuestro cuerpo, leed un buen libro. Si
deseáis hacer descansar vuestro cerebro, jugad fútbol o salid de pesca.
Lenguaje
demasiado crudo
Otra forma común de
complacencia, pues a eso equivale, es el usar lenguaje duro. Tal cosa demuestra
la falta de dominio sobre uno mismo y aún cuando por el momento lo hace a. uno
descansar (cosa que he comprobado por mí mismo) no por eso deja de ser una
debilidad que fácilmente crece mientras más se le da rienda suelta. A uno no le
hace ningún bien y, empleado contra otros hace daño. Causa sentimiento por parte
de quien recibe la ofensa y a ratos disminuye la dignidad del que la usa. Pett
Ridge sugiere que el decir palabras duras es un gran alivio para desperdiciarlo
y que lo que debe hacerse es conservarlo para los momentos de crisis. Napoleón
dijo una vez, refiriéndose al General Lannes, uno de sus jefes que más prometía:
"El condenado de Lannes posee todas las cualidades que se requieren para ser un
gran soldado, pero nunca llegará a serlo por cuanto se deja llevar de su mal
genio al reprender a sus oficiales y considero éste como uno de los más grandes
defectos que un general puede tener".

El soldado mal
hablado.
A Lannes, el
general Marbott que era un gran amigo suyo y ayuda de campo de Napoleón, le
refirió en privado lo que éste había dicho de él. Lannes que estaba ansioso de
ser un buen general, desde aquel día se hizo el propósito de dominar su genio y
su lengua y llegó a ser Mariscal de Francia.
¿Cuántos Lannes en
los negocios habrán dejado de ascender por causa de este defecto? Un mal hablado
jamás podrá esperar ser conductor de hombres, aún cuando lo trate.
Trabajar
demasiado
es otra complacencia en la que algunas personas
incurren.
He dicho algunas,
no todas.
El editor de este
libro en inglés, el difunto Herbert Jenkins, era una de ellas. Mientras escribo
esto, tengo delante de mí una nota de él, en la que me dice que está trabajando
durante trece horas diarias y no puede abandonar Londres por una noche. Lo
conocía desde hace años y sabía que siempre hacía lo mismo. Siempre trabajó
trece horas diarias. Murió joven debido principalmente a haberse excedido en el
trabajo.
Me divirtió
bastante hace poco, el saber que un periódico había abierto una encuesta sobre
quiénes eran los tres hombres más ocupados del país y que mi nombre había sido
mencionado, junto con los de los señores Lloyd George y el Príncipe de
Gales.
No merezco esa
alabanza más de lo que la merece mi sombrero (por cierto la merezco menos que mi
sombrero; ya que éste se ha excedido en el trabajo debido a los precios de la
postguerra).
Es verdad que yo
estoy escribiendo esto a las cinco y cuarto en una mañana extremadamente fría de
invierno pero es que siempre me he levantado temprano en mi vida y que nunca
hubiera gozado ni la mitad si no lo hubiera hecho así.
Pensad que si tan
sólo añadís una hora extra cada día habréis ganado 365 horas en el año o sea
tres semanas más de vida de lo que la mayoría de vuestros vecinos habrá
tenido.
Personalmente,
calculo conseguir vivir trece meses en vez de doce cada año. Algunas personas el
tiempo extra lo colocan al final del día, cuando el cuerpo y cerebro están
cansados. No hay nada como las primeras horas de la mañana para hacer lucir el
trabajo.
El hombre que se
enorgullece de su trabajo, goza más de la vida.
Una vez hablaba con
un joven ingeniero a quien encontré trabajando durante una huelga. Le pregunté
por qué estaba ahí y me contestó con orgullo perdonable: "Ved ese trabajo. ¿No
es algo? Yo no podía dejar de hacerlo."
Se mantuvo en él
por el amor que le tenía. Hay mucha diferencia en trabajar por amor al trabajo
que hacerlo de otra manera.
El único peligro
consiste en convertirse en esclavo del trabajo y no darse uno mismo el descanso
o recreo necesarios.
Por descanso no
quiero dar a entender ocio sino cambio de ocupación. Los cambios de ocupación
que yo acostumbro varían considerablemente. Una vez, por ejemplo, consistió en
meterme en un arroyo cenagoso para extraer de él la yerba. Este trabajo me
interesaba; pero tenía mayor interés para un desocupado, que sentado en el
parapeto del puente fumaba su pipa y gozaba viéndome trabajar.
¿Habéis observado
el interés con que la multitud se agolpa en cualquiera de las calles transitadas
en Londres para ver trabajar a los operarios que remiendan el pavimento con algo
parecido a chocolate caliente? Pues bien, así estaba este individuo.

Trabajo sucio, ¿no es así,
compañero?
"¿Qué tanto le
pagan por eso compañero?"
"Ni un centavo", le
contesté.
"¡Dios me libre! ¡
Diantre de mí si lo hiciera!"
Y no lo puse en
duda ni un solo momento.
La salud
ayuda al dominio de sí mismo
Una vez tuve a mis
órdenes unos soldados, que tuvieron que deshacerse, por determinadas
circunstancias, de parte de su equipo ordinario: sus cantimploras.
