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Una investigación y recopilación del profesor Víctor M. Sánchez Sánchez.
Capitulo Primero El surgimiento del sindicato 1914-1917
Los tiempos en que nació la organización sindical fueron muy importantes, para los electricistas, para el conjunto de los trabajadores y para todo el país. Los momentos del surgimiento del Sindicato Mexicano de Electricistas eran tiempos de revolución social y en medio de ellos, esforzados obreros impulsaron la lucha para mejorar sus condiciones de trabajo, sus medios de vida, su capacidad, su formación sindical y su tesonera solidaridad de clase.
Esos momentos eran gravosos para la gran mayoría de la población mexicana en todos los aspectos. La lucha por formar al sindicato presentó, por eso, múltiples dificultades y nos permite descubrir la relevancia de esos esfuerzos. La organización se inicia paralela al crecimiento de la industria que le daba razón y posibilidad de ser.
La industria eléctrica creada durante el último tercio del siglo pasado, alrededor de las zonas mineras y textiles, generaba fuerza motriz y luz para ampliar las jornadas de trabajo de los obreros e impulsar la introducción de maquinaria moderna que elevara la productividad de aquellos. La modernización significó mayores utilidades y ampliación de las zonas y ramas de trabajo.
La industria eléctrica se instaló en las minas de Real del Monte, Real del Oro, Tlalpujahua, Juandó o en las zonas textiles como Río Blanco e incluso en las grandes concentraciones urbano-industriales como la ciudad de México; en esta última zona la Mexican Light and Power Company, Ltd., hacia el año de 1906, terminada la construcción de la gran obra hidroeléctrica de Necaxa, consolidaba su poder pues ya habla adquirido las empresas competidoras como la Compañía Mexicana de Gas y luz Eléctrica, la Compañía Mexicana de Electricidad y la Compañía Explotadora de las Fuerzas Hidroeléctricas de San Ildefonso.
Como la mayor parte de las industrias importantes de México, la eléctrica estaba dominada por inversiones o consorcios extranjeros ingleses o canadienses; contando con una política de puertas abiertas del gobierno nacional, obtuvieron enormes facilidades para expandirse y extender su dominio en forma monopólica.
La concesión para la construcción del complejo hidroeléctrico la obtuvo la Mexican Light and Power Company en el año de 1903, con grandes facilidades y apoyos para realizar la construcción: libertad de importación de toda la maquinaria, aparatos, instrumentos científicos, alambres, cables, refacciones, todos los materiales para la realización de los trabajos hidráulicos, mecánicos o eléctricos, de almacenaje y para los efectos de la generación, transmisión, transformación y distribución de la energía por 10 años para los primeros quince mil caballos de fuerza, exención aduanal y "diez años por lo que se refiere a todas las instalaciones adicionales".
Se le otorgaron facultades para tratar con propietarios el arreglo de compraventa de terrenos y ríos, si las obras lo ameritaban, más en caso de necedad del propietario, el gobierno realizaría la expropiación de los bienes y la Compañía procedería a utilizar dentro de sus obras esos medios. Así, las aguas de los ríos Tenango, Necaxa y Catepuxtla serían utilizadas por la Mexican Light and Power en la forma que considerara necesario: desviar cauces, recoger y almacenar las aguas, ocupar y sumergir terrenos cualesquiera que fuesen; todo para construir y explotar plantas generadoras de energía eléctrica, líneas de transmisión y el conjunto de obras indispensables para cubrir los objetivos marcados; en cuatro años, quince mil caballos de fuerza; en diez años, treinta mil caballos de fuerza.
Fue inevitable para las pequeñas y medianas empresas competir con la Mexican Light, la cual absorbió sus propiedades y concesiones o bien se les enfrentó por la vía del manejo de los precios. Para 1906, la zona centro de la República era la zona de control y trabajo de la Mexican Light and Power, la expansión industrial de la ciudad de México contó con un elemento principal para generarse. Al mismo tiempo, la zona urbano-industrial fortaleció a la MexLight.
La Mexican Light compartía esta zona con otra empresa de igual importancia económica, dependían del mismo consorcio británico-canadiense, esa era la México Tramways Company, la Compañía de Tranvías de México. El gerente general de las empresas era el mismo para ambas y el crecimiento económico fue sostenido durante los últimos años del siglo pasado y llegó hasta entrada la etapa armada de la revolución.
Para el año de 1910, por ejemplo, la Mexican Light tenía un capital de 25 millones de pesos y repartió 4 millones 631 mil pesos de utilidades; la México Tramways con un capital de 20 millones, pudo repartir un millón 493 mil pesos de utilidades.
