![]()
LA
SITUACION DEL TRABAJO
EN ARGENTINA
Introducción
En la Argentina funciona un capitalismo dependiente donde el desarrollo de las fuerzas productivas ha estado deformado y usufructuado por la alianza de la oligarquía nativa y el imperialismo, sobre todo el yanqui. En definitiva, por los monopolios nacionales y extranjeros que integran el bloque de las clases dominantes.
La clase obrera argentina fue expropiada durante la dictadura militar del general Jorge R. Videla, ya que en 1976 sufrió las nefastas consecuencias del plan económico Martínez de Hoz aplicado en medio del terrorismo de Estado.
Además de desocupación, bajos salarios y crecimiento de la deuda externa, la clase obrera perdió a manos del fascismo muchísimos de sus dirigentes, delegados y activistas más valiosos. Según la investigación de la CONADEP, Comisión Nacional Sobre la Desaparición de Personas, el 55,4 por ciento de los desaparecidos eran obreros, empleados, maestros y periodistas ("Nunca Más", pág. 480).
Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, la gran burguesía "democrática" terminó pactando con los monopolios llamados "capitanes de la industria". Reanudó plenamente la subordinación al Fondo Monetario Internacional (FMI) desde la Carta de Intención de 1984 elaborada por el entonces ministro de Economía, Bernardo Grinspun. Luego, con los planes "Austral" y "Primavera" del siguiente ministro Juan V. Sourrouille, declaró una "economía de guerra" contra los trabajadores y demás sectores populares.
El gobierno de Carlos Menem entregó a partir de 1989 el ministerio de Economía a los monopolios Bunge & Born y los agrupados en la Fundación Mediterránea, con hombres al servicio del imperialismo como Domingo Cavallo y Roque Fernández. En vez del prometido "salariazo", Menem trajo hiperdesocupación. Este fenómeno se triplicó, al pasar del 6 al 18 por ciento entre 1991 y 1997. En la actualidad ha bajado unos pocos puntos pero sigue siendo muy elevado y mortifica a 3,5 millones de argentinos, generalizando una pobreza que según el Instituto de Estadísticas y Censos (INDEC) ya aprieta al 25 por ciento de la población total, o sea a 9 millones de personas.
Una de las últimas agresiones contra el mundo del trabajo fue la aprobación en Diputados de la ley de precarización laboral, que rebajará las indemnizaciones por despido y mantendrá dos de las modalidades de "contratos basura" (pasantías y aprendizaje).
La burocracia sindical de la CGT le puso su firma al proyecto del gobierno porque se aseguró que las negociaciones por convenios mantendrán en el pedestal a cada sindicato a nivel nacional. Y porque al derogar algunas variantes de los "contratos basura", una parte de los empleados aportará a la caja del sindicato y la obra social, durante los pocos meses que les duren sus nuevos contratos.
Sin embargo, hay que puntualizar que todas estas ofensivas gubernamentales y patronales no han pasado así nomás. En 1997 hubo a nivel nacional 140 cortes de rutas y 125 medidas de protestas laborales (huelgas, marchas, asambleas, etc.). En suma, las puebladas de Cutral-Co, Plaza Huincul, Tartagal, Jujuy, Cruz del Eje, etc, así como los paros de docentes, estatales, camioneros, ferroviarios, construcción, etc, mostraron que las luchas obreras y populares distan mucho de haber sido silenciadas.
En el último tiempo Córdoba ha sido un centro donde se incuban nuevas luchas obreras que llevarán a una nueva altura las protagonizadas este año por cerveceros, lucifuercistas, bancarios, gráficos, médicos y enfermeras de hospitales, empleados del Paicor, etc.
Estos hechos probaron la falsedad de las teorías revisionistas y socialdemócratas de que la clase trabajadora habría perdido su condición de vanguardia de la lucha popular, a favor de nuevos "sujetos sociales". Esta teoría fue popularizada por Marta Harnecker, una intelectual que militó en el estructuralismo y posteriormente fue publicista del "Foro de San Pablo", integrando hasta el presente el consejo de redacción de la revista "América Libre". Obviamente no todos los integrantes del mencionado Foro y revista comparten sus posiciones. Una de sus discípulas, Isabel Rauber, colaboradora del CTA, ha llevado hasta el ridículo las ideas que niegan el rol de avanzada de la clase obrera.
Según esas autoras, ha disminuido el número de obreros, han fracasado las experiencias de la mayoría de los países socialistas, se han restaurado el capitalismo en esos países, han sido derrotados los movimientos revolucionarios latinoamericanos de los ´70 y las actuales organizaciones de izquierda son débiles. El panorama, más tétrico, imposible.
Para refutar sólo uno de esos conceptos, digamos que para el marxismo-leninismo el rol de avanzada de la clase obrera no depende tanto de su número como de su rol en la producción de bienes materiales. En un país capitalista dependiente como el nuestro, más allá de los altibajos en cuanto al número de obreros, éstos están ligados a la producción capitalista, que es por lejos la predominante en la sociedad.
Afirmamos eso sin negar que en ciertas y pocas zonas atrasadas haya supervivencias de otros modos de producción precapitalistas o que la barbarie del modelo neoliberal haga reaparecer en algunos puntos del país el fenómeno del trueque, etc.