Esto suena a
crueldad y los soldados así lo consideraron al principio, y no modificaron su
modo de pensar hasta que vieron que se habían evitado el peso de la cantimplora
y el constante golpeteo de ésta sobre la cadera, pudiendo marchar tres veces más
que cualquier otra tropa.
Y lo que fue mejor,
ninguno de ellos se enfermó de diarrea o tifoidea como acontecía con otros. La
razón de esto fue que cuando los soldados llevan cantimplora, generalmente se
beben su contenido hasta vaciarla durante la primera hora de marcha.
Después de
atragantarse en esa forma se ponen más sedientos y llenan sus cantimploras en el
primer arroyo o charco que cruzan, de donde pescan enfermedades.
Cualquier líquido,
especialmente alcohol, tomado entre comidas, es perjudicial para la buena
condición de un soldado. Ningún individuo, durante su adiestramiento de corredor
o boxeador podrá estar en condición si bebe alcohol, excepto en pequeñas
cantidades con sus comidas, aún cuando tampoco esto le hará mucho bien.
Una de las señales
de estar "bien" es el no sentir sed. Un individuo se acondiciona para jugar al
fútbol o para cualquier otro deporte, pues de otra manera no podría ejecutarlo,
pero parece olvidar esta regla cuando se trata del trabajo del cual depende su
sueldo y su promoción. Si el individuo se conservara en buena condición física
todo el tiempo, podría hacer mejor su trabajo y gozar dos veces más de su
descanso.
Si tiene cuidado de
evitar el beber entre comidas, vivirá 100 años.
El tío Juan
Shell
"El año pasado el
tío Juan Shell regresó a su casa y se encontró con que su mujer había muerto.
Los parientes de ella la habían enterrado y decidido que su hijo, de siete años,
debería irse con ellos, El tío Juan protestó enérgicamente; pero aquellos se lo
llevaron. Al ver esto, el tío Juan fue a su casa, tomó su rifle de chispa, que
él mismo había construido hacía más de cien años y montado en su mula se dio a
perseguir a los raptores. Alcanzó a su suegro en el camino y con el rifle lo
obligó a entregarle al niño."
"¡Ciento treinta y
dos años tenía el tío Juan y todavía le sobraba energía para pelear!’
Si, no es una
equivocación. De acuerdo con la reseña auténtica publicada en el
Landmark en 1920, el viejo Juan Shell nació en Koxville el 3 de
septiembre de 1788 y todavía vivía y estaba fuerte. El hijo que figuró en la
reseña tenía siete años, pero su hijo mayor tenía más de 90 y él tenía 27 hijos
entre estos dos. El más viejo de sus hijos era agricultor y daba esta receta
para vivir mucho:
"Trabajar fuerte,
pero no demasiado. Demasiado trabajo es tan malo como muy poco. Tomar todos los
días el alimento y el sueño que necesite el cuerpo y además un poco de
diversión."
Pero jamás había
bebido nada más fuerte que el agua.
Diversiones
Una forma pequeña
de "diversión" que algunas veces me permito, después de un día largo en la
oficina o en comités, me voy -por favor no lo digáis a nadie- a un cinematógrafo
o a un teatro de vodevil.
Sé bien que las
gentes respetables dirán que eso es degradante. Pero ¿qué quieren ustedes?, no
lo puedo evitar. No hay nadie que sea perfecto.
He recomendado un
cambio activo de ocupación como la diversión más adecuada y no tengo defensa al
permitirme ocasionalmente un poco de diversión pasiva consintiendo que otros me
diviertan.
Cuando voy al cine,
caigo en un estado de somnolencia muy descansado al que me conduce la película
que pasa ante mi vista y si es un argumento malo como con frecuencia sucede,
entonces tranquilamente me duermo. Ahora es distinto, con el nuevo tipo de
cinematógrafo no es posible dormir, hablan demasiado.
En el género de
vodevil prefiero al ciclista y al malabarista y no al excéntrico. Una buena
dosis de risa me hace el efecto de un baño para el cerebro.
Al mismo tiempo no
puedo negar que durante tres cuartas partes de la función, me aburro
soberanamente con la cantante, con la suegra y con las palabras de doble sentido
que usan los actores que no pueden hacer reír con méritos auténticos de
humorista.
Si la diversión en
estas salas fuera realmente sana y graciosa, el público concurriría más y los
empresarios también ganarían mas.
Es verdad que hoy
día las damas pueden ir a los teatros de vodevil, los que antes les estaban
vedados por las canciones y palabras indecentes que ahí se usaban.
La gente de hoy día
es más sana de mente de lo que era antes y toca a vosotros, la generación de
jóvenes, el continuar esa mejoría aun cuando no sea sino por respeto a vosotros
mismos.
Hay otras muchas
debilidades y puntos de complacencia a los que no me he referido aquí; pero que
vosotros los conocéis por vosotros mismos estudiando cuidadosamente vuestro
carácter y vuestras costumbres. Muchos de ellos ni siquiera los sospechábais
hasta ahora, pero cuando los descubrís por vosotros mismos, en vez de que
alguien os los señale, veréis la necesidad y la forma de corregirlos.
He señalado varios
de ellos en el último capítulo, junto con sus antídotos.
