BREVE HISTORIA DEL PARTIDO DE LA LIBERACIÓN

 

DOCUMENTO APROBADO POR EL COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO DE LA LIBERACIÓN EN SU XVII REUNION PLENARIA

8 Y 9 DE JULIO DE 1995

 

SUMARIO

 

1- LA FUNDACION EN 1965

El Partido de la Liberación (PL) fue fundado el 5 de abril de 1965, fecha en que apareció el primer número de "No Transar" como órgano de prensa de la organización, llamada por entonces Vanguardia Comunista-VC. Las reuniones fundacionales se hicieron en la casa de Antonia Cristina, en la calle Nicasio Oroño de barrio de Caballito, Capital Federal.

Antonia es la madre de Roberto Luis Cristina (usó por muchos años el seudónimo de Guillermo Juárez en la labor clandestina), quien fue uno de los fundadores y desde 1968 Secretario General. El grupo lo integraban también Rubén Kriscaustky, Elías Semán, y otros jóvenes provenientes de la Juventud Socialista y el PSAV (Partido Socialista Argentino de Vanguardia). Ellos son mártires revolucionarios del Partido ya que fueron desaparecidos por la dictadura militar en 1978 junto a muchos de nuestros militantes.

Los fundadores no eran muchos. Apenas una docena de estudiantes e intelectuales que radicalizaban sus posiciones políticas e ideológicas al calor de las luchas de entonces en la Argentina y el mundo. Nuestro caso comprueba el valor general de la intelectualidad revolucionaria como puente entre el socialismo científico y el movimiento obrero.

La aparición de VC tenía un marco concreto que lo rodeaba. En lo nacional estaba a la vista el fracaso de la democracia burguesa. El gobierno de Illia (1963-1966) había surgido de la proscripción del peronismo y sólo con el 25% de los votos, afectado por la crisis en 1965. Por otro lado estaba en dificultades el peronismo, el partido de la burguesía que controlaba al grueso de los trabajadores y los sindicatos. En 1964 había fracasado el "operativo retorno" del general Perón, mandado de vuelta a España desde el aeropuerto de El Galeao, en Brasil.

Había muchas luchas obreras. Desde la toma del frigorífico Lisandro de la Torre hasta el plan de lucha de la CGT con ocupaciones de fábricas. El reformismo, cristalizado en la dirección de Victorio Codovilla y Rodolfo Ghioldi, había vaciado de contenido revolucionario al Partido Comunista. Se unió en 1945 a la embajada norteamericana de Spruille Braden y la Unión Democrática. Así regaló el movimiento obrero a la conducción justicialista burguesa. Por eso era imprescindible construir un partido marxista-leninista por fuera del PC.

El 28 de junio de 1966 las Fuerzas Armadas dieron el golpe militar bautizado como "Revolución Argentina" con un jefe pentagonista, el general Juan Carlos Onganía. La intervención de las universidades, el asesinato del estudiante Santiago Pampillón en setiembre de aquél año en Córdoba, la "noche de los bastones largos" donde se reprimió a estudiantes y docentes porteños, etc., echó más leña al fuego. La falta de libertades democráticas movió a la lucha para conquistarlas. Y los partidos políticos patronales y reformistas demostraban que no eran el cauce adecuado para lograrlo.

Elías Semán, secretario general del Partido entre 1965-1968, redactó un documento muy importante que definía la línea política de VC: "Abajo la dictadura militar proyanqui de Onganía".

El marco internacional también era muy favorable para la emergencia de una nueva izquierda. La década del ´60 estaba teñida por el avance impetuoso de los países socialista como China, Cuba y Vietnam, entre otros. Para el círculo de jóvenes que venía de PSAV tuvo una extraordinaria influencia la revolución socialista cubana, que conmovió a todo el continente. Cuba fue un gran estímulo al surgimiento de la corriente revolucionaria en nuestro caso y muchas otras organizaciones. Elías Semán escribió en 1961 el libro "Cuba miliciana".

También progresaba el combate de los movimientos de liberación nacional an Asia, Africa y América Latina, sin olvidar el "Mayo Francés", la lucha estudiantil y los Panteras Negras en Estados Unidos, el desplome de la dictadura zalazarista en Portugal, etc.

En 1968 viajó a la República Popular China la primera delegación partidaria. Fue presidida por Elías Semán. Volvió impresionada por la ola revolucionaria de los guardias rojos de la Revolución Cultural Proletaria y el aire internacionalista que se respiraba en Pekín. Las opiniones de los camaradas chinos sobre el trabajo de masas nos ayudaron a corregir una incipiente desviación militarista rural que se estaba incubando en VC.

Esa corrección nos impulsó a centrarnos en el proletariado industrial, por lo que varios cuadros y militantes marcharon a fábricas. Uno de ellos, Jorge Weisz, estudiante de 5º año de Ingeniería de Buenos Aires, dejó sus estudios y fue como electricista al ingenio Ledesma, en Jujuy, propiedad de la oligárquica familia Arrieta-Blaquier. Rubén Kriscautsky fue a Córdoba, atendiendo a los contactos del IME-Fábrica Militar de Aviones. Elías Seman vivió en Saladillo, un barrio obrero de Rosario ligado al Frigorífico Swift. En el ´70 el Secretariado Nacional se instaló en Córdoba, a la que llamó "el corazón rojo de la Patria".

Los partidos políticos no se fundan como mero acto de voluntad. Ni menos aún perduran así por que sí. La aparición de VC tuvo aquellas nacionales e internacionales. A la vez fue una señal de que se venían tiempos revolucionarios. La década del ´70 abierta por el boceto insurreccional del Cordobazo de 1969, corroboró que la izquierda revolucionaria era parte de algo nuevo en la situación política.

2. ALGUNOS DE NUESTROS APORTES EN LA PRIMERA EPOCA

Vanguardia Comunista vivió un primer período como círculo de propaganda de ideas socialistas y comunistas. Pero estaba determinada a ligarse al movimiento obrero, tarea en la que logró paulatinos progresos. En Acindar y Swift de Rosario, IME de Córdoba, Ledesma de Jujuy, Tensa de Buenos Aires, etc., nuestros militantes hicieron sus primeras experiencias en ligarse a las huelgas.

Esa militancia maduró desde el ´70 en adelante, fructificando en Sitrac-Sitram, Transax, Ledesma, Rigolleau, Astilleros Rio Santiago, Municipales de Sáenz Peña, sindicato de empleados públicos de Salta, etc.

El Partido hizo un aporte muy significativo a la aparición y extensión del clasismo en la Argentina. En este trabajo en el movimiento obrero, Vanguardia Comunista tuvo una mejor política y más consecuente que las de otras expresiones revolucionarias, incluido el PRT dirigido por Mario Roberto Santucho.

En cada una de aquellas fábricas nuestros militantes encabezaron a los trabajadores. Jorge Weisz organizó en 1973 la primera huelga en el ingenio Ledesma desde 1949. Los Blaquier le ofrecieron miles de dólares y una casa en Capital Federal para irse del pueblo Libertador San Martín, cosa que Jorge rechazó y denunció en un aasamblea. En 1974 fue preso, denunciado como "principal agitador subversivo en la zona del Ramal" por el peronismo derechista de Snopek y su ministro, capitán retirado Antonio Paleari (éste fue reciclado por el menemismo en 1994 como ministro de Gobierno de Jujuy). Durante la dictadura militar Jorge fue desaparecido desde la misma cárcel de Jujuy junto al camarada Carlos Patrignani, un abogado enviado por la regional Córdoba para defender a los obreros azucareros del Ledesma.

La experiencia que dio el puntapie inicial para el sindicalismo clasista fue la de Sitrac-Sitram, los sindicatos de fábrica en Fiat Concord y Materfer respectivamente. Ellos fueron los artífices del segundo Cordobazo, llamado "viborazo", el 15 de marzo de 1971. Su fuego contagió al activismo obrero de todo el país. Y la influencia de VC en Sitrac fue evidente en hechos como el Ferreyrazo y el Viborazo. También pesamos en la parte programática (ver el programa de Sitrac-Sitram en el apéndice documental del libro de Gregorio Flores, donde se propone "un gobierno popular revolucionario dirigido por la clase obrera").

En enero del ´70 Fiat Concord despidió a un grupo de directivos y delegados. Roberto Cristina acompañado por un miembro del Comité Regional Córdoba llegó inmediatamente a la planta y orientó a nuestros camaradas de adentro a que propusieran la ocupación con rehenes de la patronal. Así se hizo y el monopolio italiano tuvo que retroceder, reincorporando a los obreros. Desde el Sitrac promovimos el Encuentro Nacional de Obreros Revolucionarios para agrupar al resto del clasismo que comenzaba a despuntar. Se hizo en el local que Sitrac alquilaba en San José de Calasanz casi esquina Bv. San Juan, Córdoba.

En marzo de 1971 una movilización popular fue por primera vez a rodear una cárcel donde estaban los presos políticos en Córdoba. Había sido propuesta por VC. Unas 2.000 personas llegaron hasta Encausados. Desde sus celdas hablaron a la multitud Ignacio Vélez (Montoneros), Domingo Menna (PRT-ERP) y Sergio Ortiz (VC).

Unos días más tarde se produjo el Viborazo, una pueblada impulsada por los sindicatos Sitrac-Sitram y diversas fuerzas políticas, entre ellas en un lugar destacado nuestro Partido. Fue la primera vez que se vieron pancartas con la imagen de Mao, que llevamos nosotros. En el Ferreyrazo portamos por primera vez una bandera roja en una movilización obrera. Era la primera bandera roja que ondeaba en años. El PRT-ERP hizo flamear sus propios estandartes.

Cuando miles de manifestantes reunidos en la ex plaza Vélez Sársfield habían concluido el acto y comenzaban a barricar y replegarse hacia los barrios, grupos trotskistas como Política Obrera -actual Partido Obrero- se oponían al combate y proponían seguir con una "asamblea popular" (ver el libro "Lucha de clases, lucha de calles" de Beba Balvé). En su prensa dijeron que la pueblada había sido un acto con "elementos lumpenes-policiales". Así se desnudó ya en los ´70 el rechazo del trotskismo a las luchas violentas de las masas, de las que -como regla general- no participaron. De la guerrilla opinaban entonces -y siguen opinando ahora- que era "una salida pequeñoburguesa contrarrevolucionaria" ( tesis del morenista PST, luego MAS y Liga Internacional de Trabajadores).

¿Cómo sorprenderse de que en 1989 el PO criticara los saqueos de las masas hambrientas en los supermercados? ¿Qué hay de nuevo en que el MAS-MST condenaran ese año a los guerrilleros del MTP en Tablada y se condolieran de los militares y policías caídos?.

