ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LOS TEMAS ECOLOGICOS

 

 

1) LOS HECHOS ACUSAN AL IMPERIALISMO.

Los hechos prueban que las grandes potencias imperialistas, y en especial el imperialismo yanqui, son quienes más afectan el medio ambiente. Sólo secundariamente se puede apuntar a otros países, incluídos los del Tercer Mundo. Tomando el caso concreto de las emisiones de dióxido de carbono (CO2), que recalientan el planeta y contribuyen a formar el llamado "efecto invernadero", la tabla es la que muestra el recuadro.Esto pone de relieve la responsabilidad criminal de Estados Unidos, que con el 5 por ciento de la población mundial es responsable del 25 por ciento del dióxido de carbono que se manda a la atmósfera. Así tuvo que admitirlo Bill Clinton en octubre de 1997. Aunque el cuidado del medio ambiente fue tomado por las Naciones Unidas en 1972, en la Primera Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo realizada en Estocolmo, Suecia, aún hoy la mayoría de las metas planteadas son asignaturas pendientes. Y la responsabilidad central corresponde a los países imperialistas.

PAISES QUE MAS CONTAMINAN
Emisiones de CO2 por año

PAIS TOTAL TONELADAS

1) Estados Unidos 5.228,4
2) Rusia 1.545,1
3) Japón 1.146,3
4) Alemania 877,2
5) Reino Unido 559,1
6) Canadá 477
7) Australia 285,1
8) Arabia Saudita 227,2
9) Kazajaztán 178,9
10) Holanda 173,6

Fuente: AEDENAT, España. Clarín, 1/12/97

La misma política de incumplimientos caracterizó a los gobiernos, especialmente a los capitalistas, luego de la Cumbre Eco Río ´92, también llamada Cumbre de la Tierra, realizada en Río de Janeiro en junio de 1992. Al realizarse la Segunda Cumbre, cinco años después, en Nueva York, la situación no había mejorado.

En la Tercera Conferencia de las Partes de la Convención de Cambio Climático, realizada en diciembre de 1997 en Kioto, Japón, el lobby de las empresas petroleras norteamericanas y varios parlamentarios de ese país plantearon que no está probado que exista el "efecto invernadero". Por lo tanto -según ellos- no tenía sentido aplicar restricciones supuestamente inventadas por los enemigos o competidores de las industrias automotriz y petrolera.

El peligro de recalentamiento está haciendo crecer los niveles del mar, amenazando a las zonas costeras y a la vida misma en las islas. Por eso una alianza de los pequeños estados insulares pidieron en Kioto la reducción para el año 2005 del 20 por ciento de los niveles de emisión de dióxido de carbono y otros gases contaminantes respecto a la emisión de 1990.

No le llevaron el apunte: se negociaron metas mucho más modestas y a plazos más extendidos, los que probablemente correrán la misma suerte que todos los planes adoptados desde aquella primera conferencia de 1972. En concreto, las potencias plantearon que reducirán sólo un 5 por ciento las emisiones de 1990 pero para el período 2008-2012. O sea que se auto-adjudicaron el derecho de seguir contaminando a voluntad por otros doce años más.

La contaminación ambiental, los gases de efecto invernadero, los accidentes nucleares, la tala indiscriminada de bosques, el envenenamiento de ríos y océanos, etc, es un cargo que hay que hacer al sistema capitalista e imperialista, cuya lógica de ganancias desenfrenadas a cualquier precio está en la base de aquellos fenómenos.

Incluso no sólo hay responsables concretos a nivel de países, sino también de empresas. Entre los nombres más tristemente célebres están denunciados los de la petrolera anglo-holandesa Shell y las norteamericanas Union Carbide, General Motors y Du Pont ("EL LIBRO DE GREENPEACE SOBRE EL MAQUILLAJE VERDE. El disfraz ecológico de las empresas transnacionales").

En este folleto se acusó a varias multinacionales, recordando casos que las involucraron, como el accidente de 1984 en Bhopal, India. Una planta de pesticidas de la subsidiaria de la yanqui Union Carbide, ocasionó la muerte de más de 3.500 personas, lesiones a más de 202.000 y defectos de nacimiento permanentes a una cantidad desconocida de niños.