Manera de
rodear el escollo
Ya véis que este
escollo denominado "vino" que se atraviesa en vuestro camino, no es otra cosa
sino complacencia. Con esto quiero decir el dejarse llevar por
sus inclinaciones, ya sea hacia la bebida, el tabaco, la comida o cualquier otra
forma de voluptuosidad. La complacencia puede traducirse en ruina individual y
daño a la comunidad. En mucho se debe a que la gente se deja llevar por lo que
hacen los demás, cerrando los ojos al peligro. Pero con tos ojos abiertos y
remando uno su propia canoa, controlándose a sí mismo, se puede navegar con
seguridad al lado bueno del escollo, adquiriendo con ello la firmeza de carácter
necesaria para precaverse de otras tentaciones a que es uno conducido por la
propia debilidad.
Y esto ayuda a tener
éxito.
Dominio de
sí mismo
Son varios los
ingredientes que forman el carácter. La clase de carácter a la que yo me refiero
es la que hace que un hombre sea realmente hombre o aún mejor,
un caballero.
De estos
ingredientes el primero es dominio de sí mismo. Un hombre que
puede dominar su ira, su miedo, sus tentaciones, de hecho todas sus
inclinaciones, excepto su conciencia y su vergüenza, ese hombre está en el
camino de ser caballeroso.
Por "caballero" no
quiero decir esos pedantes que usan polainas, monóculo y tienen dinero; sino un
"hombre limpio", un hombre en cuyo honor puede uno descansar tanto en la
adversidad como en el triunfo y que siempre hará tratos correctos, será
caballeroso y servicial.
Dominio de sí mismo,
es un punto en el que los británicos, por regla general, son fuertes. Somos tan
inclinados a ocultar nuestros sentimientos, que los extranjeros con frecuencia
juzgan que no somos observadores ni sentimos conmiseración, pero nos conceden
que se puede depender de nosotros porque generalmente conservamos la cabeza en
los casos de emergencia.

Ya esto es algo de cualquier manera, pero creo que todavía se puede hacer
más con el dominio de sí mismo. Este ciertamente lo capacita a uno para resistir
con éxito a las tentaciones.
Es algo que puede
ser cultivado y que debe ser cultivado por todo aquel que quiera tener
carácter.
Algunas personas, se
ríen de la Ley Scout porque dice que cuando un muchacho se encuentra en apuro,
peligro o dolor, debe tratar de sonreir o de silbar y esto hará que cambie su
situación.
Y, sin embargo, no
conozco a nadie que, después de haber ensayado este consejo, no esté de acuerdo
con la idea.
No cabe duda que
produce el efecto deseado y que también, entre más se practica, más se
desarrolla convirtiéndose en un hábito y es por tanto parte del propio
carácter.
Una vez tuve que
arrastrarme por un campo cubierto de maleza de espinas, persiguiendo a un león
que trataba de cazar. Me encontraba en un trance mortal, pero mi rastreador zulú
estaba muy pendiente y había planeado que si nos atacaba el león, él me cubriría
con su escudo. Aún cuando temía yo al león, más temía yo la pretensión de mi
zulú. Así pues, me arrastré, y puedo deciros que sentí un gran consuelo: después
de cierto tiempo, nos dimos cuenta que el león había huido en otra direccion.
El plan
era muy sencillo, especialmente para el león.
Sucedió que en otra
ocasión, en la India, me ví obligado a repetir el acto, esta vez con un puerco
espín. Habíamos estado tratando de cazarlo a caballo y con lanzas, habiendo
logrado herirlo seriamente antes de que se pudiera esconder en un lugar donde la
maleza era sumamente espesa y de donde sus perseguidores no podíamos
desalojarlo.
Atravesaron el lugar
haciendo mucho ruido, pero salieron al otro extremo anunciando que no se
encontraba ahí.
Sin embargo,
nosotros sabíamos que sí estaba ahí, pues habíamos cuidado bien todas las
salidas.
Habiendo ganado a
muy poco costo reputación en esa clase de juegos, tuve que apearme del caballo e
ir con los que hacían la batida, estimulándolos en su empresa.
Seguramente que lo
encontramos, o mejor dicho, él me encontró a mí. En el centro de la espesura,
escuché de repente un ruido y un gruñido, al tiempo que la bestia se lanzaba
desde su escondite sobre mí. Tenía mi lanza preparada de tal manera que en el
ataque él se lanzó derecho sobre ella, clavándosela en medio del pecho; pero la
fuerza con que se me abalanzó me hizo caer sobre mi espalda, conservando, sin
embargo, bien asida la lanza, lo que me permitió retenerlo a suficiente
distancia, para impedirle abrirme en dos el pecho con sus púas.
Bien que trató de
hacerlo con gran empeño, empujándome más y más contra el suelo, pero pude poner
la cacha de la lanza en el piso a un lado de mí y así contenerlo.
Los demás de la
batida, hombres fuertes, trataron de ganarse los unos a los otros en llevar la
noticia fuera de la maleza a los otros cazadores, diciéndoles que yo había sido
muerto. Estos vinieron corriendo y trayendo consigo sus lanzas con las que por
fortuna pronto dieron fin al señor puerco, evitando que me siguiera prodigando
sus atenciones.
Sin embargo, después
de algún tiempo, a pesar de lo atormentador que era aquel recuerdo, fuimos poco
a poco tomándole gusto a la emoción que proporcionaba este método de terminar la
lucha, por lo que cada vez que heríamos a un puerco espín, nos apeábamos de los
caballos y le haciamos frente a pie.