Mientras que para los industriales o los consorcios internacionales la situación económica o financiera era de bonanza, para el conjunto de trabajadores mexicanos se agudizaba en forma drástica y constante, impidiéndoles sobrellevar la vida o al menos mantenerla en un nivel decoroso.
Los salarios de los trabajadores mexicanos fueron siempre muy bajos, nunca alcanzaron los altos niveles que ostentaban los precios de los artículos de primera necesidad. Con salarios de 25 a 75 centavos ninguna familia de trabajadores podía solventar los requerimientos mínimos de vida; los precios por su parte se incrementaron en más del cien por ciento y hasta un doscientos cincuenta por ciento.
La mayor parte de las demandas obreras en esos años eran generalmente dos: reducción de la jornada de trabajo y aumento de los salarios.
Aún para los periodos álgidos de la lucha revolucionaria, 1914-1916, las reivindicaciones obreras buscaban afanosamente que los salarios alcanzaran el peso diario como promedio y la jornada mínima de ocho horas de trabajo. Sin embargo, no se consiguió. El salario promedio era de 50 y 75 centavos, y un promedio mínimo de alimentos y artículos de primera necesidad llegaba a los tres pesos con treinta y tantos centavos, existiendo una diferencia de más de dos pesos cincuenta centavos entre el salario y los precios. En muchas ocasiones tales precios no consideraban los alquileres de las casas habitación ni el transporte o el vestido de las familias obreras. La situación económica de las familias obreras era grave.
Aunado a ello se encontraba la especulación diaria de los comerciantes y los patrones, los unos poniendo precios a base de talón oro, los otros pagando los salarios a base del peso nacional (según la fuerza revolucionaria que merodeara las ciudades, carrancistas o convencionistas).
Como hemos dicho, en medio de este ámbito económico difícil se enraizaba una lucha civil y militar que agravaba aún más las condiciones de vida de los obreros industriales y agrícolas del país. Sin completas libertades de participación y ante las constantes asonadas militares, la leva y los fusilamientos o encierros constantes, la mayoría de la población que no participaba en la lucha, vivía en constante zozobra. No por ello el cierre de fábricas o talleres fue absoluto ni mayoritario, aunque se presentó; los requerimientos de abasto y medios de subsistencia continuaron y con ello la producción de bienes y servicios.
Esa situación permeó los espíritus y las conciencias, por ello, emergieron por doquier las demandas de mejoramientos y las formas de organización del conjunto de trabajadores mexicanos, sentando las bases de una participación profunda para obtener, precisamente, los elementos indispensables que alcanzarían satisfactores en todos los niveles de la vida nacional: a nivel político o económico. A través de esa participación organizada se alcanzó presencia política o bien mejores salarios en cada una de las regiones del país y según la fortaleza de la organización lograda.
Fue así que los electricistas desde los años en que la Mexican Light and Power Company inició su expansión y consolidación, intentaron organizarse para mejorar sus condiciones de trabajo y elevar sus niveles de vida, a través de la participación de un buen número de obreros esmerados en el asunto. Habiendo analizado las formas características de la empresa, consideraban injusto su proceder y pugnaron por reorientar su vínculo con ella establecida.
Primero fue la creación de la Sexta Sección de la liga de Electricistas Mexicanos entre 1906 y 1908, en un intento que permitiese defender colectivamente los intereses de los trabajadores electricistas que laboraban para las empresas como la de Gas y Luz Eléctrica Limitada, la Hidroeléctrica de San Ildefonso, la Nacional de Electricidad, la Siemens y Halsky o la Mexican Light. Pero eran tiempos de dura represión, persecución o despido contra todo aquel que lo intentaba.
Luis R. Ochoa dijo de aquellos años: "era un delito incalificable tener tendencias socialistas, éramos perseguidos por el gobierno en forma implacable, tratando de amordazar a los trabajadores".
El segundo intento, más acabado, empezó en septiembre de 1911 con la fundación de la Liga de Electricistas Mexicanos como una organización con bases "mutualistas cooperativistas". Proponía ayuda económica al necesitado y socio, "ayuda moral, enseñanza práctica en su taller, apoyo y perfeccionamiento de inventos, conferencias y diplomas para los socios". Su órgano de difusión sería el periódico ELEKTRON, a través del cual telegrafistas, ferrocarrileros y electricistas impulsarían la organización y comunicación de sus respectivos gremios.
El Presidente de la liga de Electricistas Mexicanos era al mismo tiempo propietario de la "Casa Edison", tienda y taller de aparatos eléctricos e instalaciones eléctricas. El resto de los cargos los detentaban: Joaquín Romero como Vice-presidente; Manuel Romero como Secretario; Pro-secretario Julio Lamadrid; Primer Vocal Pioquinto Teucle y como Segundo Vocal, Rafael Pérez de León. El Director-propietario del órgano de expresión de esta Liga, era el presidente de la misma y propietario de la Casa Edison: Efrén Pérez González.