Este tipo de denuncias son positivas, más allá de la línea burguesa y reformista de la dirección de Greenpeace a nivel internacional. Esta entidad no procura cambiar el estado de cosas de la sociedad y el mundo desde la acción de lucha de los hombres, sino que apuesta a que las mismas empresas "comprendan" la necesidad de un capitalismo "saludable", un capitalismo de rostro "ecológico", lo que es imposible de lograr.

Otros grupos ecologistas, incluso desprendidos de Greenpeace, tienen posiciones más combativas. A otros la burguesía europea acusa de ser "ecoterroristas", como los que en Florencia, Italia, atentaron contra camiones de Nestlé, y contra el Tren de Alta Velocidad de la compañía Val Sussa.

 

2) EL HOMBRE ES LA PRINCIPAL ESPECIE A CUIDAR EN LA TIERRA.

En la Argentina nosotros desconfiamos y denunciamos a todos aquellos empresarios y banqueros que dicen condolerse de los pinguinos empetrolados de Mar del Plata pero condenan a millones de trabajadores a planes de hambre, miseria y desempleo.

Según la Organización Internacional del Trabajo hay en el mundo más de 1.200 millones de seres humanos viviendo en condiciones de pobreza, con un ingreso equivalente a un dólar diario. En nuestro país casi el 25 por ciento de la población, 9 millones de habitantes, vive en condiciones de pobreza según estadísticas oficiales del INDEC. A nivel latinoamericano, según la CEPAL y el Banco Mundial hay más de 200 millones de pobres.

Salvar a esta gente tiene que ser la prioridad. Y no hay otra salvación real que una revolución social dirigida por la clase obrera y en base a frentes políticos que unan a otros sectores populares, con las particularidades que tendrán esos procesos según sean sus escenarios los países oprimidos del Tercer Mundo, los países capitalistas desarrollados o los países donde había socialismo y se restauró el capitalismo desde 1990 en adelante.

Por eso valoramos tanto el ejemplo de Cuba, que con su política de salud y otros programas sociales vino salvando miles de vidas de niños año a año, bajando el índice de mortalidad infantil a 7,8 por mil nacidos vivos, superando incluso a países desarrollados.

Estamos de acuerdo en salvar ciertas especies animales en extinción, por ejemplo el yaguareté en el noroeste argentino, provincia de Salta. Pero en ese mismo distrito nos preocupa más que el índice de desempleo afecte realmente a más del 35 por ciento de la población y quienes tienen trabajo cobran sueldos miserables de 200 pesos mensuales. ¿Qué utilidad tendrá poner como prioridad nacional el salvar los bosques naturales, si en Argentina hay dramas sociales acuciantes como el déficit de 3 millones de viviendas?. Incluso aceptaríamos talar bosques en forma racional si el fin fuera lograr madera para construir decenas de miles de casas económicas para el pueblo y paliar el mencionado déficit habitacional.

Un ejemplo patético de doble discurso y cinismo lo vivimos los argentinos durante 1996 y 1997 con la contaminación de los afluentes del río Pilcomayo, en el norte del país. Se descubrió que ese fenómeno se había originado por el derrame de desechos tóxicos en zona boliviana por la Mina de Porco, de la Compañía Minera del Sur (COMSUR), cuyo propietario era el entonces presidente de Bolivia, Gonzalo Sánchez de Lozada.

Este presidente-empresario no tuvo empacho en firmar declaraciones solemnemente "ecológicas" en 1995 en San Carlos de Bariloche (Argentina) y en 1996 en Viña del Mar (Chile) durante la V y la VI Cumbre Iberoamericana de Naciones respectivamente. Pero mientras tanto su mina tiraba barros tóxicos al curso del Pilcomayo, con arsenio, cianuro y plomo, lo que afectaba a la población de Bolivia, Argentina y Paraguay, ya que la cuenca del Pilcomayo recorre a estos tres países fronterizos.

Según los ejecutivos bolivianos de COMSUR, su mina habría vertido "sólo" 180.000 toneladas de esas sustancias tóxicas al Pilcomayo, pero se supone que la cantidad real fue mucho mayor. La prensa calificó lo ocurrido como uno de los peores desastres ambientales en la región latinoamericana.

 

3) LA CUESTION ECOLOGICA ES DE RECIENTE DATA.

La ecología adquirió mayor importancia en los últimos 25 o 30 años en que se tomó mayor conciencia de su impacto ambiental.