A fines de 1971 se hizo el 1º Congreso Nacional de Vanguardia Comunista, realizado clandestinamente en Mar del Plata. Sesionó con el nombre de "Emilio Jáuregui" en homenaje al camarada y destacado cuadro revolucionario asesinado en Buenos Aires. Lo mató la Policía Federal el 27 de junio de 1969 en la esquina de Tucumán y Anchorena, al cabo de una movilización de repudio a la llegada de Nelson Rockefeller.

El Congreso aprobó la línea política, el programa, el estatuto y eligió al Comité Central encabezado por Roberto Cristina como Secretario General. En esos años habíamos adherido fuertemente a la Revolución Cultural llevada adelante por el Partido Comunista de China. No fuimos eclécticos ni centristas. Nos definimos a favor de las posiciones políticas de Mao Tsé Tung dentro de la gran polémica librada en el seno del movimiento comunista internacional, contra el revisionismo de Nikita Kruschov y la camarilla de dirigentes soviéticos. Quiere decir que desde el vamos nuestra organización tuvo una definición internacionalista proletaria y se ubicó muy bien en el combate contra el revisionismo. Esto fue correcto pero cometimos también errores de dogmatismo y seguidismo al pensamiento de Mao tsé Tung.

En la crítica al revisionismo del PC local jugó un buen papel el folleto preparado por Elías Semán titulado "El falso comunismo de Victorio Codovilla".

Nuestro partido siempre dio gran atención a la lucha democrática antirrepresiva, impulsando en los ´70 la fundación de la OSPPEG, Organización de Solidaridad con los Presos Políticos, Estudiantiles y Gremiales.

El 25 de mayo de 1973 fue asesinado por los disparos del servicio penitenciario un joven de nuestra agrupación secundaria FAES (Fuerza Antiimperialista de Estudiantes Secundarios), Carlos Sfeir. Ocurrió en las puertas de la cárcel de Villa Devoto, cuando fueron liberados todos los presos políticos por la demanda popular y la amnistía decidida por el presidente Héctor J. Cámpora apremiado por las masas que gritaban "abran carajo o la tiramos abajo". Junto con Carlos cayó muerto Jorge Likacs, de la Juventud Peronista.

En 1974-1975 estuvimos entre los primeros en enfrentar la represión de la organización fascista Triple A. Esta secuestró, torturó y mató en octubre de 1974 a los camaradas Raúl Kossoy y Ana María Estevao en la zona sur de Buenos Aires. Raúl había sido dirigente universitario en Exactas y Filosofía y Letras. Al momento de su asesinato era secretario de organización del Comité partidario de la provincia de Buenos Aires, atendiendo trabajos obreros como Astilleros Río Santiago. Ana María era periodista de "La Voz de Solano" y su entierro tuvo el marco multitudinario del pueblo de la zona.

El 1º de mayo de 1974 fuimos a la Plaza de Mayo junto a la Juventud Peronista y los Montoneros, en contra del gobierno de Perón, Isabel y López Rega. Nos retiramos del lugar cuando Perón acusó de "infiltrados, imberbes e imbéciles" a la JP. En las elecciones de la provincia de Misiones de 1975 apoyamos al Partido Aunténtico orientado por Montoneros. Era un esfuerzo por unirnos y a la vez disputar con los sectores revolucionarios del peronismo.

Durante los años anteriores -entre 1969 y 1973- habíamos trabajado en unidad con el llamado Partido Comunista Revolucionario, cuando éste rompió con el PC y adhirió al maoísmo.

En ese tiempo VC publicó el periódico legal "Desacuerdo", de gran aceptación en la denuncia del "Gran Acuerdo Nacional" del general Alejandro Lanusse. Junto al PCR fundamos la Fuerza Revolucionaria Antiacuerdista, que impulsó el voto en blanco en 1973. Teníamos bastante unidad en la universidad y en gremios como el Smata cordobés.

En algún momento se pensó que los sectores "maoístas" podíamos converger en un mismo partido. Pero desde el triunfo electoral del general Perón, en setiembre de 1973, el PCR fue haciendo más y más seguidismo a la burguesía y su gobierno claudicante ante el imperialismo. Aquel 1º de mayo del ´74 el PCR se quedó en la Plaza de Mayo con la burocracia sindical y la JP "Lealtad" y JPRA de Julio Yessi. Eran los años donde aquel partido decía que López Rega era "nacionalista-tercermundista". Defendían al gobierno fascistoide de Isabel Perón, oponiéndose a la movilización obrera contra el golpe inflacionario de junio del ´75. Algunos de sus dirigentes llegaron a justificar a la "Triple A" lopezrreguista como "organismo de autodefensa de la burguesía nacional contra el aventurerismo golpista prosoviético". Boicotearon la movilización obrera en Plaza de Mayo contra el Rodrigazo porque decían que Casildo Herreras y Lorenzo Miguel eran "golpistas prosoviéticos" y que "los obreros más avanzados eran los que no se habían movilizado".

Desde entonces nunca más llegamos a acuerdos con la dirección del PCR, que tomó como enemigo principal al "socialimperialismo ruso". Equivocó el enemigo central, igual que Codovilla y la cúpula del PC cuando pusieron en 1945 como blanco al peronismo "nazi-fascista".

Nuestro partido cometió a lo largo de este período diversos errores, pero nunca se equivocó de enemigo básico: la oligarquía nativa y el imperialismo, en particular el yanqui. Nos habíamos educado en el punto de vista de Mao, de que "quien no sabe discernir entre amigos y enemigos desencamina el rumbo general de la revolución".

Advertimos correctamente el rumbo claudicante que había tomado el gobierno peronista, imparable desde que Perón-Isabel barrieron a Cámpora, se produjo la matanza de Ezeiza, derrocaron a gobernadores progresistas como Ricardo Obregón Cano, Miguel Ragone, Alberto Martínez Baca y Oscar Bidegain, y formaron la "Triple A".

Ese gobierno isabelino dio comienzo al "Operativo Independencia", mandando al Ejército a reprimir en Tucumán a la Compañía de Monte "Ramón Rosa Giménez" del PRT-Ejército Revolucionario del Pueblo. Se instruyó a los generales Acdel Vilas y Antonio Bussi para "aniquilar el accionar de los elementos subversivos", lo que sentó las bases del terrorismo de Estado. Los decretos del PEN de aniquilamiento llevaban las firmas de Isabel Perón, Italo Luder y Carlos Ruckauf, entre otros.

Luego del Rodrigazo el gobierno de Isabel Perón designó a los generales Jorge Videla y Albano Harguindeguy como jefes del Ejército y la Policía Federal, respectivamente. Esto facilitó el golpe de 1976. Emilio Massera ya era comandante de la Marina y el general Luciano B. Menéndez ya reinaba en el III Cuerpo de Ejército.

La experiencia de lucha de nuestro Partido en el período 1973-1976 nos permitió extraer muchas conclusiones:

El peronismo era un partido burgués que se enancó en el Cordobazo y las luchas populares, quedándose con los frutos de esos heroicos combates de masas.

El frente burgués organizado por el general Perón -el FREJULI- tuvo una primera fase con participación de elementos progresistas, donde influenciaban el camporismo, la JP y los Montoneros.

La conducción estratégica de ese frente siempre la mantuvo Perón, quien entregó el ministerio de Economía a José Gelbard (de la Confederación General Económica y dueño del grupo Fate, Aluar, Wobron y otras empresas de la gran burguesía).

Pasada una breve fase con aspectos progresistas (a Cámpora se lo destituyó el 14 de julio de 1973, dos meses después de asumir), el peronismo hizo suyas las posiciones de la gran burguesía y el imperialismo. Organizó la matanza de Ezeiza, la "Triple A", recicló a los comisarios Villar y Margaride, reformó el Código Penal, inició el "Operativo Independencia" con las Fuerzas Armadas, etc. Esa línea represiva acompañó a un plan que atacaba a las masas populares con los sucesivos ministros de Economía: Gelbard, Gómez Morales, Rodrigo, Bonani y Mondelli.

Frente a un gobierno que asumía un curso reaccionario de más en más, la táctica correcta era la oposición revolucionaria. Por eso reclamamos en su momento "Que se vaya Isabel". Si se quería evitar el golpe había que derrotar primero al curso reaccionario del gobierno isabelino, que facilitaba el cuartelazo. Por eso nos opusimos a la línea del PCR de "defensa incondicional de la señora Isabel" y no tuvimos ninguna esperanza en que ésta resistiera el golpe. ¡El PCR no descartaba que la viuda de Perón diera armas al pueblo!.

3 - LOS AÑOS DE LUCHA CONTRA LA DICTADURA MILITAR (1976-1983)

En 1974-1975 habían surgido las coordinadoras obreras zonales. Sobre todo en el gran Buenos Aires, pero también en Villa constitución, Berisso-Ensenada, Córdoba, etc. Las luchas habían echado del ministerio de Bienestar Social a López Rega, quien se fue del país. Las coordinadoras agrupaban a cientos de delegados y activistas. Crecían las corrientes antiburocráticas, los partidos revolucionarios y las organizaciones guerrilleras como ERP y Montoneros, que aún tenían mucha fuerza pese a los impactos de la represión policial y militar.

El proceso de crisis política, gran inflación, auge guerrillero, desbordamiento de la clase obrera que no podía ser controlada por el peronismo, etc., aceleraron la decisión de los monopolios y el imperialismo de retomar plenamente el poder y dar un baño de sangre como escarmiento a las masas.

Desde 1975 veníamos previniendo contra el golpe de Estado con la línea de "parar, ocupar y luchar". Llevamos esas propuestas a las asambleas de los obreros mecánicos de Córdoba, que la votaron favorablemente en junio de aquel año, Rigolleau de Berazategui, Ferroviarios de Córdoba, Ledesma y otras fábricas. El 24 de marzo efectivamente varias de estas plantas pararon contra el golpe videlista, pero no alcanzaron para impedirlo.

Nos unía la línea revolucionaria antigolpista votada en el II Congreso Nacional, de enero de 1976, que sesionó clandestinamente en Córdoba bajo el nombre de "Raúl Kossoy - Ana María Estevao".

El evento precisó la doctrina marxista-lenenista de la organización en lugar del maoísmo, aunque reconociendo que el líder chino era el más grande marxista-leninista de la época. En política ratificó la línea antigolpista: estimó que el cuartelazo se avecinaba detrás de la fascistización oligárquica y el gabinete isabelino.

En el análisis de clases se corrigió la definición de Argentina como "neocolonia con un desarrollo capitalista dependiente", que venía desde 1968. Se caracterizó que era un país capitalista dependiente. La clase obrera sería la clase dirigente y contingente principal de la revolución antimonopolista, nacional, democrática y popular camino al socialismo.

En la estrategia de poder se avanzó en definiciones insurreccionales, sin llegar a completarlas. Había rémoras de dogmatismo de la linea maoísta de "desde el campo rodear las ciudades hasta finalmente tomarlas", o sea la guerra popular prolongada.

