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LA
SITUACIÓN POLÍTICA Y LA TAREA
DE LOS REVOLUCIONARIOS
Hoy queremos precisar -en polémica con el reformismo- cuál es la situación política, de donde se derivan las tareas de la militancia. Sostenemos que existe una situación prerrevolucionaria y que la tarea central es impulsar la rebelión popular, colocando a su servicio la unidad de los revolucionarios y el fortalecimiento del partido marxista-leninista.
Explicaremos esta posición con una breve referencia histórica:
I) LOS CICLOS ANTERIORES
-El Cordobazo de 1969 abrió una situación revolucionaria.
Desde entonces el poder político estuvo en disputa para el pueblo trabajador. Se potenciaron la izquierda revolucionaria, el sindicalismo clasista y las organizaciones guerrilleras, declinando las fuerzas reformistas. Hubo Rosariazo, Tucumanazo, Viborazo y Mendozazo. Nacieron el Sitrac-Sitram y el Movimiento Sindical de Base, se recuperaron el Smata de Córdoba, la UOM de Villa Constitución, el Ledesma de Jujuy y muchos otros gremios, etc. La juventud se volcó a posiciones revolucionarias. La guerrilla concretó una gran cantidad de acciones propagandísticas y armadas con adhesión popular.
-El golpe militar de 1976 creó una situación contraarrevolucionaria.
El golpe fue favorecido por el reaccionario gobierno de Isabel Perón. El movimiento de masas entró en reflujo en medio de sangrientas derrotas. La clase obrera quedó aislada de sus aliados del campo popular. La dictadura militar oligárquica y proimperialista era fuerte y se asentaba en las FF.AA. fascistas. Las fuerzas revolucionarias fueron duramente golpeadas: hubo 30.000 desaparecidos y miles de presos políticos. Las ideas revolucionarias quedaron en minoría.
-La derrota en la guerra de Malvinas y las elecciones de 1983 dieron lugar a una etapa no revolucionaria.
La dictadura militar se descompuso y surgió la democracia burguesa, mientras el imperialismo yanqui alentaba las "democracias con seguridad". El poder de las clases dominantes ya no tenía la unidad de antes. El gobierno democrático-burgués de Raúl Alfonsín fue presionado por el pueblo a hacer algunas concesiones, y al inicio las hizo. En el juicio de 1985 a las ex juntas de comandantes fueron condenados Videla, Massera, Viola y Lambruschini.
Los conflictos laborales en 1980 eran unos 200 al año y comenzaron a aumentar. Uno de los más valiosos fue la ocupación de Ford en 1985. Hubo multitudinarias movilizaciones por los derechos humanos, como en setiembre de 1984, cuando 70 mil personas acompañaron en Plaza de Mayo la entrega del informe de la CONADEP. Pero el marco político no desbordaba el control de la burguesía democrática y su consigna del "Nunca Más". Los reclamos gremiales no se politizaban o lo hacían en bajo grado, guardando generalmente formas pacíficas. Había una clara dirección burguesa del movimiento de masas.
-En Semana Santa de 1987 comenzó la situación prerrevolucionaria.
II) INICIO DE LA SITUACION PRE-REVOLUCIONARIA
El poder político sufrió una profunda división en 1987 con el levantamiento de un sector del Ejército liderado por el teniente coronel Aldo Rico, quien le impuso al gobierno radical la ley de "Obediencia Debida".
Al blanquear los crímenes del pasado dictatorial se abría paso a los nuevos asesinatos del "gatillo fácil" policial y la represión "democrática".
Las contradicciones en el ejército se evidenciaron en cuatro rebeliones castrenses (Campo de Mayo, Monte Caseros, Villa Martelli y el 3/12/90). Esto desnudó a la democracia burguesa: no servía ni siquiera para mantener a raya a los militares.
Simultáneamente la crisis económica, que desembocó en hiperinflación y miseria, con saqueos populares en los supermercados, obligó a Alfonsín a abandonar anticipadamente el gobierno asumiendo Carlos Menem en julio de 1989. La inestabilidad y la crisis habían calado hondo a nivel del gobierno nacional.
Por otra parte, los conflictos laborales habían subido hasta los 400 al año y en Semana Santa de 1987 se combinaron con una gigantesca movilización política antigolpista. En todo el país se movilizó más de un millón de personas. Algunos miles, jugando un rol de vanguardia, fueron hasta la puerta de los cuarteles en Campo de Mayo, colocándose cara a cara con los militares.
Solamente la claudicación de la burguesía (radicales y peronistas) les permitió a los "carapintadas" salirse con la suya. Las fuerzas reformistas entraron en crisis, especialmente el Partido Comunista.
La caída de Alfonsín fue un dato clave para entender el inicio de la situación prerrevolucionaria. Seis años antes había logrado derrotar electoralmente al peronismo. Pero el pueblo le retiró la confianza luego de la traición de Semana Santa y la hiperinflación. Hubo un "Hambreazo" y 14 paros generales de la CGT.
Los saqueos de supermercados ocurrieron en 1989 en Córdoba, Rosario y el Gran Buenos Aires, con epicentro en las villas y barrios humildes. Los hambrientos tomaron alimentos por mano propia. Hubo muchos detenidos y muertos, que se añadían a Rogelio Rodríguez y dos luchadores asesinados en 1988 en Villa Martelli.
Incluso los conflictos entre militares se hicieron más violentos: de la parodia del general Alais -quien en 1987 no llegó nunca a reprimir a Campo de Mayo- se pasó a las decenas de muertos en 1990 en el levantamiento del coronel Seineldín.
El pueblo ganó en conciencia política. Proclamó que los militares, "leales y rebeldes, son todos criminales". En la resistencia popular de Villa Martelli los "carapintadas" fueron asediados con piedras y bombas molotovs, cercados por la multitud.
Sin el inicio de una situación prerrevolucionaria no se podría explicar que la Izquierda Unida llenara la Plaza de Mayo el 1 de Mayo de 1990. Allí hubo un reflejo político de la situación objetiva: las masas buscaban en la izquierda una alternativa distinta al radicalismo y peronismo. Creían equivocadamente hallarla en la IU, un frente electoralista dominado por el PC y el MAS.
III) LA ACTUAL SITUACION PRE-REVOLUCIONARIA
La evolución de la situación prerrevolucionaria se hizo más transparente en los últimos años:
-La gran burguesía proimperialista -que por medio de Menem dirige el Partido Justicialista- no puede gobernar "normalmente".
Por eso apeló a la alianza con la UCeDe, el monopolio Bunge & Born, el empresarial "Grupo de los 8", la Fundación Mediterránea y los imperialismos yanqui y europeo.
Se acabó así la demagogia de la "justicia social", el rol del movimiento obrero como "columna vertebral" y la "tercera posición" con ciertos tintes tercermundistas.
Esta política llevó a Menem a un profundo aislamiento popular, que hasta ahora estuvo relativamente velado por victorias electorales con la carta de "la estabilidad".
Pero incluso esas victorias han comenzado a revertirse, como el 30/6 en Capital Federal. El suyo es un gobierno en crisis. La masa ha comenzado a divociarse de aquella dirección gran burguesa cuya imagen positiva cayó al 19% según Gallup.