Es necesario recordar que para el marxismo, "en todas las formas de sociedad existe una producción determinada que decide la importancia y la influencia de todas las otras". En nuestro caso es el capitalismo dependiente, con relaciones de producción capitalistas que prevalecen ampliamente en la ciudad y en el campo.
Veamos esto con un ejemplo. Entre 1991 y nuestros días la economía registró el llamado "boom automotriz", que jugó el papel de industria dinámica. Se trata de diez terminales monopolistas: Ford, Fiat, Renault, Sevel, Volkswagen, General Motors, Chrysler, Toyota, Iveco y Scania. En éstas trabajan 38.000 obreros y empleados, y son surtidas por 400 fábricas autopartistas donde trabajan 100.000 empleados. El número total de obreros en las terminales no disminuyó respecto al pasado y la producción anual se duplicó entre los ´80 y ´90. Como podemos advertir, la mentada desaparición de la clase obrera argentina es un disparate.
Además de las luchas concretas, hay muchos elementos materiales sobre la existencia del proletariado en qué apoyarse para refutar a los teóricos no marxista-leninistas.
En la Argentina, sobre 4.742.024 personas ocupadas en el área metropolitana a mayo de 1998, 885.293 estaban ocupadas en la industria manufacturera, 32.915 más que en la medición de octubre del año anterior (Fuente: Encuesta Permanente de Hogares del INDEC).
Además, habría que sumar a la clase obrera a una parte de los 416.767 empleados en el transporte, de los 347.728 empleados en la construcción y de los 63.899 empleados en el suministro de electricidad, agua y gas.
Por supuesto, para ser precisos, hay que descontar de esas cantidades a los patrones, directivos, jerárquicos, intermediarios, etc, que aparecen sumados en el rubro genérico de "personal ocupado en la industria manufacturera" y en los otros tres sectores mencionados.
Pero de cualquier modo, las cifras del INDEC dan pie a la estimación del Partido de la Liberación (PL) de que en la Argentina el proletariado en un sentido amplio suma 1.500.000 trabajadores sobre una población económicamente activa de aproximadamente 13 millones.
¿De dónde sacan los revisionistas que la clase obrera habría casi desaparecido debido a un supuesto menor peso material y presunta pérdida de protagonismo en la lucha de clases?.
La importancia del trabajo
Mucho es lo que se ha dicho y comprobado acerca de la importancia del factor trabajo en la elevación del hombre por sobre el reino animal del que comenzaban a salir nuestros peludos antepasados hace millones de años.
Con el trabajo, el hombre se proporcionó los recursos básicos para alimentarse, vestirse y vivir, adquiriendo más cualidades y habilidades técnicas. Como dijo Federico Engels, el anterior sujeto prácticamente salvaje avanzó tanto que "la mano del hombre ha alcanzado ese grado de perfección que la ha hecho capaz de dar vida, como por arte de magia, a los cuadros de Rafael, a las estatuas de Thorwaldsen y a la música de Paganini" ("El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre", Obras Escogidas, Tomo 3, pág. 68).
Aquel alemán, gran maestro internacional de la clase obrera, agregó en esa misma obra: "El hombre, en cambio, domina la naturaleza y la obliga a servirle, la domina. Y esta es, en última instancia, la diferencia esencial que existe entre el hombre y los demás animales, diferencia que una vez más viene a ser efecto del trabajo".
En síntesis, el trabajo le proporciona al hombre el sustento material y espiritual, amén de la satisfacción y dignidad de ganarse el pan con el sudor de su propia frente. El trabajo lo agrupó en sociedades con otros hombres. Muchos investigadores sostienen que esa actividad fue la base del lenguaje, porque algo tenían que decirse todos esos individuos agrupados en una labor común de defenderse de la naturaleza, cazar o cultivar.
Pero la satisfacción del trabajo fue arruinada desde el principio y luego del comunismo primitivo, por la sociedad esclavista, la feudal y finalmente la capitalista, caracterizadas todas por la explotación del hombre por el hombre. El capitalismo profundizó todo lo negativo del pasado y colocó a la máxima ganancia como criterio de verdad. Al pasar a la etapa imperialista, financiera, monopolista, parasitaria y de guerras por el reparto del mundo, etc, esos males se multiplicaron.
Unos pocos países imperialistas pasaron a dominar el mundo en detrimento de la gran mayoría de países dependientes y pueblos oprimidos. Pero eso también condujo a las primeras revoluciones sociales. En octubre de 1917 la insurrección armada de los soviets de obreros, campesinos y soldados en Rusia, especialmente en Petrogrado, fue dirigida por Lenin y el partido de los bolcheviques, instaurando el poder soviético y la revolución socialista.
La explotación capitalista.
En la sociedad capitalista dividida en clases antagónicas, la clase obrera ha sido privada de los bienes de producción. Para sobrevivir y sostener su "prole" (hijos) sólo tiene para vender su fuerza de trabajo, de allí el nombre de "proletariado" que los fundadores del marxismo dieron a los obreros fabriles. Más allá de lo que digan los economistas burgueses, los políticos patronales, el Papa, la Iglesia y otros confusionistas sobre el "equilibrio social" y la "justicia social", lo cierto es que -bajo las condiciones del capitalismo- el trabajo resulta una mercancía que los capitalistas compran a determinado precio y consumen obteniendo una ganancia para sí mismos.