Nuestra organización adoptó el nombre de Partido Comunista (marxista-leninista). El fundamento era que nuestro desarrollo político debía reflejarse en el nombre y dejar atrás el de VC, que era más bien el de una organización sin llegar a ser el Partido. Roberto Cristina fue reelecto Secretario General. El Secretariado Nacional se completaba con Rubén Kriscaustky y Jorge Montero, quien reemplazó a Mario Geller. Sergio Ortiz fue el secretario de una de las cuatro comisiones en que sesionó el Congreso, la del balance de la actividad partidaria. Desde 1974 había sido miembro pleno del Comité Central y fue reelecto en el II Congreso de 1976. Desde el ´74 era el secretario político de la regional Córdoba. Antonia Cristina fue una de las colaboradoras en la parte organizativa del Congreso.

Comenzaba una durísima etapa. Al día siguiente del golpe del ´76 nuestro Partido fue "disuelto" por "decreto-ley" de la Junta Militar (a diferencia de los partidos burgueses y del Partido Comunista, cuyas actividades fueron sólo "suspendidas").

Muchos camaradas fueron secuestrados y asesinados. Todas las regionales pusieron su cuota de sangre: Víctor H. Pasciaroni en Córdoba, Guillermo White en Rosario, Luis Moriña poco tiempo antes en Mendoza, Ana María Conti Mattei en Capital, Julio Galeano en Buenos Aires, Marcos Chueque en Mar del Plata, el abogado asesor de sindicatos Pablo Bernard en Salta, Guillermo Rubio en Tucumán, etc.

Inmediatamente promovimos la lucha por los derechos humanos. Por eso en diciembre de 1977 estábamos trabajando en el grupo que publicó la primera solicitada por los desaparecidos. En la Iglesia Santa Cruz y procedimientos posteriores fueron desaparecidas tres Madres (Azucena Villaflor de De Vincenti, María Ponce y Esther Ballestrino de Cariaga), dos monjas francesas (Alice Domon y Leonie Duquet) y siete personas más. De éstas, cinco eran militantes de nuestro Partido, a quienes les rendimos homenaje: Eduardo Orane, Horacio Elbert, Patricia Oviedo, Raquel Bullit y Angela Aguad.

De esta actividad surgió en definitiva Madres de Plaza de Mayo. En cambio la dirección del Partido Comunista las hostigaba y mantenía una política providelista. Es bien sabido que el PC calificaba a Videla y Viola como generales "democráticos" al calor del importante comercio exterior de la dictadura militar con la URSS. Y proponía como solución política la "convergencia cívico-militar".

Desde entonces nosotros siempre estuvimos en las Marchas de la Resistencia organizadas por las Madres. Localizamos las ruinas de El Vesubio en 1983 (centro de tormentos y desparición de militantes. Aportamos elementos para las condenas a los genocidas en el juicio a las ex Juntas Militares en 1985. Participamos de las movilizaciones contra el Punto Final, la Obediencia Debida y los indultos. También de la resistencia popular contra las rebeliones "carapintadas" de Campo de Mayo y Villa Martelli, etc.

Siempre impulsamos la lucha de clases con un objetivo revolucionario. Así lo hicimos durante aquel período en el Cordobazo y Viborazo, Correntinazo, Rosariazo, Mendozazo, Tucumanazo, etc. Por medio de la tendencia universitaria TUPAC (fundada en 1969 por Eduardo Orane y Jorge Montero, desaparecidos en 1977 y 1978 respectivamente) estuvimos junto al estudiantado de Santa Fe, Corrientes, Rosario, Córdoba, Tucumán, Buenos Aires, Mendoza, etc.

Nuestra tendencia nació en Ingeniería de Buenos Aires y se extendió a todo el territorio. Nos insertamos en las experiencias más avanzadas, como el Taller Total de Arquitectura de Córdoba y el proceso de Filosofía y Letras de Buenos Aires. Además de éstas, teníamos bastiones en Medicina de Mendoza, Derecho de Córdoba, Ingeniería de Capital, Ingeniería Química de Santa Fe, etc. TUPAC alcanzó gran desarrollo en las universidades, llegando a ser junto al FAUDI la principal fuerza de izquierda revolucionaria. En el congreso de la FUA realizado a fines de 1973 en Córdoba, colocó por primera vez un miembro suyo en la Junta Ejecutiva de la Federación. Hacía hincapié en la unidad obrero-estudiantil y agitaba la consigna de "ni golpe ni elección, revolución", sin dejar de lado los aspectos reivindicativos, académicos y pedagógicos. Fue una extraordinaria cantera de cuadros para el Partido.

Nuestra relación con la lucha obrera y popular fue estrecha. Históricamente nos preocupamos por aplicar la línea de masas preconizada por Mao Tsé tung ("de las masas a las masas"). Por eso las distintas fracciones oportunistas que trataron de desviar a lo largo de estos años a nuestra organización de los combates de calles han sido derrotadas completamente. Siempre fueron aplastadas. Es que nuestro Partido nació de cara a las puebladas, nunca para vivir entre cuatro paredes.

Hablando de fracciones, hasta 1978 habían sido las siguientes: en 1968 una fracción economicista en La Plata; en 1971 una trotskizante en la facultad de Derecho de Capital; en 1974 una derechista pro-PCR en Córdoba. Naturalmente que el advenimiento del fascismo en 1976 depuró nuestra organización de elementos vacilantes, que fueron abandonando nuestras filas ante los golpes represivos.

Muy bien lo había dicho Stalin en "Fundamentos del Leninismo": el partido bolchevique se fortalece depurándose de los elementos oportunistas.

Ninguna de esas fracciones aportó nada positivo a la práctica de la izquierda revolucionaria en el país. Eso mismo ocurriría luego con otras fracciones que sufriríamos en los años siguientes.

Sintetizando hoy nuestra práctica en materia de lucha de líneas internas, sacamos estas conclusiones:

La lucha de líneas existe dentro del Partido como expresión de la lucha de clases que existe en la sociedad. Es un fenómeno objetivo, independiente de nuestra voluntad. Hay que saber distinguir -dentro y fuera de la organización- las contradicciones antagónicas de otras que se plantean en "el seno del pueblo". Sólo éstas últimas se pueden resolver en forma no antagónica, por medio de la crítica, la autocrítica y las rectificaciones en la práctica.

Hay que defender en la lucha de líneas las posiciones marxistas-lenenistas que expresan el punto de vista del proletariado revolucionario. Nosotros no queremos cualquier "unidad". Buscamos una unidad partidaria en torno al marxismo-leninismo en lo ideológico, la política revolucionaria en la línea y el centralismo democrático en los métodos. Todo ello plasmado en la aceptación consciente de la disciplina y la dirección, con la depuración de los oportunistas de todo tipo.

La burguesía alienta en forma directa o indirecta las líneas oportunistas de derecha o "izquierdistas" con tal de esterilizar al partido revolucionario. Lo que ocurrió con el PCUS (Partido Comunista de la Unión Soviética), que degeneró con la "perestroika", alentó a la burguesía argentina, que ya contaba en su haber con el "mérito" de haber descompuesto décadas atrás al Partido Comunista local.

El Comité Central dirigido por el camarada Roberto Cristina fue el centro de la defensa de la línea revolucionaria dentro del Partido. Ese rol cumple desde 1990 el Comité Central dirigido por el camarada Sergio Ortiz. Nuestro partido no admite la existencia de fracciones y se basa en el Estatuto y la plena vigencia del centralismo democrático.

En general la desviación que nos hizo más daño fue la signo oportunista de derecha, aunque en algunos casos tuvimos que derrotar a algunas de tinte "izquierdista". Hemos comprobado la justeza de la advertencia de Mao Tsé tung de que "una desviación encubre a la otra", en el sentido de que al rectificar un "bandazo" en una dirección se es propenso a incurrir en otra de signo contrario.

Fuimos la organización que más defendió la línea de los Cordobazos. Sin embargo lo hicimos con el grueso límite de no advertir que en 1969 se había abierto una situación revolucionaria. Este límite político angostó nuestro camino hacia el poder porque no visualizamos la necesidad de un incipiente proceso de lucha armada ligada a las masas trabajadoras a continuación de aquellas puebladas.

Las organizaciones guerrilleras acertaron en plantearse el problema del poder. Aunque cometieron graves errores políticos y militares, éstos últimos de signo foquista. De todos modos, vista en su conjunto la Generación del ´70 debe ser reivindicada y no vilipendiada como hicieron y hacen los reformistas y renegados.

En la reunión del Comité Central de junio de 1976 se aprobó la resolución donde por primera vez en forma nítida nos orientábamos hacia el planteo insurreccional. Se llamaba "Orientaciones Estratégicas" y fue elaborado por Jorge Montero, uno de los cuadros que más había crecido en la dirección partidaria.

En 1978 la dictadura militar emprendió una campaña de aniquilamiento contra nuestra organización. A lo largo de junio, julio y agosto logró capturar a muchos dirigentes y militantes, destruyendo el Secretariado Nacional, dos tercios del Comité Central y las dos regionales principales (Capital y Buenos Aires).

La conducta en general de nuestros militantes detenidos fue buena. Por ejemplo, en la regional Mendoza sobre 16 camaradas que cayeron presos no habló ninguno. Todos tuvieron una conducta honrosa frente a la tortura, al punto de morir en ella sin decir nada a los verdugos. Así se comportó Luis "Chino" Moriña.

El 3 de junio de 1976 fue secuestrado Víctor Pasciaroni en Córdoba. Sin saberlo, el Comité Provincial se reunió al día siguiente con todos sus integrantes y la presencia de Roberto Cristina. Víctor sabía de la reunión porque era miembro de ese Comité. No dijo una palabra a sus captores: quedó desaparecido para siempre pero su ejemplo educó a toda la organización.

Roberto Cristina, mientras era bárbaramente torturado en "El Vesubio", gritaba: "Viva la clase obrera, viva la Patria, viva la Revolución" (extraído del testimonio de testigos en el juicio a las ex Juntas Militares).

Durante la campaña de aniquilamiento lanzada en 1978, el enemigo logró que algunos dirigentes y militantes dieran información. Osvaldo Balbi fue el traidor que entregó la cita que tenía el 15 de agosto con Roberto Cristina, quien fue secuestrado. Nuestros militantes fueron llevados al centro de ilegal de reclusión "El Vesubio", ubicado en el partido de La Matanza, que dependía del 1º Cuerpo de Ejército. Decenas de ellos quedaron desaparecidos convirtiéndose en mártires revolucionarios.

