MANIFIESTO PROGRAMA
VIII Congreso Nacional del Partido de la Liberación (PL) de Argentina

Diciembre de 1998

 

¡POR LA REVOLUCION NACIONAL, DEMOCRATICA Y POPULAR DIRIGIDA POR LA CLASE OBRERA HACIA EL SOCIALISMO!
¡POR UN PARTIDO MARXISTA-LENINISTA DE LA CLASE OBRERA!
¡POR LA UNIDAD DE LOS REVOLUCIONARIOS!
¡POR UN FRENTE DE LIBERACION NACIONAL Y SOCIAL!
¡POR LA EXPROPIACION DE LOS MONOPOLIOS EXTRANJEROS Y NACIONALES!

 

 

INTRODUCCION

La Argentina es un país abundante en productos alimenticios, con grandes recursos hídricos y ricos yacimientos mineros. Está dotado de múltiples fuentes de energía y un vasto patrimonio forestal. Cuenta con prolongadas extensiones costeras y mares de rica pesca. Tiene una base industrial relativamente desarrollada e infraestructura de servicios. El pueblo argentino es laborioso y tiene un buen nivel de capacitación técnica.

Sin embargo, las grandes masas obreras y populares sufren la explotación, el desempleo, la pobreza, la injusticia, la opresión y la miseria. Según estadísticas oficiales del INDEC, hay 9 millones de personas que viven por debajo de la línea de pobreza. Es el 25 por ciento de la población total.

No hay razones naturales ni destino sobrenatural que condenen a nuestro pueblo a esta situación, que se agravó en los últimos años con la dictadura militar y los gobiernos de la gran burguesía «democrática» encabezados sucesivamente por Raúl Alfonsín y Carlos Menem.

El mal que aqueja al pueblo proviene del dominio económico y político que ejercen la oligarquía y el imperialismo. Nuestra enfermedad consiste en que Argentina es un país capitalista dependiente, bajo el control asociado de una gran burguesía local (la oligarquía) y el imperialismo (particularmente el yanqui). Estos monopolios extranjeros y nacionales son los responsables y a la vez los principales beneficiarios del atraso, deformación, dependencia y concentración monopolista de nuestra economía.

Por eso la confiscación de los monopolios es el contenido fundamental de nuestra revolución en esta etapa de su desarrollo.

 

LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA

Hasta la revolución de 1810 fuimos una colonia española. La conquista y posterior colonización de América fue una obra depredadora, de contenido colonial y mercantil, asentada en formas de explotación esclavistas y feudales apareciendo en sus postrimerías formas pre-capitalistas. El objeto fue el saqueo de nuestras riquezas, en especial el oro y la plata, para realimentar al decadente régimen borbónico que imperaba en la Península.

Asociada al feudalismo español, una minoría reaccionaria explotó durante tres siglos a las masas aborígenes y criollas. Aristócratas españoles y aventureros que recibieron gracias y mercedes de la Corona, comerciantes beneficiados por el monopolio, terratenientes y ganaderos que obtenían rédito del negocio de mulas con el Alto Perú, la venta de cueros y la exportación de tasajo a Brasil y Cuba, etc, conformaron las clases dominantes que se asentaron aquí.

Aquel orden colonial retrógrado fue quebrado por el movimiento independientista de una amplia alianza de clases donde revistaban criollos, mestizos, indígenas, esclavos y descendientes de esclavos que formaban las masas pobres de la ciudad y del campo; agricultores y hacendados víctimas del monopolio español, comerciantes que aspiraban al libre comercio, etc.

El pueblo argentino libró una prolongada guerra de liberación donde les cupo un gran papel a los ejércitos y columnas guerrilleras de José de San Martín, Manuel Belgrano y Martín M. de Güemes, quienes derrotaron a las tropas realistas y conquistaron la independencia. Ellos actuaron en coordinación con las fuerzas del Libertador Simón Bolívar, Antonio Sucre, Bernardo O´Higgins y demás patriotas latinoamericanos.

 

LA SEMICOLONIA BRITANICA

Aunque la Declaración de la Independencia votada en Tucumán el 9 de julio de 1816 se manifestó independiente de Fernando VII, sus sucesores y metrópolis -agregándose días más tarde la correcta fórmula «y de toda otra dominación extranjera»-, no pasó mucho tiempo antes que los colonialistas británicos hincaran sus dientes en la presa del Río de la Plata.

La conducción de aquella revolución estuvo en manos de hacendados y comerciantes. Por eso, después de un período de transición caracterizado por agudos conflictos internos, hacia 1853 se consolidó una nueva dependencia: la semicolonia británica.

El país por el que habían luchado el pueblo y dirigentes progresistas como San Martín, Mariano Moreno, Bernardo Monteagudo, Juan José Castelli, etc, ingresaba en una nueva forma de subordinación.

La oligarquía, con base en la propiedad terrateniente-ganadera y en el control del comercio exterior, se asoció con Gran Bretaña. Mediante la explotación del trabajo de peones y chacareros, obtenía los alimentos y materias primas baratas que el imperio necesitaba para su población e industria. A la vez, esa misma oligarquía oficiaba de intermediaria en la colocación en el mercado interno de las manufacturas inglesas, cuya industria era por entonces la más desarrollada del mundo.

Argentina se convirtió, por acción de la oligarquía, en el «granero próspero» del imperio británico, aunque ondeara formalmente la bandera celeste y blanca, y aparentemente gozara de independencia política.

Las masas combatieron contra esa doble opresión. De ello da cuenta la historia, desde las luchas de los orientales de José Gervarsio Artigas y el ala progresista del federalismo, hasta el heroísmo de los defensores criollos que se batieron contra la flota anglo-francesa el 20 de noviembre de 1845 en la Vuelta de Obligado. Pero el poderío de la alianza oligárquico-imperialista y la ausencia de una clase social suficientemente fuerte y experta para dirigir esas luchas, hizo que las fuerzas populares fuesen derrotadas.

 

LAS PRIMERAS LUCHAS OBRERAS

En el último cuarto del siglo pasado se aceleró el desarrollo del capitalismo dependiente, dando lugar a la aparición y crecimiento de la clase obrera argentina. Esta planteó encarnizadas luchas por la jornada de 8 horas, el derecho a organizarse en sindicatos y la mejora de sus salarios y condiciones de trabajo. Esto, sumado a la victoria de la Revolución Socialista de Octubre y el establecimiento del primer estado socialista en la URSS, hizo que nuestra revolución entrara en una nueva etapa.

Ya existía una clase social potencialmente capaz de dirigir la revolución: la clase obrera. Y entramos en la etapa nacional, democrática y popular de la revolución, que es la continuación -en las nuevas condiciones- de la histórica lucha contra la opresión extranjera y las clases dominantes nativas.

La ampliación de la base capitalista dio lugar también al fortalecimiento de la burguesía nacional y la constitución de una amplia pequeña burguesía agraria (los chacareros) y urbana (la llamada «clase media»).

Los paros y manifestaciones obreras, la Revolución de 1990, el levantamiento radical de 1905, el Grito de Alcorta de 1912 de los chacareros que fundaron la Federación Agraria Argentina, la agitación proletaria de 1909 y las inquietudes estudiantiles que fueron el preludio de la Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba, etc, minaron el dominio oligárquico. Todo eso terminó favoreciendo el ascenso de la burguesía nacional al poder en 1916 con la Unión Cívica Radical acaudillada por Hipólito Irigoyen.

El primer gobierno radical introdujo reformas en la antigua estructura de dominación, pero lo esencial del viejo poder económico quedó intacto. El irigoyenismo buscó atraer las direcciones sindicales reformistas con una política dirigida a apaciguar los conflictos y forzar a la oligarquía a hacer concesiones menores. Irigoyen reprimió salvajemente cuando las luchas obreras pusieron en peligro el sistema social vigente. Así ocurrió en Buenos Aires en 1919 durante la «Semana Trágica», donde la policía mató a unos 50 obreros, y en la Patagonia en 1921, donde el Ejército fusiló a 1.500 peones rurales a pedido de la Sociedad Rural luego de un heroico levantamiento proletario.

Bajo el predominio político del primer gobierno burgués nacional, la Nación no pudo liberarse de la dominación extranjera ni el pueblo pudo liquidar el poder de la oligarquía y el imperialismo. Eso sí, con la elevación de las luchas políticas en nuestro país y bajo el influjo de la revolución soviética y la ruptura de los bolcheviques con los socialdemócratas, se fundó el Partido Comunista en 1918 (con el nombre de Partido Socialista Internacional), creciendo el número y calidad de luchas obreras, populares y estudiantiles.

 

EL PERONISMO

La crisis económica mundial de 1930 también alteró el comercio exterior argentino, achicando sus exportaciones e importaciones. Esto se tradujo en una gran desocupación y muchas penurias para las masas. Aprovechando la debilidad del gobierno radical, la oligarquía lo derrocó mediante el golpe militar del 6 de setiembre de 1930 y recuperó el gobierno, iniciando la «década infame».

La caída de las importaciones estimuló el crecimiento industrial vía sustitución de los bienes que no llegaban a nuestro mercado. Durante este período la oligarquía comenzó a invertir en sectores de la industria y paralelamente se desarrolló la burguesía nacional. Los viejos lazos de dependencia con Inglaterra tendieron a debilitarse y se fue acentuando la penetración del imperialismo norteamericano.

Hubo luchas obreras contra el gobierno del general Agustín P. Justo, sobre todo la prolongada huelga de la construcción y la huelga general que le sucedió en 1936 dirigidas por el Partido Comunista. Creció el proletariado alimentado por sucesivos contingentes provenientes del campo y pueblos del interior del país. Se debilitó la presión imperialista sobre las colonias, semicolonias y países dependientes durante la Segunda Guerra Mundial. La sustitución de importaciones había estimulado y dado nuevas perspectivas al empresariado no monopólico ni asociado al capital extranjero.

