ALGUNOS INTERROGANTES SOBRE EL RUMBO DE LAS
REFORMAS ECONOMICAS EN CUBA

 

 

Nosotros estamos de acuerdo con que el gobierno cubano busque aplicar determinadas reformas económicas en vista de la dramática situación que padece en esa área. Era justo y necesario que buscaran soluciones de emergencia a los gravísimos problemas alimentarios, energéticos, laborales, comerciales, etc, que se habían agudizado desde la desaparición de la URSS .

Pero una primera aclaración que se impone es que no todas las desgracias que Ilovieron sobre los cubanos desde 1991 en adelante pueden imputarse exclusivamente al bloqueo norteamericano. Por cierto que esa medida criminal que data desde 1962 acrecentó buena parte de los problemas pero no lo explica todo. Los camaradas cubanos debieran hacer un balance de la responsabilidad que pudiera caberles por haber quedado durante décadas en la condición de una economía altamente dependiente del comercio con el CAME, la URSS y Europa oriental. ¿No habrá que revalorar ahora las preocupaciones del comandante Ernesto Che Guevara en torno a diversificar tempranamente la economía de la isla y dotarla progresivamente de una base industrial propia?. A nosotros nos parece que ese planteo era pertinente y lo sigue siendo hoy en día.

Algunos dirigentes cubanos dicen que su actual política es similar a la NEP (Nueva Política Económica) practicada por Lenin al comienzo de la revolución de Octubre. Puede ser que haya cierta similitud en cuanto al "paso atrás" respecto a los objetivos socialistas, pero hay al menos dos diferencias. En Lenin la NEP era ante todo una concesión al campesinado y la burguesía comercial rusas, en tanto da la impresión que en Fidel Castro la concesión se enfila principalmente al capital extranjero, preferentemente europeo. La otra diferencia, obvia, es que Lenin hizo esas concesiones al principio de la revolución, en tanto Fidel Castro las está haciendo 36 años después de tomar el poder.

En favor de Castro hay que decir que el suyo es un país muy pequeño, de 11 millones de habitantes, con recursos limitados, en tanto la URSS era un enorme país con muchas más posibilidades y otro peso en la correlación mundial de fuerzas.

Cuando Fidel Castro y otros dirigentes cubanos explican sus pasos como parecidos a la NEP nosotros nos sentimos más tranquilos sobre el porvenir socialista de la revolución cubana. Es que se sabe que la NEP fue una política transitoria, que duró tres años aproximadamente. Tiempo después el partido bolchevique retomó medidas socialistas, yendo posteriormente a la industrialización y la colectivización del campo bajo la dirección acertada de Stalin.

En cambio no nos tranquilizamos en absoluto cuando escuchamos al comandante en jefe de la revolución cubana decir que su modelo es China porque supuestamente habrá conjugado la reforma económica con la dirección del Partido Comunista. Para nosotros en China se vive un proceso de restauración del capitalismo en lo económico y en la superestructura estatal, por más que mantenga un retrato del gran revolucionario proletario Mao Tse tung en la plaza Tian'anmen de Beijing.

¿Cuba avanza por el camino de la NEP o tiene por maestro el modelo de Deng Xiaoping?. Esta es una pregunta candente. Queremos creer que se trata de lo primero y no de lo segundo. Pero hay que tener en cuenta que según el ministerio de inversión extranjera hay actualmente en Cuba 212 empresas foráneas y mixtas, operando en 34 ramas distintas de la economía y procedentes de 50 países.

Habrá que ver si los camaradas cubanos cumplen su promesa, extraordinariamente compleja, de que tolerarán ricos pero no la formación de burguesía local. Nosotros somos pesimistas al respecto porque el sensible enriquecimiento de una capa de la población Ilevará a ésta a buscar los caminos para realizar su capital y explotar la plusvalía, de una u otra forma. Por eso creemos, como dijimos al inicio, que esta política, como la NEP, tendría que durar sólo un tiempo limitado.

Si las carencias fundamentales de la isla se refieren hoy al petróleo, ya que antes comerciaban ventajosamente con la URSS y eso terminó, nuestro Partido está completamente de acuerdo que Fidel Castro y Carlos Lage firmen cuanto contrato consideren necesario con compañías multinacionales. Explorar y eventualmente explotar petróleo en la isla y "off shore"" requiere de capital y técnicas que la isla carece. De modo que en este rubro no tenemos objeción que hacer a los contratos que La Habana firmó con Total, Deminex, Bridas y otras empresas extranjeras.

Pero en cambio nos parecen exageradas las transacciones con el capital extranjero en materia de turismo. Se ha reconocido que el 20% de la propiedad turística es extranjera y tal proporción va en aumento. Nos parece que eso debe tener un límite y no sólo como una cuestión de conveniencia comercial; bien sabemos que en torno al turismo se mueve todo un submundo de negocios, prostitución y contaminación ideológica capitalista. Esta bien que haya apertura al extranjero en materia de turismo, pero colocando ciertos Iimites que en este instante no existen. Los cubanos dicen ver en cada hotel una torre de petróleo (en referencia a las divisas que reportan) y cuantas más, mejor.