Como tantos otros fenómenos, la ecología es parte de la lucha de clases y tiene que ser resuelta con un análisis marxista-leninista, o sea concreto y con un sentido de clase proletario.

Por ejemplo, si para poner a la URSS en condiciones de enfrentar la inminente agresión militar nazi de 1941, los comunistas y el pueblo soviéticos se lanzaron en los años previos a una colectivización del agro y una industrialización del país que no tuvo casi en cuenta los criterios ecológicos (difundidos cuarenta años más tarde), nosotros consideramos correcto lo actuado por aquella dirección del Partido Comunista de la Unión Soviética encabezada por Stalin. Lo esencial era salvar al pueblo de la URSS y la Patria Socialista. Todo lo demás debía subordinarse a esa cuestión.

Otro ejemplo similar: si la URSS necesitaba lograr la bomba atómica para romper el monopolio nuclear de Estados Unidos, seguramente habrá tenido que recurrir a procedimientos técnicos que no estuvieron en regla con decálogos ecologistas. Pero estuvo bien en actuar de ese modo, porque en caso contrario los imperialistas yanquis habrían podido sacar ventajas en todo el mundo con el chantaje de que podían repetir lo de Hiroshima y Nagasaki.

Cuando el pueblo ha tomado el poder y se siente legítimamente el dueño colectivo de las riquezas, instintivamente cuida el medio ambiente. Por eso somos de la opinión de tomar con muchas reservas las críticas que se hacen a los países que fueron socialistas acusándolos de no cuidar la ecología.

Nosotros visitamos China en 1983, 1984 y 1990. Y apreciamos que los problemas ecológicos que se comenzaban a detectar en ese país tenían en gran medida su origen en la desaforada inversión extranjera de los últimos años y el afán de lucro que la acompañaba como la sombra al cuerpo. Había una gran cantidad de nuevas fábricas que se abrían sin criterios de planificación, con una competencia interimperialista por ganar de mano a sus rivales. Hasta los propios funcionarios gubernamentales de cada provincia o región peleaban con sus colegas "socialistas" para captar la inversión foránea antes que los demás.

Aunque en ciertos aspectos de sus discursos políticos tengamos algunas diferencias de enfoque, coincidimos plenamente con las críticas de Fidel Castro a las potencias imperialistas, a las que acusó de ser las responsables de los daños a la ecología y medio ambiente. Dijo en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Asentamientos Humanos (Hábitat II): "Los que han destruído el planeta, envenenado los aires, los mares, los ríos y la tierra, se muestran hoy los menos interesados en salvar la humanidad". (Fidel Castro en Estambul, Turquía, 14/6/96).

 

4) EL CAPITALISMO ES LA BARBARIE.

Resumiendo en esa Conferencia algunos derechos básicos de los pueblos, el líder cubano agregó: "Debemos proclamar con toda la energía que tenemos derecho a respirar aire puro, a beber agua que no esté contaminada, a que se nos asigne un empleo digno, a alimentarnos y que esos alimentos sean sanos, a que se nos eduque, a que se atienda nuestra salud, a ser menos pobres cuando otros son cada vez más ricos".

Veamos algunos ejemplos de cómo la avidez capitalista y la falta de recursos y planes se dan la mano en Argentina y el resto de Latinoamérica para eliminar bosques naturales.

En el verano de 1996 se quemaron más de 10.000 hectáreas de bosques en San Carlos de Bariloche, la zona turística de la provincia de Río Negro, ante la ineptitud y complacencia de la secretaria de Recursos Humanos y Medio Ambiente, María Julia Alsogaray. Ella no tenía ni la menor idea de la tarea, ya que llegó al cargo luego de pilotear la privatización de los teléfonos para Telecom y Telefónica, y de la siderúrgica SOMISA a favor del grupo Techint.

Según la Fundación Bariloche, en nuestro país se pierden anualmente 89.000 hectáreas de bosques y en lo que va del siglo desaparecieron dos tercios de los bosques naturales. Las 33 millones de hectáreas sobrevivientes podrían ser aniquiladas para el año 2024. Siete millones de hectáreas fueron devoradas por incendios entre 1984 y 1992.

Por su parte, el gobierno mexicano admitió en julio de 1998 que en la temporada estival hubo 14.500 incendios en su país, los que arrasaron un total de 515.000 hectáreas de bosques y pastizales.