En estas condiciones surgió el peronismo, como expresión de la burguesía nacional, ganando las elecciones de febrero de 1946 para hacerse del poder. Antes había logrado fortalecerse mediante una combinación de la acción de masas obreras del 17 de octubre de 1945 y la presencia de una fuerte corriente en el interior de las Fuerzas Armadas, partidarias del cambio industrialista-burgués.

También aprovechó que la dirección del Partido Comunista, en manos de Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi, traicionaron a la clase obrera al unirse con los partidos de la gran burguesía y los terratenientes en la «Unión Democrática», inspirada por el entonces embajador estadounidense Spruille Braden. Este fue un golpe muy duro a la relación del comunismo con los trabajadores.

El gobierno liderado por el general Juan Domingo Perón produjo inicialmente algunas transformaciones progresistas en la estructura económica y política. Su proyecto de un capitalismo con relativa autonomía tenía a favor que el imperialismo yanqui estaba atareado en Europa y Asia. Había una gran cantidad de divisas acumuladas en nuestro Banco Central durante la coyuntura bélica. Se expandió YPF (petróleo) y se creó la mayoría de las empresas estatales, nacionalizándose los ferrocarriles luego de pagar un sobre precio a los ingleses.

Una de las bases políticas más sólidas del nuevo gobierno fueron los sindicatos, utilizándolos en nombre de los beneficios iniciales otorgados a las masas (convenios laborales, Estatuto del Peón, jubilaciones y pensiones, etc). Así se reforzó su control político.

Sin embargo, a pesar de tener en sus manos los resortes fundamentales del poder político y contar con un gran apoyo de masas, el peronismo tampoco destruyó las bases económicas de la oligarquía y el imperialismo. Incluso en 1952, con el «Congreso de la Productividad», acentuó la creciente superexplotación de la clase obrera. Los contratos petroleros con compañías norteamericanas como la California-Standard Oil indicaron que había declinado el momento nacionalista del peronismo.

La resignación reformista de aquél facilitó que las viejas clases dominantes utilizaran a las Fuerzas Armadas y retornaran al poder mediante el golpe de Estado del 16 de setiembre de 1955. Los «gorilas» golpistas de la aviación naval habían bombardeado en junio a la población civil en Plaza de Mayo, con un saldo de centenares de muertos.

La conducción del peronismo ya había pasado a expresar a un sector de la gran burguesía, perdiendo su condición de burguesía nacional. Coherente con esto, capituló sin luchar, dejando inermes a las masas obreras y populares frente a la furia revanchista de la «Fusiladora» de Lonardi, Aramburu y Rojas.

Desde entonces se comenzó a gestar con mucha fuerza la dependencia con eje en el imperialismo norteamericano, etapa que dura hasta el presente. En este período se acentuó el contenido oligárquico, golpista y represor de las Fuerzas Armadas.

En 1973 el peronismo regresó al gobierno usufructuando los Cordobazos y la acción de organizaciones guerrilleras que habían debilitado la dictadura del general Alejandro Lanusse. A despecho de la efervescencia popular y de las primeras conquistas democráticas (como la libertad de todos los presos políticos), a poco de andar los sectores más recalcitrantes del peronismo, con el apoyo del general Perón, comenzaron las masacres contra el pueblo.

En Ezeiza, el 20 de junio de 1973, fueron asesinados centenares de jóvenes del sector revolucionario del peronismo y otros hombres y mujeres del pueblo. El gobierno creó en secreto la organización fascista-terrorista AAA que en tres años eliminó a 1.500 militantes populares.

La expresión más clara de esa política antipopular fue el gobierno de Isabel Perón, viuda del general, quien aplicó planes de hambre y generalizó la represión, autorizando la entrada del Ejército en operaciones antiguerrilleras en Tucumán. Esa administración firmó los decretos secretos del PEN llamando a los militares a «aniquilar el accionar de la subversión», lo que dio pie al terrorismo de Estado.

Finalmente, el 24 de marzo de 1976 las Fuerzas Armadas dieron su propio golpe de Estado, el más sanguinario de nuestra historia, que hizo desaparecer a 30.000 militantes populares. El mismo fue facilitado por la acción del capitulador y recalcitrante gobierno peronista.

 

LOS BLANCOS DE LA REVOLUCION

Durante los últimos 45 años se fue consolidando la hegemonía yanqui dentro de la penetración de otras potencias imperialistas. En la actualidad, la Secretaría de Industria estima que el 29,1 por ciento del capital extranjero a invertirse en la Argentina entre 1998-2000 pertenece a inversores de Estados Unidos. Le sigue España con el 12,8 por ciento. Ello, más sus anteriores inversiones, facilita a los yanquis ejercer el control sobre los principales renglones de nuestra economía y remitir a sus casas matrices varios miles de millones de dólares por año en remesas de beneficios y pagos de patentes y royalties.

El gobierno entreguista de Carlos Menem se vanagloria de que «las inversiones de Estados Unidos se cuadriplicaron desde 1989 y hoy superan los ocho mil millones de dólares, de los cuales más del 60 por ciento se dirigieron al sector industrial».

Entre las empresas norteamericanas se destacan Esso, Amoco y Texaco (petróleo); GTE, Motorola, South Bell, IBM, parte de Telefónica, American On Line y Microsoft (telecomunicaciones e informática); Ford, General Motors y Chrysler (automotriz); Massalin-Particulares-Philip Morris (tabaco); Dow Chemical y Ducilo (química, fertilizantes y textil); Cargill y Swift (comercio exterior y frigorífico), TCI, Cablevisión, Hughes y CEI (televisión por cable y medios de comunicación); Coca, Pepsi, Nabisco y Wal Mart (bebidas, alimentación y supermercados); Citibank, BankBoston y Corp Banca (finanzas y administradoras de fondos de jubilaciones privadas); Metropolitan Life, Principal Group y AETNA (fondos de pensiones privados, seguros de vida, etc); Exxel, Quantum y HMT&F (fondos de inversiones); Procter & Gamble, Avon y Merck Sharp & Dohme (productos de limpieza, perfumería y laboratorios); Lockheed Martin (aviones y armas); American Airlines (parte de Aerolíneas Argentinas); Sheraton, George Soros-IRSA-Cresud (hoteles, inmobiliarias, shopping centers y estancias); Ogden (aeropuertos); Burlingston y Morrison Knudsen (trenes bonaerenses), etc.

EEUU es el principal proveedor de nuestras importaciones, favoreciéndose con el continuo deterioro de los términos de intercambio o comercio desigual, que es otra forma de exacción imperialista. Por medio del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de Norte América) nos vende por más de 3.000 millones de dólares anuales y nos compra por sólo 1.000 millones. Encima nos amenaza con sanciones comerciales por no tener una ley de patentes medicinales y de software informático totalmente al gusto suyo.

A partir de 1980 la deuda externa se convirtió en la principal vía de la explotación imperialista. EE.UU. es el acreedor hegemónico con alrededor del 40% de los créditos fraudulentos. El Citibank fue la cabeza del comité de bancos acreedores que actuó junto al FMI- Banco Mundial para asegurarse el pago mediante la refinanciación conocida como «Plan Brady» y de paso impuso la obligatoriedad de los «ajustes», privatizaciones, etc.

En el Presupuesto Nacional 1999 el gobierno argentino se obligó a pagar 7.700 millones de dólares en concepto de intereses de esa deuda, dinero que restará de los programas sociales y necesidades del pueblo argentino.

El gobierno de Menem no sólo pagó la deuda con dólares de contado («cash») sino también con la privatización y extranjerización de las empresas públicas, comenzando en 1990 por la rentable telefónica ENTel, entregada a Telefónica de España, Citibank y France Telecom. Le siguieron Aerolíneas Argentinas, Gas del Estado, Agua y Energía, Segba, Ferrocarriles, YPF, Somisa, el peaje en las rutas nacionales, etc.

Cada una de estas privatizaciones desató grandes pugnas intermonopolistas e interimperialistas, sobre todo entre intereses estadounidenses y europeas, respaldados por sus respectivos gobiernos y embajadas. La lucha interimperialista desestabilizó aún más al gobierno argentino. Este, tironeado por los distintos bandos, trata de conceder negocios para todos los bandos pero privilegiando las «relaciones carnales» con el imperialismo yanqui.

Los monopolios extranjeros y el capital financiero internacional detentan posiciones de privilegio en la economía argentina. Su aliado es la gran burguesía nativa, o monopolios nacionales, que se caracterizan por un doble origen.

Por un lado están los que provienen de la vieja oligarquía terrateniente y la gran burguesía intermediaria o burocrática, como Soldati, Bunge & Born, Martínez de Hoz, grupo Roberts-Alpargatas, Lacroze de Fortabat, Blaquier, etc.

Por el otro, los que tienen origen en las capas superiores de la burguesía nacional y que a partir de la década del ´60 se convirtieron en monopolistas y se fueron asociando al capital extranjero, como Pérez Companc, Macri, Arcor, grupo Clarín, Pescarmona-IMPSA, Benito Roggio e Hijos, Eurnekian-Multimedios América, Bulgheroni-Bridas y otros.

La otra característica de esta gran burguesía es que su fuerza ya no radica sólo ni principalmente en la propiedad terrateniente y el manejo del comercio exterior, sino que se ha extendido a todas las ramas de la economía. Es una oligarquía gran burguesa de inversiones múltiples en industria, finanzas, servicios, comercio y tierras, que tejió una asociación con diversos capitales imperialistas.

