EN DEFENSA DEL MARXISMO

 

Ante las múltiples desviaciones que se pretenden actualmente como marxistas, es difícil abarcar la totalidad de estos planteos en un solo artículo. Pero ante el crecimiento vertiginoso de los problemas derivados de dichas desviaciones, es imprescindible aportar algunas respuestas en defensa del marxismo.

El presente análisis, selecciona una serie de estas tendencias que quedaron más claras a partir del último encuentro mundial "marxista" realizado recientemente en la Universidad de Nanterre (Francia).

Allí quedó plasmada una división entre "marxistas nostálgicos" y "marxistas modernos". Los primeros son considerados como dogmáticos, en cambio a los segundos se los ve como innovadores pues proponen una nueva lectura del marxismo. Y como los marxistas "modernos" se han convertido en una "moda" intelectual en una buena parte del mundo, desde el resurgimiento del marxismo en los últimos cuatro años, pondremos el énfasis sobre ellos.

Esta "moda" se manifiesta con bastante fuerza en distintos países, donde en círculos intelectuales se han difundido un número importante de obras. Cabría, pues, una cierta exigencia para buscar una obra que sintetizara esa corriente, con el objetivo de responderle reivindicando el marxismo. Hemos seleccionado la polémica con el libro de Adam Schaff titulado: "¿Qué ha muerto y que sigue vivo en el marxismo?".

Schaff aclara desde el principio que él "sigue siendo marxista, pero propone una nueva lectura de la doctrina marxista, sin negar la necesidad de meter en el desván de la historia alguna de sus tesis".

¿Cuáles son esas tesis? El autor hace una diferencia entre elementos "erróneos" de la teoría de marx, con los elementos "anticuados" de dicha teoría. Para evitar, entonces, cualquier confusión vamos a seguir la metodología empleada por este famoso filósofo "marxista" polaco, autor de varias obras destacadas acerca del marxismo.

Por elementos "erróneos", Schaff considera las tesis que, a su criterio, han sido negadas por el desarrollo histórico de la sociedad. El autor plantea que Marx, al afirmar que el capitalismo debió conducir a una bipolarización de la sociedad, se equivocó.

Según él, se observa un proceso de desaparición de la clase obrera y de modificación del lugar y el papel de la clase capitalista; todo ello debido al avance de la revolución industrial basado en la automatización de la producción y los servicios. Añade que este proceso (extinción de la clase obrera y de la clase capitalista) en su modelo actual, parece inexorable.

Con estos "argumentos", schaff entiende que será dificil mantener categorías como la plusvalía y la dictadura del proletariado sin proletariado. Para este autor no será fácil usar la fraseología capitalista del mercado libre sin la clase obrera y si la tradicional clase capitalista. Consciente de la gravedad de estas afirmaciones, Schaff advierte a los partidarios del marxismo que si el socialismo dejará de ser proletario hay que determinar cuáles serán sus fuerzas motrices y qué motivación material tendrán.

Curiosamente el filósofo polaco no tiene todavía respuesta a este problema tan importante. Solamente resalta el fenómeno de sociedades basadas en las clases medias (principalmente en los países desarrollados). Por ende, habría que pensar en un socialismo como una sociedad de clases medias. Habría que hacerlo, pues Marx se "equivocó" al pensar que "las clases medias estaban condenadas a desaparecer".

El otro "descubrimiento" de Schaff acerca de las tesis "desmentidas" por el desarrollo histórico de la sociedad, es el problema de la economía planificada. Para él, Marx no valoró suficientemente el papel del mercado y por eso su teoría sobre la economía planificada ha sido negada por el desarrollo de la realidad.

Es importante aclarar este punto, pues esta tesis conduce directamente a la negación de una de las principales premisas del pensamiento científico. Marx, al considerar imposible la solución del problema de las crisis cíclicas, planteó claramente la liquidación de la propiedad privada de los medios de producción y, por consiguiente, de la producción de mercancías para que funcionasen en el mercado como solución concreta.