Se podrá decir que los incendios no son exclusiva culpa de los gobiernos capitalistas. Pero la falta de planes, recursos humanos y materiales, la falta de energía para poner el centro en buscar remedios una vez que estalló el problema de incendios o desforestación, etc, estos sí son netamente de responsabilidad gubernamental.

La Amazonia brasileña perdió 60.000 kilómetros cuadrados de bosques durante los primeros años del gobierno de Fernando H. Cardoso, equivalente a 1,5 veces la superficie de Suiza. Se ha denunciado que las explotaciones madereras fueron la principal causa de la deforestación: "esas nuevas características coinciden con la entrada de empresas madereras transnacionales, especialmente las procedentes de Malasia, en la región amazónica" (LA ARENA, 8/3/98.)

En Argentina los nuevos dueños privados de los trenes (Trenes de Buenos Aires-TBA, de capitales norteamericanos) impulsan la tala de 200.000 árboles de quebracho para hacer durmientes de las vías. Esta variedad de árbol está en retroceso y la tala masiva podría empeorar más la situación. Además el caso evoca la nefasta actividad de la empresa británica La Forestal, que actuó en el Chaco santafesino desde principios de siglo hasta 1960. En este año se retiró, dejando un tendal de desocupados, pueblos fantasmas y un millón de hectáreas inutilizadas para otros cultivos, amén de decenas de obreros muertos por la represión policial.

 

5) MAS CASOS DE CONTAMINACION POR LOS CAPITALISTAS.

Si de contaminación de las aguas se trata, nuestro país tiene sobrados ejemplos. Los habitantes de la Capital Federal y el conurbano bonaerense que da al río de la Plata tienen prohibido bañarse en el mismo por el elevado nivel de contaminación, provocado por los municipios que arrojan aguas servidas y fundamentalmente por las fábricas ribereñas que tiran sus residuos sin el menor tratamiento previo.

Las empresas petroleras privadas -YPF (ex estatal), Pérez Companc, San Jorge, Mexpetrol y Oldeval y otras- fueron acusadas de la contaminación del río Colorado, cuya cuenca baña las provincias de Mendoza, Neuquén, Río Negro, La Pampa y Buenos Aires.

En abril de 1997 Pérez Companc fue responsable de que 80.000 litros de petróleo del área Puesto Hernández, de Neuquén, fueran a parar al río.

La privatizada YPF dejó fluir 150.000 litros de crudo a ríos en Campamento Perales, de Santa Cruz, y cantidades similares al Colorado, en el área de Lomitas Sur, cerca de la localidad de Río de los Sauces, Neuquén.

Por su parte la provincia de Río Negro estimó que habían sido 78 los derrames petroleros en el río Colorado desde 1989 a la fecha. Uno de los más graves ocurrió en Allen, localidad frutícola, a cuyo río cayeron 100.000 litros de petróleo en mayo de 1997. Análisis realizados por técnicos del Departamento Provincial de Aguas (DPA) de esta última provincia detectaron restos de petróleo en el agua del río que consume la población de Río Colorado. La contaminación de ese curso de agua originó cortes de ruta y manifestaciones populares en ciudades de Río Negro y Neuquén, en mayo de 1997, aunque el problema es recurrente. Uno de los organismos más combativos fue la Comisión de Madres, motor de las protestas sociales.

Aún hoy las provincias mencionadas no tienen el poder de control y de sanción para las compañías petroleras que incurren en este tipo de contaminación. YPF se privatizó en 1991 y aún en 1998 no fue aprobaba una ley de hidrocarburos en el Congreso cuyo texto preve ese poder de contralor para los distritos afectados.

La utilización desmedida de plaguicidas y fertilizantes en zonas agrícolas genera enfermedades y contagios, incluso a bebés que se contagian a través de la lecha materna. Así lo detectó el Instituto de Desarrollo para la Industria Química, del CONICET, en la provincia de Santa Fe. El estudio se difundió en julio de 1998, verificando que entre los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP) estaban los plaguicidas con dioxinas, DDT, paration, etc.

Uno de los casos que ratificó que en Argentina las multinacionales destruyen el medio ambiente fue el trazado de la obra gasífera Norandino, que llevará el gas desde Campo Durán, en la provincia de Salta, hasta Antofagasta, en el norte de Chile, a lo largo de 400 kilómetros.