La burocracia sindical ha quedado como suspendida "en el aire" porque no consigue aumentos salariales, no mantiene los convenios laborales y ni siquiera defiende los actuales empleos. Hasta las asignaciones familiares han sido sacadas, rebajando el salario.
En consecuencia, las clases dominantes están viendo derrumbarse al peronismo como su "muro de contención contra el comunismo" en los gremios. Que el traidor José Campellone, del Smata de Córdoba, haya salido tercero y último en las elecciones gremiales de la planta de Ciadea el 31/5, nos da una pauta de la crisis burocrática.
Hay un histórico vacío de dirección en el movimiento obrero a raíz del desprestigio de la burocracia. Nunca ocurrió, ni siquiera en la situación revolucionaria abierta por el Cordobazo, que un jerarca como Oscar Lescano (Luz y Fuerza) confesara que él y sus colegas de la CGT no pueden caminar por la calle cuando hay colas de desocupados. "Nos pegarían", admitió.
El gobierno de Menem está desprestigiado y es supercorrupto. Llevó la desocupación al 20 por ciento de la población activa, su represión policial mató en Ushuaia a Víctor Choque, creó la Secretaría de Seguridad para el espionaje y la represión internas. La gran burguesía ya no puede gobernar como antes, con consenso y ganándose a la gente "políticamente".
En su interior se han potenciado los conflictos, con un plan económico en medio del naufragio.
En agosto de 1995 Domingo Cavallo denunció la existencia de "mafias" enquistadas en el poder, originando peleas internas en el gabinete y el Congreso. También entre sectores empresarios y camarillas del Poder Judicial. Dentro del justicialismo actúan las fracciones menemista, cavallista, duhaldista, orteguista y kirchnerista. Estas tienen públicas diferencias en una serie de aspectos, pactando treguas que dan lugar a nuevas peleas como la que terminó con la salida de Cavallo del gobierno el 26 de julio último.
-Los sufrimientos de la masa se han agudizado a raíz del plan Menem-FMI.
Como denunciaba Lenin respecto a una situación revolucionaria, los explotadores imponen "sacrificios extraordinarios" a los explotados. Esto ya ocurre entre nosotros donde hay 4,2 millones de desempleados y subempleados. La Segunda Reforma del Estado aumentará los índices de desocupación con el despido de otros 30.000 empleados públicos. En varias provincias rigen leyes "de emergencia" recortando los salarios, pagando una parte en bonos y "cheques diferidos", como en Córdoba y Salta. En el país del trigo y las vacas, miles de personas hambrientas buscan comida en los tachos de basura. En las villas miserias de Rosario y Neuquén se comen gatos, víboras y basura.
Lejos de atenuarse, los sacrificios que se imponen a "los de abajo" son cada vez más insoportables. Se generaliza la miseria, se hace un genocidio contra los jubilados, se roba el futuro a los jóvenes, se agrava la crisis de las economías regionales, etc.
El actual entreguismo ha dejado "chiquitos" a los fascistas Videla y Martínez de Hoz, quienes no se atrevieron a privatizar a precio vil las empresas públicas y despedir a medio millón de empleados.
La jefatura de Gabinete reconoció el 25/6 que los agentes nacionales pasaron de 800.000 en el año 1991 a 300.000 en 1996.
La deuda pública (interna y externa) es impresionante: "el gran cuello de botella es 1997, porque los intereses de la deuda pública suben a más de 5.000 millones y las amortizaciones superan los 11.000 millones de pesos. En el próximo año hay que pagar 16.340 millones de dólares contra los 13.696 millones de 1996" (Clarín, 25/8/96).
Esto no ha ocurrido pacíficamente. El marxismo-leninismo y el pensamiento Mao Tsé tung sostienen que "donde hay opresión hay resistencia".
Ya hubo luchas de los trabajadores. Varias de ellas fueron violentas y se puede prever que habrá muchas más. Las masas populares serán protagonistas de más huelgas, movilizaciones, estallidos sociales, etc.
El Partido de la Liberación sostiene que las puebladas pueden abrir una situación revolucionaria como en 1969. Y que éste debe ser el principal objetivo de las fuerzas revolucionarias.
-Los conflictos laborales han crecido en cantidad y calidad.
De las 200 que eran en 1982 y las 700 del ocaso del gobierno de Alfonsín, las medidas de fuerza de los trabajadores han pasado el año pasado a 1.307, en su mayoría en el sector estatal. Quiere decir que se ha multiplicado por 6 el número de las distintas formas de protesta.
Es un elemento a tener en cuenta porque significa que en 1995, descontando los fines de semana y feriados, hubo 5 conflictos laborales por día. Esta es una marca que tiene pocos antecedentes en nuestro país. Es un aspecto central que nos lleva a caracterizar de prerrevolucionaria la situación.
También está la calidad del proceso, que en diciembre del 93 presentó la pueblada violenta de Santiago del Estero. Cinco mil trabajadores, apoyados por miles de vecinos, tomaron e incendiaron las sedes de los tres poderes públicos (Casa de Gobierno, Legislatura y Tribunales) y las viviendas de trece políticos corruptos.
Lenin siempre sopesó el factor de las masas explotadas para determinar -en su caso- una situación revolucionaria. Dijo que lo típico de toda revolución es "la decuplicación o centuplicación del número de hombres capaces de librar una lucha política, pertenecientes a la masa trabajadora y oprimida, antes apática" (Lenin, "El Izquierdismo enfermedad infantil del comunismo", abril de 1920).
Teniendo en consideración la crisis económica y política del gobierno nacional y las administraciones provinciales; los "sacrificios extraordinarios" como el desempleo que se imponen a las masas populares; el aumento en la cantidad y calidad de las luchas de los trabajadores; su creciente violencia y politización, etc, el P.L. califica la situación como prerrevolucionaria.
IV) ARGUMENTOS DEL REFORMISMO
El reformismo no sabía cómo explicar la aparición del Santiagazo dentro del reflujo que pintaba. Y directamente quedó en ridículo cuando las puebladas se reiteraron en 1995 en Ushuaia y Río Negro, con una durísima confrontación callejera de masas contra la policía y la gendarmería.
En ambos casos se atacaron sedes del gobierno, policía, dependencias oficiales y de empresas privadas.
En 1996 lo más destacado fue la pueblada de Cutral-Có y Plaza Huincul, en Neuquén, donde 20.000 personas cortaron las rutas e instalaron barricadas, reclamando trabajo y haciendo recular a 500 gendarmes enviados por Menem-Corach.
Sin alcanzar ese nivel, también hubo luchas muy importantes en Córdoba, San Juan, Mendoza, Jujuy, Ezeiza y Tucumán.
Antes habían sido positivos la Marcha Federal de julio de 1994, el paro agropecuario de diez días de la Federación Agraria Argentina y las Marchas de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo.
Los trabajadores no están aislados de otras capas sociales, que los acompañan con sus propios reclamos.