Sus objetivos eran: fundar un taller práctico y de enseñanza, repartir entre los socios anualmente los intereses y cantidades obtenidas por las ventas e instalaciones realizadas; impartir conferencias sobre electricidad y exámenes de calificación a electricistas; ayudar económica y moralmente a los socios enfermos, difuntos o desempleados; editar un órgano de difusión.
Como vemos sus objetivos marcaban un claro ejemplo de los logros hasta entonces obtenidos por el movimiento obrero mexicano. Es decir, contiene los elementos de las sociedades mutualistas, ayuda a los enfermos y desempleados, en función de los apoyos económicos de los socios, de por sí ya en situación crítica. Tiene elementos de las sociedades cooperativas, que buscan, al través del esfuerzo organizado de los socios, elevar su capacidad productiva por medio del trabajo conjunto y participación económica común. Tiene elementos de ambos tipos de organización, como es el de formar obreros capacitados para que puedan, en mejor manera, ofrecer su fuerza de trabajo en el mercado de la productividad. Todo ello en forma amplia, abarcando a todos aquellos obreros que tuviesen contacto mínimo con la industria eléctrica y sus derivados, como pudieran ser los telefonistas, los electricistas particulares, motoristas, manipuladores, ingenieros o mecánicos electricistas.
De estos intentos sólo queda un recuerdo, no más, pues no existen documentos que relaten los sucesos que impidieron su consolidación organizativa. Las acciones relevantes de esos años, al parecer, corrieron por cuenta de la empresa pues los mecanismos abiertos o sutiles para acabar con ellos dieron resultado y no pudo consolidarse ninguno de aquellos intentos de participación, de formación de la organización de los electricistas.
El ejemplo de aquellos años a pesar de todo cundió y casi con las mejores características plasmadas de entonces, sobre todo, por la forma de congregar a los electricistas y gremios afines a ellos. Así como por la fuerte crítica que en su momento realizaron en contra de las empresas que mediatizaban no sólo los intereses y necesidades de los trabajadores sino porque supeditaban cualquier beneficio o prestación a la condición nacional para otorgarla o negarla. Generalmente los beneficios serían otorgados a los extranjeros, compatriotas de los connotados jefes de los consorcios imperiálistas, relegando a segundo término a los trabajadores mexicanos, a pesar de que fuesen en ocasiones mejores para resolver los problemas de trabajo que se les presentaran. Negaban asimismo cualquier capacidad política 0 negociadora a nuestros ancestros.
Sabido es que en los años 1912-1914 un grupo de intelectuales y trabajadores iniciaron la organización de la Casa del Obrero Mundial, con el fin de lograr la incorporación de la gran mayoría de trabajadores y sus organizaciones en una congregación amplia que permitiera comentar y facilitar la reflexión sobre las condiciones del país y de cada una de las regiones del mismo, así como la consecuencia de enfrentarlas para obtener mejores condiciones de vida y de trabajo, ya fuese a través del estudio, la capacitación o la negociación directa con los patrones.
A partir de esos años, las organizaciones de los trabajadores empezaron a modificarse y fueron dejando atrás a las sociedades mutualistas o cooperativistas, encontrando en el sindicato la nueva expresión de las fuerzas obreras para afrontar las consecuencias graves que les afectaban y obtener los dos grandes objetivos por los cuales se luchaba en esos momentos.
En el caso de los electricistas, estos encontraron en sus hermanos los tranviarios elementos suficientes para invocar y convocar a los distintos componentes de la Compañía de Luz y Fuerza Motriz, para agruparse y encontrar solución a su mísera condición.
Durante octubre, noviembre y diciembre de 1914 los tranviarios habían realizado una fuerte lucha para obtener mejoras en las condiciones de trabajo tanto a nivel de tráfico como de los talleres de Indianilla, constantemente recibían fuertes críticas por dejar de lado al pasaje y permitir que los trenes de carga estuvieran en mejores condiciones que aquellos, o bien en favorecer los carros carrosa; el hacinamiento en los tranvías de pasajeros generaban más críticas a los choferes y cobradores que cualquier otra situación; por último, los inspectores de la empresa y la obligación de uniformarse, con pago propio de los implementos, generó la lucha reivindicativa. Esta experiencia fue transmitida en forma directa a los electricistas y la mecha empezaba a expandir el fuego de la solidaridad y el espíritu de lucha de los obreros.
El conflicto de los tranviarios con la Mexico Tramways Company terminó con la incautación (requisa) de la empresa por parte de las fuerzas carrancistas, se dijo que para no interrumpir el servicio y causar estragos en la población tan necesitada del servicio público de trascendencia. La incautación subsistió hasta 1919.