La obra implica un negocio de 490 millones de dólares y fue autorizada por el ente regulador ENARGAS, pese a las protestas de la comunidad aborigen colla que vive en la zona. Esta se quejó de que el gasoducto destruirá parte de su habitat y la selva de yungas, donde vive desde tiempos inmemoriales. La afectación de la mencionada selva destruirá muchas especies de árboles y parte de la fauna, en especial el yaguareté, además de partir en dos mitades a la comunidad colla.

El consorcio beneficiado con el contrato está encabezado por los belgas de Tractebel, cuyos socios son los norteamericanos de Southern y los españoles de Iberdrola. El monopolio argentino Techint está a cargo de la construcción de las obras.

Lo irracional del asunto no es solamente que las empresas se niegan a modificar unos kilómetros la traza del ducto, sino que muy cerca de allí, al sur, en la misma Salta y con igual destino al mercado chileno, se está construyendo un segundo gasoducto. En este caso los dueños serán los norteamericanos de CMS Energy. ¿Por qué dos gasoductos con diferencia de pocos kilómetros, desde la misma cuenca gasífera hacia el mismo mercado consumidor?. La irracionalidad del sistema capitalista dependiente tiene la respuesta: millones de dólares de ganancias en los contratos, incluyendo las coimas para los funcionarios gubernamentales que autorizaron los dos negocios.

 

6) SOBRE LA ENERGIA NUCLEAR Y LAS ARMAS ATOMICAS.

La conveniencia o no de la energía nuclear es muy discutida en el campo popular e incluso en los mismos partidos marxista-leninistas. En particular el accidente nuclear de la central de Chernobyl, en 1986 en la URSS, pareció inclinar la balanza en contra de la energía nuclear, pero hace falta un análisis multilateral y práctico antes de fijar una postura al respecto.

En Argentina hay dos centrales nucleares terminadas (Atucha I y Embalse de Río Tercero) y una en construcción, paralizada desde 1985 (Atucha II). Las mismas aportan el 13 por ciento de la electricidad producida en el país, mientras que el resto proviene de centrales termoeléctricas e hidroeléctricas. Dicho sea de paso, todas éstas han sido privatizadas en beneficio mayoritario de capitales norteamericanos y chilenos, como las Centrales Costanera, Puerto, Piedra del Aguila, El Chocón, etc.

Una de las pocas que aún permanece en manos estatales es Yacyretá, obra binacional con Paraguay, pero la intención del gobierno argentino es privatizarla cuanto antes a cambio de 1.800 millones de dólares (la obra costó hasta ahora 8.000 millones).

No sólo se privatizó la generación sino también la distribución y las líneas de transporte de energía. En el caso de las centrales nucleares fueron ofrecidas a capitales canadienses, alemanes y españoles, quienes pugnarán por adueñarse de las mismas en una licitación.

La mayoría de los técnicos estiman que las centrales nucleares argentinas han sido complementarias y positivas. La práctica parece mostrar que es así. Uno de los problemas de este tipo de energía es dónde guardar "la cola" de uranio, o sea los residuos de este mineral una vez que ha sido utilizado para producir el dióxido de uranio. Este último, junto al agua pesada, es el combustible de los reactores nucleares. De todos modos no parece ser un problema insalvable, aunque para la mayoría de los regímenes capitalistas sí lo es, por la irracionalidad, incompetencia, desapego a la salud de la población y corrupción que los caracterizan.

Por otro lado, como ya se dijo, en abril de 1986 hubo un estallido en el reactor número 4 de la central ucraniana de Chernobyl. Quiere decir que la posibilidad de accidentes es real, con saldos de muertes, nubes radioactivas y gravísima contaminación por mucho tiempo.

Pero hay que precisar algunas cuestiones.

Primero, si por la posibilidad de accidentes debieran desecharse opciones tecnológicas, entonces la aviación y hasta la industria automotriz tendrían que haber muerto hace años.

Segundo, si bien el accidente de Chernobyl fue grave, las cifras fueron "infladas" extraordinariamente por fuentes capitalistas occidentales y por los restauradores del capitalismo dentro de la ex URSS (Mijail Gorbachov y Boris Yeltsin). Todos ellos quisieron aprovechar lo sucedido para su campaña en pro de la liquidación del socialismo en la URSS.