Me imagino que de
haber habido muchos dragones alrededor de San Jorge en su época, le habría
gustado, después de haber tenido éxito en su primer encuentro, el tomar la
muerte de dragones como una diversión de todos los días.
Si uno se domina a
sí mismo, y se obliga a hacer frente a una dificultad, o a un trabajo que parece
peligroso y tiene éxito, la siguiente ocasión le será más fácil vencer.
El dominio sobre si
mismo, no solamente lo capacita a uno para dominar sus malos instintos sino que
le da dominio hasta sobre sus pensamientos.
Y es un punto de
importancia vital para la felicidad.
Forzáos siempre a
ver el lado bueno que tiene hasta aquello que parece más oscuro, y veréis que os
es más fácil, llenos de confianza, enfrentaros a los prospectos
difíciles.
La ansiedad es un
pensamiento deprimente, pero una vez que se le domina, y se le puede sustituir
por una esperanza brillante, jamás habrá necesidad de beber para tener valor o
para olvidar
La gran ventaja que
se saca de la práctica del dominio de sí mismo, es la habilidad que se obtiene
para poder alejar los pensamientos desagradables y sustituirlos por otros que
satisfagan y sean alegres.
Si os tomáis la
pena, podéis cultivar este hábito de cambiar la célula del cerebro que está
dando lugar a los pensamientos desagradables, por una nueva célula que contenga
buenos ideales.
En esta forma os
podréis convertir en hombres nuevos.
La
autodisciplina del general Nogi
El célebre general
japonés Nogi, explicó una vez delante de mí, cómo se había adiestrado en el
dominio de sí mismo y en valor. Era un asunto de autodisciplina. Al principio de
su existencia él era un joven débil con disposición nerviosa pero tenía tal
voluntad, que reconoció su debilidad y determinó conquistarla.
Cada vez que él
tenía que enfrentarse a una situación que no le gustaba o que le causaba temor,
por principio se forzaba a hacerle frente, repitiendo esto cada vez que se le
presentaba la oportunidad, hasta que al final vencía su debilidad.
Así pudo
eventualmente libertarse de la tiranía del temor. Se convirtió en el jefe más
audaz y el soldado más intrépido de su época.
Cuando a su hijo lo
mataron en combate, no dio la menor muestra de pena por no causar depresión
entre los demas. Sin embargo, no por eso dejaba de sentir profundamente esa
muerte.
Cuando murió su
emperador, pensó que como sirviente fiel que él era, no debería seguir viviendo
y se mató por propia mano cortándose el estómago.
Maravilloso ejemplo
de dominio de sí mismo sobre el miedo y el dolor.
El control
de sí mismo es lo que caracteriza al caballero
"Una multitud en
Londres es excepcionalmente educada. Puede permanecer durante horas enteras
viendo en silencio cómo una enorme caja fuerte es elevada hasta el último piso
de un gran edificio. He dicho en silencio, es decir, sin tratar de dar consejo a
los que están trabajando. Gran ejemplo de dominio de sí mismo.
Es esto lo que Pett
Ridge dice sobre el dominio de sí mismo, y cómo contribuye éste a los buenos
modales.
El, viejo William de
Wykeham declaró hace tiempo que "los modales caracterizan al hombre" y estaba en
lo justo. Un hombre de verdad, es cortés; es decir, muestra deferencia, simpatía
humana y buen humor sin límites.
Eso es lo que
constituye un caballero y con verdad he oído decir que lo mismo de difícil es
ser caballero para un duque que para un albañil.
Acostumbraba a jugar
polo contra cierto equipo que tenía un buen jugador, pero éste tenía su lado
flaco: no era un caballero, tenía muy mal genio.
Nadie podía tropezar
con él o detenerle el mazo en el momento en que iba a darle a la pelota (las dos
cosas permitidas en el juego); perdía el control y con él la cabeza para el
resto del juego, convirtiéndose en algo enteramente inútil para su
equipo.
Pues lo mismo sucede
en una discusión o debate, si el adversario no puede dominar su genio, uno lo
tiene a su arbitrio, esto es, siempre que uno sí pueda controlar el suyo.
Con frecuencia se ve
esto en la sección de correspondencia contensiosa en los periódicos.
Generalmente el hombre que con facilidad se enoja y escribe al periódico, da
señal de poco cerebro. Demuestra tener el espíritu de los niños que en cuanto se
pelean exclaman, "ya verás, se lo voy a decir a tu mamá, no vuelvo a jugar
contigo".
Recordad esto, si
uno está en lo justo, no hay necesidad de violentarse, y si uno no tiene la
razón, de nada sirve violentarse.
Haced esto siempre,
portáos como caballeros, con cortesía y dominio, y vosotros ganaréis siempre, si
a vuestro contrario le faltan estas cualidades.
Lealtad
Otro punto que
tiende a la formación del carácter (el mejor antídoto para la bebida) es la
lealtad hacia los demás y muy especialmente, lealtad con uno mismo.
La lealtad es un
punto sobresaliente en el carácter. Sir Ernest Shakleton antes de aventurarse en
su última expedición a bordo del "Quest", dijo a Arthur Mee de el Children’s
Newspaper, que estando una vez en el Antártico, cuando la situación era más
oscura y la muerte y el hambre parecían ciertas. Shakleton escuchó la siguiente
conversación entre dos de sus hombres:
"No creo que
salgamos con bien de ésta", dijo una voz.