En su afán por conquistar posiciones monopólicas en el mercado y desalojar la competencia de vastas capas del empresariado mediano y pequeño, la alianza oligárquico-imperialista ha provocado la destrucción de las fuerzas productivas en gran escala. A la vez, ha atacado al movimiento obrero para reducir el salario real y aumentar la cuota de plusvalía.

Las mismas cámaras empresarias admiten que la productividad laboral industrial (cuánto produce el obrero en un tiempo dado) creció en la Argentina más del 50 por ciento en el último lustro. Entre tanto, los ingresos reales de esos asalariados se redujeron, aumentando las jornadas y los ritmos de trabajo. Para la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) el aumento de la productividad entre 1991 y 1997 fue del 65 por ciento.

En los últimos quince años, la acción de la oligarquía y el imperialismo desencadenaron una fuerte crisis en la ya caduca estructura del capitalismo dependiente argentino. El Producto Bruto Interno ha crecido entre 1990 y 1995, aunque al mismo tiempo se triplicó el desempleo, que afecta a más 3,5 millones de argentinos. Se generalizó la pobreza, que martiriza a un tercio de la población. El 10 por ciento más rico de la población se adueña del 37 por ciento de los ingresos totales del país y gana casi 25 veces más que el 10 por ciento más pobre.

El salario de los trabajadores está congelado desde abril de 1991, inicio de la convertibilidad, mientras los precios subieron desde entonces más del 60 por ciento. Todos los problemas de las masas se agravaron: el desempleo, las carencias educativas y sanitarias, la mortalidad infantil, el déficit de viviendas, la privatización de la previsión social, etc.

La alianza oligárquica-imperialista ha llevado al país a la ruina y la quiebra total. Se trata de la crisis más grave, profunda, global y prolongada de toda la historia argentina. La desarrolló la dictadura militar y el plan económico Martínez de Hoz. Los gobiernos radical y peronista que se alternaron a posteriori no hicieron más que agravarla y descargarla criminalmente sobre las espaldas del pueblo trabajador.

El gobierno actual es el más hambreador y entreguista de los últimos tiempos. Gobierna junto a los monopolios y banqueros extranjeros y nacionales, el FMI y el Banco Mundial, habiendo entregado al imperialismo el conjunto de las empresas públicas, la energía, el petróleo y el gas. Uno de sus rasgos centrales ha sido favorecer la extranjerización de la economía.

En síntesis, la alianza oligárquico-imperialista, con su núcleo en los monopolios, es el blanco central de la revolución en esta etapa de su desarrollo.

En el terreno de la economía, el imperialismo ocupa la posición dominante.

En la composición del gobierno y el Estado, la oligarquía nativa tiene el papel más importante mediante partidos como el peronismo, la Alianza del radicalismo y el Frepaso, los partidos provinciales, etc.

El bloque de las clases dominantes se expresa concentradamente en la dirección de las Fuerzas Armadas, que le rindió comprobados servicios para la entrega del patrimonio nacional y el genocidio de la pasada dictadura. Por supuesto la dominación no se agota en el capital, el Estado y los resortes represivos militar-policíacos. Se extiende a una superestructura ideológica y cultural posibilista, la televisión y poderosos medios de comunicación, las Universidades e institutos educacionales a todos los niveles, el aparato judicial-legal, el rol de la jerarquía de la Iglesia, la burocracia sindical, los partidos burgueses y pequeño burgueses, etc.

Desde 1983 hacia aquí las clases dominantes moldearon una democracia con ajuste y seguridad, tutelada por los monopolios y caracterizada por la corrupción de los funcionarios y políticos patronales, más una creciente represión policial y de Gendarmería.

El pueblo argentino aún no ha podido derrotar ese mecanismo de dominación, pero ha elevado su conciencia política respecto al rol antiobrero de peronistas, radicales, frepasistas, etc, lo que ha puesto en crisis el dominio que éstos ejercían casi a voluntad sobre las masas.

En particular es muy aguda la crisis del peronismo. Sus bases sociales humildes están defraudadas con la cúpula oligárquica y se alejan de ésta, lo que en el movimiento obrero abre una situación propicia para el crecimiento del clasismo y la izquierda revolucionaria.

 

LA SITUACION PRERREVOLUCIONARIA

Aquellas políticas antipopulares no lograron la resignación de la gente.

El pueblo argentino no ha cesado de resistir. Al golpe de 1955 le siguió la Resistencia encabezada por los sectores combativos del peronismo. Al golpe de 1966 le sucedieron las grandes movilizaciones populares que desembocaron en el Cordobazo, otras puebladas y la aparición del clasismo, la izquierda revolucionaria y la guerrilla. Al golpe de 1976 la enfrentaron los trabajadores, el movimiento de derechos humanos encabezado por las Madres de Plaza de Mayo, las acciones de una guerrilla debilitada, la heroica lucha de nuestro Partido y la de otros partidos. Además, la dictadura militar colapsó luego de la derrota de su aventura en las islas Malvinas en 1982.

Desde 1987 Argentina vive una situación pre-revolucionaria, con puebladas, paros y cortes de rutas. Estamos a las puertas de una rebelión popular en varias regiones del país que puede abrir una situación revolucionaria como la existente en la década del ´70.

«Los de abajo» no quieren seguir viviendo como hasta ahora, hartos de la miseria, los ajustes y la corrupción. «Los de arriba» no pueden seguir gobernando como lo hacían, cuando controlaban políticamente a las masas, debido a las crisis nacional e internacional. El gobierno, golpeado por las luchas populares, se desestabiliza más por las pugnas interimperialistas e interoligárquicas, que lo dividen profundamente. Falta que se eleven más las luchas populares e irrumpan como una «acción revolucionaria independiente», para abrir una situación revolucionaria que plantee la disputa del poder político.

Toda nuestra historia demuestra que la oligarquía y el imperialismo son los blancos principales de la lucha de nuestro pueblo. Que sin acabar con el poder de unos y otros será imposible terminar con la dependencia, el monopolio, el atraso, el golpismo, el fascismo, la falta de democracia y soberanía política, la miseria, la explotación y la represión.

Toda nuestra historia prueba que sin una revolución social será imposible derrotar definitivamente a los enemigos del pueblo y establecer un poder popular revolucionario dirigido por la clase obrera.

Toda nuestra historia demuestra que el pueblo ha luchado sacrificadamente contra sus enemigos, y que desde principios de este siglo la clase obrera es la fuerza principal y dirigente de nuestra revolución.

Toda nuestra historia y el actual análisis de clases de la formación social capitalista dependiente

indican que el contenido de la revolución en esta etapa es Nacional (Antiimperialista y Antimonopolista), Democrática y Popular (Antioligárquica).

Llevando a cabo esta revolución y bajo su dirección, la clase obrera estará en magníficas condiciones para pasar ininterrumpidamente al socialismo sin dar posibilidad al capitalismo. La dirección obrera, el poder popular, la fuerte propiedad estatal que se constituirá a expensas de los monopolios nacionales y extranjeros, etc, serán factores favorables para el pasaje al socialismo. La revolución nacional, democrática y popular será el primer paso de la revolución socialista y a la vez conducirá inevitablemente a ella, aunque habrá varias luchas contra los sectores burgueses partidarios de una vuelta al capitalismo.

En consecuencia, para ganar esas pulseadas será preciso realzar el papel dirigente de la clase obrera y su partido de vanguardia.

 

UN PARTIDO REVOLUCIONARIO

Para cumplir con esas históricas tareas, la clase obrera argentina necesita contar con un partido revolucionario que exprese sus intereses y objetivos, históricos e inmediatos.

Esta herramienta tiene que tener la ideología marxista-leninista y no puede ser suplida por un movimiento policlasista-reformista. Con una justa dirección se puede vencer e instalar un gobierno revolucionario para construir un país independiente, democrático y popular, en marcha ininterrumpida hacia el socialismo.

La clase obrera argentina no tiene aún un partido revolucionario que realmente la dirija como su Estado Mayor.

Desde su aparición como clase social se hicieron diversos esfuerzos para construir ese Partido, comenzando con la fundación del Partido Comunista en 1918. Los serios errores de oportunismo de derecha cometidos por la dirección de éste a principios de la década del ´40 se convirtieron en 1945 en una traición, al aliarse con los partidos de la oligarquía y la embajada yanqui en la «Unión Democrática».

A partir de 1945 la mayoría de los trabajadores adhirió al peronismo. Este unió a la clase obrera y al empresariado nacional en un proyecto político inicialmente de tinte antimperialista, de fuerte orientación reformista, bajo la batuta de la burguesía nacional y un sector industrialista del Ejército.

Simultáneamente, el peronismo alejó al proletariado de la revolución y la perspectiva de construir un partido de clase políticamente independiente de la burguesía nacional y orgánicamente autónomo. El peronismo predicó la «comunidad organizada» fundada en la unidad «del pueblo con las Fuerzas Armadas», con el movimiento obrero como una servicial «columna vertebral» del justicialismo.

La ausencia de una autocrítica de sus graves errores y traición de 1945-1946 por parte de la dirección del Partido Comunista, trajo como consecuencia un largo período de inexistencia de un partido del proletariado revolucionario en nuestro país.

Por otro lado, las justas críticas que algunos marxistas produjeron contra el PC por su conducta hacia el peronismo, estuvieron impregnadas de seguidismo a éste. Y desembocaron en proyectos reformistas que operaron como «ala izquierda» del frente conducido por la burguesía nacional, renunciando a la independencia obrera y a la lucha por dirigir la revolución.

El 5 de abril de 1965, un grupo de abnegados revolucionarios de origen intelectual fundó Vanguardia Comunista. Ellos tomaron el marxismo-leninismo como base teórica para descubrir las leyes particulares de la revolución de nuestro país, comprender las condiciones históricas de su desarrollo y como guía para la acción.