Los universitarios boicotearon en forma combativa la sesión del Congreso que quería tratar la ley de educación superior. Ese boicot fue una medida elevada e inédita de los estudiantes, que luego apedrearon a la dirigencia cómplice de Franja Morada y la FUA. Los estudiantes lucharon en La Plata contra el intento menemista-radical de adecuar su estatuto a aquella nefasta ley y por la libertad de los 250 jóvenes que habían sido detenidos en medio de la brutal represión policial.
Los sectores populares convocados por Madres de Plaza de Mayo repudiaron el 20º aniversario del golpe de estado de 1976. Solamente en una situación política muy elevada se puede concebir que 20 mil personas marchen sobre Tribunales de la Capital Federal a las 2 de la madrugada de un día domingo. Ocurrió el 24/3/96.
Está creciendo un sector contestatario al interior de la Iglesia. Recogiendo las banderas de Enrique Angelelli y Jaime de Nevares, hay curas que se ligan a los oprimidos. Así se vió en las protestas de la Villa 31 de Retiro y las tomas de tierras en Quilmes. Al cumplirse 20 años del asesinato de Angelelli, hubo actos y homenajes en La Rioja y Córdoba donde se expandió la tendencia progresista de la Iglesia.
No solamente Alfonsín dejó inconcluso su mandato siete meses antes. Las puebladas lograron expulsar de sus cargos a los gobernadores de Chubut, Jujuy (donde cayeron tres mandatarios), Catamarca, Santiago del Estero y Córdoba.
El de Río Negro -Horacio Massaccesi- llegó angustiosamente a término pero podría computarse como otro derribo.
El tres veces gobernador de Córdoba y ex candidato presidencial de la UCR, Eduardo Angeloz, renunció y se refugió en el cargo de senador nacional. Pero cosechó el repudio popular, perdió los fueros y hasta puede terminar en prisión.
El asesinato de Víctor Choque en el sur conmovió a todo el pueblo. Lo mismo que los crímenes del conscripto Omar Carrasco dentro del cuartel de Zapala y de la adolescente María Soledad Morales en Catamarca. La televisión en directo de estos dos juicios tuvo muchísima repercusión popular.
Las Fuerzas Armadas estaban en una profunda crisis, desprestigiadas por el genocidio de los 70 y la capitulación de Malvinas, lo que se agudizó por el caso Carrasco. Menem aprovechó la coyuntura para introducir la reforma del "servicio voluntario", arrebatando esta bandera a la oposición burguesa y pequeño burguesa.
¿Cómo calificar sino de prerrevolucionaria esta fluída situación?.
El gobierno de la gran burguesía tiene en cierto modo una mejor caracterización de la realidad que el reformismo. Menem "profesionalizó" las Fuerzas Armadas, creó la "secretaría de Seguridad", aumentó a 1.500 millones de pesos anuales el presupuesto de la seguridad interior, etc.
El día antes del paro general del 8/8 se formó una Comisión Especial de Seguridad con tres ministerios, la Policía Federal, la Secretaría de Seguridad, la Gendarmería y Prefectura. El gobierno hace todo esto porque está preocupado por las puebladas.
En 1994 Menem estableció un paralelo entre lo ocurrido en Chiapas y lo de Santiago del Estero, que no por exagerado carecía de lógica. El enemigo tiene una apreciación más certera sobre la potencialidad revolucionaria del pueblo que algunos decadentes análisis del reformismo.
Por cierto que desde 1987 a la fecha la situación prerrevolucionaria no se mantuvo estable ni en un avance continuo. Nunca la historia de los trabajadores se movió de ese modo lineal. Hubo avances y retrocesos, "picos" elevados de luchas, algunos "baches" y varias "mesetas". O sea, altibajos.
"Picos" de alza se dieron con la movilización popular contra la rebelión de Villa Martelli en 1988, el "Hambreazo" de 1989 y la pueblada de Tierra del Fuego en 1995. Existió un "bache" a principios de 1993. Pero son subas y bajas dentro de una situación prerrevolucionaria.
En cambio el reformismo, trotskismo y nacionalismo confunden deliberadamente un "bache" de la situación prerrevolucionaria con la semipasividad de masas en una situación no revolucionaria y hasta con el reflujo de una situación contrarrevolucionaria.
El espectro reformista hizo hincapié en la victoria electoral de Menem, quien el 14 de mayo de 1995 obtuvo la reelección con casi el 50 por ciento de los votos. Pero no se detuvo a pensar que el 12 y 13 de abril de ese año se había producido el Ushuaiazo y que el 22 y 23 de junio los cordobeses le dieron la patada en el traste a Angeloz.
V) INICIATIVA Y CORRELACION
Otro argumento del reformismo es que "la correlación de fuerzas es desfavorable al pueblo". ¡Chocolate por la noticia!. Los monopolios, banqueros, políticos patronales y militares tienen en sus manos el poder político, el capital, la cultura y el aparato represivo. Por eso la correlación de fuerzas será favorable a las clases dominantes casi hasta el momento del triunfo de una revolución popular dirigida por la clase obrera.
Eso es archisabido. Ni siquiera en el inicio de una situación revolucionaria se logra un cambio en esa correlación de fuerzas. Esta modificación recién se produce en la fase de maduración de la crisis revolucionaria y la toma del poder político para imponer un Estado de dictadura del proletariado y sus aliados populares.
¿Por qué el reformismo le exige a una situación prerrevolucionaria lo que ni siquiera se puede realizar durante la mayor parte de una situación revolucionaria?. Por ejemplo, el Cordobazo de 1969 no cambió la correlación de fuerzas entre los bloques de las clases enfrentadas: abrió una etapa de lucha por el poder para modificarla.
Veamos un ejemplo latinoamericano. En El Salvador, luego de más de diez años de heroica lucha armada del FMLN, que dominaba un tercio del territorio, no se había logrado cambiar la correlación de fuerzas. Después, la claudicación de su comandancia general (acuerdo de Chapultepec), hizo perder todos los frutos de la guerrilla.
Cuando el Partido de la Liberación habla de "situación prerrevolucionaria" no está afirmando que ya se está disputando el poder y menos aún que el paso siguiente sea la toma del poder.
Lenin llamó "período prerrevolucionario" en Rusia al que medió entre 1901 y el 9 de enero de 1905. Precisó que "las revoluciones nunca nacen ya hechas, no salen de la cabeza de Júpiter ni estallan de pronto. Siempre son precedidas por un proceso de efervescencia, crisis, movimientos, revueltas, los comienzos de la revolución, que además no siempre se desarrollan hasta el fin, por ejemplo si la clase revolucionaria es débil" (Lenin, "El oportunismo y la bancarrota de la II Internacional, 1915).
El leninismo, esquemáticamente hablando, preve situación prerrevolucionaria, situación revolucionaria, crisis revolucionaria y revolución.
El reformismo sostiene que las luchas populares "están a la defensiva". En esto coincide la Corriente Patria Libre: "Es nuestra opinión que no estamos en una etapa prerrevolucionaria sino en un período donde las clases dominantes siguen teniendo -aunque con problemas crecientes- la iniciativa" (declaración nacional del 29/5/96).
Analicemos fríamente. ¿Qué "iniciativas" tuvo el gobierno en 1995 y 1996?. Se pueden enumerar la reelección de Menem, la Segunda Reforma del Estado, la ley de educación superior, el Consejo del Empleo y algunas más.