El golpe sobre el Partido había sido terrible y devastador. Pero nuestra organización tenía reservas revolucionarias y comenzó una compleja tarea de reconstrucción. La misma fue encabezada por Mario Geller -a cargo de la regional noroeste- y Sergio Ortiz, secretario de Córdoba. Eran los únicos dos miembros plenos sobrevivientes del Comité Permanente del Comité Central. También participó Manuel Malvicino, miembro suplente de ese organismo.En agosto del ´79, veía la luz el primer número de "No Transar" desde el golpe represivo, impreso a mimeógrafo. Su tapa decía, desafiante: "El Partido no se rinde".

Sin aparato, sin finanzas, sin medios, con algunos militantes y simpatizantes "tocados" por las dudas de la derrota del ´78, un reducido número de camaradas se dispuso a seguir la lucha contra la dictadura militar y reconstruir lo que ésta había destruido en nuestras filas. No nos preocupó el número, el "cuántos somos" para emprender esa tarea.

En general, desde los fundadores hacia aquí, sabíamos que las fuerzas marxista-leninistas debíamos repechar en minoría frente al populismo, el revisionismo y el reformismo, incluso nadando contra la corriente. Si los fundadores de Vanguardia Comunista hubieran puesto como central el "cuántos somos" deberían haberse quedado dentro del Partido Socialista Argentino de Vanguardia o antes directamente en el PSA, en vez de salir "a la intemperie" para

fundar una organización comunista. Si los camaradas que tuvieron que reconstruir en 1978 hubiéran adoptado el punto de vista de "cuántos somos", la dictadura militar se habría salido con la suya.

En esos años de fascismo, reflujo y derrota trabajamos en la clandestinidad, tuvimos una táctica defensiva en la lucha de masas y enfatizamos la construcción del Partido acorde a las orientaciones de Roberto Cristina. Habían sido plasmadas en su artículo "Tres pilares, un estilo y un método" publicado en "No Transar". Su idea central era que en un período de reflujo de masas había que adoptar una táctica defensiva en la lucha y una línea de consolidación interna del Partido. También enfatizaba en que en esos tiempos había que saber trabajar a largo plazo y en profundidad, rechazando el cortoplacismo y la superficialidad. Esa línea era correcta, sobre todo si la comparamos con el aventurerismo de Mario Firmenich, de Montoneros, que lanzó la "contraofensiva estratégica" armada del ´78 sin bases políticas sólidas.

Sobre la historia del comunismo en el país, Elías Semán escribió varias notas en "Temas Revolucionarios". Rubén Kriscaustky -con el seudónimo de Oscar Fleitas- publicó artículos valiosos sobre la historia de VC.

La mayoría de los camaradas que salieron al exilio terminaron abandonando posiciones revolucionarias e incluso unos pocos se pasaron a los partidos burgueses. Carlos Pérez Gresia ("Gallego") y Angel Tello ("Palo"), se pasaron al radicalismo de Alfonsín husmeando sus posibilidades de llegar al gobierno. Su argumento para renegar fue la "revalorización de la democracia" (burguesa) y el fracaso de la lucha revolucionaria de los años setenta. En lo táctico utilizaron la crítica a la posición del Partido en el tema Malvinas: aguardaron la derrota argentina para asumir plenamente la postura de la socialdemocracia europea.

El primero se desempeñó como funcionario en el ministerio de trabajo de Alfonsín y posteriormente como concejal de la UCR en Quilmes. El segundo fue asesor de Federico Storani en Diputados, autoridad de la Universidad de La Plata y asesor en temas de Defensa de la UCR.

El grupo de México tambien defeccionó: un responsable nos abandonó y se convirtió en un próspero comerciante. El grupo de España, aunque pequeño, tuvo reservas revolucionarias.

El tema del exilio dejó planteado un balance. En caso de otro ciclo de fascismo se debía sacar a tiempo del país a una parte de la dirección partidaria, sin prejuicios. Pero a la vez había que tener planes para que no se repitiera la frustrante experiencia de ese exilio donde la burguesía nos ganó la pulseada.

4- DURANTE EL GOBIERNO DE ALFONSIN (1983 - 1989).

En 1982 la dictadura -resquebrajada- llevó adelante la recuperación militar de las islas Malvinas, tras 149 años de usurpación británica. Fue el 2 de abril, a escasos dos días de que los efectivos policiales reprimieran una manifestación popular en la Capital Federal y Mendoza. El objetivo político era concretar algo ansiado por las masas para usarlo en tratar de dar continuidad al Proceso Militar.

Nuestro Partido entendió que con Malvinas había cambiado la contradicción principal, al menos en lo inmediato y por un corto tiempo. Las banderas antiimperialistas habían pasado a primer plano, a raíz de la guerra entre un país imperialista y uno dependiente, más allá de la dictadura del general Leopoldo Galtieri. El ajuste de cuentas con la dictadura solamente se postergaba, aunque persistiría la lucha por la dirección del frente anti-británico. Esta política fue en lo esencial correcta y quedó más clara tras el ataque de la flota inglesa, apoyada por los imperialistas yanquis. El 2 de mayo de aquel año el submarino nuclear Conqueror hundió al crucero Gral. Belgrano fuera de la zona de exclusión y mató a 323 marinos argentinos.

Los países socialistas del Tercer Mundo apoyaron la causa argentina porque entendieron que era lo correcto, al margen de Galtieri. Los sandinistas de Nicaragüae incluso Fidel Castro ofrecieron su apoyo. El canciller Nicanor Costa Mendez fue recibido en La Habana por el líder cubano, quien le brindó sostén en nombre de la isla socialista. La URSS ofreció aviones Migs. En Lima, Caracas, México, etc, hubo marchas de solidaridad popular latinoamericana con Malvinas.

La conducción político-militar de Galtieri y el general Mario B. Menéndez nos llevó a la derrota de Puerto Argentino el 14 de junio de 1982. La misma detonó la crisis de la dictadura, que comenzó a batirse en retirada. Lamentablemente su retroceso no fue a consecuencia de una victoria revolucionaria del pueblo sino un fruto -entre otras cosas- de aquella derrota en el Atlántico Sur y de la emergencia de la corriente democratista burguesa que comenzaba a impulsar el Departamento de Estado yanqui en América Latina.

De todos modos hay que valorar lo importante que resultaron las luchas de resistencia de los trabajadores en la retirada de la Junta Militar. Por ejemplo la de los obreros de Ford en 1976, el paro ferroviario, las huelgas portuarias y lucifuercistas del ´78, el primer intento de paro general del 27 de abril de 1979, la movilización del 30 del marzo de 1982 en Capital y Mendoza, etc.

También pesaron las denuncias de las Madres de Plaza de Mayo, que empezaron sus rondas el 30 de abril de 1977 enfrente mismo de la Casa Rosada. Denuncias similares hacían los exiliados y fuerzas políticas en América Latina, Europa y otros continentes. En la promoción de esas denuncias se destacaron Montoneros, PRT y nuestro Partido.

El Partido Comunista frenaba las denuncias en el exterior contra la dictadura de Videla, a quien elogiaban por su disposición al "diálogo político" y la búsqueda de una "democracia renovada". Sus amigos de entonces Simón Lázara y Víctor García Costa concurrieron a Lisboa a una reunión de la Internacional Socialista en 1977 a bloquear una moción de condena al régimen videlista. La URSS seguía vetando en Ginebra, en la comisión de Derechos Humanos de la ONU, las mociones adversas a la dictadura. En eso los rusos se ponían de acuerdo con el embajador argentino Gabriel Martínez y lo mismo hacían en las asambleas de la OIT.

El retroceso de la dictadura puso sobre el tapete la labor semilegal y la cuestión electoral. El Partido buscó utilizar esos resquicios para ampliar sus vínculos a las masas y de hecho aprendió a hacerlo sin tener mayor experiencia previa que la de 1973-1974. Pero ese proceso, aunque nos dio resultados orgánicos de crecimiento, tuvo resultados negativos en política porque tuvimos una línea táctica errónea. Definimos "votar al justicialismo desde la izquierda", reuniéndonos con un haz de fuerzas nacionalistas con las que nos habíamos encontrado durante el conflicto de Malvinas: PIN, Ateneo Jauretche, Ernesto Giúdici, etc.

A nivel sindical también aplicábamos una línea equivocada, enfatizando la unidad con el sector ubaldinista de la CGT-Brasil (enfrentado al colaboracionismo de la CGT-Azopardo de JorgeTriaca-Ramón Baldassini). Confundimos lo que era correcto (golpear juntos a la dictadura en el paro del 27 de abril del ´79), con lo que era erróneo: prolongar esa búsqueda de la unidad cuando se abría una nueva situación política post-dictadura.

En medio de la influencia de esas posiciones erróneas hicimos en Córdoba el III Congreso Nacional, previo a las elecciones de 1983, donde insistimos en votar al PJ desde la izquierda. Se cambió el nombre de la organización adoptándose el actual de Partido de la Liberación (PL). Fue el primer congreso realizado en la legalidad, que funcionó en el local de la regional cordobesa de La Rioja 449.

En general sus resoluciones tenían un doble aspecto. Había algunos elementos positivos, pero en lo fundamental estaban teñidas por incrustaciones de oportunismo de derecha. Eso se advertía en la táctica electoral, la línea sindical, la propuesta frentista, etc. El estatuto se flexibilizó más allá de lo correcto, con concesiones propias del "partido de masas" aunque no fuera esa la intención. El PL adoptaba el materialismo dialéctico y el materialismo histórico, pero evitaba una mención explícita al marxismo-lenenismo (a tono con las concepciones erróneas de los sandinistas en Nicaragua).

Lo positivo fue que el Partido mantuvo su compromiso revolucionario y fue leal a las banderas de Roberto Cristina y los 30 mil detenidos-desaparecidos. Seguíamos pisando el terreno del marxismo-leninismo, no habíamos cambiado de opinión con respecto a la esencia del Ejército represor, el imperialismo yanqui y los monopolios, al rol de vanguardia de la clase obrera, a la necesidad del socialismo, etc. Por eso en un año y medio las reservas revolucionarias fueron desarrollándose y terminaron por imponerse. Nos permitieron superar esa época negativa donde tuvieron tanto peso las concepciones equivocadas.

El congreso siguiente, en 1987, hizo suya la autocrítica teórica y práctica que durante 1984 y 1985 había elaborado y comenzado a prácticar el Comité Central.

Por la época del III Congreso estábamos expandiéndonos orgánicamente, en número de militantes y regionales, alquilamos los primeros locales públicos, editamos "Liberación" en forma legal, logramos "colar" comunicados en los diarios, etc.