Las demandas de los conductores, motoristas y mecánicos de la Compañía de Tranvías de México eran soluciones a sus condiciones de vida y de trabajo:
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Trolero |
25 centavos |
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Conductores |
40 centavos |
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Motoristas |
45 centavos |
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Inspectores y Despachadores |
50 centavos |
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Jefes de Línea |
55 centavos |
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Jefes de División |
60 centavos |
Ante la intransigencia de la Compañía de Tranvías, el gobierno del Distrito Federal por órdenes de Carranza procedió a la incautación, puesto que la huelga de los tranviarios causaba graves trastornos y estragos a la vida social de la Ciudad de México; era pues una medida drástica contra una empresa extranjera a la que no importaban ni las demandas de los trabajadores mexicanos ni los efectos sociales contra el pueblo, por lo mismo el gobierno la utilizaba para resolver el problema del servicio y para presionar a los directivos en las negociaciones, mientras estaba en vigor, los obreros percibían ingresos y el pueblo tendría servicio de transporte.
La actividad obrera no sólo abarcaba la lucha de los tranviarios, aunque ésta era la más visible, en la Casa del Obrero Mundial se reunían constantemente agrupaciones para discutir sobre sus procedimientos de lucha o realizar análisis acerca de los acontecimientos del momento. Se realizaban asambleas de los diversos gremios: la Gran Liga Obrera, el Sindicato de Tipógrafos y Gremios Anexos, el Sindicato de Detallistas; el Centro Cosmopolita de Dependientes promovió las siguientes conferencias: El Concepto Moderno de las Diferencias de Clases, Impotencia Social de la Ayuda Mutua en la lucha de clases, Los Trabajos del Centro y El Carácter del Pueblo Mexicano. En diciembre 14 se realizaba una importante asamblea del Sindicato de Obreros y Empleados de Tranvías Eléctricos y también un mitin convocado por los Tipógrafos, con la asistencia de sus dirigentes, José Colado, Luis Méndez y Pérez Taylor. Participó en él un ex-integrante de la Casa del Obrero Mundial, Soto y Gama, pero como zapatista, fue uno de los pocos actos de mutuo reconocimiento entre la lucha de los obreros de la ciudad y del campo.
En todo este contexto y con estos antecedentes los trabajadores electricistas iniciaron el tercer intento de organización.
El día 14 de diciembre de 1914 apareció un desplegado de la Federación de Empleados y Obreros de las Compañías de Tranvías y de Luz y Fuerza en el periódico El Monitor. Se explicaba en él que cinco días antes, el 9 de diciembre, se había citado a los empleados y obre ros de esas empresas para agruparse en una sociedad mutualista, sin embargo, todos aquellos que acudieron sufrieron amarga decepción, pues sin más, sólo se pedía que firmaran un documento donde se comprometía a las personas a la asociación sin mayores explicaciones de funcionamiento, principios y formas de acción. No se permitió el uso de la palabra a los asistentes y sólo deseaba imponerse el criterio de quienes presidían la reunión. Por ello la gran mayoría abandonó el salón de sesiones del Centro de Dependientes, de San Juan de letrán No. 60.
Argumentaba que una sociedad mutualista no podría defender al obrero contra los capitalistas, ni podría solicitar aumentos de salarios, ni defender a los injustamente despedidos y no tendría tampoco la fuerza de todos los empleados y obreros que pertenecían a las empresas mencionadas.
En el ánimo general de los empleados y obreros de las empresas, subsistía la idea de lograr la federación, inclusive se notaba la gran influencia de los tranviarios para lograrla. Los logros y la reciente lucha de los mismos mostraba con evidencia que la reunión era convocada por ellos y seguramente serían quienes determinarían el proceso de organización. Por ello, esa noche del 14 de diciembre de 1914 la discusión tocó dos puntos esenciales: la forma real de organización ya sindicalista ya mutualista ya federalista. Y la composición de esa organización, todos los empleados de ambas empresas o bien, separados según la empresa a la que pertenecieran.
El acuerdo fue mantener por separado a las organizaciones respectivas, por un lado los empleados y obreros de la empresa de Tranvías Eléctricos de México y, por el otro, los obreros y empleados de la Compañía de Luz y Fuerza Motriz. Se mantuvo la Federación de Empleados y Obreros de la Compañía de Tranvías y emergió el Sindicato Mexicano de Electricistas.