El trabajo es una mercancía especial, capaz de crear bienes materiales. Como señaló Engels: "El capitalista encuentra en el mercado una mercancía que posee la peregrina cualidad de que, al consumirse, engendra nuevo valor, crea un nuevo valor: esta mercancía es la fuerza de trabajo" ("Reseña de El Capital", Obras Escogidas, Tomo 2, página 154).
La contradicción básica de ese sistema es que el trabajo tiene una condición profundamente social, pero la apropiación de los frutos del mismo es cada vez más privada. Esto es lo que acumula grandes riquezas en un polo reducido de la sociedad y enorme miseria en el otro gigantesco extremo.
Eso es lo que ocurre en la Argentina, donde Gregorio Pérez Companc atesora 4.400 millones de dólares de patrimonio, según la revista norteamericana Forbes, mientras 3,5 millones de argentinos padecen dramas laborales.
¿Cómo amasaron sus fortunas los monopolistas?. La base de su enriquecimiento ha sido y es la plusvalía descubierta y analizada en el siglo pasado por Carlos Marx, el fundador del socialismo moderno, quien la describió en estas sencillas palabras:
"El valor diario o semanal de la fuerza de trabajo y el ejercicio diario o semanal de esta misma fuerza de trabajo son dos cosas completamente distintas, tan distintas como el pienso que consume un caballo y el tiempo que puede llevar sobre sus lomos al jinete. La cantidad de trabajo que sirve de límite al valor de la fuerza de trabajo del obrero no limita, ni mucho menos, la cantidad de trabajo que su fuerza de trabajo puede ejecutar".
"Tomemos el ejemplo de nuestro hilador. Veíamos que para reponer diariamente su fuerza de trabajo, este hilador necesitaba reproducir diariamente un valor de tres chelines, lo que hacía con su trabajo diario de seis horas. Pero esto no le quita la capacidad de trabajar diez o doce horas, y aún más, diariamente. Y el capitalista, al pagar el valor diario o semanal de la fuerza de trabajo del hilador, adquiere el derecho a usarla durante todo el día o toda la semana. Le hará trabajar, por tanto, supongamos doce horas diarias. Es decir que sobre y por encima de las seis horas necesarias para reponer su salario, o el valor de su fuerza de trabajo, el hilador tendrá que trabajar otras seis horas, que llamaré horas de plustrabajo, y este plustrabajo se traducirá en una plusvalía y en un plustrabajo. Si, por ejemplo, nuestro hilador con su trabajo diario de seis horas añadía al algodón un valor de tres chelines, valor que constituye un equivalente exacto de su salario, en doce horas incorporará al algodón un valor de seis chelines y producirá la correspondiente cantidad adicional de hilo. Y como ha vendido su fuerza de trabajo al capitalista, todo el valor, o sea todo el producto creado por él, pertenece al capitalista".
"Por lo tanto, adelantando tres chelines, el capitalista realizará el valor de seis. Al repetir diariamente esta operación, el capitalista adelantará diariamente tres chelines y se embolsará cada día seis, la mitad de los cuales volverá a invertir en pagar nuevos salarios, mientras que la otra mitad forma la plusvalía, por la que el capitalista no abona ningún equivalente. Este tipo de intercambio entre el capital y el trabajo es el que sirve de base a la producción capitalista" ("Salario, Precio y Ganancia", Obras Escogidas, tomo 2, páginas 57 y 58).
La dependencia del imperialismo.
Como Argentina es un país capitalista dependiente, los trabajadores y el pueblo no sólo tienen que producir plusvalía para los grandes empresarios locales, renta para los terratenientes e interés para el capital financiero, sino también un ancho margen de rentabilidad para los imperialistas y el capital financiero internacional.
Uno de los mecanismos más conocidos y utilizados desde los ´80 es la deuda externa, que devengó intereses usureros en parte pagados con "cash" y empresas públicas, y en parte refinanciados, provocando un aumento incesante de la cuenta. En este momento Argentina debe más de 100.000 millones de dólares de deuda pública, sobre todo a bancos norteamericanos como el Citibank, más el FMI, el Banco Mundial, el BID, el Club de París y otros acreedores.
Pretextando la recuperación de títulos de esa deuda se han privatizado la mayoría de las empresas públicas, casi todas rentables. Y se han aplicado planes de ajuste, que multiplicaron la miseria y el desempleo.
Hoy, al calor de la crisis mundial del capitalismo e imperialismo, comenzada en julio de 1997 en Tailandia y que podría alargarse hasta mediados de 1999 o incluso más allá en el tiempo, se están preparando nuevas "vueltas de tuerca" de ajuste contra los ya deprimidos niveles de vida de los argentinos y de otros pueblos hermanos. Han comenzado los nuevos despidos y suspensiones masivas.
