Cuando las cosas no salen bien
Mario Arribas
Septiembre 2002
Antes de empezar, quiero dejar constancia de mi aprecio y agradecimiento por todos aquellos adultos que, de buena
manera dedican su tiempo y esfuerzo a educar informalmente a través del Método Educativo llamado Escultismo a la
juventud de siempre, ahelando conseguir el objetivo planteado, formar buenos ciudadanos.
Pero a pesar de tanto esfuerzo y trabajo, a veces, las cosas no salen bien.
Un gran amigo y colega dentro de las lides escultistas, dijo una vez en un evento de capacitación: “...el
escultismo es tan bueno, que aún haciendo las cosas mal, da resultado...”. Es cierto, da resultado, aunque no el
deseado, y en eso mi querido amigo y yo, discrepamos.
Como digo dos párrafos mas arriba, el objetivo que perseguimos es único; y cualquier otro logro, a pesar de que en
muchas oportunidades no es nada malo; es desviarnos de nuestra razón de ser, de nuestra función social y cultural.
Muchos de los adultos que llegan a dirigir nuestros muchachos, tienen la mejor intención del mundo al dedicarsel su
tiempo y esfuerzo; muchos de ellos son ejemplos mismos de un buen trabajo que algún dirigente realizó con ellos
cuando receptores del Método; pero muchos tambien, equivocan el objetivo y confunden los postulados y términos del
Método como tal. Es así como conseguimos unidades scouts que funcionan bien, logran tener una gran cantidad de
muchachos, los cuales logran alcanzar un buen adelanto durante su estancia en esas unidades; y aún así, no
conseguir el resultado deseado. Tambien conseguimos muchachos que en algún momento fueron miembros de nuestro
movimiento, y en su vida posterior resultan ser malos ciudadanos, o inclusive delincuentes, y nos excusamos
diciendo: “...ese trabajo se perdió...” o “...es que él nunca sirvió para ser scout...”. Vemos tambien miembros
activos del movimiento que aún dentro del mismo, no se comportan como debieran y en muchísimas oportunidades son un
claro ejemplo de confusión de valores; en la mayoría de esos casos, encontramos dirigentes diciendo: “...es que él
es un caso perdido, no tiene remedio...”.
Muchos son los dirigentes que culpan a sus dirigidos por no asimilar lo que se supone que estos adultos debieran
enseñar. Nunca culpan a su trabajo, nunca admiten que parte de la culpa de ese resultado no deseado pudiera ser
tambien suya, en parte o totalmente.
La Biblia tiene una enseñanza en la que he encontrado ejempificado lo expuesto anteriormente. Hay una parábola que
habla de unas semillas, que al agricultor esparcirlas, caen unas en un terreno bueno, y otras en uno malo. Las que
caen en buen terreno, germinan, crecen y dan fruto; las otras por el contrario no.
Según mi punto de vista muy personal, todos los potenciales receptores del Método son “buen terreno para sembrar”;
unos mejor que otros pero en todos se puede sembrar. Unos de los muchachos que reciben el Método, tienen su
terreno abonado por una buena y sólida formación espiritual, familiar y académica; en esos casos el trabajo del
dirigente puede producir resultados positivos con tan solo sembrar la semilla y regarla todos los sábados. Pero en
otros casos, la tierra no está tan bien abonada, y por mucho que se le riegue, no crecerá para dar los frutos
deseados; pudiendo inclusive crecer hasta dar alguno que otro fruto, y en el peor de los casos ni siquiera germinar.
En este tipo de terreno, alguno de los factores que ayudan a fertilizarlo está fallando y el dirigente debiera
balancear los otros para así suplir su carencia, propiciando oportunidades para ello.
No todos los muchachos que vienen a nosotros pertenecen a un hogar estable, o a alguna congregación religiosa
formal, o van bien en la escuela. Afrontemos la realidad, es poco probable que todas estas condiciones óptimas se
den a la vez en varios de nuestros muchachos. Muchos de ellos adolescen de alguno de estos factores de influencia,
y es nuestro deber identificarlo, y buscar la manera de suplir esa carencia. No estoy hablando de hacer las veces
de padres, sacerdotes o maestros del muchacho, sino de propiciar oportunidades para que él mismo obtenga ese
suplemento por otros medios.
Si el terreno no es bueno para sembrar, es nuestro deber abonarlo con lo necesario para producir un buen fruto al
sembrar en el. A nuestras unidades van a llegar muchachos de todo tipo y origen, no podemos ni debemos discriminar
y solo aceptar a aquellos que no poséen las características necesarias para que nuestro trabajo sea lo mas fácil
posible. Pues todos ellos tienen derecho de ser Scouts.
Entre los representantes de los muchachos del grupo seguramente habrá padres con bastante experiencia educando a
sus propios hijos, y ellos nos pueden ayudar; tambien es posible que entre esos otros adultos haya profesionales
dispuestos a ofrecer su ayuda para “abonar” el terreno de ese muchacho especial, que tanto nos cuesta guiar.
El trabajo de un dirigente es brindarle a sus dirigidos un método educativo único y de características muy
específicas. Si aún teniendo el terreno ideal o bien abonado, no sembramos la semilla que despues de su germinación
y crecimiento dé el fruto deseado; es poco probable que podamos cosecharlo. Así pues debemos brindarle al receptor
del Método el escultismo mas puro, y perfectamente orientado hacia el fin deseado, formar buenos ciudadanos; no
buenos acampadores, exploradores o coleccionistas de adelanto. Tan solo buenos ciudadanos.