Menem logró un nuevo mandato pero no pudo impedir el inicio de polémicas con Duhalde, Cavallo y Palito Ortega sobre quién será el candidato justicialista en 1999.
La Segunda Reforma del Estado estuvo demorada más de un año, por temor a la resistencia de los trabajadores y por conflictos propios de las clases dominantes. Recién ahora va a entrar en la instrumentación, que generará más peleas.
La ley de Educación Superior, así como la adecuación de estatutos de las universidades, fueron "victorias pírricas" del gobierno. Fueron logradas al costo de hacer salir del letargo a decenas de miles de estudiantes y docentes. El gobierno aún no logró concluir el proceso de reformas de estatutos de las casas de estudios.
El Consejo del Empleo no paró las huelgas obreras, no contentó a la UIA y entidades patronales. Por inoperante hizo que la CGT terminara promoviendo el paro general de agosto.
Convengamos que ni con todas esas "iniciativas" el gobierno pudo atemperar la desocupación ni ocultar que 1995 fue recesivo.
El plan económico tuvo su peor año, en medio del contexto regional del "efecto tequila". La recesión continuó en lo que va del presente año aumentando el déficit fiscal hasta los 6.600 millones de pesos.
La crisis terminó en la renuncia de Cavallo y su reemplazo por Fernández. El "impuestazo" que éste diseñó junto al FMI puso el prestigio de Menem por el suelo. En este marco, ¿de qué "iniciativa" puede presumir el gobierno?.
La fuerza del menemismo viene muy disminuída por las disputas internas. Las diversas "iniciativas" de las clases dominantes llevaron a la Casa Rosada peleas para quedarse con tal o cual privatización. El escándalo de la venta de armas a Ecuador y Croacia llevó al descabezamiento de Defensa. Se fueron del gabinete Camilión, Barra y Cavallo: tres ministros en tres semanas. ¿Dónde está la fuerza del gobierno?.
Que los trabajadores están a la defensiva es una verdad a medias ya que en varios momentos se colocaron a la ofensiva táctica. Por ejemplo, los trabajadores de Santiago del Estero quemaron las tres sedes del poder provincial, algo que no ocurrió ni siquiera en la década del 70.
Los trabajadores bajaron de Continental Fueguina hasta el centro de Ushuaia para apedrear la Casa de Gobierno y la jefatura de Policía. En junio de 1995 los estatales de Córdoba atacaron a la policía, la Legislatura e incendiaron la Casa Radical.
La acción de los "piqueteros" de Cutral-Có y Plaza Huincul fue extraordinaria, cortando rutas nacionales y provinciales, apedreando al colectivo del gobernador Sapag y haciendo retroceder a la jueza federal y a los gendarmes.
En Salta, Mendoza, Jujuy y otras provincias los trabajadores se trabaron en batallas campales contra la policía.
El tema de la violencia de masas comenzó a plantearse hace tiempo, abriendo un debate en el activismo y parte de la masa. El debate creció luego de la violenta represión de la Policía Federal contra las "ollas populares" del paro del 8 de agosto. En el 3er Encuentro Nacional contra la Represión Policial e Institucional, realizado el 17 de agosto, varias comisiones debatieron sobre la autodefensa de masas.
Hace un tiempo que esa discusión la vienen ganando los que plantean métodos violentos para defenderse de la represión ordenada por gobernantes corruptos. Este es un cambio profundo respecto al legalismo imperante en 1983.
Este giro en la situación beneficia a los presos de Tablada del MTP. En 1989 fuimos solidarios con ellos -junto a criticar su errónea acción- pero estábamos en minoría. Para mucha gente esos militantes eran "unos locos". En este momento se los considera, con toda justicia, presos políticos y se reclama por su libertad.
También se lucha para liberar a Panario, Christiansen y Estrada, del MAS; y a Esteche, Caviasca y Del Grosso, los militantes de Quebracho presos en Caseros.
VI) A LAS PUERTAS
Está claro que todavía no hay una ofensiva general de las luchas del pueblo y que éstas no son principalmente políticas ni disputan el poder. Eso correspondería a una situación revolucionaria. Precisamente vivimos en una etapa prerrevolucionaria porque aún no se llegó a una ofensiva popular en toda la línea que inaugure la disputa del poder. Pero ya maduraron las huelgas y algunas alcanzaron el rango de puebladas, imponiendo derrotas parciales al gobierno.
Para caracterizar una situación revolucionaria, Lenin planteaba tres condiciones:
-"La revolución es imposible sin una crisis nacional general que afecte tanto a los explotados como a los explotadores".
- Agudización extraordinaria de "los sufrimientos y las necesidades de las clases oprimidas".
- "Considerable intensificación de la actividad de las masas, las cuales en tiempos pacíficos se dejan expoliar sin quejas, pero que en tiempos agitados son compelidas, tanto por todas las circunstancias de la crisis como por las mismas clases altas a la acción históricamente independiente". (Lenin, "La bancarrota de la II Internacional", 1915).
En otras palabras, que "los de arriba" no pudieran gobernar como antes; que "los de abajo" no quisieran seguir viviendo como antes y que hubiera "una acción histórica independiente" de las masas.
Esta tercera, como fue el Cordobazo en 1969, es lo que aún no se ha reproducido. Pero estamos a las puertas de un nuevo 1969 que tendrá sus características originales.
Vamos marchando en esa dirección, a pesar del griterío del reformismo, trotskismo y nacionalismo que se aferran a la limitada caracterización de "resistencia".
Definir una situación política global -que abarca tanto a las clases dominantes como a las clases explotadas- utilizando solamente la referencia a un método de lucha de éstas últimas ("la resistencia"), nos parece equivocado.
Marx y Lenin hicieron análisis económicos, políticos y militares; nacionales e internacionales; tanto del campo de los explotadores como de los explotados -con especial hincapie en la situación de la clase obrera- para poder formular una caracterización política.
Hablar sólo de "resistencia" es erróneo, porque no da cuenta del conjunto de la situación política. Incluso es equivocado porque -como demostramos más arriba- muchas veces las luchas obreras y populares han desbordado los límites de la mera resistencia y han tomado la forma de ofensivas tácticas (Santiagazo).
Cuando los trabajadores emprendan una "acción histórica independiente", o sea un movimiento político, violento y de ofensiva, habrá comenzado una situación revolucionaria. Estamos seguros que cuando llegue ese momento el reformismo se opondrá a esa caracterización. Los que después de casi diez años de situación prerrevolucionaria aún se obstinan en negarla, ¿cuántos años más demorarán en apreciar una situación revolucionaria?. Y, lo que es más importante, ¿cuántos años más demorarán en asumir las tareas políticas propias de la nueva etapa?.
El reformismo tiene que contestar: ¿era revolucionaria la situación abierta por el Cordobazo?. Y si lo era, ¿cómo caracterizar, sino de "prerrevolucionaria", el período anterior de 1968 y principios de 1969?. Hoy estamos atravesando justamente ese período previo, donde lo esencial es aportar a que el movimiento de masas logre abrir la nueva etapa.