"Ese es cuento del
jefe", fue la respuesta.
Esto le refrescó no
solamente su responsabilidad como jefe sino su soledad.
"El ser jefe -dijo-,
es algo muy bueno, pero tiene sus penas. Y la mayor de ellas es la
soledad."
"Se piensa que no
hay que decir todo a los demás."
"A veces hay que
esconderles" dijo, "no sólo la verdad, sino lo que uno piensa de la verdad. Uno
puede saber que los hechos le son adversos, pero no puede decirlo. Hay una sola
cosa que hace posible la jefatura en las expediciones del Antártico, ésa es la
lealtad. La lealtad de los hombres es lo más sagrado que uno tiene, es algo que
nunca hay que traicionar, algo que hay que merecer.
"No hay palabras con
qué hacerles justicia al valor y a su alegría. Ser valiente con alegría, ser
paciente con corazón alegre, soportar las agonías con risas y cantos y caminar
al lado de la muerte durante meses enteros sin estar triste, es la clase de
espíritu que constituye el valor que vale la pena. Yo amo a mis hombres."
Personalmente yo
puedo suscribir en su totalidad cada una de las frases de Shakleton después de
mi experiencia de Mafeking la cual aun cuando fue una pequeña prueba, constituyó
un continuado peligro por largo tiempo y penalidades para la gente.
Esa misma práctica
de lealtad sincera y alegre por parte de la gente, fue el secreto de nuestro
éxito, igual que lo fue en el caso de Shakleton. Y de la misma manera la
lealtad, será el secreto del éxito en cualquier trabajo difícil, ya sea en los
negocios o en la defensa de la patria.
La lealtad es una
cualidad preciosa que debe ser cultivada y fortalecida a todo trance por
cualquier persona que tenga sentido del honor.
En la lealtad existe
al mismo tiempo eso que Shakleton no destaca en particular aún cuando él lo
practicaba en sumo grado y que es lo que aumenta enormemente la soledad y la
tremenda responsabilidad de un jefe.
El jefe necesita de
la lealtad de su gente, pero igualmente debe mostrarles a ellos lealtad y este
es el punto que se subraya en la Ley Scout donde dice: "El Scout es leal para
con sus jefes y sus subordinados".
Es este aspecto de
la lealtad, el que con frecuencia coloca al jefe en posición difícil, cuando
tiene que engañar a su gente, como lo sugiere Shakleton, escondiéndoles lo malo.
Muchas veces he tenido que hacerlo así.
Además, el jefe
tiene que ser leal a la causa que defiende. He aquí la parte más difícil del
deber de un jefe.
Por ejemplo, pocas
gentes se dan cuenta de la terrible responsabilidad de un general en el campo,
por un lado con la lealtad hacia su gente, lo que le hace tener que pensar que
sus vidas son un asunto que pasa mientras que el resultado de la batalla es algo
perdurable y tiene por tanto que poner en peligro aquellos hombres a quienes ama
y que confían en él por el bien de una consideración mayor, la seguridad y el
bienestar de la nación. Estas cosas hay que pensarlas cuando se considera lo que
significa la lealtad y cómo uno debe prepararse para ser jefe
Pero también existe
la lealtad para con uno mismo. Cuando se presenta la tentación, la conciencia
dice no, pero la inclinación dice sí.
Y entonces o uno se
sobrepone, o cae de acuerdo con cual sea la que obedezca. Si se es leal a uno
mismo, se sobrepone, si uno es cobarde, cede, cae y pierde el respeto de sí
mismo.
Veracidad
Durante algún tiempo
mi ocupación fue descubrir a los espías. Por supuesto que una manera fácil de
saber a qué nacionalidad pertenece una persona de la que uno sospecha, es darle
un pisotón y escuchar en qué lengua se expresa. Pero un cazador de espías
extranjero me hizo esta reflexión que si él sospechaba de un hombre y lo suponía
un oficial británico disfrazado, tenía una prueba infalible; lo hacía entrar en
conversación y en la primera oportunidad le llamaba mentiroso. Aun cuando el
oficial fuera notable en esconder en general su personalidad, si le llamaba
mentiroso inevitablemente respondería al insulto traicionándose a sí
mismo.
Y así es en verdad.
La palabra "mentiroso" es una puñalada para un hombre honorable. Odio oir la
palabra usada como se acostumbra con frecuencia por hombres y muchachos
impensadamente cuando discuten sobre algún asunto baladí y se dicen
"mentiroso".
De tanto oírlo, me
imagino que llegan a acostumbrarse, pero un hombre de honor, jamás se
acostumbra. Para él siempre será el insulto más grande.
Respeto de
sí mismo
El respeto de sí
mismo es un ingrediente importante del carácter, y ningún hombre que no pueda
respetarse a sí mismo (los borrachos, los ociosos, los mentirosos y los
pedigüeños), jamás pueden esperar que los demás los respeten.
Y aquí entra un
pequeño defecto, las propinas. Un Scout debe hacer una buena acción a los demás
por cortesía y buena voluntad sin aceptar recompensa.
El hombre que acepta
una propina se degrada, colocándose al mismo nivel de un pordiosero que acepta
una limosna.