Otro de los instrumentos de la dependencia es controlar en forma directa los resortes claves de la economía. En esto el gobierno de Menem ha sido el más entreguista de la historia, con un proceso de extranjerización notable de la economía. Bancos, empresas, usinas, previsión social, telecomunicaciones, gas, petróleo, agua potable, siderurgia, petroquímica, transporte, medios de comunicación, etc, han pasado a manos extranjeras, con mayoría norteamericana y europea, en ese orden.
Ese dominio hace más pobre a nuestro país, ya que es una válvula de escape de recursos hacia las casas matrices de las multinacionales, que reciben anualmente miles de millones de dólares en concepto de remesas de beneficios y pagos de patentes y royalties.
Una variante clásica que se sigue aplicando a los países dependientes como el nuestro es el comercio desigual. Vendemos mayoritariamente productos primarios o de poco valor agregado, por lo general a precios bajos. Y compramos maquinaria, bienes intermedios e insumos a altos precios fijados por las multinacionales y países del llamado "Primer Mundo". Esto determina una balanza comercial deficitaria de 5.000-8.000 millones de dólares al año para Argentina.
El dominio imperial hasta se refleja en quiénes son los principales grupos que venden en la Argentina. Sobre los primeros diez líderes, que facturan unos 25.000 millones de dólars anuales, nueve son extranjeros y sólo uno (Techint) podría ser catalogado como "nacional" bajo muchas reservas ya que en su composición y desde su misma fundación hubo capitales de Milán (Mercado, agosto de 1998).
Privatizaciones: sinónimo de desempleo.
En condiciones "normales" el capitalismo dependiente argentino mantuvo una tasa de desempleo del 4-5 por ciento. Este era aquí el tamaño "histórico" de lo que Marx y Engels denominaron "ejército industrial de reserva" al que el capitalismo echa mano para empujar hacia abajo el nivel salarial y reemplazar a obreros baratos desgastados por otros aún más baratos y que entran a producir con mayor pujanza.
El modelo neoliberal de Menem hizo aumentar el desempleo, porque el índice respectivo saltó del 6 por ciento, en 1990, al 18 por ciento, en 1996. Hay que insistir en la denuncia de que el pago de subsidios de desempleo por parte del Estado es mínimo y viene disminuyendo. En Córdoba solamente 7.071 cordobeses lo cobran y su importe fue en 1997 de un promedio de 250 pesos mensuales ("La Voz del Interior", 8/7/98). A nivel nacional sólo lo cobran 95.000 personas, o sea 1 de cada 17 desocupados. En 1998 el promedio del subsidio cayó a 220 pesos y seguirá descendiendo en el próximo.
Uno de los motivos del aumento desocupacional fue la política de privatizaciones. El Estado dejó en la calle a medio millón de empleados públicos, cifra que siguió aumentando con la "Segunda Reforma del Estado", nuevas privatizaciones y el ajuste en las administraciones provinciales de todos los colores políticos (justicialistas, aliancistas, partidos provinciales, etc).
Por ejemplo, al fusionar el Banco Social con el de Córdoba en 1998, el gobernador Ramón Mestre, de la UCR, se sacó de encima a 2.470 empleados bancarios. Desde 1995 había dejado cesantes a unos 15.000 empleados estatales, entre contratados y de planta permanente.
Otro caso más grave aún fue el levantamiento de los ramales ferroviarios de pasajeros en casi todo el país y el traspaso del rentable sector cargas a grandes empresas privadas. Así se mandó a la calle a más de 100.000 trabajadores del riel.
La privatización de las telecomunicaciones despidió a unos 3.000 empleados en la zona norte (Telecom) y otros tantos en la zona sur (Telefónica), modificándose en sentido precarizador el convenio laboral con el acuerdo de la burocracia de FOETRA de Julio Guillán y Rogelio Rodríguez (una hora más de trabajo diario, quite de conquistas, etc).
El ingreso masivo de los hipermercados llevó a la quiebra de 25.000 comercios pequeños y medianos por año en todo el país. Por cada puesto que crean los hiper, se pierden 50 en aquellos comercios, según denuncias coincidentes de Fedecámaras y APYME, expresiones de la burguesía nacional. ¿Quién no ha visto en la cadena francesa Carrefour cómo una sola empleada atiende a seis balanzas del sector verdulería?.
Las mayores ganancias de los patrones tienen dos formas ya analizadas por Marx. Por un lado, la plusvalía absoluta obtenida de la prolongación de la jornada de trabajo y los mayores ritmos de producción. Y, por el otro, la plusvalía relativa nacida de la introducción de mejoras técnicas que les reportan sólo en lo inmediato una más alta tasa de rentabilidad. Decimos "sólo en lo inmediato" porque al aumentar la composición orgánica del capital surge la tendencia al decaimiento de la tasa de ganancia.
PLUSVALIA ABSOLUTA
Jornada de trabajo igual a 10
horas
5 horas tiempo necesario, 5 horas tiempo adicional. P= 5
sobre 5, 100=100 por ciento.
Jornada de trabajo igual a 12
horas
5 horas tiempo necesario, 7 horas tiempo adicional. P=7 sobre
5, 100=140 por ciento.
