REFLEXIÓN SOBRE LA MUERTE DE UN AMIGO:

SU PROPIA MUERTE.

( Artículo: "A mi amigo Manuel Broseta, muerto de un tiro en la nuca". Valencia, 1995 )

© De su obra póstuma: "A orillas del Estado".

En este artículo, dedicado tal y como reza el título: "A mi amigo Manuel Broseta...", después de hacer un breve recorrido por lo que fue su gran amistad con él, termina haciendo una reflexión sobre el motivo que se llevó a su gran amigo, un tiro en la nuca... y escribe estas emocionantes palabras...


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En el universo de los conceptos jurídicos hay una expresión menos acreditada de lo que sería justo: la de amigable componedor. Nadie la ha encarnado tan bien como Broseta, en cuanto político, abogado y persona. Sabía fomentar la concordia, el acuerdo conveniente, encontrando puntos de común interés y acortando distancias entre quienes se hallaban o creían alejados. Nadie tan poco fanático como él. Tal vez por eso tuvo que asesinarlo un fanático. La muerte siempre asombra, pero cuando es fruto intencionado y frío de la mano del hombre produce estupor e indignación. ¿ Cómo es posible matar así ? ¿ Cómo es posible disparar un tiro en la nuca a una persona identificada, pero desconocida, a quien ni siquiera es posible odiar, pues nunca se ha oído el timbre de su voz ni sus palabras ? Cualquier seudorazón política desaparece ante el hecho crudo de la mano, la pistola y la nuca. ¿ Cómo puede hacer eso un ser humano a otro ? No busco explicaciones ni respuestas: prefiero quedarme con mis preguntas sin perdón. La amistad es necesaria y hermosa. Emilio Lledó ha escrito que "vivimos en el espacio, pero morimos en el tiempo". De ahí el horror al olvido, segunda muerte inseparable. Después de aquella tibia mañana del suave invierno valenciano, después de aquel disparo, Manuel Broseta ya no es: fue. Paseamos su cadáver por el mismo patio renacentista, presidido por Luis Vives, entre cuyas columnas discutíamos y charlábamos, entre clase y clase, durante los cinco años de licenciatura. De Manolo Broseta ya no podemos hablar más que en pretérito, siempre imperfecto. Si no lo recordáramos estaría él más muerto y nosotros no habríamos sido sus amigos.