Me ha causado mucha
tristeza últimamente ver cómo se ha extendido lo de las propinas a los
conductores de taxímetros, mozos de hotel, camareros y otros que como
hambrientos van tras sus patrones en demanda de unos cuantos centavos.
Y, sin embargo, como
hombres se sentirían avergonzados de ser protegidos y recibir limosna. Las
propinas conducen en los puestos mejor retribuidos a lo que se llama
"gratificaciones" y todavía más arriba, al soborno y la corrupción.
Hasta ahora,
nuestros hombres han sido lo suficientemente varoniles y respetuosos de sí
mismos para no rebajarse hasta ese grado; aún puede decirse con verdad que un
"británico no puede ser sobornado".
Samurai es una
hermandad fundada hace mil quinientos años por caballeros japoneses sobre los
lineamientos de nuestros caballeros medievales. Su ideal es Bushido, quien
estimula a los miembros a la:
Pobreza en vez de
riqueza.
Humildad en vez de ostentación.
Reserva en vez de
publicidad.
Sacrificio en vez de egoísmo.
Interés del Estado en vez de
interés particular.
Todo esto acoplado al valor personal, fortaleza, lealtad,
abstinencia y castidad.
Si un Bushi cometía
una acción degradante, se le invitaba a practicar el Hara-Kiri, esto es, con un
ceremonial estricto, matarse a sí mismo abriéndose el estómago. Estos caballeros
eran intensamente delicados en materia de honor y dignidad. Uno de ellos llamado
Gorgorro en mitad de una batalla recibió un flechazo en un ojo. Esto no le
impidió seguir combatiendo y dirigiendo la batalla hasta terminar. Uno de sus
amigos trató de quitarle la flecha, para lo cual tuvo que acostarlo sobre su
espalda; pero viendo que un jalón ordinario no daba éxito, le colocó su pie
sobre la cabeza para así obtener mejor resultado. Cuando al fin tuvo éxito.
Gorgorro en vez de estarle agradecido, brincó sobre sus pies y lo retó a mortal
combate por haber humillado su dignidad poniéndole el pie sobra la
cabeza.
La vergüenza
convierte a un hombre en un paria
¿Sabéis cuál es una
de las tragedias más grandes de este mundo?
El contemplar a un
hombre avergonzado. Uno casi también se siente avergonzado de sólo verlo.
En una ocasión y por
sólo unos instantes, hace muchos años, vi una escena de esta naturaleza y desde
entonces me persigue.
Viajaba yo en un
ferrocarril por la selva en un punto muy distante en el extranjero. Nuestro tren
se detuvo en un lugar donde un capataz blanco y un grupo de nativos estaban
trabajando. En vez de acercarse como generalmente lo hacen esos hombres, llenos
de alegría por la llegada del tren a conseguir las últimas noticias del mundo
exterior y hablar aunque sea por unos momentos con otros hombres blancos, este
capataz se apartó dándonos la espalda aguardando ansioso la partida del tren y
que los hombres blancos lo volvieran a dejar en paz.
Pregunté acerca de
él y se me informó que habia sido un oficial de caballería bien conocido en
Londres y en general por todo el país como un deportista y hombre
popular
Pero habiéndose dado
a la bebida ésta lo había aprisionado arruinándolo y convirtiéndolo en lo que
ahora podíamos ver: un paria, un hombre avergonzado.
La juventud
está llena de voluntad, pero falta de perspicacia
"La juventud está
llena de voluntad, pero falta de perspicacia". He aquí lo que algunos dicen de
vosotros. Esto me recuerda una ocasión en que me encontraba en el Africa del Sur
haciendo un reconocimiento con una patrulla del séptimo de Húsares y al cruzar
el lecho seco de un río nos topamos con un león.
Uno de nosotros le
disparó hiriéndolo gravemente. El león pudo escapar tratando de esconderse en un
campo cubierto de canas y juncos en el cual era imposible, o por lo menos muy
peligroso seguirlo, pues él tenía la ventaja de poder .esconderse echándose, y
de oir y olfatear a cualquiera que se acercara a su escondite.
Por tanto, con toda
rapidez, colocamos centinelas alrededor de aquel campo para que nos dieran
informes en caso de que saliera. Nuestro plan era: una vez colocados los hombres
con sus rifles en los puestos adecuados, prenderle fuego al pasto y obligarlo a
salir.
Nos tardamos
bastante en hacer esto, pues las cañas del lado de barlovento estaban verdes y
no prendían.

La juventud está llena de
voluntad;pero falta de perspicacia.
Mi corazón latía con
emoción, besé el cartucho para traerle buena suerte y esperé con el rifle
preparado para darle su merecido en el momento en que asomara la nariz.
Cada vez se acercaba
más hasta encontrarse a unos cuantos metros de mí. Pensé que ya era mío; a esa
distancia no podía errarle el tiro. Se separaron las cañas. Ya iba yo a disparar
cuando en vez del león estaba enfrente de mí el sargento albeitar.
Uno de los deberes
del sargento albeitar, cuando uno de los caballos se han hecho daño seriamente,
es tomar su revólver y quitarlo de penar. Por tanto este amigo, habiendo visto
que el león estaba herido, se pensó que su deber era seguirlo y
rematarlo.
No pensó que su
revólver no era más que una cerbatana y que la tarea no la hubiera hecho el
albeitar, sino el león.