Nos quedaron habilidades para el trabajo legal y la política de alianzas, comenzamos a buscar las personerías electorales en Córdoba, Salta y Tierra del Fuego. De todos modos eso estaba limitado por el efecto negativo de la desviación oportunista de ir detrás del peronismo. Quedó otra vez para la reflexión de nuestros militantes que más allá de los aumentos o disminuciones de la cantidad orgánica, lo que decide todo para un partido leninista es la justeza o no de la línea política y su consecuencia en la aplicación. Esa sencilla verdad nunca la entendieron los elementos oportunistas que en aquel tiempo se encandilaban por el número de militantes del Partido Comunista, el Partido Intransigente y el MAS.

Ese III Congreso ratificó a Geller como Secretario General (venía actuando en ese cargo como interino desde 1978). El Secretariado Nacional se completaba con Sergio Ortiz, quien desde aquel año era director del periódico "No Transar" y desde 1983 de "Liberación". El tercer miembro era Malvicino.

En 1983 descubrimos las ruinas de los tres chalés donde había funcionado "El Vesubio", dependiente del Ier Cuerpo de Ejército y atendido por el Servicio Penitenciario Federal. Llevamos al periodismo hasta el lugar y encontramos restos de pisos de mosaicos, botones de uniformes de fuerzas de seguridad, utensilios etc., que confirmaban las denuncias previas de los sobrevivientes.

Bajo nuestra influencia se formó poco tiempoo después la Asociación de exDetenidos Desaparecidos, que contó con la colaboración de Antonia Cristina para su funcionamiento. Los testimonios de los sobrevivientes fueron parte de la acusación contra los generales Videla y Viola en el juicio a las ex Juntas Militares en 1985.

En 1984 el Partido intervino en algunas luchas gremiales que le ayudaron a superar la influencia de ideas oportunistas. En la regional Rosario participamos de una lista docente con otros partidos de izquierda, por primera vez. En Buenos Aires nuestros compañeros de la fábrica Mu-Mu (alimentación) organizaron la Lista Violeta con gente del MAS y activistas de izquierda independientes, para enfrentar a la burocracia de Rodolfo Daer, ligado a Saúl Ubaldini.

Estas experiencias nos reinsertaron dentro de la corriente clasista y fueron la mayoría dentro de las que protagonizaba el Partido. Una contracorriente se dio en la regional Córdoba, cuyo secretario Juan Zanuttini aceptó que Luis Bazán se uniera a la lista de la burocracia de Murúa con el argumento de ganar un lugar en la comisión directiva del sindicato de Obras Sanitarias. El Comité Central criticó esa política y exigió que se renunciara al cargo, cosa que se hizo pero con demora.

La renuncia de Bazán a la directiva burocrática nos ayudó a formar la oposición combativa (Lista Verde) que al segundo intento ganó las elecciones del sindicato a fines de 1988. El día del escrutinio, el Partido de la Liberación y el activismo defendieron a trompadas el ajustado triunfo, frente a los intentos patoteriles de la burocracia de hacer fraude.

La rectificación también se verificó en el plano político-electoral. En setiembre de 1985 fuimos co-fundadores del Frente del Pueblo, una alianza electoral con el PC, MAS, Movimiento Peronista 26 de julio, Modepa, etc. Los secretarios de Quilmes y Córdoba expresaron resistencias, pero la línea de izquierda fue aplicada porque condensaba la opinión de la mayoría del Partido.

Cuadros antes valiosos dejaron las filas partidarias en disconformidad con nuestro giro a la izquierda, entre ellos Roberto Nájera, ex directivo del Smata seccional Córdoba.

En Rosario también hubo defecciones entre los dirigentes que en 1982 habían propuesto la formación del partido legal ("Negro" Dimas, "Drolo" Marchetti, etc.).

En el balance general el nuevo curso de acción política fue muy favorable, superándose la etapa negativa. El Partido de la Liberación se ubicó como la izquierda revolucionaria en un proceso que se plasmó en el IV Congreso Nacional, realizado en el local central de Alsina esquina Sarandí, de Capital Federal. Las deliberaciones duraron tres días, en enero de 1987. El centro del Congreso fue plasmar en línea política y organizativa la rectificación marxista-leninista.

En lo político, nos ubicamos como el partido de oposición revolucionaria al gobierno gran burgués de Alfonsín, denunciando todas sus lacras, y advirtiendo contra el avance de los sectores militares represores que venían de la dictadura. Esta definición nos preparó para tener una buena intervención en la crisis de Semana Santa, que se produciría meses más tarde.

El gobierno radical venía mostrando el mismo péndulo de los gobiernos burgueses. Una primera etapa donde -presionado por la situación de masas- hacía algunas concesiones democráticas limitadas, como la CONADEP y el juicio a las ex Juntas Militares. Luego acentuó sus tendencias claudicantes ante el imperialismo y de agresión al pueblo en lo económico y en los derechos humanos (pago de la deuda externa, represión policial, aprobación de las leyes de Punto Final y Obediencia Debida).

El alfonsinismo prometió que no pagaría la deuda externa con el hambre del pueblo, pero luego firmó la primera Carta de Intención con el FMI y comenzó a pagar a los banqueros. Su desbarranque educó a las masas en que la democracia tenía un contenido de clase; no había democracia en abstracto para "comer, educar y curarse" con la sola enunciación del preámbulo de la Constitución Nacional.

En 1986 el Partido participó en la zona oeste de Buenos Aires en la primera fila de la ocupación de terrenos fiscales por parte de centenares de familias en asentamientos como el "22 de enero" y otros. Fue una lucha continua hasta que la municipalidad y la gobernación tuvieron que "tragarse" la existencia de esos barrios de gente humilde. Más de una vez quisieron echarlos con la policía pero no lo consiguieron. En Quilmes hubo casos similares. Había nacido el movimiento de masas de los "sin techo" que tomaban terrenos y se defendían.

En lo teórico el IV Congreso asumió pública y formalmente la definición de la organización como marxista-leninista. Sobre este punto el camarada Sergio Ortiz -quien era parte de la rectificación de izquierda y fue enviado por el Partido a las Brigadas de Café a Nicaragua- dejó una minuta proponiendo erróneamente mantener la actitud esquiva del III Congreso.

Fue aprobado un estatuto más exigente que el de 1983. Las condiciones exigidas para pertenecer a él volvían a ser expresamente las que planteaba Lenin para un "partido de vanguardia".En materia de construccion partidaria se desbarató la oposición oportunista con centro en Rosario. Esa regional, que había tenido algunas buenas posiciones en lo sindical (caso de la lista docente), entendía que el problema central que arrastraba el Partido eran las "cuestiones de construcción" tales como la pequeñez, falta de aparato, finanzas e inserción.

Esos compañeros no querían admitir que lo central había sido lo político: la desviación oportunista de derecha. Y no confiaban en el valor de la rectificación marxista-leninista, que ya había comenzado pero que aún había que llevar más a la práctica. Sus delegados plantearon la tesis organicista de "la construcción", votando en contra de la resolución propuesta por el Comité Central. Quedaron aislados frente al resto de los delegados. El ideólogo de la posición oportunista fue Pedro Jatar, quien no concurrió al Congreso temiendo la polémica con el Secretariado Nacional.

La mayoría de los delegados al IV Congreso planteó bien que nuestro drama principal era la inconsecuencia de no jugar el rol de vanguardia en las luchas y no un problema de "inserción" o "número".

Como se ve, la teoría oportunista de derecha y organicista de "la construcción" nació en el círculo pequeño burgués de algunos dirigentes rosarinos en 1982. Lo hizo en plena desviación oportunista de la línea partidaria y se mantuvo en esa regional -debilitada- hasta 1987, en que fue derrotada a nivel nacional. Cinco años después fue retomada por el propio Jatar y en 1994 fue resucitada por el fraccionista de derecha Malvicino.

En épocas de dominación burguesa a nivel de Estado y de hegemonía transitoria del reformismo entre las masas, la teoría del "cuántos somos" expresa crudamente a la línea burguesa y pequeño burguesa dentro del Partido. Es el razonamiento de quienes abandonan el marxismo-leninismo y se adaptan a la hegemonía de la burguesía y el reformismo. La fracción de Jatar lo expresó perfectamente: renegó del PL y pasó a la "Corriente Grande" nacionalista-burguesa del diputado peronista Pino Solanas, fundador del Frente Grande junto a Chacho Alvarez y Graciela Fernández Meijide.

El 2 de enero del ´87, el primer día de deliberaciones de IV Congreso, el camarada Sergio Ortiz saludó a los delegados y partió rumbo a Nicaragua como integrante de la brigada de café "Malvinas Argentinas". Esta fue una correcta decisión del Comité Central, que buscaba relacionarse con las luchas revolucionarias de América Latina como las que expresaban entonces el Frente Sandinista en Nicaragüa y el Farabundo Martí en El Salvador. El paso práctico formaba parte de la rectificación de izquierda.

El PL cultivó el diálogo con partidos marxista-leninistas como el PC cubano. A su representante en la Argentina le hicimos saber el acuerdo que teníamos con el discurso de Fidel Castro de 1987, a 20 años de la caída en combate del Che Guevara. En opinión de nuestro Comité Central, la posición de Fidel era un tiro por elevación contra el programa reformista y liquidacionista de la "perestroika" del PCUS. También manteníamos estrecha amistad con el Partido del Trabajo de Bélgica y en general con todas las organizaciones que discrepaban -como nosotros- con la línea revisionista de Gorbachov. Criticamos a éste por abandonar el leninismo en puntos esenciales, renegar de la historia soviética, hacer liquidacionismo con Stalin y abandonar a la revolución en los países dependientes y capitalistas.

Romper lanzas desde el vamos con la "perestroika" fue un extraordinario acierto del Partido de la Liberación en su línea internacional. Recordemos que la mayoría de la izquierda reformista, en particular el Partido Comunista (de Athos Fava y Patricio Echegaray) defendía a la "perestroika" como si fuera "más socialismo y más democracia". Esos dos dirigentes se reunieron con Gorbachov y lo apoyaron enfáticamente.

El IV Congreso eligió un Secretariado Nacional de cinco miembros. A los tres que venían desempeñándose, se agregaron Rafael, Secretario de Organización, y Bocha, de Quilmes. Se resolvió que -dentro del Secretariado- Sergio dejara la tarea de prensa y fuera a vivir a Córdoba, dirigiendo ese Comité Provincial.

Ibamos en la dirección correcta y se comprobó en el levantamiento "carapintada" de Semana Santa de abril de 1987. Los militares dirigidos por el teniente coronel Aldo Rico se atrincheraron en la escuela de Infantería de Campo de Mayo para presionar por una "solución política" en los juicios donde estaban acusados por violaciones a los derechos humanos. En los días previos, el problema había comenzado con la negativa del capitán Ernesto Barreiro a presentarse ante un juzgado de Córdoba.

La rebelión militar trajo como consecuencia una formidable movilización de masas con epicentro en la Plaza de Mayo. En todo el país fueron millones las que se movilizaron porque vieron el peligro de otro golpe de Estado. Esa concentración tenía una limitación política: la dirección del gobierno alfonsinista y del arco multipartidario burgués (UCR-PJ).