Es indudable que al principio la gran mayoría continuó en la Federación, los años de experiencia y las recientes movilizaciones así lo explicaban, pero el Sindicato Mexicano de Electricistas esforzadamente principió su actuar. El primer comité central del sindicato estuvo formado por: Luis R. Ochoa Rivera, secretario general; Ernesto Velasco, secretario del interior; Antonio Arceo, secretario del exterior; Jorge Castro, secretario auxiliar; Toribio Torres, secretario tesorero; E. C. Andrade, como prosecretario.
Tres medidas se tomaron casi de inmediato: Primera, el establecimiento de las cuotas sindicales, aprobándose "el uno por ciento sobre el monto mensual en general" y como cuota de inscripción 25 centavos como "mínimum, quedando, por lo tanto, cada uno en aumentarla a voluntad". Segunda, la definición del nombre de la organización pues llegó a pensarse en formar parte de la Federación y también a nombraría como Sindicato de Empleados y Obreros del Ramo Eléctrico, hasta que finalmente se propuso y aceptó el de Sindicato Mexicano de Electricistas, bajo el lema de Salud y Revolución Social. Tercera, el ampliar sus lazos de solidaridad hacia todas las organizaciones hermanas de la ciudad de México y hacia todos los trabajadores electricistas o trabajadores que indirectamente tuvieren contacto con la energía eléctrica: con la Casa del Obrero Mundial y la naciente Federación de Sindicatos del Distrito Federal; con los electricistas particulares o los que prestaban sus servicios en otras ramas industriales como la textil en labores de electricistas, con los telefonistas y los electricistas de otros estados de la República.
Al llamado acudieron gran número de obreros y empleados de la Mexican Light and Power Company, telefonistas de la Ericsson de la Mexican Telegraph and Telephone Company.
Las repercusiones de esta organización sindical fueron inmediatas, los qerentes y jefes iniciaron las represalias, amedrentando a todo aquel que ingresaba al Sindicato Mexicano de Electricistas, SME.
Por esto se empezó a plantear la movilización, realizando los trámites necesarios para evitar esas represalias. Una comisión y un documento fueron suficientes para detener una acción de ese tipo, en la empresa Telefónica y Telegráfica Mexicana. Su gerente general, H.B. Beveridge argumentaba que ello no era cierto, sino una mala impresión causada al sindicato, manifestaba que la Compañía que representaba estaba actuando siempre vigilante del bienestar y mejoramiento "de sus empleados, en ningún caso ha pretendido contravenir ninguna de las leyes vigentes ni atacar los derechos individuales" consagrados en la Constitución Federal.
En realidad la preocupación de los integrantes del SME eran las condiciones de trabajo, generalmente impositivas y llenas de oprobio, con bajos salarios y jornadas extenuantes. El conjunto de obreros afiliados, en breve tiempo fueron electricistas y telefonistas, y sobre las condiciones de trabajo de dichas empresas se inició el debate y las proposiciones para encontrar los caminos de mejora; para ellos el Sindicato Mexicano de Electricistas se basaba en los siguientes planteamientos:
Agruparía a todos los obreros y empleados que percibían sueldo o salario de cualquier empresa eléctrica, sin distinciones especiales.
Combatiría por la defensa de los intereses de todos ellos, lucharía por aumentar los jornales, impediría los despidos injustificados, ajustaría cuentas con los patrones evitando todas las artimañas de las que son capaces y exigirla justicia en las relaciones mutuas del proceso productivo, que se establecen entre patrones y obreros.
Cohesionaría las fuerzas proletarias de todas las empresas a las que pertenecerían sus miembros, buscaría la ampliación natural de la solidaridad obrera, obteniendo con ello una fuerza obrera creciente "si todos nos unimos como un solo hombre: todos para uno y uno para todos".
Buscaría desterrar la competencia entre hermanos de clase y recurriría a sus propias fuerzas, ni partidos ni gobierno serían fuente de poder de la organización, sólo la participación de sus integrantes otorgaría la calidad y esfuerzo para obtener los resultados programados.
En enero de 1915 los esfuerzos de los electricistas y los telefonistas agrupados en el naciente sindicato se pusieron a prueba. Lo hicieron en forma simultánea ante las tres grandes empresas imperialistas para las que trabajaban: la Mexican light and Power, la Mexican Telegraph Telephone y la Telefónica Ericsson.
La primera fue emplazada el 14 de enero, correspondió a la Telegráfica y Telefónica Mexicana atender las siguientes demandas del SME: aumento de los sueldos, destitución de un empleado de confianza, jornada de ocho horas o pago de extraordinarios si se continúan las labores e indemnizaciones a los heridos y enfermos.
El segundo "memorial" fue entregado a la Mexicana de Luz y Fuerza Motriz, el 21 de enero, exigiendo reconocimiento del sindicato como representante de los trabajadores, aumento de salarios, pago de tiempo extra y jornada de nueve horas de trabajo, supresión del departamento de policía, indemnización a los trabajadores accidentados, atención médica y corriente eléctrica a mitad de precio para los obreros y empleados.