PLUSVALIA RELATIVA
Jornada de trabajo igual a 10
horas
5 horas tiempo necesario, 5 horas tiempo adicional. P=5 sobre
5, 100=100 por ciento.
Jornada de trabajo igual a 10
horas
4 horas tiempo necesario, 6 horas tiempo adicional. P=6 sobre
4, 100=150 por ciento.
("Manual Gráfico de Economía Política", D. Konakov y otros, Dos formas de elevar el grado de explotación, página 15).
Veamos cómo estas dos formas de la plusvalía se verifican en el modelo neoliberal promonopolista vigente en la Argentina.
Los miserables salarios abonados a los trabajadores, por un lado, y la amenaza de perder el puesto de trabajo, por el otro, hacen que en muchas fábricas se extiendan las jornadas laborales. Y que, en la gran industria, se intensifiquen los ritmos de superexplotación, por ejemplo en las terminales automotrices en tiempos de bonanza, que ahora dan paso a las suspensiones masivas pretextando la crisis internacional, la menor demanda interna y las menores ventas a Brasil.
En otros sectores económicos, como la construcción, los oficiales ganan $1,24 la hora, por lo que son "pasto para las fieras" en las obras, con 12 horas de trajín como jornada "normal". Muchos de estos compañeros mueren porque están mal alimentados y agotados; la fatiga los lleva al error y los accidentes. En nuestro país durante 1997 murieron 942 trabajadores (casi 4 por día) en accidentes laborales y muchos de ellos pertenecen al sufrido gremio de los albañiles. En lo que va de 1998 han muerto 38 obreros del andamio.
El reflejo concreto de la prolongación de la jornada está en el último informe del INDEC sobre la situación en la región metropolitana (Capital y conurbano): 1.300.170 trabajadores (27,4 por ciento del total) que ya tienen empleo buscaban otro; 2.019.969 (42,6 por ciento del total) eran sobreocupados que trabajan más de 45 horas semanales; y 710.323 (15 por ciento) eran superexplotados que laboran más de 62 horas semanales ("Página 12", 14/8/98).
Quiere decir que casi el 60 por ciento de los trabajadores de aquella región, la principal del país, son explotados en extensas jornadas de entre 45 y más de 62 horas semanales, en tanto otro 27,4 por ciento de ocupados busca otro empleo y podía caer en esa misma condición de sobreocupados.
En Argentina un empleado a tiempo completo trabaja en promedio 51 horas semanales, unas 2.000 horas al año, mientras su similar de Francia trabaja 1.576 horas anuales (país que redujo la jornada semanal a 35 horas). Las diferencias de salarios saltan a la vista: "en Francia el salario mínimo para los que trabajan 109 horas mensuales equivale a poco más de 1.000 dólares; en Argentina el salario mínimo para 196 horas mensuales es de 200 pesos" ("Clarín", 12/7/98).
Esto empuja a los trabajadores a las enfermedades, la alienación, el alcoholismo, el embrutecimiento, la depresión, la destrucción de sus familias, las lesiones y hasta la muerte en accidentes laborales, sobre todo luego que el gobierno de Menem aprobara en 1996 la Ley de Riesgos del Trabajo nº 24.557. Esta fijó en 55.000 pesos el precio de la muerte de un obrero, cuya familia recibe una pensión de sólo 120-150 pesos mensuales, o sea el 10 por ciento del costo de la canasta familiar. Se abarató tanto la muerte del obrero que se favoreció su reemplazo por otro par de brazos "frescos".
La otra variante de la plusvalía, la denominada "relativa", surge de la modernización de los instrumentos de trabajo, que permite a los capitalistas reducir "la cantidad de trabajo socialmente necesario" contenida en las mercancías que vende. Y de ese modo, en una misma jornada de trabajo, obtener un mayor margen de ganancias.
La plusvalía del capitalista depende mayormente del llamado Capital Variable (valor de la fuerza de trabajo) y no del Capital Constante (valor de los edificios fabriles, dependencias, máquinas, equipos, instrumentos, valor de las materias primas, combustible, etc). Por lo tanto, como aumenta la composición orgánica del capital por el crecimiento del Capital Constante en detrimento del Variable, eso determina una tendencia general o estratégica a la baja de la tasa de ganancia. Al procurar eludir esa tendencia declinante mediante una mayor producción, los capitalistas fomentan las llamadas crisis de sobreproducción y las crisis generales del sistema capitalista dependiente, que abren períodos políticos revolucionarios.
La "salida" capitalista pasa por destruir fuerzas productivas, como lo graficó la película "Tiempos Modernos" con los altibajos del personaje Carlitos superexplotado y superdesocupado sucesivamente. Asimismo, el capitalismo y en especial el imperialismo suponen una mayor centralización del capital y la eliminación de los capitalistas competidores, luego de treguas y acuerdos engañosos entre éstos.
En Argentina hay unas cuantas fábricas monopolistas y empresas de servicios que se equiparon con nuevas maquinarias y adoptaron modernas técnicas, aumentando su producción y meercado, aunque siempre pagando sueldos miserables a sus empleados. Un caso típico es la industria automotriz, que pasó de producir 120.000 unidades anuales a mediados de los ´80 hasta las 450.000 de hoy.