El centro de los acontecimientos estaba en Campo de Mayo, por lo que el P.L. propuso en el seno del Frente del Pueblo y las masas que la izquierda marchara en aquella dirección. Después de algunas resistencias, el PC y el MAS aceptaron firmar un documento con ese compromiso. Pero cuando llegó la hora de cumplirlo no quisieron hacerlo. Se quedaron refunfuñando en la Plaza de Mayo y luego desconcentraron a sus columnas, que tenían miles de militantes.

En cambio nuestro pequeño P.L. marchó hacia Campo de Mayo y también tuvo una posición de lucha en el resto del país. Allí nos encontramos con parte del activismo y varias fuerzas que giraban a la izquierda, alejándose del reformismo. Con ellas formamos UNIR (Unidad de los Revolucionarios) poco tiempo después: Mocep, PRT V Congreso, grupo peronista ML 17 de octubre, Comité de Recuperación del FP de Córdoba, etc.

Cumpliendo un valioso papel durante la crisis militar, los secretarios políticos de Córdoba -Sergio- y de Capital -Malvicino- cometieron el error de firmar con los partidos de la Multipartidaria "un acta en defensa de la democracia". La siguiente reunión del Comité Central hizo autocrítica de ese error, sin perder de vista lo mucho que esas regionales aportaron en aquellos días decisivos. El Comité Central diagnosticó que allí -en la "Semana Santa caliente"- comenzó una situación prerrevolucionaria, al juntarse los centenares de reclamos gremiales con una enorme movilización democrática antigolpista de contenido político.

La ruptura con las direcciones del Frente del Pueblo fue total porque esa alianza demostró su inutilidad a la hora de la acción en la crisis política. Rehuyó a la confrontación en la primera línea de la pelea y de hecho toleró la dirección de la alianza radical-peronista-conservadora.

Desde entonces nunca más volvimos a integrarnos en organizaciones de tipo frentista más o menos permanentes con el reformismo. El PC fue el que viró más hacia la derecha y se unió al Partido Humanista-grupo Silo en el FRAL (al que se sumaron la Corriente Patria Libre de Humberto Tumini, la IDEPO de Néstor Vicente, etc.). En 1988 se formó Izquierda Unida, nuevamente con el eje dominante PC-MAS y de cara a las elecciones de mayo de 1989. Eso fue derivando con los años en el Frente del Sur bajo la dirección de Solanas y el Frente Grande con la batuta de otro ex menemista como Alvarez.

El MAS vivió años de crecimiento, que se irían terminando en poco tiempo, a medida que las luchas obreras se elevaron. Su dirección nacional se solidarizó con los militares y policías que murieron en el ataque del MTP al regimiento de La Tablada el 23 de enero de 1989.

Cuando el P.L. rompió con las cúpulas reformistas del PC-MAS y se negó a integrar el FRAL y la IU fuimos objeto de muchas críticas por un supuesto "sectarismo". Con el tiempo el activismo independiente y ex militantes de aquellos partidos aceptaron que nuestra postura había sido correcta. Fuimos de los primeros en deslindarnos de los frentes electoralistas, ajenos a las luchas concretas de las masas, con programas "lavados" y candidatos oportunistas. Hoy en día la vanguardia repudia ese tipo de frentes que -con la excusa de juntar votos- terminan poniendo a la clase obrera como furgón de cola de la burguesía (casos muy claros del Frente Grande y Frepaso entre 1993-1995). Aunque es una empresa muy difícil, el frente a formar debe ser de unidad de los revolucionarios.

El PL jugó un rol muy positivo en la crisis de Semana Santa, lo mismo que en los levantamientos "carapintadas" de Monte Caseros y Villa Martelli. Los videos sobre la resistencia popular de Villa Martelli muestran a nuestros camaradas y los carteles del P.L. en el centro mismo de la lucha. Los grupos se defendieron con piedras y bombas "molotovs" frente a militares que reprimieron con fusiles y tanques, asesinando a Rogelio Rodríguez y dos personas más en aquel diciembre de 1988. El gobierno de la democracia burguesa se mostraba como lo que era: una forma más de dominación de los monopolios y la gran burguesía, con el aparato militar intacto.

El general Ernesto Alais, supuestamente de los militares "leales" al gobierno constitucional, no llegó nunca desde Rosario con sus tanques para reprimir a los "carapintadas". La policía de la provincia de Buenos Aires, del gobernador peronista Antonio Cafiero, también reprimió a los manifestantes populares.

Por eso la Marcha de la Resistencia de las Madres de Plaza de Mayo popularizó la consigna de "No hay rebeldes, no hay leales, los milicos son todos criminales".

El combate de Villa Martelli era la prueba de cómo había avanzado el movimiento popular, aprendiendo de los hechos de Semana Santa. Ahora había violencia de masas contra los amotinados y allí estaba el PL. Las direcciones del PC y el MAS nuevamente se quedaron frente al Congreso, a muchos kilómetros de distancia, donde se hacía un "festival musical en defensa de la democracia". Pero el frente de tormenta estaba frente al regimiento de Martelli, del mismo modo como en Semana Santa había estado en puertas de Campo de Mayo. El reformismo mantuvo su línea central de declaraciones y presión parlamentaria.

Como resultado de los levantamientos militares los partidos de la burguesía aceptaron el desprocesamiento de la amplia mayoría de militares acusados de terrorismo de Estado. Sólo un puñado de altos jefes quedó en prisión. Sus libertades llegarían en 1989 y 1990 con los indultos del gobierno peronista de Carlos Menem.

La necesidad de responder a esa represión policial y asonadas militares, la persecución gubernamental contra el P.L. y la izquierda, la conciencia de que se venían otras crisis, la defensa de luchas populares como la de Martelli, etc., todo eso nos llevó a debatir las nuevas tareas del Partido y el activismo.

5- LA EPOCA MENEMISTA (1989-1992).

A principios de 1989 la situación argentina se acercaba al desenlace. En economía el famoso "Plan Austral" de Alfonsín y Juan Sourrouille -que había contenido la inflación por un tiempo hasta 1987- ya estaba deshilachado y ese ministro de Economía se tuvo que ir. El gobierno radical había sido derrotado por el peronismo en las elecciones legislativas y de gobernadores en 1987. Se suponía que el mismo resultado se daría en las presidenciales de 1989. Había devaluaciones y alta inflación. Las masas soportaban hambre y sufrimientos. En los barrios muy humildes y villas hacían estragos la carestía y la desocupación. Ante la falta de alimentos, esos sectores entraron a tomarlos por la fuerza en los supermercados y otros comercios.

Eso ocurrió en Córdoba, Rosario y el Gran Buenos Aires, a fines de mayo del ´89, siendo reprimidos por la policía. A raíz de los saqueos en Rosario, el gobierno radical -por medio del ministro del Interior Juan C. Pugliese- nos acusó de ser uno de los responsables.

El trotskista Partido Obrero, que también había sido aludido, se presentó en la Casa Rosada para aclarar que nada tenía que ver con el asunto. Su dirigente Jorge Altamira estuvo en contra de los saqueos y llamó a la gente a "seguir de largo" de los supermercados. El y demás dirigentes nacionales fueron detenidos cuando se presentaron a "aclarar" la posición.

La posición de Izquierda Unida (PC-MAS) también fue vergonzosa. Dijo que no compartía esos métodos directos y proponía "ollas populares" para "descomprimir" la situación.

El Partido de la Liberación, en cambio, se mantuvo en una postura revolucionaria, de pleno apoyo a lo protagonizado por las masas hambrientas. Rechazamos la línea reformista del "yo no fui", de lavarse las manos. Varios camaradas fueron detenidos en Rosario y otros tuvieron órdenes de captura, pero nuestra organización persistió en la lucha.

Dos semanas antes, el 14 de mayo, Alfonsín había sido derrotado por Menem en los comicios presidenciales. Pero como restaban cinco meses hasta el recambio, se acentuó la crisis y la hiperinflación.

En las elecciones el P.L. se presentó en tres distritos con listas propias: Salta, Santa Fe y Tierra del Fuego. También llevamos candidatos a presidente y vice, Mario Geller y Elisa Delboy, que era extrapartidaria, viuda de Rogelio Rodríguez (asesinado por los militares en Villa Martelli). La campaña puso una consigna central: "Esto no va más, hagamos cordobazos". Por primera vez la figura del comandante Che Guevara aparecía en los espacios de televisión y hasta en las boletas electorales. Fue nuestro mérito. Fuimos conocidos por amplios sectores populares porque además de utilizar bien los espacios de radio y televisión hicimos volantes, pintadas, afiches, actos, etc.

Quince días después se vino el "Hambreazo" en los supermercados y almacenes, que corroboraba lo que habíamos dicho durante la campaña electoral. Alfonsín vio sepultados sus sueños del "tercer movimiento histórico", el cambio de la Capital a Viedma-Carmen de Patagones, etc. Tuvo que entregar el poder a Menem, cinco meses antes de lo previsto, descompuesto por la crisis.

El Partido Justicialista -tras su precipitado ingreso al gobierno en julio- logró ir amainando un poco la crisis de mayo del ´89. Puso en marcha un plan que entregaba el ministerio de Economía al monopolio Bunge & Born (cien empresas controladas, 500 mil hectáreas de buenas tierras, diez mil millones de dólares de facturación anual en el mundo).

Debe recordarse que el PCR-PTP fue aliado de Menem y uno de los socios fundadores del Frejupo, el frente que llevó a éste a la presidencia. La unidad de antes con el lopezrreguismo e isabelismo llevaba a estos falsos "maoístas" a reanudar su alianza con el peronismo de la gran burguesía. Detrás del argumento de unirse con "las masas peronistas" se unían con el gobierno de Bunge & Born y los monopolios.

B & B puso los dos primeros ministros de Economía: Miguel Roig y Mario Rapanelli. Tal rumbo demostró desde el vamos que Menem traicionaría las promesas de "salariazo" y "revolución productiva" con que había ganado el voto popular. El resto del ´89 y ´90 fue tiempo de conflictos, luchas y nuevo conato "carapintada", esta vez a cargo del coronel Mohamed Alí Seineldín, el 3/12/90.

Esta fue una etapa muy positiva del trabajo partidario. Estábamos recogiendo los primeros frutos de la rectificación de izquierda del IV Congreso. La resistencia popular en Rosario nos había prestigiado, ampliando nuestros frentes barriales y la Universidad. Lo mismo en Córdoba y Quilmes, las dos regionales que llegaron con mayor peso orgánico al V Congreso partidario.