En la construcción ideológica y política de Vanguardia Comunista tuvo gran importancia la lucha contra las posiciones revisionistas opuestas al leninismo; contra las posturas trotskistas enemigas del frente de liberación nacional y social; y contra la táctica del «entrismo» populista que promueve la subordinación de los trabajadores al peronismo burgués.

VC buscó ligarse a las luchas de las masas. Sus experiencias más valiosas se desplegaron a partir del auge revolucionario abierto por el Cordobazo en 1969. Tuvo destacada participación en las luchas de Sitrac-Sitram de Córdoba, Swift de Rosario, Ingenio Ledesma en Jujuy, Acindar de Villa Constitución, Transax e IME de Córdoba, Municipales de Sáenz Peña-Chaco, Empleados Públicos de Salta; Tensa, Astilleros y Rigolleau de Buenos Aires; estudiantes y docentes de las facultades de Filosofía y Letras e Ingeniería de Buenos Aires, Arquitectura y Derecho de Córdoba, Medicina de Mendoza, etc.

El auge revolucionario dio origen a la formación de varias organizaciones armadas, entre ellas PRT-ERP, Montoneros, FAL, FAP, FAR y Brigadas Rojas. Valoramos el serio intento de éstas por luchar por el poder político y rescatamos globalmente la Generación del ´70, de la que también formaron parte Vanguardia Comunista, el PCR (hasta 1975 en que se hizo isabelino-lopezrreguista), Peronismo de Base, Partido Auténtico, Frente Antiimperialista y por el Socialismo, OCPO, etc.

Rescatamos aquel aspecto de la guerrilla y en ese marco mantenemos una justa crítica a las concepciones militaristas y aventureristas que la desarraigaron del pueblo. Esas desviaciones tuvieron una seria influencia en su fracaso y posterior derrota.

El Partido de la Liberación (PL) es la continuación política y orgánica de Vanguardia Comunista y el Partido Comunista (marxista-leninista). Ratifica la decisión de construir, sobre esa base, el partido marxista-leninista de la clase obrera para dirigir el movimiento insurreccional del pueblo hacia la conquista del poder, la liberación nacional y social y el avance ininterrumpido hacia el socialismo.

Sin su partido de clase, los trabajadores son como un ejército sin Estado Mayor. O, peor aún, con un Estado Mayor «prestado» por otras clases sociales. Con una organización propia, la clase obrera y demás asalariados contarán con la herramienta adecuada para derrotar a sus enemigos.

El Partido de la Liberación no es todavía en la práctica el partido dirigente de la clase obrera. Es por ahora la mejor esperanza y una base de acero para estructurar tal organización, porque cuenta con las siguientes condiciones a favor: una historia de luchas regadas con la sangre de sus fundadores, dirigentes y militantes; la fidelidad a la ideología del marxismo-leninismo en combate contra todo tipo de oportunismo; su acertado programa antimonopolista que resuelve el contenido central de esta etapa de la revolución; su justa táctica de la rebelión popular con centro en la clase obrera para enfrentar al gobierno y el FMI; su destacado rol en las luchas obreras y populares de los últimos tiempos; la calidad de sus militantes y cuadros; su adhesión al modelo leninista de organización, y su internacionalismo proletario.

Hay que fortalecer el Partido con el nuevo activismo de la clase obrera y otros sectores populares y muchos revolucionarios dispersos.

Sabemos que existen en Argentina otros sectores revolucionarios, con quienes queremos formar un bloque popular revolucionario. Es necesaria esa unidad para disputar con el reformismo y el populismo la dirección del Frente de Liberación Nacional y Social.

La lucha por forjar un partido de clase y un Frente de Liberación, así como la unidad de los revolucionarios, cuenta a favor con la crisis del peronismo. Se está quebrando el «dique de contención» de la burguesía en el movimiento obrero. Este es un hecho histórico, que debemos acelerar con una política de ofensiva, luchando por una nueva dirección para el movimiento obrero y popular, en lo político y sindical.

 

EL FRENTE DE LIBERACION NACIONAL Y SOCIAL

El Partido de la Liberación llama al proletariado -la clase más revolucionaria de nuestra sociedad- a cumplir el histórico papel de unir al conjunto del pueblo y dirigirlo consecuentemente hacia la victoria de la revolución.

A pesar de la aguda crisis del capitalismo dependiente y el achicamiento relativo de la industria en comparación con la expansión de los servicios, la clase obrera sigue teniendo aproximadamente 1,5 millón de efectivos. Y con sus centenares de luchas al año continúa siendo el motor y la fuerza dirigente de nuestra revolución. Esto es así, mal que les pese a los revisionistas y socialdemócratas que pretenden negarle el rol de vanguardia en la lucha de clases, que -según ellos- habría pasado a manos de «nuevos sujetos sociales».

Ese liderazgo obrero debe ser usado para construir un frente de liberación nacional y social, integrado por todas las clases sociales, capas y fuerzas políticas y sociales objetivamente interesadas en la derrota de la oligarquía y el imperialismo.

Por eso nuestro Partido lucha por unir en un frente político al pueblo argentino; a los obreros de la ciudad y el campo; al resto de los trabajadores, desocupados, empleados y jubilados; a los campesinos pobres y medios; a los estudiantes, docentes, profesionales e intelectuales progresistas; a los comerciantes, talleristas, chacareros y demás sectores de la pequeña burguesía y capas empobrecidas de la burguesía nacional (burguesía no monopolista).

La importante tarea de construir el frente está estrechamente ligada a la disputa por la dirección del mismo. Para que éste se oriente revolucionariamente necesita que lo conduzca la clase obrera y su partido marxista-leninista. La experiencia de la conducción burguesa, bajo el irigoyenismo y el peronismo, mostró palmariamente la tendencia de éstos a capitular ante el poder económico y político de los monopolios. Así se desembocó en las traiciones y sangrientas derrotas en 1930, 1955, 1966 y 1976.

En las últimas décadas, y en particular a partir de 1976, la conducta de la burguesía nacional ha sido de una creciente conciliación con la gran burguesía y el imperialismo, como efecto político del debilitamiento de su peso económico. Este hecho hace más necesario aún que la clase obrera se independice políticamente de la burguesía nacional y sume al frente a las clases y capas sociales más explotadas y «plebeyas».

La burguesía nacional sigue existiendo pero su conducta política es conciliadora y no se atreve a enfrentar al imperialismo. En general prefirió atacar al movimiento obrero, superexplotarlo y descargar sobre él la crisis económica utilizando el estatuto Pymes, otras leyes neoliberales y la flexibilización laboral.

Esa es la burguesía nacional, o al menos la realidad de cómo actúa y piensa la mayoría de esa clase. Algunos sectores dejaron de pertenecer a ésta, luego de determinada acumulación de capital, reacomodamientos y acuerdos con los monopolios, como se vio en el caso de Pascual Mastellone, de La Serenísima (lácteos), asociado luego con los capitales franceses de Danone.

Las capas de la burguesía nacional que optan por una definición tibiamente antimperialista y antimonopolista están en un proceso de crecimiento político desde 1995. Esta reacción tiene que ver con que están siendo muy afectadas por el proceso de concentración y centralización monopolista. En 1998 han cerrado 28.000 comercios pequeños y medianos, según la denuncia de Fedecámaras.

Esos núcleos están expresados en cámaras de la pequeña y mediana industria al margen de las actuales conducciones de la CGE-CGI; en una parte de los autopartistas y expendedores de combustible; en la Asamblea de Pequeños y Medianas Empresas (Apymes); en la Federación Agraria Argentina y el Movimiento Nacional de Mujeres Agropecuarias en Lucha; en los comerciantes de Fedecámaras, y en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos-Febancoop, entre otras organizaciones.

La burguesía nacional se expresa políticamente en sectores internos minoritarios del justicialismo, el radicalismo y el Frepaso. También lo hace en el sindicalismo del MTA y la CTA. Aparece en Multisectoriales como la que funcionó en Defensa del Banco Nación, o ante crisis provinciales, como en Cruz del Eje y Jujuy.

Los sectores más resistentes de la burguesía nacional promueven apagones de luz de sus comercios, hacen paros agropecuarios, se oponen a los cierres de negocios dispuestos por inspectores de la DGI, instan a medidas contra el oneroso pago del peaje en rutas, propician la rebelión fiscal ante los impuestos abusivos, etc.

No obstante aquéllo, la clase obrera y el resto de los trabajadores deben privilegiar la alianza con los desocupados, jubilados y oprimidos que viven en barrios humildes, villas de emergencia y asentamientos; las capas empobrecidas e inferiores de la pequeña burguesía urbana; los campesinos pobres y los sectores progresistas de la intelectualidad y el estudiantado.

El conjunto de estos sectores conforman la fuerza motriz de la revolución nacional, democrática y popular, siendo los trabajadores la clase dirigente de la misma.

Desde este bloque obrero-popular hay que tener una táctica correcta y flexible hacia la burguesía nacional, de unidad y lucha con ésta, procurando aislar al enemigo principal que son los monopolios. Consiste en atraer al sector más afectado de la burguesía nacional y más dispuesto a la resistencia antimonopolista, neutralizar a los sectores vacilantes e intermedios, y golpear a los núcleos más propensos a la capitulación ante el imperialismo.

Esta política hay que actualizarla ante cada cambio de la coyuntura política, teniendo en cuenta el carácter dual de la burguesía nacional, que explota a la clase obrera y al mismo tiempo es explotada por el imperialismo.

Por supuesto no estamos de acuerdo en dejar en manos de la burguesía nacional la dirección del frente antiimperialista, como hacen los reformistas. Pero tampoco aceptamos colocar a las Pymes (Pequeñas y Medianas empresas) casi como el enemigo principal de la clase obrera, como suele ser la política de algunos partidos trotskistas.