Y por poco soy yo el
que lo liquido. Pero él era principiante en la materia de leones. No había
tenido mucho que ver con ellos. Había demostrado espléndida voluntad pero poca
perspicacia. Y así sucede con muchos jóvenes, cuando tienen que habérselas con
los leones de la vida real y carecen de preparación o advertencia.
Autosugestión
Dominio de sí mismo
o ser dueño de sí mismo son cosas que hoy en día se consideran materia de
estudio científico, existiendo muchos doctores que han establecido magníficas
estadísticas de curas por medio de los esfuerzos de la imaginación.
Por diferentes
conductos se sabe de curaciones efectuadas por medio de "la fe en la curación"
es decir, porque el paciente cree que vencerá la enfermedad.
Creo que la mayor
parte de nosotros en alguna ocasión hemos experimentado esta clase de
curación.
Digamos que uno
tiene una herida en la pierna. Le duele todo el miembro, parece que se va uno a
desmayar. No es posible apoyar el pie en el suelo. ¡Ay! ¡Cómo duele! Nos
acostamos o sentamos por un rato a quejarnos.
He ahí otra forma de
ahuyentar el dolor.
"¿Herida?, sí, pero
solamente un pequeño agujero que causa dolor a su alrededor. No en toda la
pierna, pues eso es sólo imaginativo. No, el dolor solamente es en la pequeña
herida, en un lugar reducido y por tanto un dolor muy pequeño. Sobreponéos,
caminad, conservad vuestra pierna en movimiento, de tal manera que no se
endurezca. Calentáos y ya no os dolerá más. Ya se está mejor, ya hay
alivio."
La idea es que para
curarse de aquel padecimiento, uno tiene que usar su imaginación más que su
voluntad.
Una vez el Dr. Coué
explicaba la diferencia en esta forma: Si se coloca un tablón ordinario sobre el
piso, es muy fácil caminar sobre él.
Si ese tablón se
coloca a manera de puente entre las azoteas de dos casas a 30 mts. sobre la
calle, es imposible cruzarlo. La voluntad desea que uno vaya al otro lado, pero
lá imaginación le hace pensar a uno que se caerá y la imaginación derrota a la
voluntad. Esta es la relación usual entre una y otra. La imaginación
triunfa.
Así pasa cuando uno
sufre, uno debe concentrar su pensamiento e imaginar el alivio que se desea, y
después imaginar que gradualmente se va obteniendo éste, y de hecho, se
obtiene.
Noventa y nueve
personas en cien que sufran o estén enfermas o necesiten ayuda, están en esas
condiciones por creer que lo están. Es todo cuestión de imaginación, pero si uno
emplea la imaginación en sentido contrario, y se imagina que está mejorando,
finalmente mejorara y en la mayoria de los casos se pondrá bien.
El Dr. Coué demostró
la verdad de esta teoría con la multitud de pacientes que recurrían a él todos
los días quejándose, y salían de ahí regocijados.
El no trabajaba ni
por dinero ni por recompensa.
Pero lo principal es
que la autosugestión no sólo puede curar la enfermedad y la pena sino también la
mala memoria, y el miedo nervioso muy especialmente. -De ahí su importancia para
los jóvenes- puede ahuyentar el deseo del alcohol o el tabaco, la tentación
sexual y muchas otras formas de complacencia.
Cómo Tommy
Tomkins derrotó a la muerte
El gran flagelo de
la India, el cólera, hizo presa en el regimiento. Tommy Tomkins, viejo soldado
de recia condición que pertenecía a mi escuadrón, cayó enfermo. En unas cuantas
horas ya estaba en pésimas condiciones.
"Pobre Tommy, está
perdido", fue el veredicto del sargento encargado del hospital.
Durante las
siguientes cuarenta y ocho horas, sin embargo, se mantuvo entre la vida y la
muerte, y al fin de ellas, con sorpresa de todo el mundo, volvió a la
vida.
Más tarde, cuando
convalecía y fui a visitarlo al hospital, me dio a conocer el secreto de cómo
había vencido a la muerte.
Sabía que estaba
moribundo; el doctor casi se lo habla dicho, pero también había dicho al nativo
que lo atendía de que sólo había una manera de salvarlo, si se podía conseguir
que se le conservaran calientes las extremidades. Por tanto, había que ponerle
en los pies botellas de agua caliente o tabiques calientes.
Cuando el doctor dio
la media vuelta, el enfermero en vez de preocuparse por las botellas de agua
caliente, sacó a "hookah" del lugar donde la tenía escondida, se sentó en
cuclillas en un rincón, y se puso tranquilamente a fumar.
Tal actitud hizo que
el pobre Tommy se pusiera furioso; pero incapacitado para moverse o hablar,
pensó que no tendría remedio. Pero juró a sí mismo, que si se aliviaba, daría
tal golpiza al nativo que este por mucho tiempo no podría olvidarlo. Y con
ahínco se puso a pensar qué clase de castigo daría al indígena y qué tan pronto
podría salir de la cama para aplicárselo. Se olvidó por completo de la muerte, y
se quedó absorto con la idea de dar a aquel individuo su merecido en el momento
oportuno.
Y así fue como
volvió a la vida.
Fue la fuerza de la
voluntad y de la imaginación que le sacaron avante.