En Chernobyl murieron 2 personas en el estallido y otras 49 por la irradiación. Sobre las muertes posteriores, las cifras difieren. Los médicos ucranianos afirmaron que se detectó un aumento de los casos de cáncer de casi 40 por ciento, así como de bocio y tuberculosis. En cambio, un grupo de investigadores patrocinado por la Comisión Europea sostuvo que "setecientos sesenta chicos que vivían en la región contaminada desarrollaron cáncer de tiroides pero sólo tres murieron" (Felipe Fernández, revista "NUEVA", 1996).

Hay que acotar que dos de los cuatro reactores de Chernobyl siguen funcionando y hacen que la central gane un millón de dólares por día.

Si un país del Tercer Mundo o socialista tiene abundantes recursos energéticos (petróleo, carbón, etc.) está en todo su derecho a usarlos en forma racional. No es el caso de los jeques árabes y el sultán de Brunei, quien se dedicó a aumentar su fortuna personal hasta ubicarse en tercer lugar del ranking de superricos elaborado por "Forbes", detrás de Bill Gates y los dueños de la cadena de supermercados Wal Mart.

Si un país del Tercer Mundo o socialista no tiene aquellas reservas o éstas son insuficientes, está en su derecho de buscar el desarrollo de la energía nuclear. Es lo que hizo Cuba con el proyecto de la central de Juraguá, aún no concluída. Y también la República Democrática de Corea con sus reactores nucleares de grafito, resultando acusada por el imperialismo yanqui de que con estos elementos podría fabricar armas atómicas. Washington firmó en 1994 un convenio según el cual proporcionaría a Corea otros medios técnicos. Pero éstos no llegaron a destino y los gobernantes de este país socialista advirtieron en junio de 1998 que podrían retomar su programa nuclear original.

Una y otra energía tienen sus costados negativos. Los que queman combustibles fósiles no renovables, contaminan el ambiente con gases de "efecto invernadero" junto a los clorofluorcarbonos (CFC). Y los que usan la de origen nuclear pueden provocar accidentes como el de Chernobyl. Pero no se pueden negar de antemano estas formas de energía, sin hacer un análisis primordialmente político, acompañado de un componente económico y técnico.

La principal pregunta que debemos hacernos es: ¿qué clase de gobierno usa tal tipo de energía y para beneficio de qué clases y sectores sociales?.

Según un experto argentino, Carlos Calle, en Estados Unidos están funcionado 107 rectores nucleares, en Canadá 17, en Europa occidental más de 100. De éstos, más de 30 están en Francia, 20 en Alemania y 9 en España (LA VOZ DEL INTERIOR, 8/7/98). Quiere decir que los mismos imperialistas que usan reactores nucleares después se rasgan las vestiduras cuando un país socialista o independientista del Tercer Mundo hace lo mismo a escala muchísimo menor.

Los que critican a Cuba por la creciente contaminación, deberían reflexionar. El dirigente cubano Raúl Valdez Vivó le comentó al autor en una conversación privada, durante el Seminario Comunista Internacional de Bruselas, en mayo de 1996: "que digan lo que quieran sobre la contaminación de Cuba, pero cuando me levanto a la mañana lo primero que yo miro es hacia la chimenea de la central Ñico López, para saber si está encendida y tira humo. Si es así, es señal de que estamos bien. Que todavía estamos vivos".

Como se sabe, las carencias energéticas de la isla socialista es uno de los dramas acentuados por el bloqueo que más afecta su economía, el transporte, la provisión de electricidad a las fábricas y a la misma vida cotidiana de su población.

¿Qué debemos poner en el platillo de la balanza y pesa más?. ¿El humo de la central o las necesidades urgentes de la gente?. Obviamente los cubanos privilegian lo segundo, y en ello cuentan con toda nuestra comprensión. Esta situación tiene puntos de contacto con debates que suelen generarse en Argentina cuando una manifestación de desempleados levanta barricadas en la calle y quema neumáticos en desuso. Al elevarse el humo negro hacia el cielo, comienzan las quejas de algunos transeuntes, que acusan a los trabajadores de contaminar la ciudad. Estos les contestan que están en lucha por el empleo, un asunto vital y en ese momento más importante que la polución.