Que el PC, el PTP y el CTA se opongan a nuestra caracterización de situación prerrevolucionaria, vaya y pase. Pero es lamentable que la Corriente Patria Libre se sume a aquellos puntos de vista. MPU-Quebracho, si bien suscribe la tesis de la "resistencia", puntualiza bien que ésta "tiene en las puebladas su rasgo más notorio" (Quebracho, nº 12, mayo 1996).
El reformismo subestima a la masa. No toma nota de sus avances en conciencia política y gremial, sus nuevas formas de organización y movilización. Por eso extraña tanto la "época dorada" del frente electoral de "Izquierda Unida" de 1989 y cree que lo actual está por debajo de aquélla.
Nosotros, en cambio, nos quedamos con las barricadas que los trabajadores hicieron desde el Santiagazo (1993) en adelante. Ahora hay más conciencia política que en tiempos de la IU. Por ejemplo, la línea de las privatizaciones está en minoría entre las masas populares, lo que no ocurría antes, y esto complicará el anunciado remate menemista de Yacyretá y las centrales nucleares.
Para muchos millones de personas también es obvio que la deuda externa significa más miseria y dependencia del imperialismo. Es muy positiva la crisis de un partido centenario de la burguesía, como la UCR, así como el descrédito de la burocracia sindical entre los trabajadores.
Hay una mayor claridad de que ésta es la democracia del hambre, la entrega, la corrupción y la represión, a diferencia de las ilusiones democratistas de 1983. El desprestigio alcanza al Congreso y la justicia cómplices, como se vio con las acusaciones de corrupción contra el juez Trovato, los senadores Alasino y Angeloz, el procurador Agüero Iturbe, etc. Esto dificulta las tácticas del reformismo de "enganchar" a los trabajadores a su táctica de presión parlamentaria, pedidos de referéndum y montaña de recursos de amparo en sede judicial.
En la Argentina prerrevolucionaria está planteada la acumulación de fuerzas mediante la lucha de clases y la vía directa de la movilización de masas.
VII) LUCHA Y ACUMULACION POLITICA Y SINDICAL
Se suele argumentar que no existe una situación prerrevolucionaria porque "no hay un Agustín Tosco".
Pero la realidad muestra un proceso de recuperación sindical muy importante aunque no haya cristalizado aún en una fuerza de nivel nacional.
Hay sindicalistas combativos como Carlos Santillán del Frente de Gremios Estatales en Jujuy, Oscar Martínez de la UOM de Río Grande, Pablo Kirschbaum de ADIUNSa de Salta, Julio Reifemberg de Foecop Salta, Mario Díaz de Gráficos de Córdoba y muchas decenas más en Ciadea de Córdoba, mineros de Río Turbio, metalúrgicos de Ushuaia, estatales de Córdoba, maestras de Mendoza, hospitales de Buenos Aires, Astilleros de La Plata, profesores de La Rioja, etc.
Si el sindicalismo combativo no alcanzó mayores niveles fue en buena medida por responsabilidad del reformismo, que trabajó para fortalecer figuras claudicantes como Alberto Piccinini, Francisco Gutiérrez, Víctor De Gennaro y Mary Sánchez. Ellos estuvieron políticamente al servicio de frentes burgueses como el Frepaso.
Quiere decir que ciertos aspectos de confusión en la conciencia político-gremial de las masas no caen "llovidos del cielo". Fueron fomentados por el reformismo que entusiasmó a aquéllas con seudo-alternativas como Izquierda Unida, el Fral, el Frente del Sur, el Frente Grande, la Alianza Sur y el Frepaso.
La carencia del Tosco de 1969 se "compensa" en cierto modo hoy con la excelente situación para el desarrollo de la izquierda en fábricas a raíz del plan de ajuste, la crisis del peronismo y la burocracia sindical.
En la base obrera hay diseminados por todo el país delegados y activistas con quienes se puede formar una Tendencia Clasista.
El reformismo invierte los términos: reclama la previa figura de un Tosco para admitir la existencia de una situación prerrevolucionaria.
Con ello desnuda su incomprensión teórica e histórica ya que aquella situación es una categoría objetiva que no depende de tal o cual personalidad sindical, por valiosa que sea. La revolución obrera y popular será una obra básica de las masas, que genera líderes y es influenciada por éstos, orientada por un partido de clase, pero no depende de un dirigente.
El Partido de la Liberación sostiene que primero hay que impulsar las puebladas propias de esta etapa y en esa medida irán despuntando -como ya ocurre- figuras sindicales de predicamento a nivel regional y nacional.
Las mismas podrán formar un bloque clasista significativo recién en una etapa superior. La historia demuestra que -esquemáticamente explicado- primero hubo un Cordobazo (en 1969) y luego apareció el Sitrac-Sitram (en 1970). No al revés.
Para formar una tendencia clasista hay que deslindar aguas con la burocracia sindical de todo pelaje y no ser furgón de cola del CTA y MTA.
VIII) LAS CINCO VENTAJAS
¿Porqué el Partido de la Liberación habla de "situación prerrevolucionaria"?.
Fuimos los primeros en plantear esto en 1987 y lo mantenemos porque es correcto, implica la aplicación del leninismo a la realidad argentina. Esa caracterización nos orientó acertadamente durante estos años: intervención del PL en Villa Martelli, el hambreazo, las huelgas ferroviarias, valoración del Santiagazo, Ushuaiazo, la lucha de Córdoba y Mendoza, etc.
PRIMERO, porque señala drásticamente que los tiempos de reflujo, derrota y contrarrevolución han quedado superados. Es una vacuna contra el derrotismo.
SEGUNDO, porque advierte que se aproxima una situación revolucionaria. Una y otra categoría son de tipo objetivo, al margen de las valoraciones subjetivas.
TERCERO, porque pinta un panorama vivo de la elevación de las luchas obreras al nivel de las puebladas y el agravamiento de la crisis en el poder político menemista. Nuestra definición nos permite explicar porqué hubo un paro general en agosto y renunció el superministro Cavallo.
CUARTO, porque de ella se desprende que la táctica revolucionaria no pasa por las elecciones y la acumulación parlamentaria, sino centralmente por impulsar la rebelión popular sin despreciar formas inferiores de lucha.
QUINTO, porque plantea la necesidad de alianzas con sectores revolucionarios para desarrollar ofensivas tácticas de masas tendientes a abrir una situación revolucionaria. Nos ubica en la búsqueda de unidad de las fuerzas revolucionarias en pugna con el reformismo que sólo apuesta al recambio electoral de Menem en 1999.
IX) LAS DOS TACTICAS
La importancia de caracterizar correctamente la situación política es que de una u otra evaluación se derivan tales o cuales tareas para la militancia del campo popular.
El Partido Comunista sostiene que "la resistencia es no dejar pasar la impunidad generalizada; la gente tiene que empezar a indignarse, a no dejar pasar estos hechos de impunidad y resistir, aunque la resistencia sea decir solamente no; reivindicar el "no" es muy importante porque es levantar elementos de dignidad".
El P. C. puntualiza: "esto lo decimos en un momento en el que el movimiento popular está derrotado".