El tercer "memorial" fue presentado a la empresa Telefónica Ericsson el día 23 de enero, solicitaba: aumento de salarios, gastos de transporte para salidas fuera de la ciudad, pago de horas extras y del trabajo de velada, pago por los accidentes de trabajo, ascensos según antigüedad, aptitud y buenas costumbres, castigos monetarios para retardos y prorrateo de las cantidades como premio a las cumplidas.
Como puede observarse las demandas eran similares, casi idénticas pues las exigencias dentro de los trabajos por parte de las empresas mantenían las mismas características, sobre todo hacia los trabajadores nacionales.
Los conflictos planteados ante esas tres compañías fueron resueltos de diversa manera, cada cual puso a prueba a la organización en niveles dispares. Uno por su larga duración, otro por la forma en que terminó apoyándose en la misma organización y otro resolviéndose rápido y en la forma esperada, con pláticas entre las partes, negociando una a una las demandas. La manera en que el SME presionó a los empresarios fue, la huelga en los establecimientos, que parcial y todo, obtuvo los resultados plasmados en los memoriales.
La primera huelga, contra la Telegráfica y Telefónica, se resolvió hasta el 8 de febrero de 1915. En una forma, por demás inesperada, el gobierno carrancista a petición del sindicato incautó la empresa y la cedió para su administración a los propios integrantes del Sindicato Mexicano de Electricistas. En una asamblea se propone para desempeñar el puesto de administración de la Telefónica a los sindicalistas Luis N. Morones y Rafael Castro, quienes quedarían sujetos a tomar decisiones significativas contando con el voto de la propia asamblea. Con esto, de hecho fue la primera empresa administrada eficientemente por una organización obrera. Mucho se ha dicho que Obregón impuso a Morones para la gerencia general de la Telefónica y que de ahí nació el vinculo entre ambos, y de ahí derivó el control sindical que años después surgió como forma de manipulación entre el Estado y los dirigentes traidores al movimiento sindical. No hubo tal. La asamblea lo propuso, la asamblea tomaba las decisiones importantes y la asamblea vigilaba el funcionamiento y cumplimiento de los acuerdos tomados en ella.
Quizá haya nacido tal vínculo entre Obregón y Morones, pero sería posterior a los acuerdos tomados en la propia asamblea cualquier forma de colaboración entre ellos. Lo que debemos tomar en cuenta es que ante la intransigencia de la empresa Telefónica y Telegráfica, con el ejemplo de la incautación de Tranvías, al Sindicato le parecía correcta esta salida para resolver sus peticiones y la solicita. También, debemos observar que a los carrancistas les pareció un grupo obrero bastante consolidado y por ello optaron por cederle a la empresa bajo su mando, pues el SME no tenía otra mira que resolver los problemas de los trabajadores y mantener sin otro trasfondo la producción de las empresas.
Esto era particularmente cierto a nivel de todos los sectores organizados de la clase obrera, pues aun aquellos grupos que firman el Pacto de la Casa del Obrero Mundial con el carrancismo, sólo buscaban dos cuestiones esenciales: incremento de los salarios y mantener sus trabajos, bajo la sombra de protección que brindaba el gobierno.
Los obreros industriales al estar formando las organizaciones sindicales durante los años revolucionarios, llegaban a una forma primaria de comprensión del proceso productivo: la necesidad de unificar criterios para demandar soluciones conjuntas dentro de ese proceso a quien era el propietario de las empresas, pues basaba su dominio con intransigencia, injusticia y malos pagos. El carácter histórico y esencial de la explotación como forma vital de este proceso productivo no fue descubierto, ni el vínculo de esos propietarios con los gobiernos constituidos como organizadores legales de dicho proceso. La propiedad de los bienes productivos era, en síntesis, aceptada como forma natural y por tanto, aceptaban los mismos obreros industriales su condición de asalariados, esperando tan sólo los medios idóneos para contratarse y percibir remuneración, acatando los reglamentos y leyes correspondientes (justos, pero bajo del dominio de quien otorga el salario).
Los obreros que firman el Pacto de la Casa del Obrero Mundial, forman los batallones rojos dentro de esa perspectiva: tendrían un salario, defenderían al constitucionalismo pues al retorno, ingresarían a sus trabajos. Los obreros que no firman, como en el caso del SME, se quedarían dándole cuerpo a sus organismos sindicales para mantener con justicia las mutuas relaciones entre empleados y patronos.