La victoria decisiva el pueblo sobre la reacción necesita de un frente revolucionario. Este es el rumbo estratégico de la construcción del frente y para favorecerlo es que convocamos a la unidad de todos los sectores revolucionarios.

En todos los casos, el Partido deberá combinar su política unitaria con la independencia y autonomía de clase, su organización independiente y su capacidad de crítica a los aliados. En suma, la política frentista debe ir ligada a una disputa permanente por la dirección y la hegemonía de las corrientes revolucionarias dentro del frentismo.

La experiencia ha demostrado que la hegemonía del reformismo con un discurso «de izquierda» (PC, MST, MAS, PCR-PTP, Corriente Patria Libre, PO, etc) esterilizó para la revolución a intentos como Frente del Pueblo, FRAL, Izquierda Unida, Frente del Sur, Frente de la Resistencia, Frente de los Trabajadores, etc. Además, éstas estuvieron limitadas a lo electoral, con una leve excepción en el Frente del Pueblo entre 1985-1987.

 

POR UN PODER REVOLUCIONARIO

El Estado argentino es un aparato político-burocrático-militar destinado a proteger las estructuras del capitalismo dependiente, defender los intereses de la oligarquía y el imperialismo, y garantizar su dominación sobre los obreros y demás capas populares. Desde 1983 hasta hoy el envoltorio de ese Estado es la democracia plutocrática (de los ricos).

Desde 1989 en adelante la oligarquía ha sido la fuerza predominante en el gobierno y el Estado mediante la instrumentación del menemismo-justicialismo. Es decir, no se trata de una gran burguesía títere o mero agente del imperialismo, sino de una clase con fuerte inserción en la vida económica y política del país.

El Estado ha sido permanentemente objeto de disputa entre la gran burguesía y el imperialismo por un lado, y la burguesía nacional por el otro. Sólo en la década del ´70 existió una disputa del poder por parte de los sectores populares revolucionarios.

En ciertos momentos históricos, como entre 1945 y 1955, la burguesía nacional controló el Estado por medio del peronismo. En otros períodos, el Estado presentó un carácter mixto donde hubo asociación y disputa. En cambio, luego de los golpes de Estado de 1930, 1955, 1962, 1966 y 1976, la oligarquía y el imperialismo ejercieron el control absoluto del poder estatal.

Desde 1983 hasta nuestros días hay una asociación básica entre la oligarquía y el imperialismo. A la burguesía nacional le han dejado sólo migajas del poder y unos pocos cargos decorativos: gobernaciones menores, algunos escaños en el Congreso, subsecretarías, etc.

La columna vertebral del Estado son las Fuerzas Armadas, policiales y de seguridad. Durante el menemismo, las FFAA tomaron la forma «profesional» y suprimieron la conscripción o servicio militar obligatorio. Cuando las luchas del pueblo desbordaron los cauces establecidos por el sistema, el aparato represivo siempre atacó violentamente a las masas.

Durante el largo período que va desde principios de siglo hasta el presente, las luchas del pueblo consiguieron arrancar algunas libertades y derechos democráticos. Pero simultáneamente la represión del Estado se fue haciendo más terrorista hasta alcanzar su máxima expresión durante la pasada dictadura militar, con el genocidio.

Después de la derrota de las fuerzas revolucionarias en 1976, las concepciones reformistas tomaron nuevos bríos haciendo un balance liquidacionista de los ´70. Algunos sostienen que el Estado es en sí mismo «neutro» y que el pueblo puede «coparlo», según la correlación de fuerzas y las disputas electorales. Otros defienden la perspectiva de una transformación gradual y evolutiva del Estado reaccionario hacia uno progresista. Estas teorías se basan en una negación total de las experiencias socialistas y hasta critican por autoritario y «monopartidista» al gobierno cubano.

Estas teorías son falsas, vistas desde el origen y naturaleza de clase del Estado, desde la experiencia de nuestro pueblo y desde la práctica de las revoluciones obreras y populares en el resto del mundo. El estado burgués ha sido, como bien lo definió Lenin, una máquina para la opresión de una clase sobre otra.

La condición para la transformación revolucionaria de la sociedad argentina es la destrucción del viejo estado oligárquico-imperialista y el aparato represivo que lo sostiene. La vía de acceso al poder constituye una de las claves que dividen al pensamiento revolucionario del reformista.

La estrategia de la revolución pasa por la lucha revolucionaria del pueblo argentino para establecer un nuevo poder. Por lo tanto es una lucha de masas y no de pequeños grupos al margen de ella. Dadas las características de nuestra sociedad, donde el 80 por ciento de la población vive en las ciudades y la mayoría de las luchas importantes se produjo en estos escenarios (como los Cordobazos), es muy probable que la estrategia de poder asuma formas fundamentalmente insurreccionales y urbanas.

Bajo la dirección del partido revolucionario, la clase obrera deberá apoyarse en el Frente de Liberación y organismos de masas, en particular en los sindicatos y cuerpos de delegados de grandes fábricas como una característica específica de la revolución en nuestro país. Y desde esa base, atraer a los demás sectores del campo popular y a las fuerzas políticas y sociales susceptibles de ser unidas.

Esta lucha revolucionaria popular necesita de condiciones objetivas y subjetivas. En especial, demanda la apertura de una situación revolucionaria como la iniciada en 1969. Entretanto, debemos seguir impulsando la lucha obrera y popular como la forma central de acumulación hacia la rebelión popular y la insurrección.

Ello no significa despreciar las formas inferiores de luchas, como las salariales, presupuestarias, gremiales, democráticas, etc, propias de cada sector y provincia. Es muy importante intervenir en las luchas legales y semilegales, que han demostrado ser útiles en estos años para golpear a los enemigos del pueblo y hacer crecer a las fuerzas combativas.

A diferencia del reformismo, que convierte a esas formas en el camino único y excluyente, nosotros las concebimos como un recurso para elevar la conciencia y la experiencia de las masas hacia las acciones directas y revolucionarias.

Es importante establecer una distinción entre las formas legales-semilegales y la acción electoral-parlamentaria.

Nos parece valioso utilizar las primeras, para avanzar con el movimiento de masas y acumular fuerzas. En cambio, la intervención en elecciones y las tácticas de participación en el Congreso no tienen casi relevancia en la actualidad, visto el desprestigio del electoralismo y el parlamentarismo ante las amplias masas del pueblo por la inutilidad y corrupción que los caracterizan.

Dicho en otras palabras: es necesario utilizar la legalidad para ir a piquetear el periódico a puertas de fábrica y hacer un acto público en la calle; no es necesario como regla general en estas condiciones participar de las elecciones.

 

INTERNACIONALISMO PROLETARIO

Nuestra lucha revolucionaria en el país es parte de la revolución socialista mundial, concebida como la unidad del combate de los trabajadores y pueblos oprimidos del Tercer Mundo, los obreros y demás sectores explotados en los países capitalistas avanzados, y los países socialistas que se negaron a ser liquidados por la «perestroika».

Adherimos a los principios del internacionalismo proletario, que Ernesto Che Guevara expresó cabalmente.

Esto significa la solidaridad y la coordinación con los pueblos del mundo que luchan por un poder popular, por el socialismo, contra la dominación imperialista, por la independencia nacional, contra la reacción interna, por la tierra, la democracia y la paz mundial.

Esos principios incluyen apoyar a la clase obrera y sus aliados en los países capitalistas desarrollados, contra los planes de ajuste, el desempleo, el peligro de guerra, el expansionismo y la xenofobia, y a favor del socialismo.

Nos solidarizamos con los pueblos que hicieron la revolución y mantienen el socialismo en Cuba, Corea del Norte y Vietnam.

Promovemos una relación fraternal con los partidos marxista-leninistas, organizaciones revolucionarias y los movimientos de liberación nacional de todo el mundo. Somos de la opinión de que este haz de fuerzas debe converger cuanto antes en un bloque unido a nivel internacional. Esta unidad debe promover acciones y campañas internacionales solidarias, además de profundizar una plataforma político-ideológica en común.

Nuestra política internacional presta particular atención a la lucha contra el enemigo principal de los pueblos latinoamericanos y el resto de la humanidad: la superpotencia imperialista estadounidense.

Estados Unidos mantiene el criminal bloqueo contra Cuba socialista. Succiona las riquezas a los pueblos a través de la deuda externa. Invadió Grenada en 1983, Panamá en 1989, Irak en 1991 y Haití en 1994. Continúa las agresiones directas e indirectas contra diversos pueblos en la actualidad (Cuba, Corea del Norte, Irak, Sudán, Afganistán, Libia, Yugoslavia, Congo, etc).

En estas condiciones mundiales es particularmente nefasto el nacionalismo estrecho de las corrientes populistas en nuestro país. Sobre todo cuando la crisis capitalista mundial reclama la coordinación de los trabajadores y sectores populares de los diversos países. Sólo así se podrá evitar que los monopolios y banqueros descarguen la crisis financiera y económica sobre nuestras espaldas, y plantear una salida revolucionaria y popular.

Defendemos a Cuba porque el imperialismo yanqui no tiene derecho a atropellar a ninguna nación latinoamericana y del mundo. Que se vayan los marines de Panamá y Haití. Que se vayan los usurpadores ingleses de nuestras islas Malvinas. Que se vayan los «boinas verdes» de Argentina y todo el continente. Que se terminen los operativos navales «Unitas» y las misiones internacionales «de paz» con la ONU en Bosnia, el Golfo Pérsico, etc.

En el caso de Cuba hay un motivo muy importante para defenderla: es el único país socialista de América Latina y terminó con el hambre, el analfabetismo y la miseria. Lo hizo con una revolución que no renunció a los principios pese a la ola de liquidación que recorrió al mundo.