Esos párrafos corresponden a una declaración de prensa del 7 de junio de 1996 del contador Julio Gambina, miembro del Comité Central del PC y secretario parlamentario del bloque del P.C. en Diputados constituido por Floreal Gorini, directivo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos.
Gambina opinó que: "está muy instalado en la conciencia de la gente que no se puede hacer nada".
Una vez más, el reformismo le echa a la gente la culpa de los límites que tiene la situación política. Ve la paja en el ojo de las masas y no la viga en el propio. Recordemos que el P.C. integraba alegremente el Frente Grande en 1993 cuando todo el bloque de diputados (Alvarez, Solanas y Fernández Meijide) votó a favor de la intervención menemista contra Santiago del Estero, envío de la Gendarmería incluído. ¡Y el PC no dijo nada entonces!.
En oposición a ese tipo de planteos, el P.L. mantiene la línea de la rebelión popular, que se apoya en los antecedentes del Santiagazo y otras puebladas. Planteamos esa posición en el V Congreso del PL en 1990, el VI Congreso en 1992 y en el acto unitario de la izquierda en Plaza de Mayo el 1 de Mayo de 1993. Los hechos han probado que teníamos razón.
Por eso el VII Congreso del PL, en agosto de 1995, ratificó esa línea política surgida de los principios, la síntesis de nuestras experiencias y la realidad de los trabajadores.
La dirección revisionista del PCR-PTP logró que varios aliados lo secundaran en el llamado "Foro Sindical de La Rioja" en 1995 donde plantearon la tesis de "nacionalizar las luchas". Allí convergieron el PC, el MST y la Corriente Patria Libre, entre otros.
Esa consigna estaba por detrás del movimiento espontáneo de los trabajadores, que en 1994 había producido 1.000 conflictos. El pueblo ya había nacionalizado los conflictos desde La Quiaca hasta Ushuaia y desde Cuyo hasta Buenos Aires.
En realidad el PCR-PTP buscaba el pacto con los sectores burocráticos del CTA-MTA. A eso lo llamaba "nacionalizar" el conflicto. En cuanto lo logró, con la "Mesa de Enlace Gremial", tiró por la borda la Segunda Marcha Federal e incumplió la promesa del paro general para diciembre de 1995.
Para el P.L. el conflicto social ya estaba "nacionalizado". Había que "profundizar y elevar las luchas" hacia la Rebelión Popular. Esto es lo que debía proponerse una fuerza política que aspire a jugar un rol de vanguardia.
Una de las líneas divisorias entre el reformismo y los revolucionarios pasa justamente por la actitud a tomar frente a las formas de lucha.
El primero promueve principalmente las formas inferiores y las liga a "alternativas políticas" ubicadas dentro del sistema capitalista dependiente (Frente Grande, CTA, Mesa de Enlace Gremial, Congreso del Trabajo, la Producción y la Cultura, Foro de La Rioja, Multisectoriales con entidades patronales como en Jujuy, etc).
Eso es lo que el Frepaso y la UCR hoy están proponiendo como "apagón" de vidrieras por 5 o 10 minutos para setiembre, casi dos meses después de enunciado el "paquetazo" de Fernández y el FMI.
Los revolucionarios sostenemos que todas las luchas tienen su importancia, desde el petitorio de una fábrica o escuela hasta la quema de la Casa de Gobierno santiagueña y la pueblada de Cutral-Có.
Pero privilegiamos las formas elevadas porque son las que más daño causan al gobierno. También porque permiten los saltos de conciencia política en las masas y el crecimiento de las fuerzas combativas. Las puebladas, asimismo, pueden abrir una situación revolucionaria.
En esta polémica entre reformismo y revolución hay sectores que pretenden ubicarse en un punto intermedio. Dicen que hay que "extender, unificar y endurecer la resistencia de masas, en unidad con todos aquellos que están en contra del modelo, desde los más combativos hasta los más moderados".
Coinciden así con el reformismo en que lo esencial sería la "extensión" y formar una unidad entre "combativos" y "moderados" para una "nueva dirección" no revolucionaria del movimiento de masas.
X) LA TRABA PRINCIPAL
La Corriente Patria Libre critica al reformismo y a la revolución pero los mayores dardos los dirige contra la segunda y las "concepciones voluntaristas".
No fue casual que comenzara "una polémica necesaria" luego de la lucha estudiantil de La Plata, en febrero de 1996, cuando desde el reformismo llegaron furibundas críticas contra un supuesto "putschismo".
La CPL arremetió contra quienes tienen "una lectura de la situación en el movimiento popular o alguno de sus sectores, que no respeta la realidad sino los propios deseos". Aludía a quienes sostenemos que hay una situación prerrevolucionaria.
Por supuesto que cualquier subestimación de los peldaños de abajo de las luchas es errónea. Nos priva de una palanca para movilizar a las amplias masas, deja a éstas bajo la dirección de la burocracia, la burguesía y el reformismo, e impide una mayor inserción de la izquierda revolucionaria entre sectores obreros y populares.
¿Acaso está mal proponer castigar con mayores impuestos a los monopolios hasta que la revolución social pueda expropiarlos?. ¿Es erróneo plantear la consigna de ingreso irrestricto en la Universidad hasta que el nuevo poder haga realidad la Universidad del Pueblo en la Patria Liberada?. ¿No podemos exigir la anulación de las privatizaciones de las empresas públicas, y su reestatización, antes de la revolución?. Nos parece que es correcto tener esas tácticas concretas para favorecer la movilización del pueblo.
No se trata de limitarse a una reivindicación general de la rebelión popular.
Hay que plasmar esa línea en los frentes de trabajo, especialmente entre los trabajadores, movilizándolos, jugando un rol de avanzada y captando sus mejores elementos para el Partido y el frentismo revolucionario.
No tenemos que demorarnos en forjar amplios vínculos con las masas, flexibilizando las tácticas cuando sea necesario.
Buscamos todas las alianzas posibles con las fuerzas organizadas con las que tenemos acuerdos. Pero éstas se subordinan a la alianza principal con las masas y el activismo de cada lugar.
Por ejemplo, la Tendencia Clasista solamente puede surgir del propio trabajo entre los trabajadores. Y de que logremos sumar a la iniciativa a muchos activistas y delegados a los que lleguemos "en vivo y en directo" con la propuesta.
Sin menospreciar ningún reclamo, debemos pegarnos al sector que hoy juega el rol de chispa: los trabajadores estatales.
Decimos esto sin perder de vista a la clase obrera industrial, aunque sus luchas aún vengan algo retrasadas en comparación con aquéllos. Frente a las teorías revisionistas y populistas, ratificamos que el proletariado es la vanguardia del proceso revolucionario.
Y hay que prestar más atención a los sectores villeros porque el hambre puede provocar estallidos sociales. En Mendoza, Córdoba y Capital hubo ya un saqueo y presiones para conseguir alimentos.
Los secundarios y universitarios también han levantado su movilización por lo que la Juventud de la Liberación y TUPAC tienen un gran trabajo por delante. Para eso deberán precisar su programa y tácticas específicas, rechazando los límites presupuestarios, los cupos, exámenes, aranceles, bochazos y enfrentando las reformas educativas que el gobierno intenta en línea con el Banco Mundial y el ajuste.