Por ello el carrancismo combatió duramente a los agraristas, pues Zapata era otro proceso, uno que buscaba romper la estructura de la propiedad de la tierra y del proceso productivo: la tierra y la producción pertenece a quien trabaja y la protección legal, la otorga el trabajo, no el gobierno constituido. Distribuir toda la tierra, con las armas en la mano, entre aquéllos que las trabajaban, significaba la destrucción del proceso de propiedad terrateniente y latifundista, otorgando todos los beneficios a los peones acasillados, a los jornaleros, a los sin tierra.
El segundo "memorial" es entregado cuando existe la huelga parcial en la Telefónica y Telegráfica, y la Mexican Light and Power, a través de su gerente general, inició dentro del plazo otorgado por el SME, las pláticas conducentes a una solución. Habrá que recordar, que la otra empresa del consorcio estaba ya en poder del constitucionalismo, y que en otra más se estaba en huelga, la presión del SME en este caso era más que evidente. Al día siguiente de la entrega del memorial, el Gerente Graves, acepta discutirlo y el 23 de enero se inician las pláticas; para evitar dificultades, el SME se había organizado nombrando representantes departamentales con listas de apoyo para cada uno de ellos, así: 488firmas (398 obreros y 90 empleados) respaldaban al memorial y al comité. El 26 de enero se firmó el convenio entre las partes, no se aceptó la primera (el reconocimiento del sindicato, por eso se había organizado así el SME, pues preveía dificultades); ni la sexta (se consideraba indispensable por los bienes de la empresa) y tampoco la décima (la energía eléctrica, los representantes la retiraron).
Se obtenía aumentos de salarios, jornada establecida, pago de horas extras, reconocimiento de atención a los accidentados o pago de indemnizaciones y médico pagado por la empresa. Como se puede deducir, el reconocimiento del sindicato si no formal sí se estableció realmente, pues pactó la empresa con aquellos representantes nombrados por los integrantes de los departamentos. la negociación bilateral era un hecho, las demandas habían sido satisfechas, el avance estaba logrado y eso buscaba el SME.
El tercer "memorial" contra la empresa Telefónica Ericsson no tuvo el mismo resultado, fue presentado el 23 de enero (huelga parcial en la Telegráfica y Telefónica, inicio de las pláticas con la Mexican light) y las pláticas duraron más de un mes, pues el gerente de la empresa sólo daba largas a las propuestas. El 19 de marzo firmó el convenio respectivo pero para el día 22 del mismo mes, tres días después, despidió a ochenta trabajadores entre operarios y telefonistas. Sobre todo despedía a las personas que se habían destacado por su labor sindicalista, en pro del convenio recién adquirido.
El gerente Erik Ostlund, manifestaba que "el cese de los operarios se debía a la falta de trabajo y a las pérdidas sufridas por la Compañía con motivo del cierre del comercio durante la estancia de los carrancistas en la ciudad", por lo mismo, ningún empleado podría regresar a su trabajo. Para el 26 de marzo la asamblea decretaba realizar la huelga, y aunque parcial esta se inició. Durante dos meses el SME brindó todo el apoyo necesario a los telefonistas de la Ericsson con mítines, manifestaciones, desplegados en los diarios, volantes, llamados y ofrecimiento a los despedidos de trabajo en la Telefónica y Telegráfica administrada por el propio sindicato. Por su parte el gerente también se movilizó en contra del movimiento de huelga, que poco a poco se generalizaba. Llamaba a la gendarmería, enviaba cartas al gobierno atacando los desmanes provocados por la gente del sindicato, los cortes de alambres y descomposturas de teléfonos, incitaba a los que le seguían para que provocaran el caos. Los disidentes se movilizaban en los diarios y hacían declaraciones contra el sindicato, defendían al gerente y decían que los salarios y las condiciones de trabajo eran magníficas.
Durante el desfile del primero de mayo de 1915 la mayor parte de las declaraciones y críticas realizadas en la manifestación y mitin respectivos, fueron para el gerente de la Ericsson, exigiendo se aplicara el artículo 33 de la Constitución. El retorno de los disidentes, el mitin y la manifestación del primero de mayo, así como la presión del cuarto movimiento de huelga del SME lograron vencer la resistencia del gerente Ostlund y el 14 de mayo aceptó la reinstalación de los despedidos y cumplir con los acuerdos de marzo: aceptó el regreso de la mitad de los despedidos, la tercera parte de los que habían formado las comisiones y el cumplimiento del convenio antes pactado.
No terminaba el conflicto con la Ericsson, cuando los electricistas de la Mexican Light tenían fuertes confrontaciones, pues habían despedido a los cobradores a domicilio y a trabajadores de Conexiones. El 4 de mayo a la una de la madrugada estalló la huelga electricista, amaneció sin tranvías, agua ni energía para las industrias. Las demandas eran bastante sencillas: reincorporación de los despedidos de Conexiones y los Cobradores, destitución de los empleados de confianza que abusaban de su poder y resolución al conflicto de la Ericsson.