Tampoco estamos de acuerdo con la desestatización parcial operada en el comercio exterior, que los llevó a modificar el texto de la constitución socialista que decía otra cosa. En este memento hay ciertas empresas cubanas que pueden vender y comprar con autonomía a nivel internacional Y disponer por sí de las divisas obtenidas. Nos parece un error. Si la situación cubana es de extrema necesidad, entonces debe ser el Estado como órgano superior de la clase obrera y sectores populares el que diga que se hará con aquellos dólares. Porque quizás el consejo de Estado entienda que lo prioritario es comprar petróleo y el director de Intotur, Cubanacan o la compañía del níquel consideren otras prioridades para el mismo dinero. Si desde hace unos años se vive en la isla lo que el Partido Comunista Cubano denominó un período especial de tiempos de paz (virtual estado de guerra sin guerra) la administración de las divisas debe ser centralizada al máximo nivel estatal.

En materia agrícola nos parece conveniente que el gobierno tolere y habilite los mercados rurales o ferias y que fomente las cooperativas, aún sacrificando una parte de las tierras estatales. Pueden ser éstos mecanismos para aumentar los ingresos de los campesinos y trabajadores agrícolas, así como para elevar la productividad. Dicho sea de paso, también era necesario abrir la posibilidad de cuentapropismo en las ciudades para ampliar el empleo y los ingresos de los trabajadores, aunque parece que falta el control y se dispararon los precios cometiéndose ciertos abusos de los trabajadores por cuenta propia.

Pero nos preocupa la forma antiestatal que está tomando esa reforma en el campo, lo que en el futuro puede generar una conciencia antisocialista. Nos parece exagerado que se hayan desestatizado 3 millones de hectáreas de tierras cultivables, las que fueron entregadas a las Unidades Básicas de Producción Cooperativas. Sumadas a las tierras que ya estaban en manos de pequeños propietarios, resulta que hoy el Estado cubano retiene sólo 2.186.000 de hectáreas (32,2 por ciento del total). Entre los privados y las cooperativas tienen -en usufructo- las restantes 4.499.000 (67 por ciento del total).

En ningún país socialista funcionó ese tipo de reformas favorables a los campesinos privados y cooperativistas. Veamos sino lo que ocurrió en Polonia en los '70 y lo que está sucediendo en este memento en China, donde se sostiene que el desempleo rural abarca a alrededor de 130 millones de personas.

Somos de la opinión de que en Cuba se debió mantener la mayoría de las tierras cultivables en manos estatales en materia de producción y no sólo en cuanto a la propiedad (los chinos también presumen de que ellos mantienen jurídicamente la tierra como propiedad de todo el pueblo y que sólo la dieron en "usufructo" a las familias que las explotan).

Dialécticamente, por un lado la reforma económica cubana ha comenzado a mejorar ciertos registros económicos (se espera un crecimiento del 5% del PBI este año), pero por otro lado la mayor polarización social y la aparición de los nuevos ricos está en la base de los problemas ideológicos denunciados muy acertadamente por el segundo secretario del PCC, Raúl Castro, en el V Pleno del CC del Partido Comunista (23/3/96).

Nosotros les veníamos planteando desde 1991 a los camaradas cubanos la preocupación por las cuestiones políticas e ideológicas, a la luz de lo ocurrido en Tian' anmen en 1989: la promoción de la reforma y apertura económica al exterior genera polarización social. Y los sectores enriquecidos por esa política comienzan a presionar por la liberalización burguesa, formas de "perestroika" y de retorno al capitalismo. Nos alienta mucho que los camaradas cubanos hayan abierto el fuego de la lucha ideológica contra los intelectuales "perestroikos" integrantes de algunos centros de estudios dependientes del Partido, ciertas revistas culturales-políticas y determinadas organizaciones no gubernamentales que sostenían las tesis de retorno al capitalismo.

Pero la pregunta que tenemos planteada es: ¿se dan cuenta los camaradas cubanos que el surgimiento de esas ideas reblandecidas ante el imperialismo yanqui y mundial son una consecuencia indirecta y no deseada de su propia política de reforma económica y apertura al exterior?.

Es que cada nuevo hotel extranjero que se inaugura en Cuba puede ser visto como una nueva torre de petróleo. Pero al mismo tiempo es una poderosa usina de ideas aburguesadas. Ese hotel-torre puede abrir una fisura en el bloqueo del imperialismo yanqui pero simultáneamente pregona las bondades del capitalismo (además de generar buen dinero para inversores españoles, canadienses y de otras nacionalidades). Los propios norteamericanos están divididos al respecto. Una parte apoya a rabiar la ley Helms-Burton, pero una parte no despreciable de los banqueros e inversionistas querría hacer negocios en Cuba.

Eso significa que mientras más éxitos tengan los camaradas cubanos en su actual política económica, más revueltas ideológicas habrá del estilo de los lumpenes que protagonizaron incidentes en El Malecón en agosto de 1994 y con el grupo de intelectuales a los que aludió Raúl Castro en marzo de 1996. Haber "bajado" los dos aviones de los gusanos anticastristas y haber librado la lucha ideológica en el V Pleno del Comité Central son dos muy buenas noticias al respecto.

 

Nota: Este comentario fue escrito a solicitud de un intelectual belga, Marc Vandepitte, quien prepara actualmente un libro sobre las reformas económicas en Cuba.

 

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