La corriente liquidadora en el seno del movimiento comunista internacional tomó nuevo impulso en 1985 con la «perestroika» de Mijail Gorbachov. A su sombra, los liquidadores -que venían en alza desde tiempos del XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en 1956- terminaron por suprimir el poder socialista en Polonia, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria, Rumania, Albania, Alemania Democrática, etc. Finalmente, en 1991, disolvieron la URSS. En los últimos años las posiciones favorables a la restauración del capitalismo ganaron la mayoría de la dirección del Partido Comunista y el gobierno de China, alejándolos del socialismo y del pensamiento Mao Tsé tung.

El Partido de la Liberación sostiene con fuerza las banderas del marxismo-leninismo, el poder popular revolucionario, el socialismo, el internacionalismo proletario y el avance de la humanidad hacia el comunismo. Se opone a las capitulaciones ante el imperialismo y a los procesos de restauración del capitalismo en los países que antes fueron socialistas.

Ratificamos nuestra sincera amistad con el Partido Comunista de Cuba, el Partido del Trabajo de Corea del Norte y el Partido de los Trabajadores de Vietnam. Otro tanto con las organizaciones marxista-leninistas del mundo, como las que se reúnen en el Seminario Internacional de Bruselas (Partido del Trabajo de Bélgica, Partido Comunista de Filipinas, PC de Cuba, varios partidos comunistas de Rusia, India y Turquía, el PC de Albania, etc).

Otro tanto con las fuerzas revolucionarias y antimperialistas, como el Frente Nacional Democrático y el Nuevo Ejército del Pueblo, de Filipinas; las FARC-EP de Colombia, que vienen acorralando al Ejército, la oligarquía y el imperialismo en ese país; el FAC-MLN, el PDPR-EPR y el zapatismo de México; el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) y el PC-Sendero Luminoso de Perú, la Alianza de Fuerzas Democráticas que liberó el Congo de la dictadura de Mobutu, los grupos palestinos que luchan contra el sionismo y los acuerdos de Wye Plantation entre Clinton-Arafat-Netanyahu, los trabajadores rurales Sin Tierra de Brasil, los que se alzaron violentamente en Indonesia contra el dictador Suharto, el movimiento obrero y estudiantil de Corea del Sur, los independientistas de Puerto Rico, el nacionalismo vasco e irlandés, etc.

Nuestro internacionalismo supone también la ayuda mutua y el aprendizaje entre los marxista-leninistas de diversos países, en el marco del respeto mutuo y la convicción de que los procesos revolucionarios se rigen fundamentalmente por las condiciones internas. El «satelismo» y/o la aplicación dogmática de otras experiencias son errores que deben desecharse.

 

POR TODO LO EXPUESTO, CONVOCAMOS A LOS MEJORES HIJOS DE LA CLASE OBRERA Y EL PUEBLO A SUMARSE A LAS FILAS DEL PARTIDO DE LA LIBERACION (PL) PARA LUCHAR POR UN GOBIERNO POPULAR REVOLUCIONARIO QUE ADOPTE LAS SIGUIENTES MEDIDAS Y PROGRAMA:

 

PROGRAMA DEL PARTIDO DE LA LIBERACION

 

1.- POR UNA DEMOCRACIA POPULAR Y ANTIIMPERIALISTA

A) El nuevo país revolucionario será de las clases y capas sociales, fuerzas políticas, etc, que lleven a cabo la histórica tarea de derrocar a la oligarquía y el imperialismo y terminar con su dominación. En la conducción del nuevo Estado se ubicarán mayoritariamente la clase obrera, el conjunto de trabajadores asalariados y sus aliados populares más íntimos encuadrados en el Frente de Liberación Nacional y Social.

Ese nuevo poder tendrá el derecho y la obligación de producir las transformaciones necesarias al servicio de las masas más humildes y demás sectores populares. A tal fin establecerá una nueva Constitución que consigne los cambios fundamentales de la nueva sociedad.

B) La voluntad popular se expresará en la Asamblea Popular Nacional como máxima instancia de gobierno, y sus respectivos niveles provinciales y municipales. Habrá una directa participación de las masas en la elección de sus representantes y en el control sobre éstos, estableciéndose la revocatoria del mandato por voluntad de los electores. Serán extirpadas todas las lacras de la democracia burguesa: corrupción, fraudes, campañas millonarias, leyes a medida, nepotismo, acomodos, «sellos», financiamiento ilegal, etc.

C) El nuevo poder garantizará el pleno funcionamiento de las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles, agrarias, culturales, cooperativas, vecinales, religiosas, ecologistas, del empresariado nacional, etc, que respeten el proceso revolucionario. Y velará para que en el interior de ellas se practique una auténtica democracia y se defiendan o respeten las conquistas de la Revolución.

D) El pueblo gozará de manera efectiva del derecho a peticionar y movilizarse a favor de sus reivindicaciones. Se protegerán el derecho de huelga y demás conquistas del pueblo.

E) Se derogará la legislación represiva que hoy castiga la actividad militante del pueblo y se pondrá en libertad a los presos políticos populares. Se castigarán los crímenes cometidos por los militares genocidas y demás contrarrevolucionarios.

F) Se instaurarán nuevas Fuerzas Armadas, surgidas de la lucha revolucionaria, que serán el brazo armado del gobierno popular y expresión del pueblo. Se promoverán las Milicias Populares para defender el poder y una nueva Policía totalmente ajena a la represión y corrupción que caracteriza a la actual.

En las nuevas FFAA tendrán un lugar los soldados y suboficiales que no hayan cometido crímenes contra el pueblo y abandonen la trinchera del Ejército reaccionario. También lo tendrán los oficiales que demuestren aceptación a la revolución y hayan colaborado para la derrota del Ejército de los monopolios.

El gobierno popular procederá a castigar a los asesinos y torturadores que hayan cometido crímenes de lesa humanidad, los que no prescribirán, como los secuestros y desapariciones de los 30.000 compañeros durante la dictadura, los robos de bebés, las ejecuciones sumarias, etc.

Los jefes militares y policiales ligados al narcotráfico, así como el resto de los funcionarios de los gobiernos pro-monopolistas que hubieran colaborado con ese vil negocio, y los narcotraficantes, serán castigados ejemplarmente. Sólo el gobierno obrero y popular podrá eliminar el flagelo de la droga, que se ha extendido entre el pueblo como una forma de anestesia, mientras se enriquecen carteles y banqueros con sus enormes ganancias.

G) El Poder Judicial que sirve a la reacción será desmantelado. En su reemplazo, surgirá una nueva Justicia, cuya designación recaerá en la Asamblea Popular Nacional, y en la elección directa del pueblo, en el caso de los jueces y tribunales inferiores.

H) Serán disueltas las organizaciones de los monopolistas extranjeros y nativos, y de los terratenientes, como la UIA, Sociedad Rural, ADEBA, «Grupo de los 8», etc. La conspiración contra el gobierno revolucionario será reprimida. Los partidos políticos y otras organizaciones que se comprometan en acciones conspirativas proimperialistas contra ese gobierno, serán también disueltos. Se impedirá la injerencia extranjera en nuestros asuntos internos.

I) El nuevo poder garantizará la libertad de cultos. El Estado no protegerá ni financiará a ninguna religión en especial.

J) El poder revolucionario elevará el rol de la mujer en todos los aspectos, para combatir hasta su eliminación la desigualdad social entre ella y el hombre. Se aplicará el principio de igual salario por igual trabajo y por medio de la educación se luchará contra las concepciones machistas. Se hará efectiva la consigna: «anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir». Será protegida la niñez y los derechos de la infancia en todos los aspectos, lo mismo que los de los ancianos.

K) El nuevo poder facilitará la incorporación de las masas aborígenes a la vida nacional, respetando sus idiomas, culturas, costumbres, ritos religiosos, etc. Se promoverá el desarrollo de sus comunidades mediante la entrega de tierras y otras ayudas. Será desterrada toda forma de discriminación contra los indígenas, otras minorías étnicas, así como la xenofobia contra compatriotas latinoamericanos y del resto del mundo.

L) Se protegerán los derechos de las minorías sexuales y no se permitirá que nadie sea molestado o discriminado por su orientación sexual.

 

2.- POR UNA ECONOMIA INDEPENDIENTE Y AL SERVICIO DEL PUEBLO

A) El poder revolucionario pondrá fin al sistema económico capitalista dependiente que sustenta al polo oligárquico-imperialista. Se procederá a expropiar a estos capitales, sin indemnización, poniendo los beneficios de la producción al servicio de sus auténticos hacedores: los trabajadores.

Se gestará una economía que coloque el centro de gravedad en el mercado interno. Se promoverán el comercio exterior y las relaciones económicas internacionales en el marco de la independencia nacional.

Sobre la base del fortalecimiento de la propiedad estatal, se aceptarán formas de propiedad social como las cooperativas y se protegerá la propiedad de los pequeños y medianos capitalistas en el marco de la economía planificada. Esta última no excluirá criterios de eficiencia, rentabilidad e iniciativa propia en las diversas empresas y niveles inferiores, combatiendo el burocratismo.

La nueva economía eliminará las desigualdades entre las diversas regiones del país y promoverá un sólido desarrollo de éstas y la debida integración de unas con otras. No se aceptará la imposición del ALCA pergeñado por el imperialismo yanqui y bien visto por los gobiernos obsecuentes de América Latina. Tampoco aceptaremos el actual MERCOSUR que está diseñado por los monopolios en beneficio de sí mismos, especialmente los radicados en Brasil y Argentina. Hace falta una unidad revolucionaria de los trabajadores y pueblos de América Latina, más Cuba y demás países que se vayan liberando del imperialismo.