A las cinco de la tarde de ese día se pactó el convenio que daba el triunfo al SME, excepción hecha de la demanda para solución de la huelga en la Ericsson, pues era un conflicto a resolverse por cuenta propia. Con este movimiento de huelga el SME evitaba los despidos injustificados, arbitrarios y sin consulta alguna con los representantes.
Las experiencias eran, como se ha visto, bastante diferentes: un conflicto de largo plazo, uno de corto plazo pero obteniendo la administración de la empresa y otros dos más, con soluciones rápidas y satisfactorias en todo sentido. En los dos primeros con huelgas parciales, que lentamente se generalizaban. En los otros, con fuerza suficiente y huelga general en forma inmediata, se obtuvieron resultados.
El SME obtuvo triunfos más fuertes y claros en su propia rama de trabajo que en las otras. Cabe señalar que en la Telefónica y Telegráfica las demandas de los trabajadores se canalizaban a través de la asamblea general y ahí se resolvían los asuntos importantes; resalta el hecho de las peticiones de aumentos de salarios, pues generalmente estaban condicionadas a otorgarse en relación con los montos obtenidos por los electricistas de la Mexican Light. En este período se mantuvo el criterio de elevar los salarios en el porcentaje obtenido de la Mex Light, por lo demás el crecimiento de la empresa siguió su misma tendencia pues el número de aparatos instalados en esos años tuvo esa misma constante. Como administradores los obreros telefonistas y la asamblea del SME mostró capacidad de dirección.
En realidad después de esos años, poco sabemos del proceder en la administración de la Telefónica, como adelante tratamos de aclarar. Sin embargo, durante dos años aproximadamente ese fue su funcionamiento.
La organización interna del SME se basaba en lo esencial en la asamblea general y la elección del comité central cada tres meses, para desempeñar los trabajos sindicales que surgieran. La asamblea escuchaba informes y nombraba comisiones de tres o cuatro miembros (incluyendo uno o dos integrantes del comité) para resolver o tratar los diversos asuntos o problemas de trabajo que se propusieran en la asamblea. Eran comisiones de proyectos, de solidaridad o de tratamiento de los problemas; si la comisión no lograba respuestas satisfactorias, el problema se planteaba como asunto general y se resolvía con la plena participación del sindicato. Por lo demás, hubo muchas renuncias a los puestos del comité y éstos tenían que cubrirse constantemente, por ello los cambios en la dirección.
En realidad habrá que decir que el grupo que participaba y resolvía los problemas, proyectaba la solidaridad e imbuía el espíritu sindical de lucha, era un racimo básico, que por cierto se consolidó durante varios años en la manera como funcionaba el sindicato. Durante muchos años no se precisó el reglamento interior para funcionar, nunca hubo estatutos precisos y la discusión de los mismos nunca se completó. Estaba presente el lema utilizado: Salud y Revolución Social, de hecho el de todas las agrupaciones obreras del momento (a decir verdad, era el de la Casa del Obrero Mundial); estaba presente el pago de las cuotas sindicales, que se aumentaron cuando se desligaron de la COM, cuando la formación de los batallones rojos, pues se requería alquilar un local para las asambleas.
Estaba presente el procedimiento de las asambleas como órgano máximo de decisión obrera, y los distintos tipos de ellas: general, ordinaria y extraordinaria; local; secreta y abierta, los acuerdos eran tomados por simple mayoría y resultaban ser obligatorios para todos. Se realizaban una cada ocho días, cuando eran ordinarias y urgentes en el inter, como sesiones extraordinarias. Al momento de la discusión o el tópico a tratar, podían convertirse en electorales, judiciales o secretas.
Los representantes de las secciones foráneas se constituían en la misma forma que en el Distrito Federal, considerada como matriz del Sindicato. En las Divisiones se intentaba resolver en primera instancia los problemas de las mismas y de no lograrse, como los propios Superintendentes de las regiones ponían como pretexto los argumentos desconocidos del gerente general, la matriz, por medio del comité central, los trataba en la ciudad de México con el mencionado gerente. En varias ocasiones un problema de alguna división impulsaba la lucha por las reivindicaciones generales. Las condiciones de trabajo y de vida siempre fueron inferiores en las divisiones, así como los procedimientos de negociación pues el traslado y la falta de comunicación impedía una pronta solución a los problemas. A pesar de ello, el SME en sus primeros años de vida consolidó una amplia vida sindical en todos los departamentos y divisiones respectivas. Sobre todo en Juandó, Necaxa, Pachuca y El Oro, divisiones que desde un principio se agruparon en torno a las mismas demandas.
Continuará.
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