Ford, Fiat, Renault, Volkswagen, General Motors, Toyota y Sevel-Peugeot, impusieron a sus empleados el congelamiento salarial, recortes de beneficios y suspensiones masivas, como los derivados del convenio Fiat-Smata legalizado por la Corte Suprema de Justicia Menemista en abril de 1995.
Las mismas cámaras empresarias admiten que la productividad laboral industrial (cuánto produce el obrero en un tiempo dado) creció en la Argentina más del 50 por ciento en el último lustro. Entre tanto, los ingresos reales de esos asalariados se redujeron y aumentaron las jornadas y ritmos de trabajo.
Para la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE) el aumento de la productividad entre 1991 y 1997 fue del 65 por ciento. ¡Flor de plusvalía se apropiaron los empresarios!.
La flexibilización es precarización y esclavitud.
Aunque los empresarios se quejan permanentemente de la supuesta "rigidez" de la legislación laboral, los hechos prueban que en los últimos años y con el apoyo del gobierno nacional, han aprovechado una creciente flexibilización. En muchos casos lo lograron mediante convenios por empresa, como el citado de Fiat-Smata.
El ministerio de Trabajo informó que en los primeros ocho meses de 1997 habían crecido los convenios laborales que incluían variadas cláusulas de "flexibilización laboral". Sobre 121 convenios firmados, 96 fueron acuerdos por empresa (y no por rama o actividad como pedían los gremios).
En la mayoría de los convenios se aceptaron condiciones de polivalencia y multifuncionalidad laboral, cambios en la adjudicación de las vacaciones, cambios en los horarios de trabajo para calcularlos por semana y no por día, salarios sobre la base de premios sujetos a aumentos de productividad, contratos temporales, etc.
Entre los gremios que por decisión burocrática firmaron convenios de ese tipo están los que nuclean a los trabajadores de Correo Argentino, Aguas Argentinas, Banco Hipotecario, etc. En todos los nuevos convenios se precarizaron las condiciones de trabajo y arrebataron conquistas.
Además, vino creciendo la cantidad de compañeros que trabajan bajo las esclavizantes condiciones de "convenios basura", a tiempo determinado y por agencias, categorías permitidas por la ley de Empleo nº 24.013. Por otro lado, entre 2,5 y 4 millones de personas trabajan "en negro", por lo que la mitad de los asalariados sufre condiciones de extrema precarización.
La ley de flexibilización del ministro Erman González y la CGT, aprobada el 2/9/98 por Diputados, no eliminó todos los "contratos basura" ya que mantuvo los de pasantías y aprendizaje. Atacó los intereses obreros al rebajar las indemnizaciones por despido y posibilitar la extensión del período de prueba hasta 6 meses si el gremio nacional lo admite por convenio.
El abaratamiento de los despidos se advierte en este sencillo ejemplo: por despido "sin causa", a un obrero con un año de antigüedad y un sueldo de 700 pesos, hasta ahora le correspondían 2.450 pesos; de aquí en más con la nueva ley sólo le abonarán 1.400 pesos. Para el mismo ejemplo, pero en caso de despido "por fueza mayor", el trabajador percibía 1.750 pesos; con la nueva norma, sólo 1.167 pesos.
La precarización toma forma de asesinatos masivos en el gremio de la construcción, escenario frecuente de accidentes fatales fruto de prolongadas jornadas de trabajo, cansancio, mala alimentación, malas condiciones de higiene y seguridad. Ante una encuesta de la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, en 1997 el 97% por ciento de las 380.000 empresas existentes en el país admitieron que no cumplen, total o parcialmente, los requisitos de higiene y seguridad. Sin palabras...
La complicidad de los burócratas.
Ya mencionamos los más de 100.000 despidos en los ferrocarriles durante la administración menemista. Hay que agregar que tal agresión se hizo con el visto bueno de José Pedraza, el jefe de la Unión Ferroviaria, un cómplice que fue ahora recompensado por Menem y muy posiblemente la Alianza, mediante un acuerdo de la Comisión Bicameral de Seguimiento a las Privatizaciones. Le fue adjudicado por 30 años el ramal de cargas del Ferrocarril Gral. Belgrano, que tiene 10.000 kilómetros de vías y recorre 13 provincias, con conexiones con otros países del Mercosur. La entrega prevé un subsidio estatal de 250 millones de pesos a lo largo de los primeros cinco años de la concesión, dinero que irá a parar a manos inescrupulosas.
El otro ejemplo notable es el de Gerardo Martínez, de la UOCRA. Mientras sus afiliados oficiales cobran $1,24 la hora y se caen desde elevados pisos de torres en construcción, aquél se desempeñaba como ejecutivo de Claridad AFJP. En 1995, cuando que era el secretario general de la CGT, firmó con el gobierno y el empresarial Grupo de los 8 el "Acuerdo Marco del empleo, la productividad y la equidad social", que contenía explícitamente el apoyo a la inminente Ley de Riesgos del Trabajo, que entró en vigencia en julio de 1996. Ya vimos cómo esa norma facilitó la "baratura" de las muertes de los obreros en general y del andamio en particular. Hasta ahora sus familias no pueden demandar civil ni penalmente a las empresas excepto que se pruebe que hubo dolo de su parte.