El reformismo es la enfermedad principal dentro de la izquierda y en los últimos años fue reforzado por las ideas "perestroikas". Niega que la situación actual sea prerrevolucionaria y que la tarea central sea impulsar la rebelión popular para abrir una situación revolucionaria.
Si no erradicamos esta lacra del oportunismo en la vanguardia obrera y la juventud no podrá superarse el retraso de las fuerzas subjetivas de la revolución.
Son las propias masas trabajadoras y el activismo quienes cumplen espontáneamente un papel de avanzada. Este desfasaje puede ser solucionado si las corrientes revolucionarias impulsamos las puebladas y crecemos orgánicamente.
XI) EN LO SINDICAL
La diferencia entre el reformismo y la revolución se advierte claramente en las distintas propuestas gremiales.
El Partido Comunista durante años hizo "rancho común" con Mary Sánchez y Víctor De Gennaro en el CTA. El PCR-PTP hizo lo propio con Saúl Ubaldini, Juan M. Palacios, Hugo Moyano y otros dirigentes del MTA. Todos ellos se juntaron en la Mesa de Enlace Gremial. Una parte había fundado antes el "Foro de La Rioja".
En medio de tantas alianzas con burócratas y claudicantes, aseguraron que podrían construir una CGT "combativa, democrática, federal, participativa, etc". Obviamente no fue así.
Por nuestra parte hemos planteado que debían unirse los sectores obreros combativos, al margen y en contra de la burocracia en sus diversas variantes. Desde un bloque independiente del gobierno, la patronal y la burocracia se pueden impulsar las huelgas. Algunos esbozos se dieron en Salta con el Plenario de los Trabajadores, en Córdoba con la Corriente 1 de Mayo, en Jujuy con el Frente de Gremios, en Neuquén con la Comisión de Desocupados, etc.
Allí hay una base para avanzar a un nivel superior. Esto no implica negarse a la unidad en la acción con el CTA y MTA para una marcha o un paro. Pero éstos serían acuerdos puntuales, muy diferentes a querer construir junto a esos sectores burocráticos una organización permanente ("central obrera alternativa").
Una diferencia muy notable con el reformismo es que la izquierda revolucionaria busca sus aliados básicos en la masa misma, sus delegados y activistas. Estos proceden de la izquierda, o se han desvinculado del peronismo o bien son luchadores que están despertando. Secundariamente buscamos más aliados en sectores político-gremiales organizados en distintos partidos, según los cambiantes momentos políticos.
En cambio el P.C. vino trabajando estos años como parte integrante del CTA, el Congreso del Trabajo, la Producción y la Cultura, etc. La Coordinadora de Gremios Estatales de Córdoba, con participación del CTA, levantó el crucial paro del 29 de junio y concurrió a una audiencia en Olivos con Menem, Angeloz y el cardenal Primatesta.
En los últimos tiempos se han sumado a esos enfoques oportunistas otros compañeros que sostienen que "es erróneo que con los reformistas y/o moderados lo principal sea la lucha política e ideológica de forma de disputar con ellos el movimiento de masas e impedirles que puedan contener el futuro auge revolucionario".
XII) DISTINTAS PROPUESTAS DE UNIDAD
El PCR-PTP fue en 1989 cofundador del Frejupo junto a Carlos Menem y en 1991-1992 coqueteó con Aldo Rico y el Modin.
Por eso no puede extrañar que en su concepción de "frente amplio" promueva Multisectoriales como la de Jujuy, donde los gremios estatales convivieron con la Unión Industrial de Jujuy y la gran patronal azucarera y tabacalera de la región, vaciadora del Banco Provincial.
Con esa línea a nivel nacional podrían llegar a hacer alianzas "amplias" con sectores de la gran burguesía de la Unión Industrial Argentina que critican aspectos parciales del plan neoliberal y piden "producción y crecimiento".
El P.C. utilizó en su 19º Congreso las expresiones "difíciles" del "bloque histórico popular" para "construir una contrahegemonía desde la confrontación con la diversidad de mecanismos" e "instalar una nueva cultura y una nueva institucionalidad".
Pero más allá de esa palabrería seudogramsciana y posmoderna, se mantiene en lo sindical en el CTA y en lo político en frentes electoralistas como la Unidad de la Izquierda Popular. Sigue reivindicando ser parte del Foro de San Pablo, una herramienta inútil para sacar siquiera un comunicado de condena a la invasión yanqui contra Haití.
La Corriente Patria Libre tiene una tesitura similar al PC. Ha rechazado la Unidad de los Revolucionarios diciendo que no corresponde a esta etapa. Propone algo "más amplio", como unir a los que luchan y una Asamblea de la Resistencia (pág. 12, "En Marcha" mayo 1996). Esto es una copia fiel de la propuesta que siete meses antes había hecho el P.C. en su 19º Congreso (informe de Patricio Echegaray, pág. 14).
La CPL participó de la creación electoralista del PC-PTP pero yendo más allá, ya que planteó: "nos hubiera gustado que también formaran parte de la alianza UIP otros partidos trotskistas, el PSA socialismo auténtico y el Partido Humanista, de forma de agrandar y fortalecer la expresión de los verdaderos opositores" ("En Marcha", mayo 96, pág. 10).
Dicen que la suya es la "unidad de los que luchan", pero son frentes electorales con quienes no se distinguen por luchar demasiado, como las direcciones del PC, PTP, trotskismo, CTA, Partido Humanista, etc.
Una idea troncal errónea es que la dirección política que se necesita es una "unidad popular donde estén todos aquellos que cuestionen verdaderamente el modelo y estén dispuestos a enfrentarlo, desde los que lo hacemos consecuentemente hasta los que lo hacen con menor firmeza".
Una dirección política de ese tipo no podría dirigir ningún proceso de luchas por su confusionismo interno y la "moderación" de las cúpulas del CTA y el Frente Grande. El descrédito de esas alianzas, aún las que se presentan como "de izquierda", es un dato positivo de la situación prerrevolucionaria.
XIII) TRES NIVELES DE ALIANZAS
El P.L. ratifica en lo estratégico la necesidad de un amplio Frente de Liberación Nacional y Social dirigido por la clase obrera para la toma del poder y el avance ininterrumpido hacia el socialismo y el comunismo.
De ese FLNS tienen que formar parte la clase obrera, el resto de los asalariados de la ciudad y el campo, las capas más pobres de la pequeña burguesía urbana y rural, la mayor parte de los estudiantes y la intelectualidad, los campesinos pobres y medios, las capas medias y la fracción inferior de la burguesía nacional.
Luchamos por la construcción de un frente antimonopolista, democrático, popular y antiimperialista dirigido por el proletariado revolucionario y su partido de clase.
El primer círculo de alianzas es unir a los revolucionarios.
Entendemos que en Argentina el frentismo revolucionario tiene como afluentes el marxismo-leninismo, el nacionalismo popular revolucionario, el cristianismo de liberación y sectores independientes antiimperialistas y socialistas.