Yo tuve también una
experiencia parecida. Estaba en el hospital muy enfermo de disentería, cuando
llegó hasta mí la noticia de que si me ponía bien para cierta fecha, se me
otorgaría el mando de una columna que iba a perseguir al enemigo.
Parecía una empresa
perdida y, sin embargo, tuve esperanza. Me imaginé lo que realizaría como
comandante, e hice planes al mismo tiempo que trataba de aliviarme con todas mis
fuerzas.
Entre más hacía el
esfuerzo, más mejoraba. Pasaron uno y otro día y finalmente estuve
convalesciente; pero el día llegó sin que yo estuviera capaz para desempeñar
aquella misión.
Dos días más tarde,
otro hombre llegó al hospital tambien seriamente enfermo de disentería; se
requería mi cama para él. Al entregársela él suspiró diciendo que llegaba ahí
para morir. Le dije: "¡Ca!, yo estaba mucho peor cuando llegué, pensad en lo que
váis a hacer cuando salgáis de aquí".
Al día siguiente
salí con una escolta de tres hombres y después de haber caminado a caballo 130
kilómetros por terreno peligroso, me incorporé a la columna y tomé el mando de
ella
Entre tanto, el
heredero de mi cama se imaginaba que se moría, y fue poniéndose peor y peor
hasta que al fin le pasó lo que había pensado: se murió.
Autocuración
Pues bien, este es
el arte de la autosugestión por medi’ de la cual un hombre puede, si así lo
determina, curarse de muchas enfermedades y de casi todas sus
debilidades.
Si un hombre puede
vencer a la muerte con este sistema seguramente podrá vencer la borrachera o
cualquier otra tentación. No hay que olvidarlo, si las cosas le parecen a uno
difíciles o imposibles, hay que pensar en la forma de vencerlas y luego
imaginarse que las está uno venciendo y cuando la imaginación le dice a uno que
es imposible, hay que contestarle: "No, no es imposible. Yo veo lo que puedo
hacer y voy a ensayarlo. Puedo triunfar. Puedo. Puedo. Puedo y
pude". Diez contra uno a que se tendrá éxito.
La complacencia
proviene de concentrar la atención en los deseos sensuales y la curación
consiste en distraer el interés de uno mismo llevándolo a otras cosas y a otras
personas. Tener aficiones. Servir con simpatía al prójimo, así se ganan puntos
en la formación del carácter.

Amiel dice: "Un hombre sin recursos morales.., no es una personalidad. Es
uno de tantos, un contribuyente, un elector, pero no un hombre. El que se deja
llevar de la corriente, que no tiene ideales ni convicciones, es solamente un
mueble en el escenario del mundo, una cosa móvil en vez de un ser viviente que
se mueve.
La individualidad
demasiado desarrollada, significa dejar suelto al egoísmo que es lo contrario de
lo que nosotros deseamos. Pero individualidad con carácter, es otra cosa,
significa un hombre con autodisciplina, energia, habilidad, caballerosidad,
lealtad y otras cualidades necesarias para ser un hombre. Y cuando estas
cualidades van acopladas con el servicio a la comunidad, entonces se es algo más
que un hombre bueno, un buen ciudadano.
LO QUE OTROS
HAN DICHO SOBRE ESTA MATERIA
El respeto a si
mismo, no la estimación de sí mismo, es lo que atrae el respeto de los
demas.
El carácter es más
valioso en la vida que cualquier otro atributo.
El dominio de sí
mismo son las tres cuartas partes del carácter.
No hay que beber
entre comidas.
Sin trabajo no se
puede formar el propio carácter. Hay que fraguarlo uno mismo (Froude).
Tomad el consejo del
tordo si os dice: "perseverad, perseverad, perseverad".
Pensad en la
estampilla postal: su utilidad consiste en su habilidad para adherirse a algo
hasta llegar a su destino (Josh Billings)
Cuando todo parece
ir mal
y conducir hacia el abismo
no hay que golpear, ni alterarse ni al
anarse
hay que sonreir.
Cuando alguien trata de hacerlo a uno
menos
tomando para sí la mejor parte,
hay que ser paciente y
agradable;
y sencillamente reír.
Pero si esto es
difícil,
(y algunas veces, por supuesto, así lo es)
Y no se puede sonreír,
ni ser amable, ni reir,
por lo menos, no hay que actuar.
DESECHAR LA
TENTACION
Cuando el borracho
os diga "soy vuestro amigo",
¡Apartáos de él!
Cuando os diga, "sóis tan
fuerte como cualquier otro hombre".
¡Apartáos de él!
Cuando os sintáis
débil y vacilante,
Cuando estéis próximo a caer en el arroyo,
Cuando
creáis que váis a perder vuestro pan cotidiano,
¡Apartáos de ese
pensamiento!
Cuando la tentación os incite y os diga: "¿Qué
tal?"
¡Apartáos de ella!
Cuando os diga: "veo que estáis pensando qué
debéis hacer",
¡Apartáos de ella!
Aún cuando sea suave y dulce su
cantar,
y grande, fuerte, y poderosa su atracción.
Pensad que es el diablo
el que os habla,
¡Y apartáos de él!
("Ole Marster", B.
B. Valentine)
LIBROS QUE
LEER
Con Cristo como
guía. A. H. Gray.