Pero Schaff considera que el capitalismo aprendió a superar dichas crisis. Y profundizando aún más su crítica al marxismo, dice: "al constatar la falsedad de la valoración exclusivamente negativa del mercado dada por Marx (y su tendencia a liquidarlo totalmente), tenemos que reparar ese error y devolver el 'honor' al mercado, pero solamente en la dimensión que se merece". Dimensión que él no aclara en ningún momento.

Como tercer "error" de Marx, ubica las tesis sobre que "la religión es el opio de los pueblos".

En síntesis, Adam Schaff precisa solamente tres tesis marxistas negadas por el desarrollo histórico de la sociedad: "el papel de las clases medias, el rol del mercado y de la actividad planificada de la sociedad en la esfera del desarrollo económico y la valoración de las opiniones religiosas".

En lo que respecta a los elementos "anticuados" en el marxismo, Schaff señala:

1) El cambio de la base de la teoría económica que Marx asimiló de la escuela clásica inglesa (Adam Smith y David Ricardo). La teoría de la plusvalía no corre más, sino que hay que hablar de "producto añadido".

Para rematar estos planteos revisionistas, no titubea en afirmar que "El Capital, como libro que prestó grandes servicios a la teoría y a la práctica, pasará a la estantería de obras históricas".

2) La existencia y el papel de la clase obrera, la cuál irá desapareciendo a un ritmo acelerado como consecuencia de esta revolución industrial.

No es un tema menor, pues la desaparición de la clase obrera tendría grandes consecuencias sociales y políticas, al cambiar la estructura clasista de la sociedad moderna. Es obvio que sin proletarios no se podría plantear la teoría de la dictadura del proletariado.

3) Para terminar con su exposición crítica, Schaff considera totalmente "envejecidas" las tesis de Marx acerca de la problemática del Estado y de la democracia. Afirma que la desaparición del Estado planteada por Marx y sobre todo por Lenin, es una utopía.

Después de este breve listado de las críticas de este filósofo ex marxista polaco, es importante señalar su profunda convicción acerca de que hay que separar al marxismo del marxismo-leninismo. Llega a afirmar que "cuando se trata de las condiciones requeridas para realizar la revolución socialista y de la concepción de la dictadura del proletariado, se puede comprobar que el marxismo-leninismo no es más que una interpretación específica de las teorías de Marx, es contradictoria con el marxismo y conduce, en definitiva, al comuno-fascismo".

Como era de suponer, Schaff intentó tomar distancia de Louis Althusser (marxista estructuralista), quien propuso "una nueva lectura del marxismo". Lo hizo reivindicando su libro "El marxismo y el estructuralismo", donde había criticado a Althusser basándose en elementos que el propio Schaff considera ahora como erróneos.

No sabemos si este cambio puede ser explicado a partir de la aplicación de las tres leyes básicas de la dialéctica, pero de lo que sí estamos seguros es que Schaff no es marxista a pesar de su afirmación contraria.

Por último, diremos hoy como ayer que el marxismo-leninismo es una concepción del mundo. Es una teoría completa, avanzada, revolucionaria, científica. Es un sistema íntegro y armónico de concepciones filosóficas, económicas y político-sociales. Se integró históricamente sobre la base del pensamiento de Marx, Engels y Lenin. Ha sido gestado en las luchas del proletariado contra la opresión y sigue siendo el arma más poderosa en la batalla para destruir el capitalismo y construir el socialismo en marcha hacia el comunismo.

Los acontecimientos protagonizados en distintas partes del mundo, como la guerrilla de Chiapas (México), hablan de su actualidad y vigencia. Estos acontecimientos no son señalados por Schaff en su texto, pues parece estar mucho más preocupado por las famosas "transformaciones industriales" en los países desarrollados.

Las numerosas huelgas obreras en Francia, Inglaterra, Italia, etc., parecen no captar la atención del filósofo polaco. Una razón más para reafirmar que dejó de ser marxista, igual que todos aqullos -los reunidos en Nanterre- que plantean un "marxismo socialdemócrata" que es la antítesis del marxismo revolucionario de Marx, Engels y Lenin.

EDSON DONAIRES

 

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Última modificación: 16-04-1998