B) El comercio exterior será estatizado para que las divisas obtenidas sean reinvertidas por el Estado dentro del país, de acuerdo a las prioridades populares. Se terminará así con la «fiesta» de las grandes firmas exportadoras de granos y oleaginosas: Cargill, Molinos, La Plata Cereal, Aceitera Gral. Deheza, etc. También será el fin del negociado de Swift, YPF, Renault, Techint, Ford, Arcor y otros pulpos industriales exportadores.

C) Haremos realidad que las empresas estatales monopólicas sean eficientes en los sectores vitales de la economía y servicios públicos. Los trabajadores y técnicos de aquellas empresas serán parte de la dirección de las mismas.

El gobierno popular planificará el desarrollo de la economía de acuerdo a las necesidades de pueblo y los recursos nacionales. La planificación central no excluirá los derechos de las provincias y regiones, ni suprimirá la iniciativa de las masas.

El sector estatal de la economía contendrá, entre otros rubros, al petróleo, gas, petroquímica, siderurgia, comunicaciones y transporte, minería, energía, banca, seguros, comercio exterior, flota mercante, informática, alimentos, vehículos-maquinaria agrícola, medicamentos, seguridad nacional, etc. Esto implica que volverán a su control, sin indemnización, los recursos y empresas que sucesivos gobiernos proimperialistas pusieron en manos de los monopolios.

D) No se pagará la deuda externa contraída con el imperialismo y se romperá con los dictados del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.

E) La estatización del comercio exterior será seguida por la jerarquización de la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes, promoviendo la participación de los trabajadores, productores y cooperativas.

F) Se anulará el sistema de convertibilidad, se establecerá un estricto control de cambios y se reprimirá severamente la especulación con divisas y el contrabando.

G) Se reestablecerá Aerolíneas Argentinas como aerolínea de bandera. Los Ferrocarriles volverán a ser estatales, tanto en cargas como en pasajeros. La Empresa Líneas Marítimas del Estado tomará otra vez el flete del comercio exterior. Se reestatizarán los puertos, los aeropuertos y los subterráneos. Otro tanto con las rutas nacionales y provinciales hoy entregadas para el cobro del peaje a los capitales privados.

H) La producción industrial nacional (estatal, cooperativa y de las PYMES) gozará de protección arancelaria y se promoverá el crecimiento de nuestras exportaciones, en particular aquellas que incorporen mayor valor agregado. Se jerarquizará el Instituto de Tecnología Industrial (INTI). Se reconocerá la propiedad de las empresas de la burguesía nacional y de la pequeña burguesía, cuyos dueños respeten las leyes laborales, la planificación de la economía y no hayan realizado actividades contrarrevolucionarias. Habrá indemnización compensatoria para estos propietarios cuando la nacionalización de sus empresas sea necesaria en beneficio del interés nacional o la defensa y de la política de autosostenimiento económico.

I) Al estatizarse el sistema bancario, se promoverán las actividades productivas brindando créditos a bajos intereses. La usura y la corrupción serán reprimidas severamente. Irán a la cárcel y tendrán que devolver lo robado aquellos ex funcionarios que coimearon, vaciaron bancos y afectaron el patrimonio nacional con leoninos contratos, concesiones y/o privatizaciones. Los funcionarios del nuevo poder popular serán honestos y los que no lo sean serán depurados y castigados.

J) El salario real del trabajador garantizará una vida digna para él y su familia, permitiéndoles una alimentación adecuada, vivienda confortable, vestimenta apropiada, atención de la salud, correcta educación y recreación indispensable. Lo mismo se hará con jubilados y pensionados.

K) Los artículos de primera necesidad se comercializarán con precios máximos, y se apelará firmemente a la acción del pueblo, los sindicatos, centros vecinales, centros estudiantiles, etc, para controlar e impedir el desabastecimiento. Los hipermercados serán expropiados y utilizados como parte de la cadena estatal de comercialización.

L) Los mercados de concentración de frutas, hortalizas, legumbres y carnes serán controlados por Juntas Mixtas (Estado, consumidores y productores), eliminando las formas parasitarias y especulativas de la intermediación.

M) Se brindarán apoyo crediticio y facilidades impositivas a las cooperativas, promoviéndose su constitución.

N) El gobierno revolucionario se empeñará en lograr el pleno empleo y eliminar el flagelo de la desocupación. Al construir miles de viviendas al año y hacer importantes obras públicas, no sólo apuntará a recortar el déficit habitacional, sino también a generar puestos de trabajo mediante una industria reactivadora como la construcción.

O) La propiedad terrateniente será expropiada. No solamente se confiscarán las sociedades oligárquicas como Menéndez Behety y Bunge & Born, sino también las extranjeras como George Soros-Cresud, grupo Benetton, etc. Se impulsarán varias formas de tenencia y producción de la tierra. Se entregarán parcelas que garanticen una producción económica a los campesinos que las demanden y a todo aquel que quiera trabajarlas, garantizando la distribución de las buenas tierras cultivadas y no sólo de los latifundios improductivos, promoviendo formas de producción cooperativas. Se establecerán fuertes empresas estatales agropecuarias. Se respetará la propiedad de los campesinos promoviendo la producción mediante formas cooperativas, créditos, tecnificación del trabajo y precios retributivos. Los pequeños y medianos productores agropecuarios recibirán precios justos por sus cosechas. El Estado intervendrá directamente en la provisión y venta de insumos, maquinarias, fertilizantes y semillas. Se les brindará créditos para la realización de mejoras en sus predios.

Será apoyada la actividad de las cooperativas agrícolas. Se restablecerá el funcionamiento del Consejo Agrario Nacional (CAN) y el Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA). Serán estatizados los elevadores de granos ubicados en zonas portuarias, así como los puertos privados y los ramales ferroviarios que hoy detentan Techint-FEP, Aceitera Gral. Deheza-NCA, Amalia de Fortabat-Ferrosur, IMPSA-brasileños, etc.

P) El poder revolucionario promoverá el progreso económico de las regiones menos desarrolladas del interior del país, que el Banco Mundial y los neoliberales pretenden destruir bajo el rótulo de «provincias inviables». Se tenderá al desarrollo armónico de toda la economía nacional y a la desaparición de la «macrocefalia» portuaria. Se apoyarán cultivos regionales, estimulando la instalación de industrias en esas zonas. En interés de la soberanía nacional, el gobierno popular promoverá la ocupación económica y poblacional del sur patagónico y demás zonas fronterizas.

 

3.- POR EL BIENESTAR, LA EDUCACION Y LA CULTURA POPULAR

A) SALUD: El gobierno revolucionario fortalecerá el sistema estatal de salud aumentando las partidas presupuestarias. Será realidad el principio que «la salud no es objeto de negocio».

Las compañías monopolistas en la salud y la producción de drogas y medicamentos (laboratorios), serán expropiados. Sobre esta base se consolidará la salud pública y el funcionamiento de las Obras Sociales, promoviendo su asociación con el sector estatal hospitalario. La estructura de esas entidades será democrática, terminando con las camarillas de la burocracia sindical que hoy trenzan con fuertes clínicas privadas. Se expropiarán las compañías de medicina prepaga y será anulada la Ley de Patentes aprobada por presión de la Casa Blanca y la embajada norteamericana. El PAMI debe brindar una excelente atención a los jubilados, los que serán recompensados por toda una vida de sacrificios.

La producción de medicamentos será racionalizada para abaratarlos combinando este plan estatal con los laboratorios pequeños y medianos de capital nacional. Se ampliará el campo de la medicina preventiva tomando el modelo de la medicina cubana, los médicos de familias, las campañas de vacunación y la eliminación de las enfermedades curables. Se remunerará con dignidad a los médicos y personal sanitario.

Se atenderá en hospitales públicos y como seres humanos, cosa que no ocurre hoy, a todos los enfermos de diversas adicciones provocadas por drogas legales (alcohol, tabaco, etc) e ilegales (cocaína, etc). Se despenalizará sólo la tenencia de pequeñas cantidades de droga para el consumo personal, en tanto el Estado y las organizaciones de masas, entre ellas la Juventud, harán intensas campañas educativas contra la droga. Se combatirá sin tregua al narcotráfico, incluidos los carteles norteamericanos, los bancos narco-lavadores, los funcionarios corruptos, la DEA y demás organismos implicados del imperialismo yanqui.

B) VIVIENDA: Las tierras urbanas, casas y departamentos de renta de la oligarquía y el imperialismo, serán expropiadas y junto a otros planes facilitarán el acceso de la vivienda a los sectores más humildes. Respetando los intereses de los pequeños propietarios de inmuebles de renta, el monto de los alquileres no podrá superar un módico porcentaje de los ingresos del inquilino.

Los Institutos Provinciales de la Vivienda serán reactivados con control popular.

Se jerarquizará el rol del Banco Hipotecario Nacional, que deberá ser reestatizado (hoy pasó a manos de George Soros y las AFJP de pensiones privadas), con créditos a bajo interés y largo plazo. Las villas de emergencia serán reemplazadas por viviendas dignas y confortables.

C) EDUCACION Y CULTURA: El sistema educativo estará en manos del Estado, que asignará un presupuesto suficiente para que todos los chicos puedan estudiar en colegios públicos y para que los maestros y profesores tengan una remuneración adecuada. Se romperá con los dictados del Banco Mundial en la materia. Se suprimirán todos los subsidios a colegios y universidades privados. El contenido de la instrucción pública será democrático, patriótico, popular y científico, respetando los principios de obligatoriedad, laicismo y gratuidad de la enseñanza. Se abaratarán los materiales de estudio y se brindarán becas para los hijos de los hogares humildes. Será jerarquizada la docencia y tendrán plena vigencia los derechos establecidos en el Estatuto del Docente, derogándose todas las leyes educacionales aprobadas durante el modelo neoliberal. Se garantizará el acceso del pueblo a la Universidad, en especial de los trabajadores, orientando la matrícula hacia las carreras más necesarias para el país. Serán depurados los docentes reaccionarios que hayan trabajado en contra de la revolución.