El punto clave era que la conducción burguesa del menemismo, al aplicar una línea de acuerdo con Bunge & Born y el imperialismo, fracturaría su relación con las bases justicialistas humildes. La situación de la burocracia sindical se haría más inestable que antes. Todo eso, estábamos seguros, abriría un gran espacio para la izquierda y sectores revolucionarios en el seno de la clase obrera, histórico bastión del peronismo. El dique de contención contra el marxismo-leninismo en el proletariado mostraría grandes brechas. Era una gran oportunidad.

Pero tuvimos un problema político que nos haría muchísimo daño en poco tiempo más. Una parte del Secretariado Nacional, encabezado por el Secretario General de entonces, Geller, se desvió hacia posiciones aventureras e "izquierdistas". Con esos puntos de vista cometió errores políticos. Uno de los más funestos fue dividir nuestra organización mediante una fracción, cuando vió que las votaciones fundamentales le eran adversas en el V Congreso Nacional.

El evento se realizó en abril de 1990 en City Bell, próximo a la ciudad de La Plata. Era uno de los mejores momentos políticos que tenía el Partido para una intervención revolucionaria en mayor escala y para recoger frutos orgánicos. Pero nos vimos frustrados e imposibilitados de aprovecharlo. ¿Por qué? Por que una desviación "putschista" nos partió la organización casi por la mitad.

La fracción de la minoría estaba integrada por compañeros revolucionarios valiosos. En todo momento del debate aclaramos que éste se daba dentro del campo de la revolución (aunque la otra parte comenzó a caracterizarnos de "reformistas").

El centro de la discución era cómo se evaluaba la situación política y las tareas del Partido.

La mayoría del Congreso entendía que vivíamos una situación pre-revolucionaria, con "picos" elevados como el "Hambreazo" y la resistencia popular de Villa Martelli. Para nosotros la tarea central era impulsar la rebelión popular como lucha política de masas con centro en la clase obrera.

En cambio la minoría sostenía que a partir del "Hambreazo" del ´89 se había creado una situación revolucionaria incipiente. Por lo tanto proponía priorizar acciones partidarias tendientes al desencadenamiento de un proceso de lucha armada -en su fase inicial- dentro de una estrategia de Guerra Popular Prolongada. En política coincidía con el MTP en priorizar la atención no en la clase obrera sino en los sectores villeros (lo que Marta Harnecker y los sandinistas denominaron la nueva vanguardia de los "movimientos sociales").

La minoría se retiró del Congreso cuando las posiciones de la mayoría la derrotó en el debate político y en las primeras votaciones. Esos compañeros pidieron un cuarto intermedio y luego anunciaron que se iban del Partido para construir otra organización revolucionaria.

La delegación rosarina dirigida por Pedro Jatar quiso ponerse al principio en una "tercera posición". Pero al final terminó votando junto con la mayoría.

Córdoba hizo un gran aporte político y en delegados a la victoria, lo mismo que otros camaradas de varias provincias. Aquella regional quedó completa con nosotros, lo mismo que Rosario y Mendoza. Pero habíamos perdido a parte del anterior Comité Central, completas las regionales Quilmes y Ushuaia, más una parte de Capital y Salta. Los cuadros y militantes que se iban del Partido eran valiosos, por lo que se nos inflingía grave daño.

La fracción fracasó por sus errores políticos y sus métodos aventureros. También -en parte- por la infiltración policial del DEPOC (Departamento de Protección del Orden Constitucional, de la Policía Federal). Esta le tendió una celada y le mató a uno de sus cuadros principales en noviembre del ´90, Rafael (Colo). El grupo político de Geller dejó de existir como tal y al poco tiempo vimos a sus ex integrantes alejados de la lucha política. A lo sumo se dedicaban a una militancia "social", sin un proyecto político revolucionario. A veces participaban de movimientos junto con el PC (como en Salta y Quilmes). A nivel nacional fueron parte de la fundación del plenario de Burzaco y posterior CTA de De Gennaro.

Su evolución hacia posturas pequeño-burguesas no sólo se vió en el tránsito que hicieron desde el "putschismo" hacia "frentes sociales" donde convivían con la "centro-izquierda" y el reformismo. El sello de clase también se pudo medir en la nula autocrítica de los dirigentes que se fueron, respecto a la polémica de 1990 y su ruptura con el PL.

En cambio la regional Ushuaia pidió su reincorporación al Partido en 1991. Lo suyo fue muy valioso. Seguramente su reingreso tuvo mucho que ver con la mayoritaria base obrera de nuestra organización en aquella ciudad, ajena a los devaneos y prejuicios pequeño burgueses.

En síntesis el V Congreso aprobó la línea de la rebelión popular, precisó el contenido de las cinco tareas fundamentales del Partido, rechazó las propuestas subjetivistas de la minoría y eligió un nuevo Comité Central. Al frente del mismo, como Secretario Político, fue elegido por unanimidad el camarada Sergio Ortiz. Durante los debates previos fueron respaldadas las tesis estratégicas insurreccionales, actualizadas.

Nuestra organización salió muy golpeada de la división, que ocurría con ese nivel de gravedad por primera vez en 25 años de existencia. En particular era un serio problema reemplazar a cuadros de tanta experiencia. Pero lo intentamos y lo hicimos, nuevamente sin preguntarnos a priori "¿cuántos somos?" ni poner como central lo organizativo.

Teníamos una política revolucionaria y la decisión de impulsarla en la práctica, sin desanimarnos por la división que nos habían causado. Los esfuerzos de construcción partidaria se pusieron como factor de apoyo a las cuestiones políticas, ideológicas y la lucha de masas. La construcción no fue lo principal. Lo político siempre estuvo al mando y así pudimos ir lentamente mejorando nuestra situación orgánica.

En Salta participamos de la lista progresista y combativa que ganó la comisión directiva de la Asociación de Docentes e Investigadores Universitarios. El camarada Lito Kirschbaum fue simultáneamente secretario de derechos humanos de la CONADU (Federación Nacional de Docentes Universitarios) entre 1991-1992. En aquella provincia hubo ocupaciones de la Legislatura reclamando la renuncia del gobernador Hernán Cornejo.

En Córdoba participamos activamente en las asambleas de los trabajadores judiciales contra la burocracia de Néstor Harrington.

En Capital comenzó un proceso interesante de luchas y acumulación. Tuvimos participación en las dos huelgas ferroviarias (´91 y ´92), en las marchas de las Madres de Plaza de Mayo, en la lista Violeta de judiciales, con los jubilados en el Congreso, etc. Durante 1991 y parte del ´92 tratamos de construir el Plenario Sindical en confluencia con la CONAT (sector disidente del PC) y otros grupos.

En política frentista nos esforzábamos por hacer la unidad con grupos revolucionarios en el UNIR, mientras manteníamos la política de unir a la izquierda en tareas tácticas. La huelga ferroviaria del ´92 dio lugar a un acto de unidad de esos sectores en la Plaza de Mayo en el día de los trabajadores.

En las elecciones legislativas de 1991 presentamos listas en tres distritos: Santa Fe, Salta y Tierra del Fuego, redondeando una buena experiencia. En el caso de la primera nos fue muy bien y obtuvimos 7.000 sufragios a diputados nacionales.

El 1 de mayo de 1992 una delegación partidaria estuvo de visita, por segunda vez, en Cuba socialista. La integraban los camaradas Ortiz y Kirschbaum, quienes pudieron apreciar la alta movilización revolucionaria y socialista de las masas cubanas. Pero simultáneamente anotaron diversos problemas. Ambos aspectos fueron debatidos con el Departamento América del PC cubano. En noviembre del ´91 nuestro Secretario General había establecido los vínculos formales con ese Departamento y además había podido departir brevemente con el comandante en jefe de la revolución cubana en el marco del Encuentro Sindical Latinoamericano contra el Neoliberalismo.

En lo interno disentíamos con el sentido de la política cubana de reforma económica y creciente dependencia de las inversiones extranjeras, que intuíamos podía llevarlos al "modelo chino". Y en lo externo discrepábamos con la línea latinoamericana de lo que después sería el Foro de San Pablo. Esa línea -en el plano argentino- los acercaba a la centro-izquierda, PC, CTA de De Gennaro-Mary Sánchez, el Frente del Sur, etc.

De todos modos, pese a aquellas críticas, el P.L. se lanzó a trabajar en solidaridad con la revolución cubana. En varios lugares del país organizamos actos y participamos de festivales. Eran momentos difíciles para Cuba, a la que el imperialismo trataba de aislar por todos los medios. La socialdemocracia en la Argentina decía solidarizarse con la isla pero no con su sistema político. Nosotros en cambio apoyábamos especialmente a Cuba por su sistema socialista, al que valoramos como mucho más democrático que las "democracias con ajuste y seguridad".

Los dirigentes trotskistas una vez más jugaban para los enemigos. Defendían como una "revolución obrera" el proceso de restauración capitalista en en el Este. Y en cambio propiciaban la caída del "stalinista" Fidel Castro en la única revolución socialista del continente.

Pese a los avances de nuestro Partido en esos dos años (1990-1992), los saldos orgánicos eran sólo incipientes. Habíamos reorganizado el Comité central, estaba normalizada la salida de "Liberación", teníamos inserción en ADIUNSa y algunas listas sindicales, se había reincorporado la regional Ushuaia, había un desarrollo interesante en Capital, habíamos mantenido tres personerías electorales, teníamos relación con el PC cubano, etc. Habíamos salvado la organización de la división y la derrota. Pero por cierto que esos avances eran insuficientes.

Pretextando esas limitaciones y negando nuestros logros, el oportunismo de derecha "organicista" volvió a levantar cabeza con Jatar y desde la regional Rosario.Su determinación de armar una fracción posiblemente haya tenido que ver con que temió la evolución de la situación política y mayores logros del Partido. Las puebladas de Chubut, Salta y Jujuy mostraban que la situación pre-revolucionaria alcanzaba picos elevados de combatividad y favorecía la comprensión de que era correcta la línea leninista del Comité Central. El P.L. quería ser parte de ese proceso de puebladas, por lo que criticamos las reticencias de Jatar frente a la ocupación de la Legislatura salteña (sostuvo que había sido un error ocuparla).

Si el rol del Partido mejoraba, Jatar podía quedar en ridículo o sentirse en situación de riesgo frente a las posibles persecuciones del menemismo. Influyó muchísimo en él y el grupo rosarino el creerse por encima del resto del Partido por haber logrado un buen resultado electoral en 1991, como si eso hubiera sido un mérito suyo. Además, como si lo electoral fuera lo central en la vida del PL. Creían que con ese argumento podían hacer pasar como válido "su modelo de construcción" reformista alejado de las luchas de clases, doblegando la posición del Comité Central. Cuando no lo consiguieron, decidieron salirse de la organización, lo que se produjo en el siguiente Congreso. Con anterioridad había renunciado al CC Juan Zanuttini, con diferencias con la dirección nacional sobre la rebelión popular, "temas de construcción" y con tesis movimientistas. El contacto entre varias posiciones oportunistas de éste y de Jatar era evidente.

