Manifiesto de la Cuarta Internacional Sobre La Guerra Imperialista Y La Revolución Proletaria
El manifiesto fue adoptado por la conferencia de emergencia de la Cuarta Internacional, celebrada en Nueva York en mayo de 1940.
Nuestro programa, basado en el bolchevismo.
La Cuarta Internacional se apoya completa y sinceramente sobre los fundamentos de la tradición revolucionaria del bolchevismo y sus métodos organizativos. Que los radicales pequeñoburgueses lloren contra el centralismo. Un obrero que haya participado aunque sea una vez en una huelga sabe que ninguna lucha es posible sin disciplina y una dirección firme. Toda nuestra época está imbuida del espíritu del centralismo. El capitalismo monopolista llevó hasta sus últimos límites la centralización económica. El centralismo estatal en el marco del fascismo asumió un carácter totalitario. Las democracias intentan cada vez más emular este ejemplo. La burocracia sindical defiende con ensañamiento su maquinaria poderosa. La Segunda y la Tercera Internacional utilizan descaradamente el aparato estatal en su lucha contra la revolución.
En estas condiciones la garantía más elemental de éxito reside en la contraposición del centralismo revolucionario al centralismo de la reacción. Es indispensable contar con una organización de la vanguardia proletaria unificada por una disciplina de hierro, un verdadero núcleo selecto de revolucionarios templados dispuestos al sacrificio e inspirados por una indomable voluntad de vencer. Sólo un partido que no se falla a sí mismo será capaz de preparar sistemática y afanosamente la ofensiva para, cuando suene la hora decisiva, volcar en el campo de batalla toda la fuerza de la clase sin vacilar.
Los escépticos superficiales se deleitan en señalar la degeneración en burocratismo del centralismo bolchevique. ¡Como si todo el curso de la historia dependiera de la estructura de un partido! De hecho, es el destino del partido el que depende del curso de la lucha de clases. Pero de todas maneras el Partido Bolchevique fue el único que demostró en la acción su capacidad de realizar la revolución proletaria. Es precisamente un partido así lo que necesita ahora el proletariado internacional. Si el régimen burgués sale impune de la guerra todos los partidos revolucionarios degenerarán. Si la revolución proletaria conquista el poder, desaparecerán las condiciones que provocan la degeneración.
Con la reacción triunfante, la desilusión y la fatiga de las masas, en una atmósfera política envenenada por la descomposición maligna de las organizaciones tradicionales de la clase obrera, en medio de dificultades y obstáculos que se acumulaban, el desarrollo de la Cuarta Internacional necesariamente era lento. Los centristas, que desdeñaban nuestro esfuerzos, hicieron más de una vez intentos aislados y a primera vistas mucho más amplios y prometedores de unificación de la izquierda. Todos ellos, sin embargo, se hicieron polvo aun antes de que las masas tuvieran la posibilidad de recordar siquiera sus nombres. Sólo la Cuarta Internacional, con valentía, persistencia y éxito cada vez mayores se mantiene nadando contra la corriente.