Cuando Martínez se fue de la CGT, entró Rodolfo Daer en su lugar, el mismo burócrata que en nombre del gremio de la alimentación había firmado convenios flexibilizados y permitido el trabajo de menores. Daer avaló el proyecto de Menem y González de flexibilización laboral pese a que la mayoría de los trabajadores estaba en contra.
Los burócratas han colaborado en su gran mayoría con el gobierno de Menem y se aprestan a apoyar a Duhalde en su intento por retener el gobierno en 1999. Por ese colaboracionismo se han ido desenmascarando ante sus bases, que se ven cada vez más pobres y ven a los dirigentes gremiales cada vez más ricos. Este conflicto vino menguando la base de apoyo social al justicialismo en la clase obrera, uno de los fenómenos más interesantes para el crecimiento de la izquierda revolucionaria y clasista.
De todos modos, hay que reconocer que el peronismo -muy venido a menos- aún mantiene bastante influencia en lo ideológico y electoral entre los sectores intermedios y atrasados de la clase obrera y de los sectores humildes de la población. En estos ámbitos la ideología burguesa del peronismo opera como un freno o inhibición de la conciencia proletaria, postergando la apertura de una situación revolucionaria. La dirección burocrática es un obstáculo para que la clase obrera deje atrás su fase de "conciencia en sí" y tenga "conciencia para sí".
A nivel gremial lograron más desarrollo en los últimos tres años el MTA y la CTA, con un discurso seudo combativo, propio de un "sindicalismo disidente" que se vino deshilachando por su apoyo en algunos casos a Duhalde y en otros a la Alianza.
Los sectores revolucionarios por ahora somos minoría dentro de la clase obrera, aunque en algunos gremios puntuales o determinadas ciudades tenemos una mayor influencia gremial y política, aún por debajo de la alcanzada en el punto más candente de los ´70.
A la vez que reconocemos eso, vemos que la situación nacional tiene un contenido prerrevolucionario, con jalones elevados de luchas y puebladas, con crisis a nivel del gobierno y las clases dominantes. A ello se agrega ahora una descomunal crisis financiera internacional de la que Argentina es parte integrante. Todo ello, y teniendo presente el desprestigio de la burocracia sindical y los políticos corruptos, crea un escenario muy favorable al crecimiento de nuestro Partido y las fuerzas revolucionarias. La propia experiencia de las masas obreras en medio de luchas políticas, y el trabajo en profundidad de los marxista-leninistas, provocará el salto cualitativo en la conciencia obrera: de clase "en sí" a clase "para sí".
¿Cómo revertir la situación y crear empleo?.
En lo inmediato, la forma de impedir el aumento de la desocupación pasa por oponer una lucha muy áspera de parte de los trabajadores y demás sectores populares contra el gobierno nacional y sus émulos provinciales.
Con una rebelión popular como el Santiagazo, que sacuda muy fuerte la torta, se pueden hacer caer migajas. Por ejemplo, los combativos cortes de rutas producidos en 1997 fueron determinantes para que el Estado se decidiera a crear aproximadamente 350.000 puestos del "plan Trabajar II" y otros 150.000 similares de otras dependencias ministeriales, provincias y municipalidades.
Por supuesto que eso no satisface a nadie porque los puestos del "Trabajar" son un paradigma de lo que es el trabajo precario. Los citamos sólo a modo de ejemplo de que se pueden arrancar al Estado pequeñas concesiones o paliativos a la desesperante situación de los desocupados.
Asimismo en lo inmediato hay que luchar por gravar con impuestos a las multinacionales y grandes empresas, y por dejar de pagar la deuda externa, para que ese dinero vaya a financiar la generación de empleos y otros programas sociales.
En el proyecto de Presupuesto Nacional 1999 enviado en setiembre a Diputados está previsto pagar 7.769 millones de dólares de intereses de la deuda externa, 1.000 millones más que en el ejercicio anterior. Hay que derrotar este plan con las luchas obreras y populares.
Al discutirse el último paquete impositivo, la propia bancada oficialista reveló una lista de 91 empresas líderes que no estaban pagando el impuesto a las ganancias. Esas mismas compañías son las mismas que apoyaron fuertemente el plan económico oficial.
La lucha de clases puede revertir los 3.200 millones de pesos anuales que el gobierno de Menem asignó en los últimos años a los capitalistas vía reducción de aportes patronales.
Y así de seguido. Una lucha política elevada en forma de puebladas y rebeliones populares puede imponer tanto a Menem como a sus eventuales reemplazantes (Alianza y Eduardo Duhalde) los pliegos reivindicativos para que pare un poco la mano de la terrible desocupación.
Pero, ¿cómo hacer para alcanzar una solución de fondo?. Este objetivo no es una utopía: en todos los países socialistas se garantizó por décadas el pleno empleo. Incluso en las durísimas condiciones del mundo unipolar y globalizado, Cuba libra hoy importantes batallas para no ceder en este punto clave.