El VI Congreso del Partido se realizó en Cordoba, en mayo de 1992. Los documentos nacional, de construcción y de balance del trabajo habían sido girados con tiempo a toda la organización, para los debates.

La lucha de líneas se había desenvuelto durante 1991 y primeros meses de 1992 en el seno del Comité Central entre la posición revolucionaria y la oportunista. Esta última estaba derrotada de antemano porque todo el Partido menos Rosario estaba en su contra. En vez de rectificar o por lo menos abrir un espacio de reflexión, el grupo derechista decidió romper. Por eso violó el estatuto, el reglamento de convocatoria, etc., y realizó un congreso regional burdamente ilegal en Rosario, sin cumplir los requisitos orgánicos resueltos por el CC.

Al comenzar el Congreso Nacional esas irregularidades fueron denunciadas y a Rosario se le adjudicó dos delegados buscando preservar la unidad. Jatar no lo aceptó y su grupo se retiró de las deliberaciones. Degeneró en un grupito populista que en 1994 se integró formalmente a la "Corriente Grande" de Pino Solanas (ex interventor del Instituto del Cine durante el menemismo). En pos de la "construcción" y la "amplitud" se integraron luego a un frente populista como la Alianza Sur (Solanas, más el PC y el PCR-PTP) que obtuvo apenas el 1 % de los votos en 1995.

El VI Congreso, desembarazado de esa fracción, aprobó la línea política de impulsar la rebelión con centro en los trabajadores (el oportunismo se había opuesto a la consigna "Que se vaya Menem" planteada en la tapa de "Liberación" a fines del ´90).

Se habían producido tres puebladas provinciales que llegarían a derribar gobernadores en Chubut y Jujuy, dándose importantes huelgas obreras como la telefónica contra la privatización de ENTel. Esto descolocaba a los intentos "organicistas" que se negaban a poner como central la intervención en ese proceso de masas.

En materia internacional el Partido venía proponiendo la formación de un bloque de unidad de marxista-leninistas y otras corrientes revolucionarias, como el PC cubano, la guerrilla centroamericana y peruana, etc. El P.L. reivindicaba su debate contra el revisionismo de la "perestroika" de Gorbachov y denunciaba la restauración del capitalismo en Europa del Este y la ex URSS.

A nuestros puntos de vista internacionales sólo se opuso Eduardo Maturano. Este dijo en la segunda sesión del V Congreso que "no podía haber restauración capitalista en el Este porque el socialismo estaba consolidado " y "porque los textos de Marx y Engels no lo preven". Fue el único delegado que sostuvo semejante error político basado en el dogmatismo. Era el mismo academicismo que lo llevó a afirmar que las relaciones de producción en el campo argentino, como el sudeste de Córdoba, era "precapitalistas" y "semifeudales". El no aceptaba la definición partidaria sobre Argentina como país capitalista dependiente. Planteaba -basado en viejos textos de la Academia de Ciencias de Moscú- que era una semicolonia, con preeminencia del capital financiero y la oligarquía terrateniente e intermediaria.

A nuestro juicio lo que significaba en concreto la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS era la plena restauración capitalista. En esto nos servían los análisis de Lenin y Mao Tsé tung sobre la continuidad de la lucha de clases durante la dictadura del proletariado. Ellos sostenían la posibilidad de las "tentativas de restauración" de las burguesías derrocadas. Mao sostuvo que no estaba decidido quién vencería a quién durante la transición socialista. Y por eso impulsó a mediados de los ´60 la gran revolución cultural proletaria.

El choque con las concepciones trotskistas se hizo inevitable y por eso publicamos un nuevo trabajo del camarada Ortiz sobre "Polémica con el trotskismo. II Parte".

La resolución orgánica y de balance del trabajo fueron aprobadas por todos los delegados del VI Congreso. Allí ratificamos que se había librado una lucha de líneas contra el oportunismo de derecha. Se planteaba claramente que la principal tarea del Partido era impulsar la rebelión popular y abrir una situación revolucionaria. En ese marco se debía construir partido, como algo destacado pero subordinado a la tarea central.

El VI Congreso eligió a Sergio como Secretario General para un nuevo período. En el Comité Central se mantuvieron camaradas que venian del Congreso anterior, como Edson, Lito y José Luis. También se incorporaron nuevos miembros como Sara y Pablo. Malvicino y Maturano también fueron votados para el CC, aunque después degeneraron en fraccionistas, siendo expulsados del Partido en 1994.

Durante 1992 nuestro plan de trabajo puso como prioritario el impulso a la rebelión popular. Esto nos llevó a apoyar las marchas de los jubilados frente al Congreso: nuestros militantes fueron detenidos varias veces por la Policía Federal. Fue interesante el apoyo a la huelga ferroviaria de "Km 1", se desarrolló el trabajo en un colegio secundario, judiciales y gráficos. En ADIUNSa y los congresos de CONADU defendimos las posiciones justas contra la burocracia de Kofman. Asumimos las tareas de solidaridad con la revolución cubana, trabajando en comisiones de apoyo en Córdoba y Capital, realizando charlas en Salta. Apoyamos las actividades del Comité Democrático Haitiano denunciando la situación de su pueblo luego del golpe de setiembre del ´91 (posteriormente Malvicino se opuso a poner como central el derrocamiento de la dictadura del general Raoul Cédras en Haití, confiando en las supuestas reservas nacionalistas de este general). Nuestros camaradas fueguinos apoyaban los conflictos metalúrgicos, de estibadores y de la construcción.

En estos años profundizamos nuestro análisis de clase de la sociedad argentina, actualizando el programa de la revolución durante un seminario nacional.

Fuimos coherentes con el legado de Roberto Cristina y los fundadores, quienes habían planteado que la lucha contra los monopolios nacionales y extranjeros era la principal peculiaridad de nuestra revolución nacional-democrática-popular.

Por medio de nuestra prensa, volantes y denuncias, apuntamos contra grupos como Arcor y Roggio en Córdoba, Macri en Capital, Pérez Companc a nivel nacional, Pescarmona en Mendoza, etc. Nuestra consigna política era "que la crisis la paguen los monopolios responsables y beneficiarios de la misma".

Teniendo en cuenta que el gobierno menemista pasó a gobernar para ese tipo de empresas monopolistas, el P.L. actuó en consecuencia. Denunciamos que esos grupos concentrados y el imperialismo (por medio de las privatizaciones y el pago de la deuda externa) eran los grandes enemigos a enfrentar por la lucha de masas.

La democracia menemista es el gobierno de los monopolios, de y para los ricos. El P.L. se plantó como el Partido que más atención daba a la denuncia de los monopolios y banqueros. En "Liberación" aportamos elementos mediante el fichaje de esos holdings, número a número. Ese fue un gran aporte de nuestro Comité Central, que basó sus opiniones políticas en las experiencias venidas del movimiento de masas y también en un análisis científico sobre el bloque de las clases dominantes y su relación con el poder del Estado.

Nuestros aciertos políticos no fueron "casualidades" sino consecuencia de los esfuerzos por aplicar en forma creadora el marxismo-leninismo a la realidad. Para tratar de hacernos abortar todo ese interesante proceso, el gobierno menemista mandó la Policía Federal a allanar en noviembre del ´92 el local de la CONAT de calle Sarandí, en la Capital, donde funcionaba -en un sector del mismo- el Partido de la Liberación. Allí se detuvo a ocho personas, de las cuales cinco eran camaradas, incluyendo al secretario Sergio Ortiz. La brigada de explosivos de la Policía Federal junto al DEPOC depositaron tres cajas con explosivos en el local como si hubieran sido nuestros. La excusa del procedimiento eran unos petardos colocados en cajeros automáticos por la ORP, un grupo hasta entonces desconocido.

Se generó desde el gobierno una gran campaña de difamación contra el P.L., acusándolo de "grupo terrorista". El presidente Menem declaró que había sido desbaratada la célula que podía haber atentado contra la embajada de Israel en marzo del ´92, cuando se produjeron 29 muertos. La Policía Federal fue felicitada por Menem y el ministro del Interior, José Luis Manzano. La jueza pro-oficialista Servini de Cubría tenía la causa judicial en sus manos y prometía largas condenas contra nuestros dirigentes y militantes por "asociación ilícita, tenencia de explosivos, intimidación pública, etc."

Sin embargo, el Partido de la Liberación -al principio en medio del aislamiento y la confusión- con el apoyo popular los derrotó a todos. En poco tiempo los ocho detenidos estaban liberados y sobreseídos de tan injustos cargos. Fue una gran victoria democrática de nuestra organización: era una de las primeras veces que en la lucha por los derechos humanos el menemismo no se salía con la suya.

Esto fue una pequeña vacuna contra el derrotismo que sembraban los reformistas al nivel de las masas diciendo que el gobierno era extrordinariamente fuerte e imbatible.

Las razones de nuestra victoria fueron dos.

La amplia solidaridad que poco a poco se fue gestando alrededor de nuestros presos, cuando el P.L. denunció que se trataba de un complot represivo del gobierno. Hubo declaraciones, reportajes y solicitadas a favor de las libertades. En el campo del progresismo sólo se mantuvo en una postura hostil el periodista Eduardo Aliverti, quien criticó a "los cuatro loquitos del PL" (programa "Protagonistas" de Radio Splendid).

Y también pesó la política de ofensiva de nuestro Partido. En el mismo momento de las detenciones, ante el periodismo radial y televisivo presente en el lugar, el Secretario General que iba preso levantó el puño izquierdo y dijo que era un ataque policial provocador contra el Partido de la Liberación. Los demás presos también tuvieron una conducta muy digna, lo mismo que sus familiares. Fue muy meritoria la labor de los abogados Liliana Mazea, Carlos Zamorano, Eduardo Barcesat, Laura del Cerro, Oscar Noly y Héctor Trajtemberg. Estos abogados pertenecían en algunos casos a la Liga, en otros a la Asociación y a Madres.

La jueza federal Servini de Cubría se desprestigió más que antes. El ministro Manzano también se desprestigió y renunció al cargo tiempo después, marchándose a Estados Unidos. El DEPOC y la Policía Federal se quedaron "con las ganas", aunque sabíamos que volverían a la carga por su esencia represiva.

Así, con esa victoria notable del Partido de la Liberación en la lucha democrática, se cerró el año 1992, rodeado del respeto popular y la simpatía del campo de la izquierda y sectores democráticos. Allí comienza una nueva etapa favorable para la vida del Partido, que aún perdura al momento de prepararnos para realizar el VII Congreso Nacional.

 

COMITÉ CENTRAL DEL PARTIDO DE LA LIBERACIÓN

XVII REUNION PLENARIA

8 Y 9 DE JULIO DE 1995

 

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