Los temas de la energía nuclear no pueden ser analizados al margen de la situación política concreta. Por ejemplo, en un país capitalista desarrollado que cuenta con muchos recursos financieros, técnicos y humanos, los comunistas en principio deben ser críticos de los programas nucleares. Es que con la disponibilidad de aquellos recursos, hay que exigirles a las respectivas burguesías monopolistas que financien programas alternativos, baratos y no contaminantes. Se está experimentando el uso del hidrógeno como combustible, aunque otros técnicos afirman que no tendrá éxito en la propulsión de motores de automóviles, y hace tiempo se utilizan sistemas de energía eólica (vientos) y solar.

Nuestra oposición a la energía nuclear en manos de gobiernos capitalistas tiene un trasfondo político explícito: queremos negarle a la burguesía monopolista la vía para fabricar y almacenar armas atómicas en particular y todo tipo armas, en general. Los 200.000 muertos de Hiroshima y Nagasaki, en agosto de 1945, no deben repetirse. Y para ello hay que trabar la capacidad nuclear de los países imperialistas y capitalistas encabezados por EE.UU.

En cambio, es obvio que los comunistas en el poder político tras una revolución social tendremos que contar con armas de todo tipo, incluso nucleares, para la defensa del poder popular revolucionario frente a la segura agresión imperialista.

No nos ruborizamos al defender a Stalin cuando rompió el monopolio nuclear de Washington. Ni cuando apoyamos el derecho de la pequeña Corea Democrática a tener su programa nuclear y eventualmente fabricar sus armas de ese tipo. Ojalá Cuba hubiera podido mantener las armas atómicas que John F. Kennedy y Nikita Kruschov le retiraron en octubre de 1962. En nuestro caso, el día que tomemos el poder en Argentina reactivaremos el programa misilístico "Cóndor II" que desmanteló Carlos Menem bajo presión de la embajada norteamericana. Es que no renunciamos a recuperar las Malvinas por la fuerza y eso puede implicar un nuevo conflicto bélico con Gran Bretaña. Retiraremos la firma de nuestro país del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP, Tlatelolco, 1970) y el Tratado de Prohibición Total de las Pruebas Nucleares (TPTN, 1996). Es que, tal como están redactados, premian el monopolio nuclear de las potencias atómicas encabezadas por la superpotencia.

Los comunistas queremos el desarme nuclear total y completo, pero esto será imposible mientras existan el imperialismo, el complejo militar-industrial y en general la industria de armamentos en manos de los monopolios y el capital financiero internacional. Y por supuesto no se trata sólo de las armas nucleares sino de las bacteriológicas, químicas y convencionales. Queremos la desaparición de todas ellas. Ansiamos la paz, pero para alcanzarla debemos empeñarnos en la guerra revolucionaria para cambiar el mundo. Hay que derrotar "el nuevo orden mundial" surgidos del fin de la "guerra fría", la OTAN y las intervenciones militares dispuestas por el Consejo de Seguridad de la ONU.

Estados Unidos, realizó 1.030 pruebas nucleares, más que todos los demás países del mundo, y dispone de 12.070 ojivas nucleares para ser disparadas desde misiles, submarinos, barcos y aviones, para asegurarse la dominación imperialista del mundo. Por eso no tiene ningún derecho a hablar de "paz", ni tiene autoridad moral para condenar a otros países por sus planes nucleares.

Nosotros denunciamos esa política norteamericana. Pero, en cambio, no condenamos a China, que tendría 500 ojivas. Y menos aún a Corea del Norte, a la que los capitalistas acusan sin pruebas de tener sólo 2.

Sí nos parecen lamentables las recientes pruebas atómicas de India y Pakistán porque siendo dos países pobres y del Tercer Mundo están apuntándose mutuamente como enemigos jurados. Además, porque despilfarran recursos que los dos deberían invertir en rubros que beneficien a sus pueblos, como el empleo, la salud y la educación. Obviamente los gobiernos, las Fuerzas Armadas y las clases dominantes de India y Pakistán prefieren la carrera armamentista. Así fomentan el nacionalismo chauvinista contra sus vecinos para desviar la atención de la abrumadora miseria que existe de uno y otro lado de la frontera.

 

SERGIO ORTIZ
Secretario General del Partido de la Liberación (PL), Argentina.

26 de julio de 1998

 

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Última modificación:
25-12-1998