En Argentina, como en el resto de los países capitalistas dependientes, hay que luchar para tomar el poder político e imponer un gobierno popular revolucionario dirigido por la clase obrera. Parece de perogrullo, pero sólo la revolución social puede resolver el drama del desempleo y otros problemas por el estilo. Aunque no lo desarrollemos en esta oportunidad, hay que recalcar que esta perspectiva demanda el desarrollo del Partido de la Liberación como base de acero del partido revolucionario de la clase obrera, la Tendencia Clasista "29 de Mayo", la unidad de los revolucionarios como núcleo del frente político de liberación y otras herramientas de lucha.
La revolución nacional, democrática y popular, una nueva sociedad que avance hacia el socialismo y la eliminación de la explotación del hombre por el hombre, etc, serán el marco adecuado para combatir a fondo el desempleo con soluciones duraderas. Allí se podrán adoptar, entre otras, estas medidas revolucionarias:
-Elaboración de un plan económico-social que rechace los ajustes antipopulares, filosofía indiscutible del FMI-Banco Mundial. Y que, por el contrario, busque el desarrollo de una economía independiente y socialista, arrancando los resortes vitales a los monopolios que se apoderaron de ellos en su exclusivo beneficio. Las expropiaciones a la oligarquía y el imperialismo, así como la ruptura de los lazos de la dependencia con el capital financiero internacional, pondrán en manos del gobierno revolucionario grandes recursos económicos y financieros. Una parte de los mismos tendrá que ser ahorrado, otro irá a obras de desarrollo, otro a mejorar el empleo y demás programas sociales, y otro a aumentar el consumo de la población.
- Reestatización de las empresas públicas privatizadas desde los ´90, tomando más personal. Por ejemplo, se terminará el "curro" de las dos telefónicas privadas que ganan en conjunto casi mil millones de dólares anuales a costa de las altas tarifas cobradas a los usuarios y el despido de 8.000 ex empleados de ENTel.
- Confiscación sin indemnización de los monopolios nacionales y extranjeros, promoviendo el empleo entre otros importantes objetivos tras esa medida de un nuevo poder.
- Asignación al Estado de un rol activo en la promoción del trabajo, terminando con la mentira privatizadora de Martínez de Hoz-Cavallo-Fernández-Machinea, de que "achicar el Estado es agrandar la Nación".
- Reestatización del Banco Hipotecario y los bancos provinciales privatizados. Confiscación de la "Patria Financiera", para manejar los recursos financieros de un modo totalmente distinto al actual. Eso, más el papel del Estado dirigido por los trabajadores, permitirá financiar un plan racional de obras públicas y de construcción de viviendas populares, para atacar la desocupación y a la vez de resolver necesidades sociales.
- Obligación de las empresas nacionales pequeñas y medianas de respetar una política laboral favorable a los trabajadores. Sólo en esas condiciones legales se admitirá su funcionamiento. En caso contrario también serán estatizadas.
- Estatización del comercio exterior y realización de la reforma agraria, afectando a los terratenientes, la gran burguesía agraria, los monopolios y los grandes exportadores, intermediarios, proveedores y acopiadores. Habrá que formar más empresas estatales y cooperativas en el campo, reinstalando el INTA, la Junta Nacional de Granos y de Carnes, los mercados concentradores, etc. Habrá que recuperar y reactivar los ferrocarriles, construir nuevos caminos, silos y puertos. Todo ello tiene que ser obra de los explotados del campo y de un estado hegemonizado por la clase obrera y sus aliados básicos del resto del pueblo, sin corrupción y con una visión federal del país.
Todas estas medidas y varias más que surgirán de las necesidades e inventiva del pueblo y sus organizaciones de masas, multiplicarán el empleo y harán que en un proceso relativamente corto todos los argentinos cuenten con puesto de trabajo remunerado con un ingreso mensual mínimo equivalente al costo de la canasta familiar básica ($1.200), con cobertura social, acceso a la vivienda, la salud y la educación, etc.
Y lo más importante, al eliminar gradualmente la propiedad privada comenzando de inmediato por suprimir la propiedad monopolista, haremos de los trabajadores seres libres como partes de una sociedad libre, que serán protagonistas y no alienados por la producción o la falta de ésta.
Sobre la base de retomar la lucha de la Generación del ´70 y llevándola a la victoria revolucionaria podremos, como profetizaron Marx y Engels, salir del reino de la necesidad para ingresar al reino de la libertad. Sólo así el trabajo tendrá para el hombre el sabor de un actividad creadora libre capaz de proporcionarle goce y transformarse en su primera actividad sin la coerción y la alienación del yugo del capital.
Recordemos que Ernesto Che Guevara planteaba no sólo aumentar la producción y los bienes materiales para toda la población durante el socialismo, sino que también señalaba los objetivos de un hombre nuevo, libre de la alienación. El decía: "El socialismo sin la moral comunista no me interesa. Si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición pero deja de ser una moral revolucionaria".
SERGIO ORTIZ
Secretario General del PL,
en colaboración con un dirigente sindical.
![]()
Página Principal || Periódico Liberación || Tupac || Cuadernos Revolucionarios || Che Guevara
Tendencia Clasista 29 de Mayo || Presos
Políticos || Seminario Comunista
Internacional
Roberto Cristina || Links