Los medios de comunicación, en especial los diarios, radios y televisión, se pondrán al servicio del proceso revolucionario y de la cultura popular en todas sus manifestaciones. La propiedad oligárquica e imperialista sobre éstos será anulada, lo mismo que las privatizaciones de todos los canales de televisión y radios. Se difundirán las mejores expresiones de la cultura universal, pero se evitarán las formas extranjerizantes y deformantes que hoy promueve el imperialismo en el decadente marco del «nuevo orden mundial».

El arte popular tendrá activa promoción por parte del Estado, lo mismo que la ciencia y la tecnología. Estas tienen que servir al pueblo y a las necesidades del desarrollo económico-social independiente. Se ampliará el presupuesto para Ciencia y Técnica, que hoy es irrelevante (0,20 por ciento del PBI según la ley de Presupuesto 1999).

 

4.- POR UNA POLITICA INTERNACIONAL SOBERANA

A) La política internacional argentina combinará el principio de coexistencia pacífica entre los estados de diferentes regímenes sociales, con formas activas de solidaridad con la lucha de todos los trabajadores y pueblos del mundo, oponiéndose a la política de hegemonía, saqueo, agresión y guerra practicada por el imperialismo.

B) Seguiremos apoyando a los movimientos de liberación nacional y a los pueblos del mundo que luchan contra la dominación imperialista, contra la reacción interna que adquiere rasgos fascistas, por la tierra, la democracia, en contra del sionismo y el apartheid remanente, por la liberación nacional y social. Continuaremos apoyando a los países socialistas que defienden las conquistas de sus revoluciones. Estamos del lado de los trabajadores y sus aliados populares que en diversos países luchan por sus derechos, contra la explotación y por la revolución socialista. Apoyamos los reclamos independientistas de los pueblos kurdo, vasco, irlandés, etc.

C) La Nación Argentina practicará una política internacional antimperialista y revolucionaria, con un rol activo en el Movimiento de Países No Alineados y buscando la unidad con los gobiernos socialistas y tercermundistas. Rechazará la política intervencionista del imperialismo, en particular el norteamericano, que hoy encabeza al bloque imperialista y se comporta como un gendarme nazi. Defenderá la paz mundial y condenará la carrera armamentista y el monopolio nuclear de las grandes potencias, que tienen llenos sus arsenales e imponen bloqueos a países como Irak con el argumento de que éstos poseerían armas de «destrucción masiva».

D) La Argentina se desvinculará de los pactos públicos y secretos con el imperialismo. Promoverá la formación de un Organismo de las Naciones Latinoamericanas en reemplazo de la actual OEA. Se retirará de la Junta Interamericana de Defensa y promoverá un Tratado Latinoamericano de Defensa Recíproca, contra la agresión imperialista, en reemplazo del actual TIAR. La marina revolucionaria no participará en los ejercicios «UNITAS» con los yanquis. Los «boinas verdes» serán expulsados del país y se cerrarán las oficinas del FBI, la CIA y la DEA en Buenos Aires. Ningún oficial argentino cursará estudios en la «Escuela de Dictadores» instalada en Fort Gulick, Georgia. El país dejará de ser «aliado de EE.UU. extra OTAN» y bregará por la eliminación de la OTAN al cumplirse medio siglo de su funesta creación.

E) Impulsará activamente la constitución y defensa de los organismos que defiendan los precios de las materias primas y otros productos que exportan los países de Asia, Africa y América Latina. Se reclamará el cese de los subsidios y acción de dumping de los países imperialistas que manipulan la Organización Mundial de Comercio como antes lo hicieron con el GATT. Haremos un frente político latinoamericano y de todo el Tercer Mundo por el no pago de la fraudulenta deuda externa que hoy asciende a 2 billones de dólares, y por la ruptura con el FMI-Banco Mundial. Cesará la injerencia de estos organismos financieros internacionales en las políticas económicas de nuestros pueblos.

Defenderá la soberanía marítima en las 200 millas y hará suya la causa ecológica, hoy atacada en nuestro país por las grandes empresas contaminantes y en el mundo por el afán de lucro del sistema capitalista. Al defender la ecología no perderemos de vista que la principial especie a cuidar en el planeta es el hombre.

F) Proseguirá la lucha por la recuperación de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur. Tomará las medidas políticas, económicas y militares oportunas para expulsar de ellas al usurpador británico que tuvo el apoyo político y militar de los Estados Unidos y la OTAN. Por lo pronto, hasta que los ingleses acepten discutir la cuestión de soberanía, hay que dejar de pagarles la deuda externa y expropiar sus empresas (Metrogas, Laboratorios Glaxo, Lloyds Bank, Eagle Star, Unilever, Shell, etc). Argentina reparará la afrenta de la derrota de Puerto Argentino, comenzando por rectificar en 180 grados la política de sumisión a los británicos aplicada en los últimos años y conocida como «desmalvinización».

G) Bregará por la solución pacífica de los problemas fronterizos con las hermanas naciones limítrofes. Se terminará no sólo con las hipótesis de conflicto con ellas sino también toda xenofobia y persecución contra sus ciudadanos que viven en nuestro país.

H) Defenderá y afianzará los derechos argentinos en el continente antártico.

 

5.- EL PROGRAMA INMEDIATO

En el camino hacia la toma del poder y la aplicación de un programa revolucionario, también se necesita agitar entre las masas populares los programas reivindicativos inmediatos, con un contenido antigubernamental, antimonopolista y democrático para el corto o mediano plazo.

Por ejemplo, antes del triunfo de la revolución antimonopolista, se puede plantear gravar a los monopolios con mayores impuestos y estatizar la banca y el comercio exterior, medidas que no son formalmente revolucionarias y mucho menos socialistas.

En momentos en que el gobierno de la gran burguesía alega no tener dinero para invertir en salud y educación, es correcto que el Partido de la Liberación apoye las demandas del pueblo, médicos, enfermeros y maestros por mayor presupuesto para esos rubros.

Las mayores partidas para fines sociales no deben salir de los bolsillos populares ni de nuevos impuestos que golpeen a los oprimidos.

En tales casos debemos plantear que se deje de pagar la deuda externa al imperialismo y se inviertan en programas sociales los 7.700 millones de dólares que se giran anualmente sólo en intereses de aquella deuda fraudulenta.

O que se afecte con nuevos impuestos a los dueños de los servicios públicos privatizados, que en conjunto facturan 20.000 millones de dólares al año. Se trata de Telefónica, Telecom, YPF-Repsol, Aguas Argentinas-Lyonnaise des Eaux, Metrogas-British Gas, Correo Argentino-Macri, Edenor y Edesur, Aerolíneas-Iberia, etc.

O que se grave con mayores cargas a los monopolios exportadores como YPF, Cargill, Siderca, Aceitera General Deheza, Nidera, Ford, Molinos, Louis Dreyfus, Vicentín, etc.

En estos casos estamos eligiendo la táctica de golpear duramente a un sector más vulnerable o más reaccionario de las clases dominantes, que sirva para hacer avanzar a las masas. Algo similar hacen los Sin Tierra en Brasil con sus ocupaciones de las haciendas improductivas. Esto no significa que otros sectores de las clases explotadoras en la Argentina se vayan a salvar de las expropiaciones más adelante o a la hora del triunfo revolucionario.

El programa inmediato se centra hoy en los reclamos salariales, de mayor empleo, subsidios a los desocupados, más presupuestos educativo y de salud, etc. Rechaza los planes de ajuste del gobierno y el FMI, la desocupación, los tarifazos e impuestazos. Plantea las conquistas democráticas contra la democracia burguesa del ajuste y la tremenda corrupción. Exige la cárcel para los vaciadores del país. No puede pasar por alto el «gatillo fácil» policial y la creciente represión. Incluye la exigencia de la libertad de todos los presos políticos y la condena para Videla, Massera y todos los genocidas.

La agitación y propaganda del Partido de la Liberación, en las luchas mismas y al ponerse de pie el movimiento de masas, tiene que ligar estos programas mínimos con el programa estratégico de la revolución nacional, democrática y popular camino al socialismo.

Es verdad que los programas mínimos pueden dar lugar a confusiones y hasta desviaciones de derecha.

Muchos reformistas esgrimen la necesidad de consignas mínimas para apoyar y hasta justificar su ingreso en gobiernos de la burguesía. Pero también es cierto que la falta de programas inmediatos suele degenerar en errores «izquierdistas», de mero agitativismo político y escasa o nula vinculación con los procesos vivos de lucha de los trabajadores.

Obviamente no queremos incurrir en ninguna de esas desviaciones. Nuestra agitación de las banderas inmediatas apunta a ganar el movimiento de masas, para elevarlo en una dirección revolucionaria contra los monopolios nacionales y extranjeros.

Al captar ese movimiento queremos alzarlo al combate por un gobierno popular revolucionario dirigido por la clase obrera.

Al poner este Manifiesto Programa a la consideración de los trabajadores y el pueblo, el Partido de la Liberación recuerda que el mismo es fruto de la lucha de muchos años y la reflexión colectiva de sus dirigentes y militantes, homenajeando a aquellos que cayeron en la lucha revolucionaria como nuestro entrañable Roberto Luis Cristina. El mismo no es un dogma sino una correcta guía para la acción revolucionaria, fruto de la fusión del marxismo-leninismo con la realidad concreta de la lucha de clases en la Argentina. Será enriquecido y modificado con nuevas lecciones que le iremos arrancando a la vida, con más luchas y mayores sacrificios, hasta la toma del poder y la construcción del socialismo.

 

 

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