Sin hacer ningún "refrito" para una "nueva identidad" o "síntesis ideológica" (como propusieron la "perestroika", PC, Corriente Patria Libre, MTP, Quebracho, etc), aquellas corrientes pueden unirse en un frente político conservando las respectivas ideologías y organizaciones.
Los revolucionarios también están entre los activistas sin partido en el movimiento obrero, que tiene que ser el gran protagonista de la unidad revolucionaria.
Hay también organizaciones combativas, con quienes existen diferencias políticas, pero también coincidencias.
Debe desarrollarse un trabajo en común, debates y coordinación con Quebracho, Corriente Patria Libre, Descamisados y sectores del MTP, PC, Coar, Corriente Marxista-Leninista, etc.
Hay grupos independientes que militan en el gremialismo como la Corriente 1º de Mayo de Córdoba y el Plenario de Trabajadores de Salta; de derechos humanos como Madres de Plaza de Mayo, Comisión por la Libertad de los Presos Políticos, Asociación, Correpi, Unidhos y la ADDH de Ushuaia; en las Comisiones de Solidaridad con Cuba; agrupaciones universitarias como Movimiento Sur, Viejo Topo, etc.
Todos ellos tienen que hacer su aporte a la construcción del frentismo político revolucionario porque está a la vista el límite de las organizaciones "sociales".
Esta unidad revolucionaria es la principal carencia a llenar. El Partido de la Liberación ha propuesto unirnos sobre la base de impulsar las puebladas y un programa de una media docena de puntos de profundidad revolucionaria. Sugerimos una coordinadora revolucionaria sin hegemonismos, integrada por todos los sectores arriba mencionados y otros.
No se trata de un mero cambio en el orden de los factores. Lo primero es aportar a la unidad de los revolucionarios como un bloque capaz de arrastrar a sectores más amplios pero conservando la dirección en manos firmes y de clase.
En segundo término somos partidarios de la unidad de los que luchan.
Aquí nos encontramos con sectores honestos y combativos pero también con un vasto espectro de fuerzas intermedias, incluyendo el reformismo y la centroizquierda. Por ejemplo, en las campañas de apoyo a Cuba socialista se pueden formar organismos con esos sectores y está muy bien que así sea.
En muchas provincias se formaron Multisectoriales uniendo a gremios en conflicto. Y las hemos apoyado, excepto cuando tomaron una forma burguesa (caso citado de Jujuy). Fuimos parte del 3er Encuentro Nacional de la Correpi y de la Coordinadora Antirrepresiva de Córdoba.
En tercer lugar, practicamos la unidad en la acción. O sea una amplia unidad por un punto en particular que interesa al movimiento de masas.
En estos casos suele confluir "casi todo el mundo", incluso frepasistas, radicales, etc, según los temas, con quienes normalmente estamos enfrentados. Por ejemplo, hubo amplia unidad para rechazar el envío de tropas al Golfo Pérsico, hacer la Marcha Federal, repudiar el indulto menemista a los genocidas, la movilización a 20 años del golpe de Estado, etc.
Hay que saber distinguir los tres diferentes niveles de unidad: la unidad revolucionaria basada en la política y ciertos acuerdos estratégicos; la unidad táctica; y la unidad en la acción.
Cada una de estas instancias es válida y tiene una importancia específica. El reformismo admite solamente las dos últimas, puestas como engranajes al servicio de un frente político burgués.
El P.L. plantea las tres alianzas, enfatizando que la unidad revolucionaria tiene que ser el núcleo de un sistema más vasto de alianzas.
El reformismo trata de convencer a los trabajadores de que todos los déficits de la situación política se originan en la falta de "unidad". O sea, en el sectarismo.
Evidentemente éste es un problema real pero no es el único y muchas veces no es el principal. También hubo decenas de experiencias "unitarias" seudo-frentistas que fracasaron porque su dirección era oportunista. Por eso defraudaron y confundieron a la gente, como ocurrió con Izquierda Unida.
Quiere decir que el sectarismo es negativo, pero el oportunismo de derecha no se queda atrás y muy a menudo va adelante.
Al analizar las formas de lucha, vimos que el reformismo opta por las formas inferiores (marchas pacíficas) y rechaza las superiores de esta etapa (puebladas).
Eso se repite en materia de frentismo ya que el reformismo plantea sólo las formas inferiores de unidad (unidad táctica, unidad en la acción y frente electoral). En cambio, es enemigo del andarivel más elevado de la unidad revolucionaria. Esta última es la única manera de formar una fuerza propia para poder confluir luego en otras instancias más amplias sin perder la independencia y luchando por la dirección de la clase obrera dentro del frente.
La unidad de los revolucionarios es como los cimientos del frente. Si éstos se resquebrajan, se viene abajo toda la construcción frentista. Por eso es lo primero y privilegiamos su calidad.
En cambio los reformistas comienzan por las "alianzas amplias", se diluyen y se subordinan a sectores burgueses, supuestamente en aras de la cantidad o el número o los votos.
El reformismo acusa a los revolucionarios de "sectarismo". Pero históricamente aquél tuvo gran flexibilidad e hizo llamamientos a sectores claudicantes. En cambio hostigó a la izquierda revolucionaria. El ejemplo negativo del P.C. es categórico.
El gobierno menemista es consciente del peligro que supone una unidad revolucionaria. Por eso cuestiona a "los tirapiedras", "los agitadores profesionales", "los infiltrados", etc. Los persigue, les abre procesos penales, los detiene, etc. Una vez más los temores del enemigo nos están dando la pauta de qué tipo de unidad teme. Y ésta, la unidad revolucionaria, es la que necesitamos construir.
Por eso el P.L. viene insistiendo desde 1987 en formar la Unidad de los Revolucionarios sobre bases políticas y prácticas. El Frente de Liberación Nacional y Social debe ser construído desde esos cimientos.
En concreto hay que unir a quienes luchamos por un poder popular revolucionario y hoy ocupamos las primeras líneas durante las puebladas contra el ajuste y la represión policial.
Los revolucionarios somos los enemigos del imperialismo y la gran burguesía, del sistema capitalista dependiente, del Estado explotador, su aparato represivo, etc, y no sólo del "modelo neoliberal".
El reformismo se limita a criticar "el modelo", como lo hacen Franja Morada, Chacho Alvarez, Antonio Cafiero, Saúl Ubaldini y el arzobispo Raúl Primatesta.
En el terreno latinoamericano, los gobiernos reaccionarios de Ernesto Samper, Fernando H. Cardoso y Rafael Caldera también podrían suscribir la mera crítica al neoliberalismo.
Nosotros golpeamos al neoliberalismo en lo táctico, pero desde el vamos denunciamos a todo el sistema capitalista dependiente con sus variantes neoliberal, desarrollista, populista, socialdemócrata, civil o militar.
La alternativa al menemismo no puede ser una alianza electoral de la UCR y el Frepaso para 1999 sino la rebelión popular y la apertura de una situación revolucionaria como ocurrió en la década del 70.
Convocamos a los activistas, a quienes compartan la propuesta obrera y popular del Partido de la Liberación, a incorporarse a este partido de clase para ayudar a abrir una nueva situación política y defender los intereses del proletariado y el pueblo.
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaSERGIO ORTIZ
aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaSecretario General del P.L. de Argentina
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